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Sofía Imber

Personajes

Sofía Ímber

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Nació lejos de Venezuela, pero este rincón del Caribe la atrapó. Muchas vueltas dio Sofía Ímber por el mundo, pero siempre volvió aquí. Incluso para morir. La primera vez que llegó a estas tierras lo hizo por el puerto de La Guaira, en 1930. Apenas tenía 6 años de edad y venía con su familia. Huían del horror que entonces era Europa. En este país encontraron paz. Vivieron un corto período en Maracay, para luego instalarse en Caracas. Ímber tocó piano, intentó estudiar Medicina, desarrolló una dilatada carrera como periodista en importantes diarios, canales de televisión y emisoras de radio, y se acercó al mundo de la cultura.

Ese universo la cautivó y marcó su vida. Se casó con el escritor Guillermo Meneses. Vivieron en París, Bogotá y Bruselas. Tuvieron cuatro hijos. Se divorciaron. Después contrajo nupcias con el intelectual Carlos Rangel, quien luego se suicidó. En agosto de 1973 fundó lo que sería su obra maestra: el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Su extensa colección de 4.000 obras lo convirtió en una referencia latinoamericana y mundial. Le valió prestigiosas condecoraciones como el Premio Nacional de Artes Plásticas y la Medalla Picasso que otorga la Unesco.

En 1990, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez, el museo fue rebautizado con su nombre (Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber), en reconocimiento a su cuidadosa labor. Así se mantuvo hasta que en 2001 el entonces presidente Hugo Chávez, a través de un programa de televisión, la destituyó. En su biografía, escrita por el periodista Diego Arroyo Gil, ella cuenta que cuando eso pasó ya tenía pensado renunciar: “Sabía que no iba a poder trabajar con una persona como Chávez en el gobierno. Él se adelantó a mi decisión”.

Sofía Ímber solía decir que morir era aún más difícil que vivir. Que era atea, pero que lamentaba haberse mantenido descreída. “Con todo, pienso que si hay un Dios bueno para mí, cuando llegue el momento de mi muerte, sea rápida”, le dijo a Arroyo Gil. Ella “escogió” el 20 de febrero de 2017. Quizás no fue azar. Con ello nos recordaría siempre la fecha en que el museo abrió sus puertas al público. Su gran legado.
Un paro respiratorio se la llevó. Rápido. Sin agonías.

Erick Lezama
Foto: Roberto Mata

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Arte

Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber

Museo de arte de Caracas Sofia Imber

Ella escogió el 20 de febrero de 2017 para partir. En Sofía nada era al azar. Con esa fecha del calendario nos recordaría que un 20 de febrero, pero de 1974, inició su actividad el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber. Su gran legado. Y es que este lugar, que no era más que un estacionamiento y un taller mecánico, se convirtió gracias a ella en un espacio artístico referente de América Latina.

Conocí Parque Central y vi que había restaurantes, librerías, panaderías… Hablando con Gustavo Rodríguez Amengual (presidente entonces del Centro Simón Bolívar), le sugerí que nos diera un espacio para el arte. Me entusiasmé muchísimo, porque fue coger algo de la nada para hacer lo que uno desea. Pensaba en una galería, pero el empresario Alfredo Boulton me dijo: «Eso no puede ser una galería. Tiene que ser el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas». Y ese fue su primer nombre. Durante dos años, mi esposo Carlos (Rangel) y yo estuvimos estudiando cómo hacer algo en un pequeño espacio, porque apenas eran 600 m2. Eso era lo difícil. Claro: nunca pensé que iba a ser tan grande (risas). Sofía Imber. (entrevista publicada en el Diario ABC).

Durante su gestión, el Macsi -como luego se le conocería- llegó a tener cerca de 5 mil obras de arte y acogió más de 650 exposiciones. La primera exposición, según recordó en aquella entrevista que le hice el 25 de febrero de 2016, se realizó sólo con obras prestadas, pues el museo no contaba aún con inventario propio. Pero las buenas relaciones que Sofía Imber mantenía con agentes del mundo del arte, permitió que pudiera hacerse realidad la inauguración.

Sofía estuvo al frente del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas por 28 años. Hasta que en el 2001, Hugo Chávez la despidió en cadena nacional. Desde entonces, el museo no ha evolucionado. Se quedó como detenido en el tiempo. De un total de 11 salas, 5 están cerradas y no se sabe qué pasó con el espacio dedicado a Cruz-Diez y a Soto. Lástima. Sin embargo, no deja de ser un lugar maravilloso. Lo que demuestra que la obra de Sofía Imber trasciende más allá de los deseos de sacarla de la memoria de lo que fue su mayor legado.

Mi obra no fue destruida: el museo está ahí. El tema es que no cumple con su fin principal que es la relación con la gente, que los venezolanos acudan masivamente a ver las exposiciones o la colección permanente. El museo está al borde de algo muy desagradable: su inexistencia. Pero eso no pasará, porque creo que el venezolano tiene claro que el museo debe existir, y para el mismo pueblo. Este y otros museos.

Así será… Gracias, Sofía.

Mirelis Morales Tovar
Foto: Carlos Hernández.

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