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Petare

Arte

Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas

MuseoArtePopular

No tuvo escuela ni maestros. Nunca aprendió a leer ni a escribir y casi no salió de Petare. Bárbaro Rivas fue un autodidacta en todo sentido. Pintó con vehemencia escenas religiosas y los rituales de la cotidianidad petareña. Por eso también le llamaron y le llaman “ingenuo”. Su pincel retrató escenas de la propia infancia con el mismo fulgor con el que pintó a Jesucristo rodeado de sus doce apóstoles. Así lo descubrieron.

“¡Barbarito!”, le llamó el investigador de arte Francisco D’Antonio cuando vio en la bolsa de papel que Rivas usaba para las compras la imagen de la escena bíblica. Fue su descubridor, aunque el hallazgo fue tardío. Más de 20 años pintando en y con lo que encontrase –cartones y tablas, en vez de lienzos– llevaba el artista, que tampoco se reconoció nunca como tal. Sin importar que su obra fuese incluida en el colectivo enviado a la Bienal de Sâo Paulo en representación de Venezuela en 1957. Allí recibió una mención honorífica adjudicada a título de artista ingenuo. Un año antes, en 1956, fue reconocido con el Premio Arístides Rojas por su obra Barrio Caruto, en alusión al lugar en el que nació un 4 de diciembre de 1893.

Desde 2011 por decreto de la Cámara Municipal el museo lleva el nombre de Bárbaro Rivas. La colección la integran 480 obras. Desde su inauguración se han hecho más de 200 exposiciones y cuenta con más de 180 publicaciones.

“¡Dejad que los niños se acerquen a mí!”, el mensaje formaba parte de un mural pintado en la pared externa de su casa. Una de sus primeras obras. Tiempos en los cuales también llegó a ejercer como banderero en la estación Santa Rosa del ferrocarril central, carpintero, albañil, hacedor de cruces para el cementerio de Petare y pintor de brocha gorda. “Vivía solo, nunca fue a la escuela, ni tuvo un buen empleo. Eso lo hizo caer en depresión y también en el alcoholismo. Su único bienestar era pintar, pero lo hacía en la intimidad. Hasta que D’Antonio lo descubrió”, explica Morelia Ramírez, jefa de Educación y Extensión del museo nombrado en honor a Rivas.

“Él era muy humilde. Aunque ganaba premios y menciones nunca entendió lo que estaba pasando y hubo gente que se aprovechaba y le cambiaba obras por licor”. En el Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas hay una sala dedicada a mostrar las condiciones en las que vivía. Está al final de la casona del siglo XVIII que tuvo diferentes usos hasta que fue destinada a la cultura en 1983, luego de ser adquirida por la gobernación del entonces Distrito Sucre.

Las salas de exposición están conectadas unas con otras y bordean un amplio y soleado patio central. El museo se inauguró el 22 de enero de 1984 como un centro expositivo para las artes visuales en general. No es hasta 1986 cuando se le da el perfil de dedicación exclusiva al arte popular venezolano, siendo que fue en Petare donde hubo la primera exposición de este tipo el 23 de febrero de 1956. Allí precisamente se exhibieron las obras de Rivas: Siete pintores espontáneos y primitivos de Petare, en el Bar Sorpresa. Así pues Bárbaro Rivas es museo y recuerdo petareño.

Emily Avendaño

Dirección: calle Guanche con calle Lino de Clemente
Horario: lunes a viernes de 9:00 am a 12:00 m y de 1:00 pm a 4:30 pm. Sábados y domingos de 10:30 am a 3:30 pm
Metro: estación Petare

Foto: Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas

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Vida Urbana

Casco histórico de Petare

Iglesia Dulce Niño de Jesús

El día que conocí el Casco Histórico de Petare no lo podía creer. Sentí que había encontrado el secreto mejor guardado de esta ciudad. Lo juro. Es un lugar tan hermoso… Sé que cuesta creer que en una zona tan caótica y con tan mala reputación pueda existir un espacio que sorprenda por su belleza. Pero lo hay.

Son 26 manzanas con casas coloniales y calles de piedra. En su centro, se encuentra la plaza Antonio José de Sucre (si, es el único municipio de Caracas que no rinde homenaje a Bolívar) y al frente se eleva la Iglesia Dulce Nombre de Jesús, que data del siglo XVI, en cuyo interior aún se conservan unos frescos que el pintor Tito Salas realizó en honor al Cristo de la Salud por sanar a la población de la fiebre amarilla.

Entre sus calles, encontrará la Capilla Santa Magdalena, que tiene más de 230 años de construida y que recientemente fue restaurada. La visita al Casco tiene que incluir obligatoriamente una parada por el Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas, para maravillarse con su hermosa y siempre tan colorido colección. ¡Yo lo amé! De paso, encontrará el Teatro César Rengifo, la casa de la Fundación Bigott, la sede del concejo municipal de Sucre y la casa parroquial, que es un espectáculo por su bellísimo patio interno y su muestra de antigüedades.

La visita al Casco de Petare no será completa si no pasa por la tienda La Minita, la más antigua de la zona con más de 80 años. La atiende Francisco Rodríguez, quien representa la segunda generación. Conversar con él es una delicia, porque tiene recuerdos de Petare que son invaluables. Quedará sorprendido de la cantidad de curiosidades que vende. La típica quincalla de pueblo. Desde metras, cuatros, hasta piezas de peltre.

La última parada debería ser en el puesto de golfeados de Fran Suarez, pues cuenta la leyenda que este dulce criollo es originario de Petare. Si, no de Los Teques como todos creíamos. La receta original le pertenece a la familia Duarte. Lo cierto es que no he tenido la dicha de probarlos para dar fe de su sabor, pero los buenos comentarios sobran.

Una opción para visitar el Casco de Petare es contactar a los amigos de Fundalamas que ofrecen las visitas guiadas, sólo hay que contactarlos al 02125152129 o a través de los correos fundacion.lamas@alcaldiasucre.net o historia.fundalamas@alcaldiasucre.net. Les aseguro que no se van a arrepentir.

Fotos: Hugo Londoño @huguito

 

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