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Parque Central

Personajes

Daniel Fernández-Shaw

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Llegaban los años 70, Venezuela vivía la bonanza petrolera y Caracas se perfilaba como una metrópolis de talla mundial. El entonces presidente Rafael Caldera convocó a arquitectos e ingenieros para un plan urbanístico que era prioridad para el Estado: hacer 15 mil viviendas.

Pero los jóvenes arquitectos Daniel Fernández-Shaw, Henrique Siso y el ingeniero Carlos Delfino presentaron un proyecto más ambicioso que iba más allá de solamente construir casas. Fernández-Shaw, que en ese entonces tenía 33 años, conceptualizó un diseño complejo en el que además del área de residencias se integraran espacios de oficina, comercios y museos: vida, trabajo, disfrute y arte conjugados en el mismo espacio, una idea que para el momento marcaba un hito en el urbanismo.

Así nació Parque Central y sus simbólicas torres que detentaron durante 22 años el título de ser los rascacielos más altos de Latinoamérica hasta el año 2003. Sin saberlo, Daniel Fernández-Shaw le daba un perfil determinante a Caracas con el delineado de esos edificios que son parte del motor de la vida urbana de la capital.

Fernández-Shaw había llegado a Venezuela a los 14 años de edad. Nació en Madrid en 1933 y vino a forjar su sentido de pertenencia en Caracas, donde se formó como arquitecto en las aulas de la facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela.

Su foco de investigación y trabajo fue el diseño de viviendas a las que le dedicó buena parte de sus más de 60 años de experiencia profesional. Con el paso del tiempo mantuvo una visión práctica y dinámica sobre el concepto de vivienda y hábitat, así que apuntó hacia la revalorización y proyectos de planificación en barriadas populares de Caracas.

Esta idea persistió en su carrera como arquitecto y docente universitario, por lo que promovió en las nuevas generaciones de arquitectos el desarrollo de propuestas que pusieran en el centro la vida del barrio, cómo mejorarla, cómo integrarla y hacerla eje de su propia transformación. Esa Caracas que conoció, que no era la de los techos rojos y que cambió ante sus ojos crecía y se desbordaba por las barriadas. Allí centró su interés y lo expandió a sus estudiantes.

El último día del año, cuando 2016 se despedía, también dijo adiós Daniel Fernández- Shaw, arquitecto y creador de un emblema que le dio parte de su identidad a Caracas.

Gabriela Rojas
Foto: Jogreg Henriquez. Revista del Colegio de Arquitectos de Venezuela.

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Arquitectura

Parque Central

La construcción de Parque Central fue el evento arquitectónico que marcó la ciudad en la década del setenta, según reseña la Guía de Arquitectura y Paisaje de Caracas. Ese proyecto, que prometía ser en sí mismo una ciudad moderna y ofrecer un nuevo modo de vivir, fue concebido por los arquitectos Daniel Fernández-Shaw y Enrique Siso como un conjunto de usos múltiples. Algo nunca antes visto. Ocho edificios residenciales convivirían con oficinas, comercios, museos y salas de convenciones. Todo construido con criterios de vanguardia: un sistema de extracción de basura al vacío, suministro de agua por tuberías de cobre y aire acondicionado integral con agua helada.

Todo lo que prometía el futuro, estaría en Parque Central. Tanto, que el complejo arquitectónico se vendió con el eslogan “un nuevo modo de vivir que nada tiene que ver con el pasado”. Aquel material promocional que se le ofrecía a los futuros propietarios señalaba que el complejo contaría con los más modernos servicios, ascensores con capacidad para 24 personas, sistema de vigilancia por circuito cerrado de televisión las 24 horas y alarmas contra incendios en todos los pasillos.

 

Archivo Daniel Fernández-Shaw Escari0

Aparte, los apartamentos tendrían sanitarios sin tanque de agua, lavamanos con mezclador único de agua fría y caliente, pisos alfombrados sobre base de espuma de caucho y paredes decoradas con una combinación de pintura y tapizado. Todo ello inmerso dentro del paisajismo diseñado por el artista brasilero Roberto Burle Marx, el mismo que dirigió el proyecto del Parque del Este.

“Parque Central era una joya”, afirma Carlos Sánchez, residente del conjunto desde hace 37 años y dueño de un taller mecánico en el sótano 3. “Era tranquilo. Seguro. Era un conjunto residencial de puros profesionales. No tenías necesidad de salir porque aquí había de todo. Restaurantes, discotecas, cine, bancos. Era tu propio hábitat dentro de la ciudad”, agrega.

En aquellos inicios, la estructura se convirtió en una proyección de país. Era un reflejo de sus sueños, de lo que quería ser. De una ciudad moderna, democrática e inclusiva, según palabras del investigador Vicente Lecuna. “Parque Central fue un gran proyecto de desarrollo. Pero se construyó para un país inventado de la nada, que surgió de una modernidad instantánea, que no existe”, añade.

Mirelis Morales Tovar

 

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