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Lugares

Cuadra de las novias

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En la urbanización El Silencio, hay una cuadra donde se materializa el sueño de aquellas mujeres que siempre han querido casarse de blanco. Por más de 60 años, un grupo de tiendas se ha especializado en la venta de velos, vestidos, guantes, liguero, base de bouquet, armador, arras, cojines y todo aquello ligado al mundo de las ceremonias nupciales. De allí que se ha ganado el nombre de la “Cuadra de las Novias”.

Las futuras esposas que necesitaban ahorrar algo de dinero y que no disponen de mucho tiempo para ir donde una modista, escoger un modelo de vestido y hacerse cientos de pruebas, acuden a las tiendas del centro de Caracas, a pocos pasos de la avenida Baralt, entre la plaza O’Leary y las Torres del Centro Simón Bolívar. Otras novias, en cambio, van para continuar con una tradición familiar, por ser el lugar donde sus madres o abuelas adquirieron el vestido del gran evento.

Las vitrinas exhiben modelos tradicionales. Pero puertas adentro pueden conseguir una variedad de vestidos, que van desde los más básicos hasta los más atrevidos, que llevan encajes, lentejuelas, bordados en relieve, satín de seda suave, chiffon. Quienes trabajan en las tiendas se encargan de confeccionar, bordar o entallar. Otras tantas, les toca consolar y hasta aconsejar a las futuras señoras.

Y es que la “Cuadra de Las Novias” ha sido testigo de amores, de prometidas que lloran de la emoción, de las que quieren probarse miles de vestidos, de las que se retratan con las prendas para conservar el momento o enviárselo a las amigas, de las que regresan acompañadas de la hija para continuar la racha. Pero también, de aquellas que lloran por la ruptura, por lo que no funcionó, por el desamor y que han retornado al lugar con el infortunio de devolver la prenda comprada.

“Yo me he vuelto consejera matrimonial”, relató Elisa de Arias, costurera del Palacio de Las Novias, en una entrevista publicada en El Universal. “Muchas veces nos toca ayudar a las novias e inspirarles tranquilidad de que todo va a salir bien ese día. De verdad, aquí se ve de todo. Tuvimos una que devolvió el vestido tres veces…¡Eso fue un desastre! Hasta que, por fin, se casó (risas)”.

La crisis económica del país ha impactado considerablemente en las ventas. Sin embargo, la “Cuadra de las Novias” sigue siendo, ahora más que antes, una opción para las futuras esposas que desean ahorrar dinero sin sacrificar estilo. Algunas de las tiendas han perdido clientela. Otras han bajado notablemente la producción, pero la mayoría se niega a renunciar a una tradición que es referencia en el centro de Caracas.

La tiendas de la “Cuadra de las Novias” ofrecen combos que incluyen 10 piezas –velo, vestido, guantes, tiara, baúl, liguero, base del bouquet, armador, arras y cojines- a un precio muy por de bajo del mercado de alta costura.

Hercilia Garnica
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Avenida Baralt. Urbanización El Silencio. Bloque 2.
Metro: El Silencio

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Gastronomía

360° Roof Bar

360Caracas

En lo alto de Altamira se erige uno de los lugares más emblemáticos de la noche caraqueña contemporánea, el bar 360°. El local, ubicado en el piso 19 del hotel Altamira Suites, destaca por un gran atractivo: la terraza descubierta en lo más alto de la azotea desde donde se tiene una vista panorámica completa de la ciudad. Allí, el lugar se completa con el bar ubicado al centro del espacio, ofreciendo su carta tanto para las mesas como para la barra.

A la terraza se accede por una escalera de metal que con cada peldaño suma a la adrenalina. El punto final de un recorrido desde la entrada que se aprovecha para descubrir los diferentes rincones y ambientes del local. Se comienza por su gran lounge lleno de puff, sillas y hasta hamacas, rodeado de grandes ventanales, para luego pasar al área de restaurante donde las mesas son protagonistas de degustaciones de pizzas y otros platos.

En el primer nivel superior, mesas y sillas aprovechan las paredes de la azotea del edificio para repartirse cual laberinto. Y desde allí, unos peldaños suben hasta el tope de la estructura donde tan solo unas barandas separan a las personas del vacío. La barra del bar, de estética industrial, sirve de punto luminoso para quien aproveche las vistas sobre El Ávila y sobre cualquier rincón de la ciudad. Una verdadera visión de 360 grados.

La noche caraqueña, a esa altura, sopla su viento fresco. Además, allí la iluminación es minimalista. Tan solo unas velas sobre las mesas y la luz proveniente del bar se complementan con el brillo de la luna sobre los comensales reunidos en ese punto del edificio, a donde llega la música que se distribuye por todos los espacios del local, siempre con un estilo chill house.

En todo 360° se ofrecen las opciones habituales del menú: pizzas, ceviches, tequeños con salsas dulces, papas bravas y otros entremeses. Además de una amplia coctelería con sus estrellas: los mojitos. Allí se incluye el “mojito eléctrico”, la clásica bebida a base de ron blanco cubano, hielo y yerbabuena pero con el añadido de bebida energizante con taurina. El local ha sido utilizado para eventos particulares, incluyendo mercados de arte y diseño.

Dato: El menú de 360° ofrece cocina de fusión, como el “wontong de chistorra”

Víctor Amaya                                                                                                                                                                                     Foto: 360° Roof Bar

 

Dirección: Avenida de Luis Roche con 1 Transversal (Hotel Altamira Suites), Caracas

Horarios de visita: Diario, desde las 6 p.m.

Metro: Altamira

 

 

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Organizaciones

Trazando Espacios

Trazando Espacios

El azul y el rojo despuntan entre la monotonía del gris en 275 escalones del barrio José Félix Ribas, al este de la capital. No es común toparse con pequeños mosaicos cuadriculados entre tantos grafitis. Tampoco con frases hiladas que narren una historia. Al caminar por el sendero de la zona popular caraqueña se descubre el cuento “Azul y Rojo” de Mireya Tabuas. Desde junio de 2016, la vista se recrea con color y literatura en Petare.

El cambio fue producto de la intervención de Trazando Espacios. El impacto a través del diseño urbano es la premisa de esta Organización No Gubernamental. La venezolana Ana Vargas, su creadora, percibe crecimiento donde muchos solo ven desidia y caos. Confía en la transformación de las zonas populares a manos de los vecinos, especialmente aquellos que no han alcanzado la adultez. Les da herramientas y técnicas de arquitectura para que sean capaces de cambiar un espacio en mal estado o en desuso.

Los jóvenes analizan su comunidad en la primera etapa del taller con cámaras, mapas y cintas métricas. En la segunda, ejecutan el diseño de su intervención del espacio público con ayuda de un especialista. Se elaboran maquetas, collages y patrones hasta seleccionar una idea que se desarrollará. Por último, los mismos jóvenes construyen el diseño escogido.

Trazando Espacios consiguió reconocimientos nacionales e internacionales. Antes de aplicarse en el país, un proyecto piloto se gestaba en Jamaica Plain, Boston. También se desarrolló en Mumbai, India, donde aplicó la metodología en cuatro comunidades de bajos recursos. En Venezuela, fue patrocinado por la Fundación Santa Teresa para llevarse a cabo en el programa Casas Blancas.

Así sucedió en El Consejo, estado Aragua. Un recodo de la comunidad Juan Moreno mutó en julio de 2016. Su piso tiene baldosas alineadas en forma de zigzag. Al lado de un árbol de tallo fino, se erige una pared que ahora cuenta con más vegetación. Con madera reciclada, se colgaron tríos de cactus de distintas formas y colores, que resisten las altas temperaturas. Ese lugar es ahora la Plaza de las Metras, respondiendo a una necesidad recreativa de los pequeños de la zona.

 

Andrea Tosta                                                                                                                                                                                     Foto: Trazando Espacios

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Personajes

Armando Scannone

Armando Scannone

Armando Scannone (Caracas, agosto de 1922) y sus ocho hermanos crecieron degustando más de 30 platos que formaban parte del menú de la familia Scannone-Tempone. Sus padres, Armando y Antonieta, eran inmigrantes italianos que llegaron a Venezuela a principios del siglo XX y se establecieron al oeste de la ciudad. Cocineras de distintas regiones del país, lideradas por la matriarca de la familia, eran las encargadas de la alimentación del hogar.

Cuando su madre enferma, Armando decide recolectar los sabores de su infancia, preocupado por el futuro de la familia. En compañía de Francisca Monasterios, Magdalena Salaverría y Elvira Fernández, la cocina se convirtió durante 10 años en un laboratorio.

Comenzó a ponerle medidas, cucharadas, pizcas, tazas, orden y tiempo a las recetas que anteriormente se hacían al ojo. Así nació Mi cocina a la manera de Caracas. Se publicó por primera vez en 1982 con una compilación de 742 recetas, en las que se pueden hallar bebidas, postres, ensaladas, carnes, pescados, cremas, sopas y otras preparaciones.

Lo que no todos saben es que el autor de la biblia gastronómica caraqueña es ingeniero civil, egresado de la Universidad Central de Venezuela. Durante su ejercicio profesional, estuvo involucrado en grandes proyectos como la construcción del embalse de Guárico, la Autopista Regional del Centro, la estación de pasajeros del aeropuerto de Puerto Cabello, la urbanización El Trigal de Valencia y el Izcaragua Country Club.

Pero fue en la cocina donde encontró su verdadera pasión. Scannone es miembro fundador de la Academia Venezolana de Gastronomía y se convirtió en el primer gastrónomo en Latinoamérica en recibir un doctorado honoris causa, en 2011, otorgado por la Universidad Metropolitana.

Los platos que se preparan bajo su tutela pueden ser repetidos más de cinco veces antes de ser presentados. Su primer libro lleva más de 25 ediciones con ventas que superan los 100.000 ejemplares. A su menú se fueron integrando los libros azul, amarillo, verde, naranja. Su vida la documentó el cineasta Jonathan Reverón. Y la periodista Rosanna Di Turi escribió el libro El Legado de Don Armando.

A sus 95 años de edad, Don Armando sigue saboreando lo mejor de la vida.

Karla Franceschi

Foto: Alberto Rojas

 

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Arte

Trasnocho Cultural

Trasnocho Cultural

Un gran pasadizo iluminado con el techo de espejos conduce a varios submundos: a cuatro salas de cine, un teatro, una tienda de discos, un local de artesanías, una sala de exposiciones, un café, una chocolatería, un restaurante, una librería, una vinatería, un launch​, una sala para teatro experimental y conciertos íntimos. Todo –cine, teatro, música, artes plásticas, artesanía, diseño, gastronomía y literatura– coexiste allí. Una sinergia cultural de la diversidad, el entretenimiento y la vanguardia.

El 4 de octubre de 2001, Solveig Hoogesteijn (nacida en Suecia pero criada en el Caribe venezolano), inauguró el Trasnocho Cultural en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Mucho había pensado en este concepto: quería que fuese un centro cultural, con programación de calidad, que se mantuviera exclusivamente con los ingresos de la taquilla, sin apoyo del Estado ni de la empresa privada.

Fue llamado así, porque la idea era justamente que la gente pudiera estar, hasta altas horas de la madrugada, viendo una película, una obra de teatro, bailando, conversando, compartiendo unos tragos. Pero la Caracas que vio nacer esta iniciativa ya no existe. Creció –se desbordó– la delincuencia. Y ahora todos los locales cierran temprano. Por ejemplo, a las 10:00 de la noche de un miércoles cualquiera está desolado.

Pero no ha sido sólo la inseguridad. Ha habido más baches en el camino: una reciente crisis energética, por ejemplo, obligó a reducir severamente la programación. Y, además, la altísima inflación golpea las taquillas. Pese a todo, en octubre de 2016, se celebró su décimo quinto aniversario. Se inauguró un mural que hace un recuento de los logros y deja claro que es un espacio consolidado: más de 700 hechos importantes, como una clase magistral de actuación por la profesora Lisa Formosa; una visita del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa; exposiciones en honor a Cruz Diez, Jesús Soto o Juan Félix Sánchez; numerosos festivales de cine de diversas partes del mundo; el ciclo de conciertos Noches de Guataca y más. Larga vida para el Trasnocho Cultural.

Erick Lezama Aranguren
Foto: Trasnocho Cultural

Dirección: Centro Comercial Paseo Las Mercedes, avenida principal de Las Mercedes.

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Vida Urbana

Jardines de Topotepuy

Jardines De Topotepuy

Alejarse de Caracas y tomar un respiro, siempre viene bien. Y eso lo saben quienes han llegado a la zona de El Volcán, cerca de El Hatillo, después de subir esa suerte de curvas por la montaña para terminar frente a una quinta con un jardín muy grande al que todos están invitados a pasar. Ese es Topotepuy, con su nombre sonoro, con su verde amplio, con sus colibríes y fuentes, con sus flores y sembradíos. Un lugar para abstraerse, para ver a Caracas allá abajo, como inocente, inadvertida.

Esto es posible gracias a la visión que en el año 1959 tuvieron William H. Phelps Jr. y Kathleen Phelps: viajeros incansables, pero sobre todo, amantes de la ecología, el conservacionismo, la ornitología y la jardinería. En aquel momento, decidieron comprar esta propiedad para convertirla en su sitio de descanso y así poder observar aves con tranquilidad y dedicarse a sus pasiones. Para eso, hicieron gran cantidad de expediciones por el país para armar la colección privada de aves más grande de América del Sur.

Durante muchísimos años fue un jardín privado. El deleite de sus dueños. Y fue apenas en el año 2003 cuando se le asignó al arquitecto Ricardo Fuenmayor, la responsabilidad de convertirlo en un sitio que fomentara la conciencia ecológica y de protección ambiental para ser económicamente sustentables. Así se hizo y en 2009 abrió por primera vez las puertas al público, conservando su nombre: Topotepuy, como recuerdo de los viajes que realizó la pareja durante sus expediciones hacia el sur de Venezuela, donde están los tepuyes que son las piedras más antiguas del planeta.

El resultado son cuatro hectáreas verdes, llenas de aire puro, por las que se pasean nueve especies de colibríes y muchas aves más. Un espacio para disfrutar de la naturaleza y en el que es posible hacer picnics –solicitando el debido permiso– y talleres ecológicos para niños, jóvenes y adultos. Además, caminar por sus instalaciones es muy sencillo: hay carteles que explican lo que se va viendo e indican por dónde continuar para no perderse de nada. Lo importante al estar allí será seguir la premisa de sus creadores: ir, para descansar un rato.

Adriana Herrera @viajaelmundo
Foto: Hugo Londoño @huguito

 

Dirección: final calle principal Los Guayabitos, Quinta Topotepuy, zona El Volcán (frente a las torres de CANTV). Baruta, estado Miranda

Horario: sábado y domingos familiares. 10:00 am a 4:30 pm. Visitas guiadas: miércoles, jueves y viernes 9:30 am a 11:30 am y 1:30 a 3: 30 pm

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Historia

Esquina El Muerto

Esquina El Muerto

Una inscripción hecha sobre cerámica, con letras azules, le deja muy claro al transeúnte dónde se está. Se lee claramente “Esquina El Muerto”. Y el aviso salta a la vista en una de las paredes blancas del famoso Restaurant Gallegos, cuya fachada ha tratado de mantener algunos vestigios de la arquitectura de la época.

El cuento data de los años de la Guerra Federal (1859-1863), cuando los enfrentamientos llegaron a la capital del país, según relata Carmen Clemente Travieso en su libro Las esquinas de Caracas (1956). En ese entonces, se hizo cotidiano hallar soldados muertos o heridos en las calles y escuchar sus quejidos hasta morir en la penumbra de la noche. Pocos se atrevían a abrirles la puerta de sus casas para ayudarlos.

Esta esquina también es referencia por las paellas que preparan en el Restaurant Gallegos, ubicado en la cuadra norte de la esquina El Muerto. Su fama no es reciente, están allí desde 1947. Por ello les viene bien definirse como un restaurante de “tradición caraqueña con todo el sabor de España”.

En una tregua acordada por ambos bandos, varias cuadrillas salieron a la calle a retirar los cadáveres que obstaculizaban los caminos, para llevarlos al cementerio y sepultarlos. Cuando llegaron a la esquina que hoy se conoce como El Muerto, uno de los cuerpos recogidos del suelo y llevado en camilla se sentó de repente y dijo: “No me lleven a enterrar, porque estoy vivo”.

¡Susto! Los camilleros soltaron la camilla y se fueron corriendo, dejando al muerto que estaba vivo en plena calle. La noticia no tardó en difundirse de boca en boca por la ciudad, hasta el punto de que la gente al pasar por allí comentaba que esa era la esquina donde se había levantado un muerto y, acto seguido, se persignaban. Bien fuese por respeto o por miedo.

El protagonista de la historia, evidentemente, no había muerto. Había caído desmayado producto de la herida y luego recobró el conocimiento. Así, la historia de esta esquina que no es la de cualquier muerto que salía de noche a asustar, sino la de un vivo que todos creían muerto, o la de un muerto que revivió.

Patricia Marcano
Foto: Efrén Hernández

Dirección: esquina El Muerto, a una cuadra de la avenida Fuerzas Armadas, a la altura del Colegio Fray Luis de León (esquina Isleños). Parroquia Santa Rosalía.

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Lugares

Gran Templo Masónico

Gran Templo Masónico

Desde la fachada, el Gran Templo Masónico de Caracas refleja majestuosidad. En su entrada un jardín custodiado por dos grandes árboles de palma limitan con una vistosa reja de hierro. Un foco indiscutible y distintivo son las cuatro emblemáticas columnas salomónicas, de estilo redondeado y de reluciente dorado que dan marco a la puerta principal y a los nueve ventanales de madera que dan el frente de esta edificación de dos pisos, donde se guarda la memoria e historia de la sede principal de los adeptos a la francmasonería en el país.

El 24 de junio cumplieron 193 años de su fundación como Gran Logia, en una casona mandada a construir por el presidente Antonio Guzmán Blanco, que fue uno de los tan reconocidos personajes de la historia venezolana que se unieron a la masonería. Quizá el más célebre fue El Libertador Simón Bolívar, pero también contó entre sus filas a Francisco de Miranda, considerado por la Logia como uno de los pioneros de la masonería en Venezuela.

En la puerta principal, se observa el Escudo de las Armas Heráldicas de la Masonería. Un símbolo en el que se representan tres castillos y un brazo, que porta en la mano una insignia de trabajo. Internamente el templo cuenta con espacios detalladamente decorados, tanto en paredes como en mobiliario, en los que destaca la cúpula principal que se eleva a 16 metros de altura.

Cada espacio tiene una identidad y un sentido que forma parte de la filosofía sobre la cual se sustenta la Logia, como por ejemplo dos estatuas de bronce que representan La Concordia y El Trabajo; o el Salón de Pasos Perdidos, con sus paredes pintadas al óleo en el que se representan los 33 escudos de la Orden iluminado por tres lámparas de estilo “araña”; y la división del entorno la marcan dos grandes cámaras situadas a cada lado del salón: a la derecha, la del Aprendiz y a la izquierda, la del Maestro, con iguales medidas y dimensiones.

Un ambiente místico rodea el Templo que generalmente no está abierto a todo público, aunque hay eventos específicos que son llamados “tenidas blancas”, en los cuales se permite la participación de personas y familiares cercanos a los integrantes de la Logia, como por ejemplo cuando en 2014 recibieron por primera vez como guardianes una réplica de la espada de Bolívar.

Aún así, la presencia de esa casona clásica enclavada en una discreta calle del centro de Caracas resulta un descubrimiento para muchos de los que pasan al frente y la consiguen por primera vez. Su identidad y estampa destacan en un entorno que fue dejando atrás las fachadas coloniales, pero que guarda el misticismo que envuelve al Templo y su historia.

Gabriela Rojas
Foto: Alberto Rojas

Dirección: Avenida Este 3, esquinas de Jesuitas a Maturín, casa número 5.

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Tradiciones

Perezas en el municipio Baruta

Pereza

Entre cualquiera de los motivos que puede generar una cola en Baruta este es el más insospechado. Las perezas son un ciudadano más en el municipio más verde y hay que darles paso, a su paso, cuando se lo tope en una calle y lo mire con sus ojos manchados.

Esta especie de mamífero, así como las coloridas y ágiles guacamayas, es parte de la fauna silvestre del Área Metropolitana de Caracas y se han vuelto un ícono de una ciudad en la que el crecimiento demográfico ha dejado islas de biodiversidad, que conforman pequeños bosques urbanos.

En los llamados caminos verdes que abundan en la capital puede toparse con alguna que se salió de su bosque y cruza lentamente la calle para llegar hasta casa. Su baja tasa de reproducción y la captura para el tráfico ilegal la convierten en una especie en riesgo de extinción.

La presencia de estos animales peludos y parsimoniosos, cuya única defensa son sus afiladas garras, es tan notable en el municipio Baruta que obligó a la alcaldía en 2009 a crear un Programa de Conservación y Rescate de Perezas y Guacamayas, manejado por la Dirección de Áreas Verdes del municipio.

El programa está dedicado a educar y concienciar a vecinos y visitantes sobre su rescate y enseñar cómo manipularlas cuando caen a las calles para reinsertarlas en su hábitat natural. Una tarea que hay que hacer con cuidado para no salir lesionado.

Es por ello que en Baruta entre las decenas de señales de tránsito que dan indicaciones a los conductores en las urbanizaciones Los Samanes, Santa Paula, Vizcaya, La Bonita, Hoyo de la Puerta, El Cafetal y San Román se pueden ver algunas que advierten la presencia de perezas en la vía, por lo que hay que tomar precauciones para no arrollarlas.
Contacto: Si desea más información sobre este programa de la alcaldía puede llamar (0212) 943 2426 y al (0212) 418 0033.

Florantonia Singer
Foto: Rosel Ojeda

 

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Gastronomía

Mercado Los Palos Grandes

Mercado de Los Palos Grandes

En la tercera avenida de Los Palos Grandes, hay un mercado al aire libre que podría ser como cualquier otro. Los ojos se pasean por las verduras y frutas frescas. Los presentes recorren la cuadra de arriba abajo. Los precios de las hortalizas por kilo resuenan como un discurso predeterminado de los vendedores. Los charcuteros espantan las moscas de sus quesos criollos. Pero los olores que se concentran entre Parque Cristal y el Wendy’s de la zona revelan lo contrario.

El jojoto invade el olfato. Allí se venden cachapas rellenas de queso de mano y cochino de al menos tres dedos de grosor. Son populares en el municipio Chacao. Sobre una larga plancha, sirven porciones ya cuantificadas con un gran cucharón de acero, que voltean de forma casi mecánica con una espátula. Las personas no titubean en alinearse unos detrás de otros para comprarlas. Familias e individuos cazan taburetes de plástico solos para comerlas sentados. Es entonces cuando el silencio se adueña de las pocas mesas del local.

Las arepas de maíz blanco pelado son la opción de los corredores. Un grupo ataviado con ropa deportiva se sienta a desayunar en una mesa del puesto de Arepa Pelá. Unos las prefieren sola con pico de gallo. Otros con rellenos. Algunas combinaciones rompen con los sabores prestablecidos, como aguacate, chicharrón y queso, o asado negro con queso amarillo rallado. Las asan en dos planchas y las rellenan en el acto.

Los jugos naturales, otra alternativa saludable. Allí, la variedad es la regla. Sin gluten, con azúcar, bañado en grasa; todo condensado bajo la uniformidad de los toldos que los cubren. Igual sucede con la concurrencia. Niños, adultos, deportistas, amas de casa, incluso perros confluyen en esa cuadra caraqueña.

El Mercado de Abastecimiento de Los Palos Grandes es un punto gastronómico ambulante de parada obligatoria. Se creó como una iniciativa de los vecinos para colaborar con los despedidos de Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA), en la época de huelga general entre 2002 y 2003. La actividad cuajó. El libre tránsito se interfiere en aquella vía de Chacao entre las 6 de la mañana y la 1 de la tarde todos los sábados.

Andrea Tosta
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Tercera Avenida de Los Palos Grandes:
Horario: sábado de 6 a.m. a 1 p.m.

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