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Arquitectura

Mezquita

A finales de los años 80, Venezuela se veía una nación pujante. El presidente Carlos Andrés Pérez llegaba por segunda vez a Miraflores en 1989 y las relaciones con Arabia Saudita eran buenas. De ahí que el nuevo gobierno planeó para Caracas un bulevar cultural y de encuentro que se extendiera desde la Plaza Morelos hasta el Paseo Colón, bordeando el Parque Los Caobos, que incluiría la ubicación de varias iglesias monoteístas.

Así nació la mezquita más grande de Venezuela, en un terreno cedido por el Gobierno a Arabia Saudita en intercambio por la tierra donde se instaló la nueva embajada venezolana en tierras saudíes. “En el área de 5 mil metros cuadrados se colocó un diseño imponente por la importancia que representa Caracas para la arquitectura y por el interés mutuo, de la Fundación que se encargó de construirla y de Venezuela, de hacer un monumento ícono de la ciudad”, sostiene Kahlil Abdul, coordinador académico y cultural de la mezquita.

La construcción la impulsó una organización sin fines de lucro la Fundación Ibrahim Ibin Abdul Aziz Al-Ibrahim -de allí el nombre que porta en su fachada- y para el diseño se decidió combinar una visión islámica, bajo el estilo otomano, con aportes occidentales. El arquitecto árabe Zuheir Fayez hizo los planos con el aporte del venezolano Oscar Bracho, quien supervisó la construcción para lograr “una mezcla de arte, diseño y arquitectura de dos hemisferios”, dice Abdul. Y aunque la historia oficial no la incluye, la venezolana Eva Arredondo hizo aportes arquitectónicos.

Cuando se terminó de construir en 1993, la Mezquita de Caracas era la más grande de América Latina. Título que mantuvo hasta 2000 cuando fue superada por el Centro Cultural Islámico Rey Fahd de Argentina. Su minarete de 113 metros se alza sobre el perfil urbano de la capital, orgulloso de ser el segundo más alto del mundo, completando la silueta que marca la imponente cúpula de 28 metros.

La sala de rezos puede albergar hasta 1500 fieles en su gran alfombra dispuesta para los cinco rezos diarios, así como la mezzanina superior destinada al uso de las mujeres. “No hay símbolos religiosos ni imágenes en el salón. Todo es dedicado al arte”, dice Abdul. La mezquita tiene espacios académicos -para cursos de árabe y actividades culturales-, áreas deportivas, fuente de abluciones y un cuarto para servicios funerarios. En tiempos de Ramadán, la Mezquita de Caracas -una de las 18 ubicadas en el país- convoca a los rezos usando los megáfonos a lo alto del minarete.

Víctor Amaya
Foto: Caritza Campos

Dirección: Calle Real de Quebrada Honda
Horarios de visita: Domingos 8:00 am – 4:00 pm
Metro: Colegio de Ingenieros

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Vida Urbana

Metro de Caracas

Ponerle nombre a las estaciones del Metro de Caracas no fue algo que se hizo a la ligera. La lluvia de sugerencias que precedió la inauguración de la Línea 1 del subterráneo, el 2 de enero de 1983, obligó a José González Lander, presidente del Metro, a designar una comisión conformada por Carlos Santiago González, gerente de Relaciones Públicas del Metro y tres cronistas de la ciudad para que definieran los nombres de las 22 paradas de ese tramo.

En principio a cada estación se le identificaba con un número, hasta que se buscaron los primeros nombres. El razonamiento que se utilizó era que tuviese algo que ver con la zona o con algún lugar representativo del sitio en donde se ubicaba la estación”, explicó Ricardo Sansone, de Familia Metro.

Fue así como se determinó, por ejemplo, que Gato Negro no se llamaría Miguel Antonio Caro –como estaba previsto originalmente–. Recibió ese nombre por ser asiento del bar Gato Negro, punto importante de encuentro para los caraqueños de la época y en donde llegó a presentarse Carlos Gardel. La Hoyada en principio se llamaría Fuerzas Armadas; pero en esa zona había una especie de hoyo, donde los ciudadanos hacían trasbordo para movilizarse en la ciudad de norte a sur, así que la oralidad se impuso.

Al inaugurar el primer tramo del sistema, entre Propatria y La Hoyada, había 17 reglas que los caraqueños más que conocer al detalle, obedecían. Meses antes del comienzo de operaciones, a los trabajadores del Metro los dividieron en grupos de dos y tres e iban a las escuelas, liceos, universidades y asociaciones de vecinos a instruir a los ciudadanos sobre el correcto comportamiento en el subterráneo. Instauraron así la llamada “Cultura Metro”, hoy en día tan golpeada.

El Metro continuó su expansión. La Línea 1 completó sus 20,36 kilómetros de recorrido el 19 de noviembre de 1989, con el tramo Los Dos Caminos-Palo Verde. El subterráneo ha seguido creciendo hasta completar 49 estaciones, repartidas en cinco líneas. Y aunque los usuarios se quejan de las demoras en el servicio, fallas, y el mal estado de los trenes, no hay duda de que después de 34 años de operaciones, el Metro continúa siendo la gran solución para Caracas.

Emily Avendaño
Foto: Teresa Cerdeira @teresitac

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Gastronomía

Artesano Cafetería

ArtesanosCafeteria

Cuando se abre la puerta hay un olor dulzón. Un aroma a pan saliendo del horno y a café recién colado: ese aromático convertido en una obra latte art, servido en tazas de peltre sobre mesas de madera áspera. Y el melado de papelón bañando un golfeado tibio que –créanlo– no necesita más queso. O un ponqué de zanahoria o de chocolate. Un cachito o un sándwich que concentran toda la frescura que puede brotar de la tierra misma.

Hay una bicicleta estacionada en una especie de sobretecho. La iluminación y la temperatura: cálidas. Las paredes, de ladrillos y de cemento pulido, tienen en algunos rincones pizarras con el menú dibujado con tiza. El sonido suave que emana de una corneta a veces es jazz, otras reggae. Y desde un ventanal se ve la gente caminando. Todo parece construido para que esa parada cotidiana de ir por un café sea en verdad una experiencia. Así es Artesano Cafetería.

Como una guarida al tráfico, el local está en pleno centro de Caracas, en la esquina La Torre, a pocos metros de la Plaza Bolívar. Cada vez son más las personas que entran y leen un libro, el periódico. Conversan. Casi una década de experimentación culinaria de Antonio Gámez, Ángel Rincón y Julio Rincón, sus dueños, está resumida allí. Queda claro que han evolucionado en el negocio: al principio tenían apenas una barra, al aire libre, y sólo vendían: café, pan, papelón con limón, golfeados y poco más.

No ha habido desvío en esa búsqueda de garantizar la frescura. Los ingredientes de todas las preparaciones son cultivados con esmero por proveedores artesanales. Los granos de café llegan del estado Portuguesa, los vegetales del estado Aragua, los embutidos los elaboran ellos mismos en una pequeña empresa.

“Uno abre la puerta y no quiere irse”, dice una Ana Crespo, una asidua visitante. Ella ha probado todo. El café Adriana (expresso, crema, canela, pepelón), el Mocaccino (expreso, sirope de chocolate, cacao, crema), el Late Vainilla (crema, sirope de vainilla, expreso), el Guaro (cocuy, azúcar de naranja, expresso), el Marieta (crema, canela, brandy, sirope de vainilla), el Carajillo (brandy, expreso). “Vengo a desayunar, a merendar; vengo a estudiar, cuando me siento contenta, cuando estoy triste”. Y hay que entenderla.

Erick Lezama
Foto: Hugo Londoño @huguito

 

Esquina La Torre, diagonal a la Plaza Bolívar.
Estación del metro: Capitolio
Horario: de lunes a sábado, de 7:00 am a 7:00pm. Domingos: 9:00 am a 6:00pm.

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Historia

Semana Santa

SemanaSanta

Era Miércoles Santo en Caracas. Año 1902. Los caraqueños se volcaron a la Basílica de Santa Teresa para rezarle al Nazareno de San Pablo. Aún estaban frescos los recuerdos del terremoto que sacudió la ciudad el 29 de octubre de 1900 a las 4:42 a.m. el cual dejó 21 muertos y más de 50 heridos.  Cuenta José García de La Concha en su libro Reminiscencias Vida y costumbres de la vieja Caracas que cuando se celebraba la misa mayor a las 9 de la mañana se escuchó un grito: ¡misericordia, temblor! La reacción la produjo un cuadro que cayó de la pared y generó una confusión entre los feligreses exaltados por el recuerdo del terremoto. El pánico se expandió y los fieles salieron despavoridos, generando un tumulto que dejó heridos y dicen que hasta muertos.

“En la iglesia sólo quedo el altozano alfombrado de paraguas y sombrillas, faldas y zapatos, carrieles y andaluzas e infinidad de cosas. Muchos años más tarde encontraba a una señora con la oreja partida y nos decía: Mijito, eso fue cuando el zaperoco de Santa Teresa” . José García de La Concha en su libro Reminiscencias Vida y costumbres de la vieja Caracas,

Cincuenta años después. Un 9 de abril de 1952, para ser más exactos. Miércoles santo en Caracas. . La Basílica de Santa Teresa fue de nuevo escenario de un acontecimiento. Monseñor Hortensio Carrillo oficiaba la misa. El recinto estaba abarrotado de fieles, cuando de pronto se escuchó a alguien gritar: ¡fuego! El miedo se apoderó de los fieles, quienes corrieron en masa buscando la salida. Pero algunas puertas estaban cerradas y el pánico se adueñó de la situación. 49 personas resultaron muertas, entre ellas 24 menores de edad.

En esos días, los santos más venerados eran: El Domingo de Ramos, el Jesús del Huerto, de la Capilla de la Trinidad; el lunes, el Jesús en la Columna, de La Candelaria. Para el martes, La Humildad y la Paciencia, de Catedral; el miércoles, los Nazarenos de Santa Rosalía y el de San Pablo; el Jueves el Cristo de Burgos, en la Altagracia, y para el viernes, la gran solemnidad de la Dolorosa y el Santo Sepulcro de San Francisco.

Los jueves y viernes santos no circulaban los tranvías ni los coches de alquiler. Mientras que los negocios cerraban desde el jueves al mediodía hasta el sábado después del Aleluya. Los caraqueños, entretanto, se reservaban sus mejores trajes para lucirlos en Semana Santa. Tanto que sastres y modistas estaban atareados por aquellos días.

La gran  solemnidad era el jueves santo, en La Catedral. De la Casa Amarilla a la puerta principal de la Catedral, estaba tendido en dos filas un batallón en uniforme de gala. Himno Nacional, ¡Presenten armas!, y hacía su entrada el Presidente de la República, quien recibiría las llaves del Sagrario del señor Arzobispo.
Para la procesión, el Presidente tomaba el pendón y los ministros el palio. Y era de oír emocionado  en medio de tanta solemnidad la célebre marcha fúnebre de Pedro Elías Gutiérrez “Viernes Santo”. En la tarde escuchábamos las siete palabras, los mejores oradores sagrados se dejaban oír y la sacra música con las mejores voces de Caracas alternaban  y llegaban al espíritu de los fieles.

Caracas en Retrospectiva

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Arquitectura

Parque Central

La construcción de Parque Central fue el evento arquitectónico que marcó la ciudad en la década del setenta, según reseña la Guía de Arquitectura y Paisaje de Caracas. Ese proyecto, que prometía ser en sí mismo una ciudad moderna y ofrecer un nuevo modo de vivir, fue concebido por los arquitectos Daniel Fernández-Shaw y Enrique Siso como un conjunto de usos múltiples. Algo nunca antes visto. Ocho edificios residenciales convivirían con oficinas, comercios, museos y salas de convenciones. Todo construido con criterios de vanguardia: un sistema de extracción de basura al vacío, suministro de agua por tuberías de cobre y aire acondicionado integral con agua helada.

Todo lo que prometía el futuro, estaría en Parque Central. Tanto, que el complejo arquitectónico se vendió con el eslogan “un nuevo modo de vivir que nada tiene que ver con el pasado”. Aquel material promocional que se le ofrecía a los futuros propietarios señalaba que el complejo contaría con los más modernos servicios, ascensores con capacidad para 24 personas, sistema de vigilancia por circuito cerrado de televisión las 24 horas y alarmas contra incendios en todos los pasillos.

 

Archivo Daniel Fernández-Shaw Escari0

Aparte, los apartamentos tendrían sanitarios sin tanque de agua, lavamanos con mezclador único de agua fría y caliente, pisos alfombrados sobre base de espuma de caucho y paredes decoradas con una combinación de pintura y tapizado. Todo ello inmerso dentro del paisajismo diseñado por el artista brasilero Roberto Burle Marx, el mismo que dirigió el proyecto del Parque del Este.

“Parque Central era una joya”, afirma Carlos Sánchez, residente del conjunto desde hace 37 años y dueño de un taller mecánico en el sótano 3. “Era tranquilo. Seguro. Era un conjunto residencial de puros profesionales. No tenías necesidad de salir porque aquí había de todo. Restaurantes, discotecas, cine, bancos. Era tu propio hábitat dentro de la ciudad”, agrega.

En aquellos inicios, la estructura se convirtió en una proyección de país. Era un reflejo de sus sueños, de lo que quería ser. De una ciudad moderna, democrática e inclusiva, según palabras del investigador Vicente Lecuna. “Parque Central fue un gran proyecto de desarrollo. Pero se construyó para un país inventado de la nada, que surgió de una modernidad instantánea, que no existe”, añade.

Mirelis Morales Tovar

 

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Gastronomía

Caffé Piú

Al entrar, verá un mensaje en italiano fijado en una pared : “Un angolo di mundo qui”, que traducido al español significa “Un ángulo del mundo aquí”… De eso precisamente se trata la experiencia de ir a Caffé Piú. Sentir que no se está en un sitio cualquiera, sino en un ángulo del mundo, en un lugar especial, donde el café es el protagonista y la excusa perfecta para pasar un rato en un pequeño local, rodeado de antigüedades y de una colección de objetos, que tienen significado para sus dueños Gian Franco Misciagna y su esposa, Marbelis Daliz.

Aquí, el menú de aromáticos va desde los clásicos capucchino, expreso y nocciola. Hasta variedades como Lima's Piú (expresso y ralladura de limón), Andrea's (ponche crema +  expresso + leche + extracto de vainilla), Da'Piú (leche condensada + expresso + canela + leche + cacao), entre otras mezclas. Que bien puede acompañar con sus empañadas de harina de trigo, panninis o tortas.

Gian Franco es quien suele estar detrás de la barra, manejando con experticia su máquina de café. Tal y como lo aprendiera de su padre, Giovanni Misciagna, fundador del Café Vomero (1959). Así que si alguien sabe hacer un buen café en Caracas, es precisamente él. Pero vale advertirle que es un personaje. Por tanto, no le extrañé si Gian Franco lo recibe cantando o tocando su bocina en forma de gallina. O si le pide que le ayude a arreglar las mesas y sillas de la terraza mientras termina de abrir el local. Su carisma le da autenticidad a Caffé Piú.

Llegar no le será ningún problema, pues Caffé Piú está ubicado en una esquina estratégica de la calle Chama de la urbanización Bello Monte. Estacionar sí, porque sólo cuenta con tres puestos en su frente. Pero sepa que todo tiene una razón de ser. Sus dueños son fieles defensores de los derechos de los peatones. Incluso, verá carteles en la fachada defendiendo el uso de la acera. Por tanto, bien podría decirse que Caffé Piú fue pensado para vivir la ciudad idílica, aquella donde se puede llegar a un sitio caminando, sentarse en la terraza al aire libre a tomarse un buen café, toparse con intelectuales e irse a casa al final de tarde con un buen gusto de haber pasado un rato agradable en una esquina del mundo.

Horario:

Lunes a Viernes: 8 am a 7 pm / Sábado: 9 am a 3 pm

Mirelis Morales Tovar

 

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Historia

Radio City

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Su esplendor lo alejó de la simple denominación de una sala de proyección y lo colocó en la categoría patrimonial de “palacio del cine”. Para la década de los años cincuenta, el Cine Radio City se presentó como el emblema de la modernidad caraqueña y como el símbolo de la ciudad cosmopolita, por utilizar los criterios más avanzados de la época y los estilos arquitectónicos más vanguardistas. De allí su inspiración en su homónimo neoyorquino, que se erige en el Rockefeller Center de Manhattan desde 1932.

Este palacio cinematográfico abrió sus puertas al público el 15 de abril de 1953, con la proyección de la película Mesalina de la primera actriz María Félix. “La mujer más perversa en toda la historia del mundo en una película extraordinaria para un teatro excepcional”, rezaba el anuncio de aquel entonces, según comentó Guillermo Barrios, autor del libro Inventario del Olvido.

El diseño del Cine Radio City fue el reflejo de los tiempos de posguerra. De acuerdo con el arquitecto Nicolás Sidorkovs, la introducción de líneas curvas y acabados más suaves concordaban con esa respuesta anímica de deshacerse de los elementos agresivos y rígidos. “Aunque el Radio City conservaba algunos elementos rígidos en su interior, el lobby, los escalones y la forma -tanto en el plano como en el espacio- eran circulares. Asimismo, el cine se acopló a ese ambiente fantasioso de la época: tanto sus taquillas con forma de cuerno, como aquellas sirenas que se elevaban alrededor del arco de la pantalla eran elementos que carecían de agresividad”, afirmó Sidorkovs, autor del libro Los Cines de Caracas en el Tiempo de los Cines.

El Radio City fue la primera sala del sistema metropolitano que introdujo la innovación del cinemascope. “Radio City se prestó, junto al Junín, a la introducción del sistema de la 20th Century Fox que, a partir de lentes anamórficos, propone experiencias de proyección sin precedentes sobre inmensas pantallas cóncavas y sonido estereofónico”. reseñó Barrios en un trabajo publicado en la revista En Caracas.

El general Marcos Pérez Jiménez era un asiduo visitante y disponía de un palco presidencial en la parte posterior de la sala, para disfrutar de la innovación de aquella pantalla que cubría en todo lo ancho y largo el frente del escenario, con terminaciones curvas para no deformar la imagen. “A pesar de que el Radio City seguía la misma tendencia del resto de los cines del Este de tener sólo localidad de patio, se diseñó un pequeño espacio para que el presidente disfrutara del cinemascope. A ese palco se le construyó un pasadizo oculto para que el público no lo viera entrar ni salir de la sala”, recordó Sidorkovs.

Antonio García, quien frecuentó el cine en sus años de juventud, recuerda: “El Radio City era una especie de oasis, pues luego de recorrer el bulevar de Sabana Grande era un lugar propicio para el descansar, mediante el disfrute de una buena película. Además era un sitio muy familiar y el punto de encuentro de muchas personalidades por su cercanía con el Gran Café

Mirelis Morales Tovar

 

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Arquitectura

Plaza Bolívar

PlazaBolivar

Plaza Bolívar hay muchas. Sobre todo en este país. Cada pueblo, por muy pequeño que sea, tiene su espacio reservado para homenajear a El Libertador. Y Caracas obviamente no es la excepción.

La Plaza Bolívar es el centro neurálgico del casco colonial de la ciudad. Se creó en 1567 con el nombre de Plaza Mayor, en el lugar donde indicó Diego de Losada, fundador de la ciudad. A lo largo del tiempo ha cambiado de forma y función. Sin embargo, siempre ha sido lugar de encuentro de los caraqueños.

Su visita es parada obligada, no sólo porque alrededor de ella encontramos edificaciones históricas significativas, tales como la Catedral, la Casa Amarilla o la Gobernación, sino porque allí en ese mismo suelo nació Caracas hace cuatrocientos cincuenta años.

En el centro de la Plaza Bolívar se eleva una gran escultura de El libertador Simón Bolívar, del escultor Adán Tadalini, que data de 1874. Escondido bajo su pedestal, antes de su inauguración, el ex presidente Antonio Guzmán Blanco colocó una caja del tesoro con reliquias de la época como fotografías, libros y hasta billetes, la cual sigue allí intacta desde entonces. Ojo, ni haga el intento de subir en su pedestal, porque está prohibido.

En la zona siempre hay gran cantidad de personas, circulando por la plaza o sentados en sus bancos. Es normal ver a los niños alimentar las palomas o las ardillas negras que viven en los frondosos árboles (sí, son negras y casi no se ven así en ningún otro lugar). Vendedores de dulces se pueden encontrar a los alrededores de la plaza, al igual que varios cafés, chocolaterías y restaurantes, donde podrás sentarte a descansar. Incluso entre las esquinas Padre Sierra y Conde hay un lugar donde hasta no hace mucho se podía comprar una torta melosa, que se dice provenía de la misma receta que fuera favorita de Simón Bolívar.

No se recomienda ir en carro, pues es muy complicado estacionar en la zona. Lo mejor es tomar el metro y bajar en la estación Capitolio, salida “Esquina la Bolsa-Padre Sierra”. Allí saldrá enfrente de la Asamblea Nacional, solo deberán bordearla hacia su mano izquierda y llegarán directamente a la Plaza.

Stefany Da Costa
Co-Fundadora de Urbanimia

Foto: Hugo Londoño @Huguito

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Arquitectura

Teatro Nacional

El Teatro Nacional fue construido por órdenes del presidente Cipriano Castro, a quien su esposa Doña Zoila de Castro le había sugerido construir otro teatro en la ciudad que fuera más lujoso que el Teatro Municipal.

Para cumplir los caprichos y deseos de Doña Zoila, el entonces presidente buscó al arquitecto Alejandro Chataing, quien trabajó junto al pintor Antonio Herrera Toro, el ebanista José María Jiménez y el escultor catalán Ángel Cabré.

Para su construcción se eligió el terreno que ocupaba el cementerio de Los Cipreses, el cual formaba parte del Oratorio de San Felipe de Neri.

El Teatro Nacional se inauguró el 11 de junio de 1905 con la presentación de la zarzuela “El Relámpago”. Este recinto cuenta con una capacidad de 797 butacas y un elegante interior donde los acabados de madera marcan la pauta. En su fachada se encuentran dos enormes columnas y, al final de ellas, dos estatuas que significan la comedia y la tragedia.

Arq. Ricardo Castillo G.
Director de Arquitectura Venezuela.
Twitter @Arquitecturavzl / Instagram @Arquitecturavzl / Facebook Arquitectura Venezuela

Foto principal: Hugo Londoño @huguito

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Arquitectura

Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena

Su estructura se pierde entre el follaje natural que la rodea. Sólo se divisa una nave que se asoma entre los árboles y es precisamente lo que llama la atención de los más curiosos. “¿Y esa casa de madera qué será?” se preguntan quienes circulan por la avenida Sur de La Lagunita.

Se trata de la Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena. Una verdadera joya arquitectónica. Ya sabrá por qué. En el mundo sólo existen 15 templos religiosos de este tipo y sólo dos se encuentran fuera de Rumania, según reseña el catálogo de Patrimonio Cultural en su capítulo dedicado al municipio El Hatillo.  Así que es un privilegio contar con este templo que constituye una muestra de la arquitectura religiosa ortodoxa del siglo XVI.

Al visitarla, uno no sabe si es más bella por dentro o por fuera. Este templo fue ensamblado pieza por pieza por artistas rumanos que vinieron especialmente al país para edificar esta iglesia que se inauguró el 7 de noviembre de 1999. Está construido de madera (roble y abeto), prefabricada y traída especialmente de Rumania. El techo lo conforma 40 mil tejas que fueron talladas y colocadas una a una.

Su interior está decorado con imágenes neo-bizantinas, elaboradas por artistas rumanos. Y aparte cuenta con otra particularidad: una angosta escalera que fue tallada en un sólo tronco.

Si tiene la oportunidad de visitarla, tómese el tiempo de ver cada detalle. No vaya a la carrera porque se perderá de apreciar, por ejemplo, el iconostasio propio de la iglesias ortodoxas, que es una pantalla o pared llena de íconos o imágenes de santos. En este caso, la estampa de nuestra Virgen de Coromoto no podía faltar como símbolo de unión entre dos culturas.

Mirelis Morales Tovar

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