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Gastronomía

El Garage, birra jardín

El Garaje, birra jardín

Imagine una fiesta en el garaje de su casa. Todos acomodados en banquitos, mesas, puff, hamacas, algunos de pie, sobre un trozo de alfombra que cumple su cometido de grama. Pero en esta celebración la tarde se destila con cervezas hecha en casa. De eso va la propuesta del El Garage, birra jardín, que se inició a finales de 2016, en la sede de la fábrica de cerveza artesanal Social Club, una de las tantas marcas que han surgido en Caracas y que mantiene, cinco años después de creada, una producción de por los menos 2.000 litros mensuales.

Quien va a uno de los garajes, como llaman a los encuentros que realizan cada quince días a través de convocatorias por redes sociales, podrá conocer el proceso de elaboración de esta bebida. Los tanques para la cocción, fermentación y enfriamiento de la cebad y el lúpulo están a la vista de los asistentes.

El emprendimiento de Gerardo González, Víctor Querales y Lorena Rojo, viene de una inquietud como cultores de esta bebida. “Acá nos une el amor por la cerveza. Venezuela es uno de los países con mayor consumo per cápita, pero nadie conoce el proceso de elaboración ni tiene la posibilidad de hacerlo, algo que en otros países sí es viable”, cuenta González, que vivió 4 años en Londres, donde descubrió todo lo que hay detrás de una botella de cerveza.

Lo que montaron González, Querales y Rojo en la parte delantera de la casa donde fabrican la Social Club es el primer taproom de Caracas, y junto con uno que está por abrirse en la ciudad de Mérida, son los únicos de Venezuela.

Los jóvenes elaboran por lo menos 10 tipos de cerveza: las americanas, las inglesas y las belgas mezcladas con hierbabuena, naranja, chocolate, café y otras combinaciones “Esto es un viaje, una degustación”. Luego de la producción de un lote, sus productores tienen la opinión de los consumidores a puerta de fábrica, en una fiesta en la que pueden reunir hasta 100 personas en esta quinta ubicada en Sebucán.

La degustación de la cerveza tiene su maridaje. La comida cambia con cada evento y la ponen otros emprendimientos de la ciudad. Por el garaje han pasado Los Costillas, un clásico del Estadio Universitario con sus sandwiches de cerdo que son como un jonrón, La Jauría del Amor con sus empanadas argentinas, las hamburguesas de Food Factory, el foodtruck de pizza Il Jet Studio, entre otras pequeñas empresas.

Además, el lugar ofrece seguridad para los vehículos y un área de juegos para niños, por lo que admite familias. “En apenas seis meses que abrimos el garaje tenemos gente que viene seguido, queremos dar respuesta a la falta de sitios de esparcimiento en la ciudad”. Es una oferta distinta que hay que conocer.

Florantonia Singer
Foto: El Garage Birra

Horario: de 4:00 p.m. a 12:00 a.m.
Lugar: final de la avenida Miguel Otero Silva, quinta de muro verde, Sebucán.
Redes: @elgaragebirra

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Tradiciones

Leones del Caracas

Leones del Caracas

Se puede nacer caraqueño y no ser caraquista. También se puede ser caraquista sin nacer caraqueño. Pero no hay nada más caraqueño que un caraquista, ese que tiene marcado el gentilicio con el rugido que eriza la piel al pisar el Estadio Universitario, la casa de los Leones del Caracas, los melenudos, donde se vive la efervescencia del deporte favorito de los venezolanos: el béisbol.

Los Leones del Caracas llevan el nombre del patrono de la capital – Santiago de León- y desde 1945, cuando aún se les asociaba con la Cervecería Caracas fue uno de los cuatro equipos fundadores de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. De esa época data la pasión por la pelota criolla que la hizo la preferida del público y allí también nació la histórica rivalidad entre el Caracas y el Magallanes, que más de siete décadas después todavía mueve los cimientos del terreno de juego.

La partida de nacimiento de un caraquista se firma en el coso de Los Chaguaramos, preferiblemente un viernes en la noche o un domingo en la tarde en el fragor de un Caracas- Magallanes. El corazón del fanático va tranquilo, con su latido regular disfrutando de unas birras y de la compañía. Pero de repente la emoción lo agarra desprevenido y al cruzar el arco de la entrada se ve el campo verde, el diamante en ángulo perfecto, los asientos multicolores en sucesión mientras se llenan de gente, la lluvia que huele y sabe a cerveza y entones ocurre: el corazón se acelera, se agita, se pone gritón, contento, busca pelea, queda ronco, se emociona, llora, se agarra la cabeza, sufre y suda los nueve innings hasta que cae el out 27.

Ahí lo sabes. Eres un caraquista irremediable, orgulloso hasta la médula y a veces necio cada vez que recuerda, temporada tras temporada, esos 20 campeonatos que lo hacen el equipo con más triunfos de la liga, ganador dos veces de la serie del Caribe, con más finales disputadas y más record colectivos e individuales.

Por eso cada vez que el equipo pierde, se saca esa carta para defender la casta heredada de Victor Davalillo, Baudilio Díaz, Omar Vizquel, Urbano Lugo, Andrés Galarraga, Bob Abreu y hasta la del legendario Jesús Lezama, el papá de la fanaticada caraquista.

De octubre a febrero, cuando suena la voz de playball y cada noche las luces del estadio iluminan la autopista, por las calles se multiplican las camisas del equipo que –aunque sea ganando o perdiendo- se lucen con el pecho henchido, porque al llevar la camisa de los Leones sin correr una base o batear un foul, el equipo se adueña del nombre y se convierte en Caracas.

Gabriela Rojas
Foto: Leones del Caracas

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Vida Urbana

Cuevas del Indio

Cuevas Del Indio

Un hombre mira hacia arriba. Una de las tantas paredes de piedra irregular del Parque Recreacional Cuevas del Indio se alza a sus pies. Porta zapatos para escalar y ropa deportiva. Un arnés le envuelve la cintura y las piernas, del que cuelgan mosquetones rojos, cintas exprés y un puñado de cuerdas grises. Se mete la mano izquierda en una pequeña bolsa que también le cuelga cerca del coxis. La saca llena de un polvo blanco. Se choca ambas manos, las frota y estira su brazo derecho hasta el recodo más cercano que alcanza, mientras otro hombre vigila su ascenso desde tierra.

El mapa del sitio que recibe a los visitantes indica tres puntos como ese para practicar escaladas. Cerca de 200 personas lo frecuentan en un fin de semana. La Hormiga, El Puente, El Tobogán, La Garganta… los mismos escaladores han etiquetado sus recorridos en vertical. Paran sus carros, camionetas o motos en el estacionamiento del recinto y se adentran en la naturaleza con morrales a cuestas. Algunos simplemente con las cuerdas en la mano. No necesitan más.

Mientras se anda por los senderos ya delimitados por el humano, el sonido de las chicharras opaca progresivamente el reggaetón que se escucha a todo volumen en la vía hacia el Cementerio del Este. Las formaciones rocosas se ubican en La Guairita, donde también está una quebrada, no apta para el consumo humano. El parque es un pulmón vegetal del municipio El Hatillo con una flora variada. Se perciben desde ceibas hasta plantas de café.

Aún permanecen las primeras señalizaciones, cuando el sitio se declaró espacio protegido por el Instituto Nacional de Parques (Inparques) en 1983. Unos trozos rectangulares de madera pintada de verde reciben a las personas con escritos: “Cueva del Pío 363 mts”, “Cueva del Indio 815 mts”, “Mirador del Indio 1080 mts”; uno encima del otro clavados en un árbol. También se leen mensajes como “Cuida tu parque” y “Evita incendios”.

Llegar hasta las cuevas implica recorrer sobre musgo resbaloso, iluminado por el sol que se cuela entre el abundante follaje. Desde las 8:30 de la mañana hasta las 12:30 del día está abierto al público, aunque las demás instalaciones, como el cafetín y cabañas para cumpleaños y actividades recreacionales están disponibles hasta las 4:30 de la tarde. Es lunes es el único día de la semana que el parque cierra.

Para los guardias de seguridad, adentrarse solo en las cavernas es una locura. En el Pío, son 195 metros de longitud y 11,5 de profundidad. En el Indio, un túnel descendiente de alrededor de 120 metros de longitud. No hay luz natural que ilumine los laberintos de estalagmitas y estalactitas para los visitantes. Dentro, sus cuerpos se cuelan entre paredes rocosas y se arrastran como reptiles por el suelo. Los rostros se llenan de tierra. La respiración se convierte en eco. Suena esporádicos aleteos rápidos. Murciélagos penden boca abajo del techo. El flash de las cámaras es poco recomendado.

Andrea Tosta
Foto: Tomada por Alexis Núñez para el blog @todoesunviaje de Raquel Monasterio.

Dirección: calle La Guairita. Vía El Cementerio del Este. Municipio El Hatillo.
Horario: martes a domingo 8:30 a.m. a 4 p.m.

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Historia

Teatro Ayacucho

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La dinámica social y de entretenimiento de Caracas cambió en la década de 1920, con la inauguración de una de las edificaciones del arquitecto Alejandro Chataing: el Teatro Ayacucho. Este espacio abrió sus puertas en 1925 como un centro artístico, con capacidad para albergar todos los eventos escénicos posibles. Contaba con equipos modernos y una distribución concebida para tal fin: vestíbulo, platea, balcón y gradería, además de un escenario con camerinos y tramoya. El aforo alcanzaba para 1.300 personas.

De ese hermoso edificio, hoy solo quedan nombres y detalles de una arquitectura de influencia francesa. Lamentablemente, quedó relegado a ser una especie de centro comercial, con locales de comida rápida distribuidos en la estructura de lo que fuera un elegante teatro.

Al visitarlo, se rescata la oportunidad de ver un hermoso mural en relieve, de piedra tallada, del artista Bianchini. Pero la obra se halla opacada por un televisor pantalla plana ubicado en su borde inferior que impide su completa visualización.

El nombre de Teatro Ayacucho se mantiene en su fachada. Esa que resalta entre las esquinas La Bolsa y Padre Sierra, por su majestuosidad y belleza. Cuando fue intervenido en la década de los noventa, para ser transformado en centro comercial, quizás el interés por no borrar su historia llevó a sus interventores a renombrar cada uno de los niveles con sus usos originales: Orquesta, Patio, Balcón, Tramoya y Terraza, entre los cuales se distribuyen comercios, feria de comida y tres sala de cine, que se mantienen activas.

El 15 de abril de 1994 fue declarado Monumento Histórico Nacional para proteger su estructura. Aunque su uso varió, al menos el Teatro Ayacucho no corrió con la misma suerte de su vecino el Cine Continental, que permanece cerrado. El Continental abrió al público el 11 de enero de 1936, fue diseñado por los ingenieros Guillermo Salas y Félix Aguilú, y remodelado en 1942 por Carlos Guinand Sandoz, quien le confiere el estilo Art Déco que lo caracteriza. De recuperarse, esta cuadra retomaría el valor artístico y cultural que la signó a mediados del siglo XX, y que lo completaba el antiguo Teatro Capitol, a pocos metros de ambos (entre las esquinas Padre Sierra y Las Monjas, hoy sede de una franquicia de hamburguesas).

El Teatro Ayacucho es el segundo cine más antiguo de Caracas y del país; le antecede el Teatro Rialto (inaugurado en 1917)

Patricia Marcano
Foto: Hugo Londoño

Dirección: avenida Sur 4, entre las esquinas La Bolsa y Padre Sierra. Parroquia Catedral
Metro: estación Capitolio

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Tradiciones

Maratón CAF

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Empaparse de sudor sobre el asfalto. Correr Caracas por todos –todos– sus costados: de este a oeste, de norte a sur. Y de un tirón. Seguir aunque las piernas chillen y los músculos quemen y el aliento (y el ánimo) ya no den para más. Si bien la mayoría hacen el medio maratón –21 kilómetros–; otros se aventuran a la prueba de más alto voltaje: el maratón completo; 42 kilómetros en los que las calles caraqueñas son arenas movedizas.

Los corredores se preparan durante meses: dietas, entrenamientos de velocidad, asistencia médica. Y, llegado el momento, controlan la respiración, la velocidad, la hidratación, y desde luego, la ansiedad. Aquí no interesa el podio (bueno, no a todos). La mayoría quiere bajar los tiempos que hicieron anteriormente. O “simplemente” atravesar la meta. Y no importa cuántas horas implique eso.

Ese domingo, sin que termine de amanecer, el parque Los Caobos recibe a un enjambre de miles deportistas eufóricos, a punto de molerse en las calles. Las familias, los amigos, e incluso grupos de voluntarios se vuelcan a las avenidas para apoyar a quienes están en la pista. Corren trechos con ellos, les alcanzan agua, les gritan que sigan, que no se detengan, que falta menos, que ya casi.

Esto ocurre en una metrópoli que se ha ganado un sitial en todos los ránkings de violencia, de muertos e inseguridad. Ese día Caracas es otra. Ese día, cuando el deporte es un río en sus calles, aquí hay una tregua. Así es desde 2011, cuando el Banco de Desarrollo de América Latina comenzó a organizar este maratón anualmente. Enrique García, presidente ejecutivo de CAF, lo ha dicho así: “Es una muestra de que se trata de un espacio de integración y colaboración. Algo que tiene que ver no sólo con el deporte, sino con los valores más profundos de la sociedad”.

En la edición de 2017, la más reciente, participaron casi 11.000 corredores provenientes de Caracas, de todas las regiones del país y de diversas partes del mundo. Uno de ellos es Evian Otero, caraqueño, aficionado a las carreras y fue su segunda vez en este evento: “Tener la posibilidad de correr por avenidas o calles que suelen ser usadas sólo por vehículos, te da otra perspectiva de la ciudad, se siente mayor proximidad con esta Caracas tan movida y caótica”.

Erick Lezama Aranguren
Foto: Federico Parra

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Lugares

Cuadra de las novias

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En la urbanización El Silencio, hay una cuadra donde se materializa el sueño de aquellas mujeres que siempre han querido casarse de blanco. Por más de 60 años, un grupo de tiendas se ha especializado en la venta de velos, vestidos, guantes, liguero, base de bouquet, armador, arras, cojines y todo aquello ligado al mundo de las ceremonias nupciales. De allí que se ha ganado el nombre de la “Cuadra de las Novias”.

Las futuras esposas que necesitaban ahorrar algo de dinero y que no disponen de mucho tiempo para ir donde una modista, escoger un modelo de vestido y hacerse cientos de pruebas, acuden a las tiendas del centro de Caracas, a pocos pasos de la avenida Baralt, entre la plaza O’Leary y las Torres del Centro Simón Bolívar. Otras novias, en cambio, van para continuar con una tradición familiar, por ser el lugar donde sus madres o abuelas adquirieron el vestido del gran evento.

Las vitrinas exhiben modelos tradicionales. Pero puertas adentro pueden conseguir una variedad de vestidos, que van desde los más básicos hasta los más atrevidos, que llevan encajes, lentejuelas, bordados en relieve, satín de seda suave, chiffon. Quienes trabajan en las tiendas se encargan de confeccionar, bordar o entallar. Otras tantas, les toca consolar y hasta aconsejar a las futuras señoras.

Y es que la “Cuadra de Las Novias” ha sido testigo de amores, de prometidas que lloran de la emoción, de las que quieren probarse miles de vestidos, de las que se retratan con las prendas para conservar el momento o enviárselo a las amigas, de las que regresan acompañadas de la hija para continuar la racha. Pero también, de aquellas que lloran por la ruptura, por lo que no funcionó, por el desamor y que han retornado al lugar con el infortunio de devolver la prenda comprada.

“Yo me he vuelto consejera matrimonial”, relató Elisa de Arias, costurera del Palacio de Las Novias, en una entrevista publicada en El Universal. “Muchas veces nos toca ayudar a las novias e inspirarles tranquilidad de que todo va a salir bien ese día. De verdad, aquí se ve de todo. Tuvimos una que devolvió el vestido tres veces…¡Eso fue un desastre! Hasta que, por fin, se casó (risas)”.

La crisis económica del país ha impactado considerablemente en las ventas. Sin embargo, la “Cuadra de las Novias” sigue siendo, ahora más que antes, una opción para las futuras esposas que desean ahorrar dinero sin sacrificar estilo. Algunas de las tiendas han perdido clientela. Otras han bajado notablemente la producción, pero la mayoría se niega a renunciar a una tradición que es referencia en el centro de Caracas.

La tiendas de la “Cuadra de las Novias” ofrecen combos que incluyen 10 piezas –velo, vestido, guantes, tiara, baúl, liguero, base del bouquet, armador, arras y cojines- a un precio muy por de bajo del mercado de alta costura.

Hercilia Garnica
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Avenida Baralt. Urbanización El Silencio. Bloque 2.
Metro: El Silencio

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Gastronomía

360° Roof Bar

360Caracas

En lo alto de Altamira se erige uno de los lugares más emblemáticos de la noche caraqueña contemporánea, el bar 360°. El local, ubicado en el piso 19 del hotel Altamira Suites, destaca por un gran atractivo: la terraza descubierta en lo más alto de la azotea desde donde se tiene una vista panorámica completa de la ciudad. Allí, el lugar se completa con el bar ubicado al centro del espacio, ofreciendo su carta tanto para las mesas como para la barra.

A la terraza se accede por una escalera de metal que con cada peldaño suma a la adrenalina. El punto final de un recorrido desde la entrada que se aprovecha para descubrir los diferentes rincones y ambientes del local. Se comienza por su gran lounge lleno de puff, sillas y hasta hamacas, rodeado de grandes ventanales, para luego pasar al área de restaurante donde las mesas son protagonistas de degustaciones de pizzas y otros platos.

En el primer nivel superior, mesas y sillas aprovechan las paredes de la azotea del edificio para repartirse cual laberinto. Y desde allí, unos peldaños suben hasta el tope de la estructura donde tan solo unas barandas separan a las personas del vacío. La barra del bar, de estética industrial, sirve de punto luminoso para quien aproveche las vistas sobre El Ávila y sobre cualquier rincón de la ciudad. Una verdadera visión de 360 grados.

La noche caraqueña, a esa altura, sopla su viento fresco. Además, allí la iluminación es minimalista. Tan solo unas velas sobre las mesas y la luz proveniente del bar se complementan con el brillo de la luna sobre los comensales reunidos en ese punto del edificio, a donde llega la música que se distribuye por todos los espacios del local, siempre con un estilo chill house.

En todo 360° se ofrecen las opciones habituales del menú: pizzas, ceviches, tequeños con salsas dulces, papas bravas y otros entremeses. Además de una amplia coctelería con sus estrellas: los mojitos. Allí se incluye el “mojito eléctrico”, la clásica bebida a base de ron blanco cubano, hielo y yerbabuena pero con el añadido de bebida energizante con taurina. El local ha sido utilizado para eventos particulares, incluyendo mercados de arte y diseño.

Dato: El menú de 360° ofrece cocina de fusión, como el “wontong de chistorra”

Víctor Amaya                                                                                                                                                                                     Foto: 360° Roof Bar

 

Dirección: Avenida de Luis Roche con 1 Transversal (Hotel Altamira Suites), Caracas

Horarios de visita: Diario, desde las 6 p.m.

Metro: Altamira

 

 

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Organizaciones

Trazando Espacios

Trazando Espacios

El azul y el rojo despuntan entre la monotonía del gris en 275 escalones del barrio José Félix Ribas, al este de la capital. No es común toparse con pequeños mosaicos cuadriculados entre tantos grafitis. Tampoco con frases hiladas que narren una historia. Al caminar por el sendero de la zona popular caraqueña se descubre el cuento “Azul y Rojo” de Mireya Tabuas. Desde junio de 2016, la vista se recrea con color y literatura en Petare.

El cambio fue producto de la intervención de Trazando Espacios. El impacto a través del diseño urbano es la premisa de esta Organización No Gubernamental. La venezolana Ana Vargas, su creadora, percibe crecimiento donde muchos solo ven desidia y caos. Confía en la transformación de las zonas populares a manos de los vecinos, especialmente aquellos que no han alcanzado la adultez. Les da herramientas y técnicas de arquitectura para que sean capaces de cambiar un espacio en mal estado o en desuso.

Los jóvenes analizan su comunidad en la primera etapa del taller con cámaras, mapas y cintas métricas. En la segunda, ejecutan el diseño de su intervención del espacio público con ayuda de un especialista. Se elaboran maquetas, collages y patrones hasta seleccionar una idea que se desarrollará. Por último, los mismos jóvenes construyen el diseño escogido.

Trazando Espacios consiguió reconocimientos nacionales e internacionales. Antes de aplicarse en el país, un proyecto piloto se gestaba en Jamaica Plain, Boston. También se desarrolló en Mumbai, India, donde aplicó la metodología en cuatro comunidades de bajos recursos. En Venezuela, fue patrocinado por la Fundación Santa Teresa para llevarse a cabo en el programa Casas Blancas.

Así sucedió en El Consejo, estado Aragua. Un recodo de la comunidad Juan Moreno mutó en julio de 2016. Su piso tiene baldosas alineadas en forma de zigzag. Al lado de un árbol de tallo fino, se erige una pared que ahora cuenta con más vegetación. Con madera reciclada, se colgaron tríos de cactus de distintas formas y colores, que resisten las altas temperaturas. Ese lugar es ahora la Plaza de las Metras, respondiendo a una necesidad recreativa de los pequeños de la zona.

 

Andrea Tosta                                                                                                                                                                                     Foto: Trazando Espacios

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Personajes

Armando Scannone

Armando Scannone

Armando Scannone (Caracas, agosto de 1922) y sus ocho hermanos crecieron degustando más de 30 platos que formaban parte del menú de la familia Scannone-Tempone. Sus padres, Armando y Antonieta, eran inmigrantes italianos que llegaron a Venezuela a principios del siglo XX y se establecieron al oeste de la ciudad. Cocineras de distintas regiones del país, lideradas por la matriarca de la familia, eran las encargadas de la alimentación del hogar.

Cuando su madre enferma, Armando decide recolectar los sabores de su infancia, preocupado por el futuro de la familia. En compañía de Francisca Monasterios, Magdalena Salaverría y Elvira Fernández, la cocina se convirtió durante 10 años en un laboratorio.

Comenzó a ponerle medidas, cucharadas, pizcas, tazas, orden y tiempo a las recetas que anteriormente se hacían al ojo. Así nació Mi cocina a la manera de Caracas. Se publicó por primera vez en 1982 con una compilación de 742 recetas, en las que se pueden hallar bebidas, postres, ensaladas, carnes, pescados, cremas, sopas y otras preparaciones.

Lo que no todos saben es que el autor de la biblia gastronómica caraqueña es ingeniero civil, egresado de la Universidad Central de Venezuela. Durante su ejercicio profesional, estuvo involucrado en grandes proyectos como la construcción del embalse de Guárico, la Autopista Regional del Centro, la estación de pasajeros del aeropuerto de Puerto Cabello, la urbanización El Trigal de Valencia y el Izcaragua Country Club.

Pero fue en la cocina donde encontró su verdadera pasión. Scannone es miembro fundador de la Academia Venezolana de Gastronomía y se convirtió en el primer gastrónomo en Latinoamérica en recibir un doctorado honoris causa, en 2011, otorgado por la Universidad Metropolitana.

Los platos que se preparan bajo su tutela pueden ser repetidos más de cinco veces antes de ser presentados. Su primer libro lleva más de 25 ediciones con ventas que superan los 100.000 ejemplares. A su menú se fueron integrando los libros azul, amarillo, verde, naranja. Su vida la documentó el cineasta Jonathan Reverón. Y la periodista Rosanna Di Turi escribió el libro El Legado de Don Armando.

A sus 95 años de edad, Don Armando sigue saboreando lo mejor de la vida.

Karla Franceschi

Foto: Alberto Rojas

 

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Arte

Trasnocho Cultural

Trasnocho Cultural

Un gran pasadizo iluminado con el techo de espejos conduce a varios submundos: a cuatro salas de cine, un teatro, una tienda de discos, un local de artesanías, una sala de exposiciones, un café, una chocolatería, un restaurante, una librería, una vinatería, un launch​, una sala para teatro experimental y conciertos íntimos. Todo –cine, teatro, música, artes plásticas, artesanía, diseño, gastronomía y literatura– coexiste allí. Una sinergia cultural de la diversidad, el entretenimiento y la vanguardia.

El 4 de octubre de 2001, Solveig Hoogesteijn (nacida en Suecia pero criada en el Caribe venezolano), inauguró el Trasnocho Cultural en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Mucho había pensado en este concepto: quería que fuese un centro cultural, con programación de calidad, que se mantuviera exclusivamente con los ingresos de la taquilla, sin apoyo del Estado ni de la empresa privada.

Fue llamado así, porque la idea era justamente que la gente pudiera estar, hasta altas horas de la madrugada, viendo una película, una obra de teatro, bailando, conversando, compartiendo unos tragos. Pero la Caracas que vio nacer esta iniciativa ya no existe. Creció –se desbordó– la delincuencia. Y ahora todos los locales cierran temprano. Por ejemplo, a las 10:00 de la noche de un miércoles cualquiera está desolado.

Pero no ha sido sólo la inseguridad. Ha habido más baches en el camino: una reciente crisis energética, por ejemplo, obligó a reducir severamente la programación. Y, además, la altísima inflación golpea las taquillas. Pese a todo, en octubre de 2016, se celebró su décimo quinto aniversario. Se inauguró un mural que hace un recuento de los logros y deja claro que es un espacio consolidado: más de 700 hechos importantes, como una clase magistral de actuación por la profesora Lisa Formosa; una visita del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa; exposiciones en honor a Cruz Diez, Jesús Soto o Juan Félix Sánchez; numerosos festivales de cine de diversas partes del mundo; el ciclo de conciertos Noches de Guataca y más. Larga vida para el Trasnocho Cultural.

Erick Lezama Aranguren
Foto: Trasnocho Cultural

Dirección: Centro Comercial Paseo Las Mercedes, avenida principal de Las Mercedes.

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