close

featured

Gastronomía

Caracas Tea Company

CaracasTeaCompany

Al tomar una taza de té las ondas cerebrales pueden llegar al estado alfa de relajación, lo que llaman la meditación activa. Eso es lo que pregonan Miriam Gómez y Adriana Moreno, que cumplen cinco años con su emprendimiento Caracas Tea Company: invitar a encontrar las bondades del té más allá de la taza.

Una casualidad las llevó a alojarse en el mismo hostal de Rosario, en Argentina, en donde ambas iniciaron sus estudios como sommeliers de té. Comenzaron con una cata y de ahí saltaron a importar hebras de Sri Lanka, Sudáfrica, China y Japón, abrir una pequeña tienda en Los Palos Grandes y fundar una escuela de té.

“Nos tocó educar a nuestra clientela”, dice Miriam. Así es que son parte de una cultura de la lentitud y la relajación que ha encontrado abono en una Caracas vertiginosa y a veces hostil. “La gente cada vez más está tomando conciencia de lo que consume y los beneficios que puede traerle. La gente que consume té es más tolerante, tranquila y creativa”, agrega.

En Caracas Tea Company, por supuesto, hay un té que lleva el nombre de la ciudad, el Caracas Sunset. Además son preparaciones de la casa el Indian Nights, Wellness Energy, Granny Apple, Summer Lychee y el Merry Christmas, un té de temporada que luego de cinco meses de maceración evoca la torta negra venezolana. Este té sólo está disponible en la tienda los meses de noviembre y diciembre.

En el lugar es posible degustar pastelería elaborada con té. Como los ojos de tigre, hecho con matcha, el té verde japonés en polvo, cocteles, chocolate caliente o frío hecho con rooibos y cacao Carenero. Una de las experiencias más interesantes del lugar es tener la posibilidad de tomar el té al estilo europeo, en sillas, o a la manera de los orientales sobre cojines en una pequeña buhardilla, a la que hay que entrar agachando la cabeza como lo hacían los emperadores. Un gesto que los igualaba con el resto de los ciudadanos.

Dirección: Punto de Arte, 5ª transversal con 3ª  avenida de Los Palos Grandes

Horario: martes a sábado / 10:00 am a 6:00 pm

Metro: Altamira

Florantonia Singer

Fotografía: Caracas Tea Company

read more
Vida Urbana

Plaza Diego Ibarra

PlazaDiegoIbarra

A finales de 1970 y principios de los ochenta, la plaza Diego Ibarra, hecha en mármol y granito, con tres fuentes (una principal ubicada al oeste de la plaza y otras dos localizadas al norte y sur), todas operativas y con juegos de iluminación, era un espacio para la contemplación.

La gente iba a eso, a mirar el mármol y el granito que había en los bancos y a apreciar por horas las fuentes que tenían efectos; los chorros de agua bajaban y subían con ritmo y cambiaban de colores. Eso podía entretener a un niño por largo rato, mientras se comía un helado o corría de punta a punta por la plaza. Así la recuerdan los caraqueños que conocieron su primer rostro y la disfrutaron tras su inauguración, en 1968, un año después del terremoto de Caracas.

La plaza fue construida a un nivel por debajo de las instalaciones del Consejo Nacional Electoral, como un espacio articulador, pues permitía la conexión peatonal interna con el Centro Simón Bolívar (que aún se mantiene) y el Palacio de Justicia, dos edificios de carácter monumental erigidos a los lados de la plaza. Y también enlazaba con el terminal subterráneo Río Tuy. Su nombre, Diego Ibarra, fue asignado en honor a este militar independentista y colaborador de Bolívar y Sucre.

Al menos durante 20 años este espacio público recibió a las familias que visitaban el centro de la ciudad y se quedaban en ella a descansar un rato, viendo a la gente pasar y deleitándose con ese juego compositivo de jardineras, fuentes, y pérgolas. Hasta que fue tomada por la economía informal en la década de los noventa.

Desde ese momento se perdió por completo su razón de ser y se convirtió en un mercado de películas y discos “piratas”, bautizado como Saigón. En realidad era una estructura precaria, maloliente, conformada por tarantines con pasadizos oscuros y estrechos, en los que se cometían robos y otros delitos impunemente.

En enero de 2007, autoridades de la Alcaldía de Libertador deciden desalojar el comercio informal de la plaza para iniciar trabajos de recuperación que esperaban terminar en 2008. Sin embargo, las obras se detuvieron por tres años y se retomaron para la celebración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela.

Finalmente, el 6 de julio de 2011 la plaza fue reinaugurada con la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y el Coro Sinfónico Juvenil de Venezuela, bajo la dirección de Gustavo Dudamel. En el acto se develó una nueva escultura en el espejo de agua central llamada “La Aguja”, una figura de metal helicoidal en forma ascendente, de unos 20 metros de alto, realizada por el escultor Luis Alfredo Ramírez.

Para su restauración el Estado invirtió unos 25 millones de bolívares. Tiene capacidad para recibir a casi 5.000 personas en los 14.000 metros cuadrados que tiene de extensión, pues luego de ser reinaugurada la plaza Diego Ibarra ha servido de sede para conciertos y festivales de teatro.

Dirección: Entre las avenidas Oeste 6 y Oeste 8 de la parroquia Santa Teresa, entre las esquinas Camejo y Santa Teresa. Referencia: entre los edificios del Palacio de Justicia y el CNE

Hercilia Garnica 

Fotografía: Teresita Cerdeira 

read more
Historia

Camino de los Españoles

Camino10

El Camino de los Españoles existía mucho antes de la fundación de Caracas. Era un viejo sendero zigzagueante que los indígenas llamaban La Culebrilla. A finales del siglo XVI, Santiago de León de Caracas dependía mucho del puerto de La Guaira y se decide establecer una ruta fija que permitiera hacer control de aduanas y restringir el contrabando. En mayo de 1589, el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, don Diego de Osorio, ordena la construcción del Camino de la Montaña. Su mandato se cumple seis años después.

En el Camino de Los Españoles, se inicia actualmente la ruta Los Fortines del Ávila que coordina el equipo de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente (Fundhea) y que recorre parte del trazado de 17,8 kilómetros. En la entrada de Puerta de Caracas, su director Derbys López da la bienvenida al recorrido, que comienza con un museo al aire libre que representa las tradiciones del período colonial a través de murales pintados en la calle.

Se cuenta que España temía una invasión. Le daba miedo que Inglaterra, Francia u Holanda se apoderaran de alguna de sus colonias. No era un terror infundado, ya en 1595 un pirata inglés de apellido Preston saqueó La Guaira y entró a Caracas.  “En el período colonial, La Guaira era más importante que Caracas porque era la alcancía del país. Había 21 fortalezas que la protegían y cinco de ellas se encontraban en el Camino Viejo”. En Caracas, en cambio, no había fortalezas sino cuarteles. El Ávila en sí mismo era suficiente protección.

La primera parada es Campo Alegre. La comunidad se ha llamado así durante siglos, al igual que Sanchorquiz, poblado que debe su nombre al militar español Sancho de Alquiza, alguna vez presidente del Cabildo de Caracas. Sus esclavos africanos no hablaban español, así que Sanchorquiz quedó. Dos Caminos también ha conservado su topónimo por centurias. Ese era el punto donde confluían los avisos militares, cada vez que se sospechaba que La Guaira estaba bajo asedio y desde los fortines empezaban a tronar los cañones.

De La Guaira a Caracas las fortalezas eran: Del Salto; San Joaquín de la Cuchilla (o La Cumbre) que era el más grande y mejor equipado de la montaña; La Atalaya (o fortín del medio) que era un punto de vigilancia; Castillo Negro cuyas paredes fueron pintadas con carbón para que pasara desapercibido desde el mar; y Castillo Blanco que era otro punto de vigilancia. Los cinco se terminaron de construir aproximadamente en 1770 y actualmente es muy poco lo que queda de ellos.

Dato: El Camino de los Españoles perdió importancia en 1845 cuando el presidente Carlos Soublette inaugura el Camino Nuevo de Maiquetía (carretera vieja Caracas-La Guaira). Sin embargo, alrededor de 400 familias descendientes de canarios –los llamados blancos de orilla– todavía ocupan sus senderos. Se dedican al cultivo de hortalizas y de flores.

Dirección: Puerta de Caracas. La Pastora

Emily Avendaño 

Fotografía: Andrea Tosta  

read more
Organizaciones

Bookólica

Bookólica

En el medio de una plaza, así, una tarde cualquiera de un fin de semana, un grupo de jóvenes se sienta con libros e instrumentos musicales a regalar un recital de poesía musicalizada a los transeúntes que pasan frente a ellos. Alguno que otro se detiene y observa. Otro se olvida del apuro cotidiano y se sienta a disfrutarlo. En un rato, hay un círculo de personas escuchando sonetos de Federico García Lorca o poemas de Eugenio Montejo, que resuenan en plena calle y quedan en el oído incluso de aquellos que no se detienen mucho rato.

El regalo es parte del trabajo que hace el equipo de Bookólica, una iniciativa fundada por quien es su directora Ángela León, formada en la escuela de Letras de la Ucab, junto a Verónica Pedraza, subdirectora del proyecto y percusionista de profesión, quien se encarga del componente musical que acompaña los recitales y encuentros literarios.

León cristalizó la idea en diciembre de 2014 cuando concibió este proyecto, que tiene como objetivo presentar contenidos literarios, esencialmente de autores venezolanos, en encuentros culturales urbanos dirigidos a todo tipo de público, porque la mayoría de sus eventos ocurren en espacios abiertos.

“El primer recital de poesía se dio en febrero de 2015 y al principio fue una propuesta tímida y esporádica, pero poco a poco se fueron incorporando jóvenes voluntarios con los que trabajamos con técnica narrativa para formar un elenco que presenta cuentos para niños y adolescentes, que pudieran encontrarse en espacios públicos”, cuenta León.

Su trabajo cobró músculo a través de alianzas con otras organizaciones que vinculaban el arte, la arquitectura, la literatura y la música con la construcción de ciudadanía, por lo que Bookólica fue uno de los grupos fundadores de la red de más de 10 organizaciones llamada Caracas Combo.

Luego con dos nuevas alianzas, esta vez con el British Council a través del proyecto Busca tu espacio, y después con el Banco del Libro, el equipo de Bookólica comenzó a organizar encuentros dirigidos a público adulto, con temáticas específicas a través de lecturas y música seleccionada para que durante 45 minutos los asistentes se insertaran en el pequeño universo literario del poeta Montejo, los cantos tradicionales españoles que inspiraron a García Lorca, el mensaje de tolerancia y respeto que dejan las obras del escritor italiano Gianni Rodari e incluso descubrir la faceta de poeta de Paul McCartney enmarcado en un homenaje a Los Beatles.

La sinergia de Bookólica se apoya en la idea de la comunión de las artes para hacerla cercana, pública, independiente de si quien la reciba sabe o no de literatura. “Tratamos de hacer nuestro aporte cuando nos unimos a otros grupos como Caracas en 365, Pasa la hoja o Te paseo y te cuento. Hemos hecho recorridos para conocer la arquitectura de la ciudad y, por ejemplo, una vez estuvimos en el Hotel Ávila en San Bernardino y se leyó un extracto de El Pasajero de Truman que ocurría en ese espacio. Así logramos conectar un espacio como escenario de la literatura y vincularlo a la gente”, cuenta su directora.

Además de sus encuentros en espacios públicos, Bookólica se vincula con la gente a través de las redes con micros de un minuto que se llaman Alas para leer y Poemas gratis, en los que leen un pasaje de una obra y la dejan como recomendación para que la gente lo busque luego o un video corto musicalizado llamado En gotas, en el que vinculan alguna obra de la literatura que inspiró una canción, una película, una pintura e incluso cuáles han sido origen de populares videojuegos. “Tratamos de expresarlo en un tono muy accesible, en el que todos se puedan sentir identificados según sus intereses, porque nuestro objetivo es ofrecer el bienestar y el disfrute propio que deja la literatura”.

Instagram, Facebook y Twitter: @Bookolica.

Gabriela Rojas

Fotografía: Bookólica

read more
Personajes

Carlos Gómez de Llarena

Carlos Gomez de Llarena

Su rostro asoma trazos que van en diferentes direcciones. Nada que Carlos Gómez de Llarena no conozca. Él, que con grafito y láminas de papel, ya dibujada y enlazaba líneas con personajes como José Miguel Galia, Martín Vegas Pacheco, Walter J. Alcock y Moisés Benacerraf, incluso antes de graduarse de arquitecto.

Así, a mano alzada, creó sobre papel lo que vemos hoy sobre el asfalto. Edificaciones por donde los caraqueños caminan. De sus trazos, nacieron obras como la Torre Europa (1971), el Palacio de Justicia (1983), la Torre América (1978), la Galería de Arte Nacional (2005), la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas (1986),  la torre Banco Unión (1987), el Parque Vargas en la avenida Bolívar, entre otras. También participó en remodelaciones y en la construcción de residencias.

Todas esas obras que forman parte del paisaje arquitectónico de la ciudad y que tienen gran valor simbólico por ser emblema nacional, también poseen espíritu español. Gómez de Llarena nació en Zaragoza en 1939. Llegó a Caracas 15 años después. Pese a que su familia regresó a España cuando él tenía 20 años de edad, decidió quedarse en Venezuela, país que le otorgó el Premio Nacional de Arquitectura en 1976.

Gómez de Llarena además se ha destacado como docente en el Instituto de Diseño Neumann, en la Universidad Central de Venezuela y como profesor invitado del Master of Science in Building Design en la Graduate School of Architecture, Planning and Preservation de Columbia University.

La mayoría de sus obras va en conjunto con Moisés Benacerraf. Primero crearon una firma en 1968. Se trató de un Taller de Arquitectura BFG, donde también estaba Manuel Fuentes. Así comienzan los proyectos: La Torre de Bello Monte y obtienen el Primer Premio del Concurso Internacional para el Palacio Municipal de Caracas en 1970. Cinco años más tarde, la firma queda con Benacerraf y Gómez de Llarena.

De sus edificaciones más importantes y recientes en Caracas, está el Centro San Ignacio. Un complejo arquitectónico que se inauguró en 1998. Esta obra obtuvo ese mismo año un reconocimiento especial en los premios Mies van der Rohe en la categoría arquitectura contemporánea.

Gómez de Llarena continúa construyendo sobre la ciudad y dándole nuevos trazos.

Carmen Victoria Inojosa

Fotografía: Efrén Hernández Arias

read more
Arte

Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas

MuseoArtePopular

No tuvo escuela ni maestros. Nunca aprendió a leer ni a escribir y casi no salió de Petare. Bárbaro Rivas fue un autodidacta en todo sentido. Pintó con vehemencia escenas religiosas y los rituales de la cotidianidad petareña. Por eso también le llamaron y le llaman “ingenuo”. Su pincel retrató escenas de la propia infancia con el mismo fulgor con el que pintó a Jesucristo rodeado de sus doce apóstoles. Así lo descubrieron.

“¡Barbarito!”, le llamó el investigador de arte Francisco D’Antonio cuando vio en la bolsa de papel que Rivas usaba para las compras la imagen de la escena bíblica. Fue su descubridor, aunque el hallazgo fue tardío. Más de 20 años pintando en y con lo que encontrase –cartones y tablas, en vez de lienzos– llevaba el artista, que tampoco se reconoció nunca como tal. Sin importar que su obra fuese incluida en el colectivo enviado a la Bienal de Sâo Paulo en representación de Venezuela en 1957. Allí recibió una mención honorífica adjudicada a título de artista ingenuo. Un año antes, en 1956, fue reconocido con el Premio Arístides Rojas por su obra Barrio Caruto, en alusión al lugar en el que nació un 4 de diciembre de 1893.

Desde 2011 por decreto de la Cámara Municipal el museo lleva el nombre de Bárbaro Rivas. La colección la integran 480 obras. Desde su inauguración se han hecho más de 200 exposiciones y cuenta con más de 180 publicaciones.

“¡Dejad que los niños se acerquen a mí!”, el mensaje formaba parte de un mural pintado en la pared externa de su casa. Una de sus primeras obras. Tiempos en los cuales también llegó a ejercer como banderero en la estación Santa Rosa del ferrocarril central, carpintero, albañil, hacedor de cruces para el cementerio de Petare y pintor de brocha gorda. “Vivía solo, nunca fue a la escuela, ni tuvo un buen empleo. Eso lo hizo caer en depresión y también en el alcoholismo. Su único bienestar era pintar, pero lo hacía en la intimidad. Hasta que D’Antonio lo descubrió”, explica Morelia Ramírez, jefa de Educación y Extensión del museo nombrado en honor a Rivas.

“Él era muy humilde. Aunque ganaba premios y menciones nunca entendió lo que estaba pasando y hubo gente que se aprovechaba y le cambiaba obras por licor”. En el Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas hay una sala dedicada a mostrar las condiciones en las que vivía. Está al final de la casona del siglo XVIII que tuvo diferentes usos hasta que fue destinada a la cultura en 1983, luego de ser adquirida por la gobernación del entonces Distrito Sucre.

Las salas de exposición están conectadas unas con otras y bordean un amplio y soleado patio central. El museo se inauguró el 22 de enero de 1984 como un centro expositivo para las artes visuales en general. No es hasta 1986 cuando se le da el perfil de dedicación exclusiva al arte popular venezolano, siendo que fue en Petare donde hubo la primera exposición de este tipo el 23 de febrero de 1956. Allí precisamente se exhibieron las obras de Rivas: Siete pintores espontáneos y primitivos de Petare, en el Bar Sorpresa. Así pues Bárbaro Rivas es museo y recuerdo petareño.

Emily Avendaño

Dirección: calle Guanche con calle Lino de Clemente
Horario: lunes a viernes de 9:00 am a 12:00 m y de 1:00 pm a 4:30 pm. Sábados y domingos de 10:30 am a 3:30 pm
Metro: estación Petare

Foto: Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas

read more
Tradiciones

Guacamayas

Guacamayas de Caracas

A veces resulta difícil verlas, no porque no estén allí. Sino porque no levantamos la mirada. Entonces perdemos la oportunidad de observar los colores en bandada, extendiéndose por el cielo y dando pinceladas verdes, amarillas, rojas y más azul. Si no es por la intensidad de sus tonos, seguro las apreciarás por sus sonidos.

La vocalización de las guacamayas opacan el ronroneo de cualquier motor, corneta. Un sonido que desvía la mirada para enfocarla en las alturas. Quizás encima de un árbol, de una ventana, en una antena o en las azoteas. Y ahí van en pareja o en familia -pocas veces solas- esquivando edificios y posándose donde consiguen semillas de girasol y cambur.

En Caracas existen 18 especies de aves, de los cuales 4 son guacamayos, el resto se divide entre loros y pericos. Están las guacamayas amarillas con azul, la bandera (amarillo, azul y rojo), las rojas con verde y una pequeña llamada maracaná (verde).

De seguro las han visto y escuchado en zonas como Los Chaguaramos, volando sobre Ciudad Universitaria, en el Parque del Este, en el Círculo Militar o en tu ventana.

Lo que permitió que se quedaran en Caracas es la cantidad de árboles florales y frutales, pues se alimentan de ellos. “La mayoría son introducidas, vienen de todas partes de Venezuela. La amarilla y azul, es Delta Amacuro y Amazonas. No existe un registro oficial de cuando llegaron, pero fue aproximadamente en la década de los 80”, explica la biólogo María de Lourdes González.

Para González, los guacamayos en Caracas no son animales silvestres, se han vuelto mascotas para los ciudadanos: “Ese vínculo de los caraqueños con estas aves es un ejemplo de cuán amoroso somos los venezolanos. Son un símbolo para la ciudad. Las personas se han conectado emocionalmente y comienzan a tener atención en la naturaleza, cuida los árboles alrededor, porque de eso depende la guacamaya”.

Las más grandes son las amarillas y azules. Con las alas abiertas alcanzan el metro de largo y pueden pesar medio kilo. “Son valores estándar, pero las de Caracas son unas gorditas. Intento hacer un muestreo para estudiar el colesterol de estas aves. Ha sido difícil, las personas que tienen comedores son celosas y en ocasiones no permiten el contacto”, asevera.

González sugiere incorporar a la dieta mangos y guayabas, dada la cantidad de grasa y azúcar en las semillas de girasol y el cambur. En la vida silvestre vuelan por comida 30 kilómetros, en la ciudad no superan los 3. “Cada 10 metros se paran a comer. Van de comedero en comedero”, agrega.

González cree que hay cerca de 300 guacamayas sobrevolando Caracas. Mira más seguido hacia arriba, escúchalas. Te llenarán de colores y sonidos.

Carmen Victoria Inojosa
Foto: Alberto Rojas

read more
Lugares

Nuevo Circo

Nuevo Circo de Caracas

La fiesta brava encontró terreno fértil en la vida caraqueña de principios del siglo XX, una capital que cultivó el arraigo por las corridas de toros. Por eso, la construcción del Nuevo Circo de Caracas se convirtió en una obra de envergadura para la ciudad que fue encomendada al arquitecto Alejandro Chataing y al ingeniero Luis Muñoz Tébar, quienes convertirían el viejo Matadero municipal en una plaza de características monumentales.

A las 4:30 de la tarde del 26 de enero de 1919 se inauguró el Nuevo Circo, que fue construido en tres años. Pero las dimensiones y el diseño de la plaza le daban a Caracas un espacio no sólo para festivales taurinos, sino que la ciudad ganaba un lugar para eventos masivos culturales, de entretenimiento y hasta de índole política.

Fue allí donde Rómulo Betancourt dio un gran mitin luego de la muerte de Juan Vicente Gómez. En esa arena también se contaron los votos de las primeras elecciones populares del siglo XX, en las que se eligieron los miembros del Concejo Municipal de lo que entonces era el Distrito Federal.

Pero también en ese espacio a cielo abierto se llevó su primer triunfo el célebre torero César Girón, en una inolvidable novillada de 1951 para los amantes de la fiesta taurina que vieron al torero enfrentar con maestría a seis de los mejores ejemplares de toros del país. Y en medio de esa histórica arena también se realizó en 1997, la última corrida de toros vista en Caracas con Leonardo Benítez y Alejandro Silveti.

El espíritu del Nuevo Circo fue cambiando según avanzaba el perfil de la ciudad: fue mercado libre, lo demolieron parcialmente cuando el urbanismo capitalino proyectó tanto la avenida Bolívar como la Lecuna, el terminal de pasajeros consiguió lugar en sus inmediaciones, en 1984 lo declararon Patrimonio Artístico e Histórico de la Nación, medida que quedó sin efecto al año siguiente por una disputa familiar de quienes habían sido sus dueños: los Branger y ese litigio legal se prolongó por 20 años, desde 1985 hasta 2005, cuando finalmente fue expropiado por el Estado a través de la Alcaldía Metropolitana de Caracas para que fuera restaurado y convertido en un espacio de desarrollo artístico.

Doce años después, la fachada restaurada refleja la intención de renovar un espacio y devolverle el sentido popular y masivo con el que nació. Pero a pesar de los intentos, el coso del Nuevo Circo solo acumula piezas y escombros de sucesivos intentos de transformación pero no hay agenda, ni carteles, ni público, ni grandes oradores que le devuelvan a Caracas uno de sus principales centros de encuentro, que por ahora observa silencioso y con luces apagadas el movimiento incesante que ocurre solo de los muros para afuera.

Gabriela Rojas
Foto: Efrén Hernández

read more
Gastronomía

El Tizoncito

Tizoncito

Fotos del mismísimo Mario Moreno cuelgan en las paredes del interior del local. En una, el comediante mexicano aparece de frente y a su espalda se avista un letrero en el que se lee claramente “El Tizoncito”. En otra, el artista sale estampando su firma en la pared del restaurante de comida mexicana como un registro fehaciente de su visita. Ambas imágenes se exhiben como recuerdo de un momento único en la historia del negocio. Pero, sobre todo, como evidencia de cuán autóctono es la sazón, que hasta el mismo “Cantiflas” hacia un espacio en su agenda para comer los tacos, tostadas y tamales que salen de la cocina de “El Tizoncito”.

Esta anécdota forma parte de los primeros años de este restaurante, que data de 1975. Su primer dueño, Jorge Abad, era de origen mexicano. Lo tuvo por un tiempo, pero después lo vendió a otro compatriota. El local destacaba por la calidad de su comida, pero no así por su administración ni servicio. Los malos manejos llevaron prácticamente a la quiebra. A no ser por uno de los clientes frecuentes del local, que decidió comprarlo y rescatarlo. “Mi papá, José Antonio Vidal, venía mucho a comer para acá, porque la comida le parecía muy buena. Cuando supo que el negocio lo estaban vendiendo, decidió comprarlo en 1983 y rescatarlo. No le varió el menú, porque le parecía que era sabroso y pensó que un local de comida mexicana como éste podía funcionar en Caracas”, comenta Ana Vidal.

Y no se equivocó. José Antonio le sumó a “El Tizoncito” una buena atención, una mejor administración y un local más amplio en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Del resto, la comida se mantiene exactamente igual desde hace más de 40 años. Incluso, hasta la decoración. “No hemos cambiado nada. Las recetas se han mantenido porque mi papá tiene el recetario antiguo de los primeros dueños, quienes marcaban todo por kilos. Y así lo hemos respetado”.

Ello se evidencia en lo invariable del sabor de su comida. Quienes regresan vuelven a saborear con gusto su plato mixto de 9 piezas, que reúne una muestra de lo más popular de su menú: tacos, tostadas, frijoles con nachos, tamales, quesadilla. De pollo, de carne, con guacamole, queso y su respectivo pico de gallo. Un pedido que no deja mal a nadie y que sale con la rapidez que el volumen de comensales exige.

José Antonio sigue al frente del restaurante, supervisando la calidad de la comida. Su hija le da una mano. Y su equipo de mesoneros, que se mantiene tan invariable como la sazón de su menú, se encargan con una velocidad sorprendente de movilizar platos y bebidas para atender la demanda, que a veces se aglutina en una lista de espera.

Al pie de la foto de Mario Moreno, un pareja degusta su pedido casi sin cruzar palabras. Ya nadie se sorprende que el comediante mexicano haya visitado “El Tizoncito” ni que aquella imagen sirva para avalar la calidad de la comida mexicana. En 40 años, han sido mucho los caraqueños que han comprobado lo buena que es. Lo que no muchos saben es que “Cantinflas” realizó aportes al recetario y que su fama se transpoló a la cocina de El Tizoncito para hacerlo inmortal.

Mirelis Morales Tovar

Dirección: Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Sector La Cuadra.
Horario: Martes a sábado 12 p.m. a 7

read more
Vida Urbana

Avenida Presidente Medina

Caracas Shots

Es una de las arterias viales más dinámicas y polifacéticas de la ciudad, por la comodidad que ofrece tanto a los que la recorren a pie como a los que lo hacen en auto. Y es que su novedoso diseño urbano, entreteje aceras amplias para caminar con puestos cómodos para estacionar, más cuatro canales para la circulación vehicular.

Su fisonomía la construye su hilera de edificios pequeños a ambos lados, de tres a seis pisos máximo, levantados entre las décadas de 1940 y 1950. Ejemplo de arquitectura moderna con aires europeos. Allí, el uso residencial convive en perfecta armonía con lo comercial. Por ello es posible conseguir desde agencias bancarias, abastos, farmacias, restaurantes, autolavados, hasta estaciones de gasolina, ferreterías, locales chinos, librerías, talleres mecánicos, ventas de repuestos. Todo.

Al menos 20 edificios ubicados a lo largo de la avenida Presidente Medina son considerados estructuras de valor patrimonial, por el Instituto de Patrimonio Cultural.

Caminar por ella, de una punta a otra, es reconocer ese rico legado que han dejado los inmigrantes en el país y en varias zonas de la capital. Porque la avenida Victoria, como se le conoce comúnmente, es un espacio donde convergen acentos italianos, españoles y portugueses. Y no por azar.

La construcción de esta avenida contó con mano de obra mayoritariamente extranjera, según lo reseña el catálogo de patrimonio del municipio Libertador. Y es que a mediados del siglo XX, se buscaba personal calificado que pudiera ejecutar obras complejas en poco tiempo. Así es como los inmigrantes italianos, españoles y portugueses con experiencia técnica y constructiva, entran a erigir esta avenida y sus edificios de uso mixto, dejándoles un toque europeo para recordar sus orígenes.

No ha de extrañar que la avenida Victoria sea entonces un lugar para reencontrarse con sabores típicos de esos países. Sobre todo con aquellos provenientes de diversos rincones de la gustosa Italia: dulces, pizzas y cafés conforman la carta.

Dirección: Avenida Presidente Medina o avenida Victoria, Las Acacias. Entre el paseo Los Ilustres y la avenida Nueva Granada.

Patricia Marcano
Foto: Alberto Rojas

read more