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Caracas

Historia

Mata de Coco

Autosave-File vom d-lab2/3 der AgfaPhoto GmbH

Ya nada despierta sospechas de arte en ese rincón aséptico de Caracas. Concreto, ladrillos, vayas publicitarias y vehículos que cruzan la avenida Blandín de La Castellana como si estuvieran compitiendo en Indianápolis. Ya no hay nada de lo que hubo, que era cultura, sobre todo pop, y ahora es historia.

Jurarían que el silencio es absoluto, pero no. Quien tiene el oído bien calibrado para estas cosas puede parar la oreja y, allá, pequeñito en el fondo, percibirá unas voces. Y después, unas baterías, guitarras, bajos, sintetizadores… Oirá rock, pop, ska, música comercial de la mejor que se ha hecho en Venezuela.

No teman. Son fantasmas de vivos y muertos que alguna vez tocaron allí. Es el fantasma de una época en la que las entradas decían Estudio Mata de Coco, Teatro Mata de Coco, Discoteca Mata de Coco. No había consenso sobre qué era realmente. En lo que sí había unanimidad era en considerarlo un lugar ideal, como ninguno en Caracas, para organizar conciertos.

Yordano fue de los primeros. Corría el año 1985 cuando el cantautor estaba buscando donde bautizar su exitosísimo ‘disco negro’ que todavía no era exitosísimo. Nada le gustó hasta que encontró ese “mini-Poliedro”, con aforo para unos 1.200 asistentes —ni mucho ni poco— con un balcón y unas gradas movibles que permitían una inusual cercanía entre público y artista.

Los dueños del antiguo cine olfatearon la oportunidad de negocios y así llegaron Franco de Vita, Ilan Chester, Frank Quintero, Adrenalina Caribe, Daiquirí, Karina, Colina, Melissa, Ricardo Montaner, Carlos Mata, Guillermo Dávila… En Venezuela, Rodven y Sonográfica libraban una batalla de hits, pero los artistas de ambas compañías disqueras confluían en Mata de Coco.

Si se agudiza el oído, se captará el pop de Aditus y el de Témpano, y también el rock de Sentimiento Muerto. Sonará el ska satírico y reivindicativo de Desorden Público, el desparpajo erótico de Zapato 3 y los primeros sabores letales de los Caramelos de Cianuro.

Los extranjeros también visitaban ese rincón de la capital donde se produjo el primero contacto de Soda Stereo con el público venezolano. En su marquesina se deletrearon los nombres de los argentinos Charly García y Fito Páez, y los de los españoles Joaquín Sabina, El Último de la Fila y Mecano. Sí, Mecano, cuando los muertos allí la pasaban muy bien entre flores de colores.

Para un venezolano, decir Mata de Coco es evocar la banda sonora de una época, es viajar inevitablemente a un capítulo de nuestra historia contemporánea, patria… y pop.

Gerardo Guarache Ocque
Foto: cortesía Carlos Sánchez

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Gastronomía

Bar El Torero

Bar El Torero

Las maletas de Marcos Pérez Jiménez, el tarjetón electoral de 1958, la cantimplora del general Ezequiel Zamora, el secador de pelo de Lila Morillo, los chuzos del retén de Catia, el pasamanos del Metro que dañó el presidente Luis Herrera Campins durante la inauguración. La historia de la Venezuela del siglo XX, un poquito más atrás y otro más adelante, está dentro de este bar ubicado en el centro de Catia y que su dueño, Evaristo Soto, insiste en aclarar que se trata de un restaurante, aunque desde hace años sólo se sirven cervezas, las más baratas de Caracas, probablemente.

Soto, quien usa el alias de Peter, abre la puerta de un día cualquiera. La estampa del hombre le hará pensar que está entrando al Castillete de Armando Reverón. Canoso y barbudo, esquivo para hablar, invita a ver lo que él llama corotos viejos, pero que en verdad es un museo del país. Advierte que hay que traer efectivo, “y bastante”, porque aunque se exhiben algunos de los primeros puntos de venta que existieron, este local no dispone de uno para sus clientes. “Lo estamos esperando”, responde.

Puede pasar toda una tarde encontrando tesoros en El Torero. En esta máquina del tiempo hay un salón repleto de relojes, máquinas de escribir y picós. Otro dedicado a instrumentos musicales. Uno más con vasijas de peltre y fotos viejas. Un área donde hay trajes de toreros, y también uno que aseguran perteneció a María Félix. Una extensa colección de gaveras de refrescos y cervezas, de cuando se hacían de madera, está entre los descubrimientos más llamativos.

Entre el corotero encontrará mensajes que hacen las veces de un pie de foto para cada uno de los objetos. La inventiva de Soto para nombrar las cosas le sacará una cara de asombro o una risa cómplice. El local destaca desde la entrada en donde se exhibe una muestra de todo lo que hay adentro. Está en la calle Maury de Catia, de casonas coloniales viejas, pero restauradas recientemente.

El Torero está abierto de lunes a domingo y congrega a una familia. En la barra, una mujer que ha atendido el lugar durante 12 de los 30 años que tiene abierto, asegura que son los clientes los que se saben la historia. Hombres y mujeres solitarios, parejas y grupos de amigos van a destilar la tensión del día con una cerveza friísima. Hay cierto rostro melancólico entre los asiduos de este bar; quizás sea porque solo colocan música de los años sesenta, setenta y ochenta.

Florantonia Singer
Foto: Efrén Hernández

Horario: lunes a domingo / 2:00 pm a 11:00 pm
Dirección: calle Maury, Catia, a una cuadra del Metro
Metro: estación Plaza Sucre

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Lugares

Universidad Simón Bolívar

Universidad Simon Bolivar

En ocasiones es necesario perderse, sobre todo entre caminos que llevan a la ciencia, al arte y a la excelencia académica. En la Universidad Simón Bolívar en cada paso dado estarás frente a personajes como el Dalai Lama, Carlos Prada, Cruz Diez o Alejandro Otero, pero también cerca de estudiantes haciendo cálculos en el cafetín El Ampere, al frente del edificio Básico II.

El terreno de la USB es tan extenso como el medio siglo que este año cumplió la institución. Primero nació como Universidad de Caracas, pero ese nombre fue reivindicado como suyo a la Universidad Central de Venezuela, por lo que dos años después tomó el nombre Universidad Simón Bolívar.

El parque universitario Simón Bolívar fue diseñado al estilo del parque inglés por el arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer. En uno de esos jardines, el más cercano a la biblioteca, hay un cartel plantado que dice “Ad perpetum rei memoriam” y detrás, un ucaro negro, el árbol que sembró el Nobel de la Paz, Dalai Lama, hace 25 años en su vista a Venezuela. Entre esas hojas se asoma La Lucha del Hombre por la Cima, una escultura del artista venezolano Carlos Prada que donó en 1972.

Dos años antes, en esos mismos jardines, según relató el cronista y profesor de la USB, Luis Loreto, los primeros 508 bachilleres recibieron su clase inaugural dictada por el presidente de la República, Rafal Caldera y después el rector Mayz Vallenilla. Para entonces eran sembradíos de hortalizas, cultivos de rosas y salsifí.

Parte del arte del maestro Cruz Diez también está encerrado en el campo y la vegetación de la USB. Quizás una de las obras más llamativas que hay en la institución: Es El Laberinto Cromovegetal. Cruz Diez en su reflexión dijo se trata de un jardín en donde los colores (tono rojizos y verdes) son generados por las plantas y flores que mutan con el tiempo. Para llegar al centro de la obra, donde se ubican los cipreses, se debe atravesar un laberinto. Cuando iba a ser inaugurada el 7 de julio de 1995, con presencia del presidente Caldera, el día anterior se dieron cuenta de que no habían construido las escaleras para poder bajar. Pasaron la noche haciéndolas.

Detrás del laberinto, se encuentra la Biblioteca de la USB. Contiene una colección de 142.000 títulos en 300.000 volúmenes. Pese a que es una construcción es de los años 80, la puerta principal es un portón del siglo XVII que perteneció a un cuartel militar de la provincia de Burgos, España. Es un lugar para descansar con buen libro en las piernas. También se puede reposar a la orilla de la laguna, donde está ubicado El Espejo Solar de Alejandro Otero, artista venezolano.

La fuente hidráulica es otro de los tropiezos que hay que dar en la USB. Es una estructura metálica que a través de unas paletas al llenarse de agua, tiene un efecto de cascada. Gabriel Martín Landrove, tras un concurso promovido por la universidad, diseñó una escultura cinética con movimiento logrado mediante elementos acuáticos. Por lo que ganó el primer lugar en 1975. Su fuente de inspiración fue una gota de rocío que cae de una hoja.

A escasos metros se encuentra la Casa Rectoral. Tuvo varios dueños hasta que fue donada al patrimonio de la universidad por Antonio Santaella Hurtado. Su estructura es colonial, una casa de hacienda. Allí dentro hay una escultura de un búho en que tradicionalmente los estudiantes le tocan la nariz para poder graduarse y los pies después de hacerlo. Dada la excelencia académica de quienes egresan como ingenieros en mecánica, química, electrónica, entre otras, la USB es reconocida como unas de las mejores academias de América Latina y la segunda del país, según el QS World University Rankings.

Carmen Victoria Inojosa
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Sartenejas, Baruta, Edo. Miranda. También tiene una sede en el Valle de Camurí Grande, en el estado Vargas.

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Arte

Aula Magna

Aula Magna

El Aula Magna es un nombre propio. Aunque su significado denomina a todos los auditorios universitarios donde los hijos de cada casa de estudio reciben el diploma producto de su esfuerzo, cuando se menciona el Aula Magna la referencia que viene a la mente es el recinto de la Universidad Central de Venezuela, un espacio custodiado por el cielo de las Nubes de Calder.

Desde que Carlos Raúl Villanueva la concibió, el Aula Magna de la Ciudad Universitaria trascendió más allá de un recinto académico: es un espacio de arte y encuentro que se convirtió en la expresión de la idea conocida como Síntesis de las Artes, pensada por Villanueva para hacer confluir la música, el teatro, la cultura y hasta la política.

Este auditorio fue conceptualizado desde lo grandioso. La sala se precia de tener una de las mejores acústicas del mundo, efecto del arte y el diseño creado por el artista estadounidense Alexander Calder con los Platillos Voladores, también conocidos como Nubes flotantes. Para lograr la calibración perfecta, las Nubes fueron instaladas mientras una orquesta tocaba en tarima para ajustar la disposición de cada uno de los 31 paneles.

La luz y el sonido están sincronizados. Para lograr la espectacularidad de una puesta en escena se diseñó una consola especialmente adaptada para que el sistema de iluminación funcionara a la par del teclado de un órgano, así la música y el sonido podían sentirse, escucharse y percibirse en toda su dimensión. De esos dos sistemas que existían en todo el mundo, solo el del Aula Magna funciona.

Todo el concepto por más ambicioso que se proyectaba debía concluirse en cuatro meses. Marcos Pérez Jiménez pidió a los constructores, la empresa Christiani & Neilsen, que la estructura estuviera lista a finales de marzo de 1953, y así se hizo pero la inauguración oficial ocurrió un año después –el 2 de marzo de 1954- con un evento político que permitió que quienes estrenaran la sala fuesen mandatarios internacionales en el pleno de la X Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno.

De allí en adelante, lo demás ha sido histórico. En ese escenario, Fidel Castro dio una célebre alocución cuando hizo su primera visita oficial a Venezuela luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el mismo año y lugar en el que también estuvo el poeta Pablo Neruda; años antes el director Igor Stravinsky estuvo al frente de la Orquesta Sinfónica de Venezuela y volvería en una segunda oportunidad en otra gira de conciertos; Marcel Marceau presentó su espectáculo de mímica teatral; la soprano Montserrat Caballé hizo estremecer al auditorio como lo hicieron los Niños Cantores de Viena.

Como gran escenario nacional ha sido la casa de agrupaciones venezolanas como Quinteto Contrapunto, Serenata Guayanesa, Un Solo Pueblo. Fue tribuna del canto de protesta de Alí Primera y de la hija pródiga que siempre vuelve a su tarima, Soledad Bravo. Pero su razón de ser sigue año tras año cada vez que recibe en sus pasillos a las nuevas generaciones que desfilan de toga y birrete, crecidos de orgullo con su título de ucevistas en la mano.

Gabriela Rojas
Foto: Hugo Londoño

Dirección. Ciudad Universitaria. Plaza Venezuela.
Metro: Plaza Venezuela / Ciudad Universitaria

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Vida Urbana

Senderos Aéreos

Senderos Aéreos

Caracas puede ser vista desde las alturas. El Ávila permite hacerlo en cualquier momento. Pero sobre la superficie de la montaña es posible ascender un poco más. En el sector Los Venados del Parque Nacional, Senderos Aéreos ofrece subir hasta la copa de los árboles para mirar la capital desde, al menos, 25 metros por encima del suelo. Es el inicio de un recorrido de cinco plataformas, un puente colgante y tres tirolinas que completan la oferta de hacer Canoping.

Esto comenzó en Mérida hace ya 14 años. Álvaro Iglesias se encargaba de montar las cuerdas que usaban los profesores y estudiantes de la Universidad de Los Andes para hacer trabajos de investigación desde las copas de los árboles”, cuenta Lenín Sierra, uno de los encargados de Senderos Aéreos en Caracas. “Más adelante, él lo propuso como tesis y oportunidad de ecoturismo”, añade. Se materializó en Mérida, pero también en la capital.

Jesús Alexander Cegarra entonces era viceministro de Conservación Ambiental del Ministerio del Ambiente y vio en la propuesta de Iglesias un atractivo inigualable para festejar el 50 aniversario de la declaratoria de El Ávila como Parque Nacional. En diciembre de 2008 se inauguró el recorrido como oferta turística y, también, como oportunidad para el estudio de la biología del pulmón vegetal caraqueño.

“Cuando uno sube siente el clima fresco y tiene unas vistas de Caracas inigualables. Luego viene toda la adrenalina y la emoción del vértigo”, describe Lenín al detallar el recorrido que comienza con una primera plataforma de 25 metros de altura, seguida de varias más de mínimo 7 metros por encima del suelo, además de un puente colgante de 20 metros y las tirolinas de 20, 60 y 120 metros. “Viene mucha gente a recrearse, pero también grupos que vienen a estudiar”, detalla Sierra.

Y es que Senderos Aéreos en El Ávila sirve no sólo para retar a la gravedad, también para la formación. Allí se dan cita grupos de escuelas y liceos que van a hacer prácticas de biología y escuchar charlas ambientales, de conservación. “Para eso aprovechan las plataformas en una actividad que se les hace bastante divertidas a los chamos”. Lenín Sierra calcula que lo que comenzó con apenas 10 clientes un fin de semana, ahora recibe grupos completos de 30 personas en un solo momento. “Los días buenos son sábados y domingos, pero todo depende del clima”.

Víctor Amaya
Foto: Senderos Aéreos / Ángel Mora

Dirección: Sector Los Venados. Parque Nacional El Ávila.
Horarios de visita: Viernes a domingo, 9:30 a.m. a 3:30 p.m.

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Organizaciones

Pasa La Cebra

Pasa La Cebra

Nancy Moreno y Manuela Walfenzao trabajaron en la librería Lugar Común. Y allí, entre tantos libros, surgió una idea que ahora ayuda a que muchos niños –y algunos adultos– se enganchen con la literatura. Nancy, quien estudió Letras, descubrió el trabajo de una investigadora francesa que narraba su experiencia con una biblioteca itinerante en las afueras de París. La idea le pareció que podría replicarse en Caracas, pero no tenía muy claro cómo empezar. Le contó a su amiga Manuela, quien de forma casi inmediata no solo se sumó, sino que se encargó de regar la voz entre sus conocidos. Fue así como lograron recaudar los primeros 100 libros entre donaciones y aportes propios. Además, el ilustrador Jefferson Quintana se sumó al proyecto aportando el logo. Y así nació la biblioteca itinerante Pasa la cebra.

Actualmente una de las creadoras –Walfenzao– vive en México, pero la iniciativa se mantiene gracias a Moreno y la colaboración de voluntarios, quienes cada domingo se reúnen en la plaza Sucre del casco histórico de Petare para que los niños del sector, o quienes se acerquen al lugar, puedan disfrutar de la lectura de un libro infantil proporcionado por la biblioteca itinerante.

Durante dos horas –de 11:00am a 1:00pm– los asistentes pueden escuchar la lectura de un cuento colectivo, para luego unirse a pequeños grupos o leer en solitario si así lo prefieren. Por último, se realiza una actividad didáctica que estimule a los niños a construir historias o recrear la que ya leyeron. Los niños pueden llevarse libros en calidad de préstamo para devolverlos la siguiente semana, y los padres pueden unirse a los niños en la plaza para hacer la lectura juntos.

En dos años de funcionamiento, no son pocas las anécdotas que Moreno guarda de Pasa la cebra: “Una vez vino una mamá con dos niños. Uno de ellos tenía 7 años y es sordo. Y él fue el que me enseñó cómo debía leerle el cuento, con gestos, señalando los colores, describiendo las sensaciones, etc. Hay otro niño que tiene un don para la pintura impresionante y es muy satisfactorio ver qué habilidades trae cada uno. Al final son ellos los que terminan enseñándonos todo”.

Pasa la cebra tiene unos 400 libros y la meta es seguir creciendo para aportar aún más variedad al repertorio. Por ello aceptan donaciones de libros infantiles en buen estado. El objetivo es que cada vez más niños participen en esta actividad, pero, sobre todo, que adquieran el hábito de leer. Por eso la biblioteca itinerante se acerca a donde ellos están: “La idea es sacar la lectura de los lugares convencionales”.

Isbel Delgado
Fotos: cortesía Pasa La Cebra

En Instagram: @pasalacebra

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Gastronomía

Mercado Chino

Mercado Chino

Por un día, la urbanización El Bosque se convierte en nuestro pequeño Chinatown. Todos los domingos, el patio del Club Social Chino amalgama lo mejor del arte culinario asiático, de sus expresiones artísticas y de la idiosincrasia de una cultura reconocida por la excentricidad de su comida. Todo aquello es una síntesis de sabores y olores que estallan en un solo lugar: el Mercado Chino, que se organiza desde hace más de 35 años en Caracas. Al sitio llegan, extranjeros que viven en diferentes partes del país para ofrecer mercancía que suelen importar desde China o cultivan en tierras venezolanas, provincia adentro.

Desde las 6:00 de la mañana hasta el mediodía, las áreas comunes del club se convierten en una galería de alimentos donde se expenden especias, mariscos, vegetales, frijoles y hasta anguilas vivas, al mejor estilo de los mercados en Shanghái, una de las ciudades más pobladas del mundo. Cada comprador se sumerge en un viaje al gigante asiático. Hay de todo, lo cual lo convierte en un sitio de referencia entre quienes se declaran amantes de la cocina.

Puertas adentro, el idioma oficial es el mandarín. Lo que más que una barrera, le confiere auténticidad a la experencia. Los comerciantes buscan la manera de expresarse para ofrecer verduras, pescados, ropa, leche de soya fresca, periódicos y bebidas gaseosas. Aquello es una forma expedita de acercarse a una sociedad que tiene sus raíces del otro lado del mundo.

Durante cada jornada el lugar es visitado por comerciantes del este y oeste de la ciudad, especialmente por quienes administran sus propios establecimientos de comida en las avenidas Sucre, Urdaneta, Baralt y el centro de Libertador. Acuden en busca de productos pocos conocidos como flor de ajo, hongos, setas, vainitas planas, pepino chino y hojas de mostaza.

Algunos puestos venden empanadas de algas, dulces típicos y “pu erh”, un tipo de té un poco más oscuro y espeso. Fuera del recinto uno de los establecimientos de comida más visitados es el Lai King, ubicado en la avenida Principal de El Bosque. Allí los visitantes acuden para degustar el desayuno chino. Se trata del “Dim Sum”, porciones individuales de vegetales y carnes, generalmente cerdo y camarones, que se sirven en un solo bocado, fritas o al vapor.

Julio Materano
Foto: Efren Hernández

Dirección: Club Social Chino. Avenida prinicipal El Bosque. Municipio Chacao.
Horario: Domingos. De 6 a.m. a 12 p.m.
Metro: Chacaíto.

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Lugares

Hacienda La Vega

Hacienda La Vega

Un arco del color de la guayaba da paso a un camino polvoriento bordeado por decenas de chaguaramos frondosos. En el camino, hay portones que rezan estas frases: “Siembra y cosecharás”, “Sin abono no hay cosecha”, “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Consejos para quien se sumerge en el demoledor oficio de labrar la tierra. En este terreno hay muchos verdes, un viejo trapiche, aves sobrevolando el cielo. Y una casona grande, de techos altos y corredores amplios, que alguna vez fue el epicentro de la moda, la finura, el arte.

Todo en medio de los edificios de la parroquia El Paraíso. Del ruido –y el humo– de los carros y las motos. La banda de sonora de una ciudad desenfrenada. Así sobrevive La Hacienda La Vega, que para 1590 era una extensa sabana de mil 500 hectáreas, donde se cosechaba caña de azúcar. Mucha caña de azúcar.

“La casa que comenzó a ser un barrancón para esclavos (…) pasó durante casi tres siglos por diversas sucesiones hasta llegar a los Tovar”, escribió el periodista Igor Molina en una investigación sobre el lugar. Cuenta que esos dueños recibieron allí a Bolívar en 1827. Y que El Libertador, ya exiliado a Colombia, le envió una carta al dueño, Martín Tovar, en la que con nostalgia exclamaba: “Martín, sólo dos cosas no han cambiado en Venezuela: La Vega y tú”.

Luego, el inmueble –que según investigadores es una de las casas más antigua de Suramérica– siguió pasando de mano en mano. Durante la segunda década del siglo XX, se planteó construir el Country Club, pero los propietarios de entonces, los Herrera Uslar-Gleichen, se opusieron.

Reinaldo Herrera y María Teresa Guevara –conocida como Mimí Herrera– heredaron la vivienda y se convirtió en un Olimpo de la moda y el arte: por allí pasaron Salvador Dalí, la princesa Margarita, el Príncipe Carlos. Christian Dior realizó un desfile de modas y la afamada Carolina Herrera –que se casó con un hijo de Reinaldo y Mimí– vivió bajo ese techo.

“Después de la muerte de Mimí, en 1992, los techos se cayeron, el monte creció en los fabulosos jardines, el olvido venció a la constancia y los herederos se desperdigaron por el mundo”, refiere Molina. Pero luego de muchos años en el abandono, fue reestructurada. Ahora la casona vuelve a mostrar una cara amable. En la actualidad, la hacienda –asociada con la fundación Cine Jardín– abre sus puertas para dos proyecciones de películas al mes al aire libre. También tiene otro uso: frecuentemente es escenario de fiestas, eventos y exposiciones.

Erick Lezama
Foto: Alberto Rojas
Más imágenes en el blog Caracas Shots.

Dirección: Hacienda La Vega Avenida O'Higgings, El Paraíso.

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Historia

Esquina de Amadores

Esquina de Amadores

Tenía José Gregorio Hernández 55 años de edad. Ese 29 de junio de 1919 estaba cumpliendo 31 años de su graduación como médico. Pasaban las dos de la tarde cuando solicitaron sus servicios. Le pidieron visitar a una anciana que vivía entre las esquinas de Amadores y Cardones. Hernández salió enseguida, a pie como siempre lo hacía. Atendió a la enferma y él mismo fue a la Farmacia Amadores a comprarle el remedio. Frente a la botica halló la muerte.

El tranvía eléctrico estaba parado en la esquina, en ese momento se había quedado sin energía. José Gregorio tenía la medicina en la mano y, despistado como era, fue a cruzar la calle leyendo la etiqueta. Amadores es una pendiente y los carros de aquel entonces debían acelerar para tomarla. Eso fue lo que hizo el señor Fernando Bustamante, a bordo de un Hudson-Essex. No hubo tiempo de frenar, cuando se dio cuenta ya Hernández había pegado la cabeza contra la acera.

El Venerable murió como resultado de una fractura en la base del cráneo, pero no en Amadores, sino en el Hospital Vargas. El mismo Bustamante lo auxilió. Lo subió a su automóvil y lo llevó al centro de salud. Cuentan que no había médico de guardia, así que en el mismo vehículo van a buscar al doctor Luis Razetti –amigo de José Gregorio–, pero no hubo mucho qué hacer. Al llegar certificó la defunción.

A José Gregorio se le recuerda en tres de los cuatro puntos cardinales de Amadores. La farmacia, aunque ha pasado de mano en mano, sigue teniendo el mismo nombre. En su muro hay dos placas: una que alude a que la vida del médico se extinguió en ese sitio y otra del Concejo Municipal de Libertador que refiere que desde el 28 de octubre de 2009 se designa con el nombre del Dr. José Gregorio Hernández la avenida Oeste 9, que va desde la esquina del Guanábano hasta El Carmen. Homenaje que se le hizo cuando se cumplieron 145 años de su natalicio.

Un mural con la imagen del médico de los pobres está pintado en otra de las paredes. Nuevamente hay dos placas. Ambas de la Fundación Misión José Gregorio Hernández. En una de las inscripciones estos versos saltan a la vista: “Tú la ciencia la sabías y sanabas por doquier. Y por eso te han tenido Venerable; santo ser. Que tu pueblo pide a gritos: santifiquen a José”. Para lograrlo todavía hace falta probar dos milagros.

Emily Avendaño
Foto: Efrén Hernández

Los archivos del juicio que se le siguió al señor Fernando Bustamante reposan en la oficina del Registro Público de Caracas. Tiene 62 folios. El 30 de junio de 1919 comenzaron a comparecer los testigos. Ese mismo día, José Benigno Hernández y César Hernández, hermanos de José Gregorio, remitieron una carta al juez en el que se dicen convencidos de que se trató de un “accidente imprevisto”. El proceso concluyó el 11 de febrero de 1920 con la absolución de Bustamante.

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Arte

La gran pulpería del libro venezolano

Pulpería

En una calle discreta del escandaloso bulevar de Sabana Grande, un local sin nombre resguarda a un mundo paralelo. Es un sótano que alberga túneles de libros, libros, libros, libros, libros, libros. Más de dos millones de libros hacinados, apilados, amarillentos, usados, polvorientos, de hojas gastadas. Y hay casetes, vinilos, relojes, cámaras antiguas, títeres, fotografías y pinturas. Un bosque de historias repleto de tesoros perdidos.

A Sofía, una estudiante de letras de la Universidad Central de Venezuela, no le quedan dudas. Suele frecuentar esta guarida del saber. Se pierde en ella largas horas. Hace poco debió estar en su día suerte: abrió la cubierta de un ejemplar de Paula, de Isabel Allende, y en la primera página había una nota de la mismísima autora. Decía: “Gracias por recordarme lo maravilloso que es Venezuela”. ¿A quién iba a esa dedicatoria? Imposible saberlo. Pero por supuesto Sofía se lo compró.

Cosas así pasan allí. Este fue el sueño de Rafael Ramón Castellanos, un trujillano periodista, doctor en filosofía y letras. Tiene en su haber más de 70 títulos y todavía anda por ahí, escribiendo en algún rincón o desempolvando reliquias. Aunque ya cada vez con menos frecuencia. A sus 86 años es más el tiempo que pasa en casa.

La historia comenzó en 1981. Ya había fundado varias librerías, cuando se le ocurrió abrir una que vendiera solo obras de autores venezolanos. Lo hizo en un local en la Avenida Universidad. Pero muy pronto dejó de ser exclusivo de venezolanos. Castellanos comenzó a adquirir textos nuevos y usados en muchas partes del mundo. En 1999 eran tantos que ya no cabían y tuvo que buscar a dónde mudarse. Así llegó a este sótano de Sabana Grande, por el que pasearon intelectuales como Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez.

Erick Lezama
Foto: La Gran Pulpería

 

Dirección: Av. Las Delicias con Av. Solano López. Edificio José Jesús, local 2 Sabana Grande. Caracas, Chacaíto.
Estación del metro: Sabana Grande
Horario: Lunes a viernes, de 9:00am a 6:00pm. Sábados: de 9:00pm a 5:00pm .

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