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Tradiciones

Leones del Caracas

Leones del Caracas

Se puede nacer caraqueño y no ser caraquista. También se puede ser caraquista sin nacer caraqueño. Pero no hay nada más caraqueño que un caraquista, ese que tiene marcado el gentilicio con el rugido que eriza la piel al pisar el Estadio Universitario, la casa de los Leones del Caracas, los melenudos, donde se vive la efervescencia del deporte favorito de los venezolanos: el béisbol.

Los Leones del Caracas llevan el nombre del patrono de la capital – Santiago de León- y desde 1945, cuando aún se les asociaba con la Cervecería Caracas fue uno de los cuatro equipos fundadores de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. De esa época data la pasión por la pelota criolla que la hizo la preferida del público y allí también nació la histórica rivalidad entre el Caracas y el Magallanes, que más de siete décadas después todavía mueve los cimientos del terreno de juego.

La partida de nacimiento de un caraquista se firma en el coso de Los Chaguaramos, preferiblemente un viernes en la noche o un domingo en la tarde en el fragor de un Caracas- Magallanes. El corazón del fanático va tranquilo, con su latido regular disfrutando de unas birras y de la compañía. Pero de repente la emoción lo agarra desprevenido y al cruzar el arco de la entrada se ve el campo verde, el diamante en ángulo perfecto, los asientos multicolores en sucesión mientras se llenan de gente, la lluvia que huele y sabe a cerveza y entones ocurre: el corazón se acelera, se agita, se pone gritón, contento, busca pelea, queda ronco, se emociona, llora, se agarra la cabeza, sufre y suda los nueve innings hasta que cae el out 27.

Ahí lo sabes. Eres un caraquista irremediable, orgulloso hasta la médula y a veces necio cada vez que recuerda, temporada tras temporada, esos 20 campeonatos que lo hacen el equipo con más triunfos de la liga, ganador dos veces de la serie del Caribe, con más finales disputadas y más record colectivos e individuales.

Por eso cada vez que el equipo pierde, se saca esa carta para defender la casta heredada de Victor Davalillo, Baudilio Díaz, Omar Vizquel, Urbano Lugo, Andrés Galarraga, Bob Abreu y hasta la del legendario Jesús Lezama, el papá de la fanaticada caraquista.

De octubre a febrero, cuando suena la voz de playball y cada noche las luces del estadio iluminan la autopista, por las calles se multiplican las camisas del equipo que –aunque sea ganando o perdiendo- se lucen con el pecho henchido, porque al llevar la camisa de los Leones sin correr una base o batear un foul, el equipo se adueña del nombre y se convierte en Caracas.

Gabriela Rojas
Foto: Leones del Caracas

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Vida Urbana

Estadio Universitario

Este escenario pasa a ser la segunda casa de los caraqueños, entre los meses de octubre a enero. ¿O no?

El estadio de la Ciudad Universitaria se ha convertido en el punto de encuentro social de generaciones de beisbolistas, dirigentes, prospectos, veteranos, periodistas y fanáticos por más de 60 años.

Se inauguró en los Juegos Bolivarianos de 1951 y forma parte de la Ciudad Universitaria, ideada por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva. Casa de los Leones del Caracas y Tiburones de La Guaira ha graduado sin título a miles de managers, ha visto consagrarse a jóvenes promesas del béisbol y ha servido para que grandes prospectos desfilaran en el templo de la pelota nacional.

Ese lugar nunca me ha fallado. Ya he perdido la cuenta de las veces que vi ganar y perder a mi equipo. Así como las ocasiones que presencié a otros conjuntos, solo para pasar el rato. Para más de un caraqueño, es una vía de escape que desconoce de problemas y que no pide nada a cambio, solo ser visitado.

Pero El Universitario -como se le conoce- tiene un plus que se escapa de los eventos deportivos. En lo personal, no existe mejor vista a El Ávila que aquella que se divisa desde el palco de prensa. Son seis años desde la primera vez que fui a cubrir un juego y se hace complicado conseguir otra locación para admirar a aquel gigante por encima del coso de Los Chaguaramos.

Jonathan Soto
Periodista deportivo

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