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Vida Urbana

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Cine a cielo abierto

Cine

Digamos que es ir al cine. Pero al mismo tiempo, no. Así de contradictoria me resultó la experiencia de ir a una proyección de Cine a Cielo Abierto en el Centro de Arte Los Galpones. Es que no puedes sentirte igual que en una sala de cine cuando estás viendo una película bajo las estrellas, con la luz de la luna y un grupo de personas sentada a tu alrededor en sillas de playa o acostadas sobre un mantel en el hermoso jardín. No, no puede ser igual.

Hay quienes se llevan su manta para sentirse como en el sofá de su casa. Otros, se llevan su cestica cual picnic y acompaña la película con unos “canapes” de lo más chic. Eso por contarles algo, pues se ve de todo. Lo cierto, es que cada quien aprovecha la oportunidad para maximizar esa experiencia y hacer de algo tan simple como ir al cine una forma de “hacer ciudad”.

Ojo. Esa interpretación no la hago yo. La frase se la robo a Camilo Cortes, el curador de la muestra de películas que se proyectan los viernes y sábados en Los Galpones, quien antes de comenzar cada función recuerda a los asistentes que el propósito de ir al Cine a Cielo Abierto, no es precisamente ahorrarse el dinero de la entrada, sino compartir una expresión de arte con el otro en un espacio al aire libre.

Lo interesante es que esta práctica se ha venido replicando en otras partes de la ciudad. La Hacienda La Vega se ha sumado como punto de encuentro para los cinéfilos, a partir de la iniciativa Cine Jardín. Lo mismo que la Plaza Los Palos Grandes, la Plaza Bolívar de El Hatillo, la Plaza El Cristo de Baruta, así como el centro cultural La Pizarra y hasta la Concha Acústica de Bello Monte. Pero las proyecciones en las plazas suelen ser esporádicas.

En fin… Atrévase a salir de la rutina de ir a una sala de cine convencional y pruebe la experiencia de ir al Cine a Cielo Abierto. Puede que al principio se sienta un poco extraño por tratarse de una experiencia nueva. Pero ya verá que la siguiente vez,  estará tan cómodo que se sentirá como en casa.

Horario de las proyecciones: Viernes 6:30 p.m. (público infantil). Sábado 7 p.m. Para conocer la programación seguir a @cinemagarage

Foto: Yinna Rivero / Carlos Belizario @belizzario

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Librería Lugar Común

No es una librería muy común que digamos. Y eso es precisamente lo que la hace tan especial. Sus espacios están diseñados para que no salgas de ahí, sino más bien para que te quedes atrapado leyendo libros. Bueno, y si los compras, mejor aún.

Esta iniciativa, que abrió sus puertas en diciembre de 2012, surgió de la necesidad de tener un local donde el público pudiese obtener de primera mano los libros de la editorial Lugar Común y, por supuesto, de otras casas editoriales, según cuenta Garcilaso Pumar.

El diseño y organización del espacio -a cargo de Rebeca Pérez Gerónimo- es lo que más atrapa, porque resulta muy acogedor e invitar a leer. La librería, aparte, cuenta con un rincón para los niños, con cuentos y libros especializados, decorados con sillitas de colores.

Y eso no es lo mejor… El espacio cuenta con un café. Así como leen, un café. Por tanto, puedes pasar un rato leyendo libros en las sillas de colores o en las dos poltronas o disfrutar de un café observando el tráfico a través del vidrio como si se tratara de una realidad paralela.

 

Vale la pena revisar la programación que ofrece la Librería Lugar Común, porque se ha convertido en un espacio interesante por sus conversatorios, talleres y hasta conciertos. Basta seguirlos en su cuenta de Twittter @LibreríaLC para estar al tanto.

La librería queda en la avenida Ávila (subiendo desde la autopista a la Plaza Francia) en el Edificio Humboldt. Está abierta hasta las 8pm, excepto los domingo que cierran a las 7pm.

Texto: Héctor Ordónez @haom31

Fotos: Héctor Ordóñez y Carlos Ancheta.

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Quebrada Quintero

Creo que no sería apropiado hablar de El Ávila como un todo y no tomarnos el tiempo de desglosar cada una de sus entradas como experiencias particulares. Quizás algunos compartan mi opinión, pero no es lo mismo lo que vives en Sabas Nieves ni lo que experimentas en el Cortafuego, a la impresión que te llevas en Piedra del Indio o en el paseo a Quebrada Quintero. Así que les hablaremos de cada uno por separado, como si se tratara de capítulos de un libro.

Siempre había escuchado hablar de las caídas de agua de El Ávila. Incluso, las había visto de lejos durante las temporadas de lluvia, que las vuelve tan caudalosas y visibles desde la autopista. Pero nunca había tenido oportunidad de disfrutar de ninguna. Por eso, me pareció fascinante la idea de ir a Quebrada Quintero. El camino no sólo es muy suave (perfecto, para principiantes o para ir con niños) sino que tiene partes cubiertas de vegetación y otras despejadas para ver la vista de Caracas.

Durante el camino, te va arrullando el sonido del agua. Y eso hace el paseo mucho más relajante. Al llegar, te sorprende esa pared de piedra, la caída de agua y la vegetación del lugar. De tanto en tanto, se van formando pocitos donde los niños se bañan. Y las piedras sirven de soporte a quienes van simplemente a disfrutar de ese contacto con la naturaleza.

Lo más recomendable es ir bien temprano en la mañana si el deseo es desconectarse y disfrutar de la tranquilidad que transmite cualquier rincón de El Ávila. De lo contrario, se topará casi con una piscina pública, porque se trata de un punto muy concurrido. ¿Cómo llegar? Suben por la misma entrada de Sabas Nieves y, en la primera bifurcación, toman hacia la derecha.

 

 

 

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Parque del Este

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Es un parque con identidad propia. Tanto así, que pocos conocen cuál es su nombre original. ¿Alguna vez se lo ha preguntado? Bueno, quizás no sepa que este espacio se inauguró el 19 de enero de 1961 bajo el nombre Parque Rómulo Gallegos. Pero en 1983, pasó a llamarse Parque Rómulo Betancourt como un homenaje póstumo al expresidente. Y aunque desde 2002 se han empeñado en llamarlo Parque Generalísimo Francisco de Miranda, no hay manera que dejemos de llamarlo Parque del Este. Nuestro Parque del Este.

Puede que no sea el Central Park. Pero estas 82 hectáreas de verdor diseñadas por el paisajista brasilero Roberto Burle Marx son el pulmón vegetal de Caracas -aparte de El Ávila, claro está- y es prácticamente el espacio recreativo más importante de la ciudad. Es el punto de encuentro de los corredores, de los boyscouts, de los practicantes de yoga, tai chi, de los planes vacacionales. En fin, de todo aquel que necesita un área verde para distraerse.

Hay quienes religiosamente acuden todas las mañanas y gozan del beneficio de ver salir el sol en medio de aquel verdor. Me consta porque lo hice durante mi corta pasantía como corredora y fue un privilegio haberlo vivido. Pero de aprendiz de corredora no pasé. Por tanto, me busqué a alguien que es una “institución”, pues nadie como él para hablar del Parque del Este:

“Comencé a correr en el Parque del Este en el año 1972. Tenía, en ese entonces, 36 años”, recuerda Rafael Borges quien fuera creador de la ‘Ruta Borges’, una de las más conocidas entre los trotadores del parque. “Mi amigo Pedro Penzini F. me incentivó, con sus columnas semanales y su libro Correr es Vivir, a entrenar para los maratones de 42K. Pero esto implicaba hacer hasta 14K diarios para cubrir la distancia y la vuelta normal del Parque del Este sólo tiene 2.5K. Así que había que buscar una ruta más larga y evitar la monotonía del entrenamiento. Fue entonces cuando se originó la Ruta Borges de 7K, que nos ayuda aliviar el esfuerzo necesario en la preparación para lograr la meta de culminar un maratón de 42K”.

“El Parque del Este me ha dado mucho”. agrega. “Mi óptimo estado de salud se lo debo en gran parte al placer que me proporciona ir todos los días. Allí no solamente he obtenido los beneficios del ejercicio físico, sino que también se ha vuelto para mí un espacio para reflexionar y alimentar mi espíritu. Sin exagerar, puedo decir que las decisiones importantes de mi vida las he tomado durante mi visitas diarias.  Aparte, me ha permitido cultivar y mantener la amistad de personas que compartimos el mismo vicio. Así que mientras Dios me lo permita seguiré yendo, porque para mí el parque es sinónimo de vida. Es la mejor fuente de salud”.

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Estadio Universitario

Este escenario pasa a ser la segunda casa de los caraqueños, entre los meses de octubre a enero. ¿O no?

El estadio de la Ciudad Universitaria se ha convertido en el punto de encuentro social de generaciones de beisbolistas, dirigentes, prospectos, veteranos, periodistas y fanáticos por más de 60 años.

Se inauguró en los Juegos Bolivarianos de 1951 y forma parte de la Ciudad Universitaria, ideada por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva. Casa de los Leones del Caracas y Tiburones de La Guaira ha graduado sin título a miles de managers, ha visto consagrarse a jóvenes promesas del béisbol y ha servido para que grandes prospectos desfilaran en el templo de la pelota nacional.

Ese lugar nunca me ha fallado. Ya he perdido la cuenta de las veces que vi ganar y perder a mi equipo. Así como las ocasiones que presencié a otros conjuntos, solo para pasar el rato. Para más de un caraqueño, es una vía de escape que desconoce de problemas y que no pide nada a cambio, solo ser visitado.

Pero El Universitario -como se le conoce- tiene un plus que se escapa de los eventos deportivos. En lo personal, no existe mejor vista a El Ávila que aquella que se divisa desde el palco de prensa. Son seis años desde la primera vez que fui a cubrir un juego y se hace complicado conseguir otra locación para admirar a aquel gigante por encima del coso de Los Chaguaramos.

Jonathan Soto
Periodista deportivo

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Centro Nacional de Acción Social por la Música

El nombre no es la mejor referencia. Suena más a una institución pública o a un sitio de oración, que a una escuela de música. Pero, lo cierto es que se trata de la sede del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. Y no cualquiera. Es LA SEDE.

Y me refiero a ella de esa manera, porque el Centro Nacional de Acción Social por la Música es un lugar increíble. Digno para la formación de los músicos del país. Cada detalle de la infraestructura fue pensado para lograr una acústica perfecta, como la utilización de materiales aislantes y un sistema para evitar las vibraciones.

El espacio, inaugurado en 2009, tiene más de 100 salas, entre áreas de enseñanza, ensayo, biblioteca, teatro, camerinos, talleres de instrumentos y más. Entre sus pasillos, músicos van y vienen. De allí que da la impresión que en ese espacio sólo se respira y se transpira música.

Pero eso no es todo. Esta edificación del arquitecto Tomás Lugo exhibe una de las últimas obras del maestro Jesús Soto, una impresionante esfera amarilla y blanca que cuelga en la entrada principal. Y no conforme con eso, en el piso se exhibe una hermosa muestra del arte cromático del maestro Carlos Cruz-Diez.

El sello del artista del color también quedó plasmado en la sala de concierto Simón Bolívar, donde 1.100 butacas están forradas con un tapiz diseñado por Cruz-Diez. Un espectáculo visual. Y como si no fuera suficiente belleza, la sala cuenta con un órgano tubular, de 11 metros de alto y 13 de largo, que fue donada por la Fundación Polar y elaborada por la empresa alemana Orgelbau Klais. Una joya instrumental única en Latinoamérica.

Este centro cuenta con una interesante programación de conciertos todos los fines de semanas. Casi todos gratuitos. Pueden suscribirse a su boletín o seguir su cuenta de Twitter @elsistema

Dirección: Bulevar Amador Bendayán. Al lado de la estación Colegio de Ingenieros.

Fotos: Hugo Londoño. @Huguito

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Casco histórico de Petare

Iglesia Dulce Niño de Jesús

El día que conocí el Casco Histórico de Petare no lo podía creer. Sentí que había encontrado el secreto mejor guardado de esta ciudad. Lo juro. Es un lugar tan hermoso… Sé que cuesta creer que en una zona tan caótica y con tan mala reputación pueda existir un espacio que sorprenda por su belleza. Pero lo hay.

Son 26 manzanas con casas coloniales y calles de piedra. En su centro, se encuentra la plaza Antonio José de Sucre (si, es el único municipio de Caracas que no rinde homenaje a Bolívar) y al frente se eleva la Iglesia Dulce Nombre de Jesús, que data del siglo XVI, en cuyo interior aún se conservan unos frescos que el pintor Tito Salas realizó en honor al Cristo de la Salud por sanar a la población de la fiebre amarilla.

Entre sus calles, encontrará la Capilla Santa Magdalena, que tiene más de 230 años de construida y que recientemente fue restaurada. La visita al Casco tiene que incluir obligatoriamente una parada por el Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas, para maravillarse con su hermosa y siempre tan colorido colección. ¡Yo lo amé! De paso, encontrará el Teatro César Rengifo, la casa de la Fundación Bigott, la sede del concejo municipal de Sucre y la casa parroquial, que es un espectáculo por su bellísimo patio interno y su muestra de antigüedades.

La visita al Casco de Petare no será completa si no pasa por la tienda La Minita, la más antigua de la zona con más de 80 años. La atiende Francisco Rodríguez, quien representa la segunda generación. Conversar con él es una delicia, porque tiene recuerdos de Petare que son invaluables. Quedará sorprendido de la cantidad de curiosidades que vende. La típica quincalla de pueblo. Desde metras, cuatros, hasta piezas de peltre.

La última parada debería ser en el puesto de golfeados de Fran Suarez, pues cuenta la leyenda que este dulce criollo es originario de Petare. Si, no de Los Teques como todos creíamos. La receta original le pertenece a la familia Duarte. Lo cierto es que no he tenido la dicha de probarlos para dar fe de su sabor, pero los buenos comentarios sobran.

Una opción para visitar el Casco de Petare es contactar a los amigos de Fundalamas que ofrecen las visitas guiadas, sólo hay que contactarlos al 02125152129 o a través de los correos fundacion.lamas@alcaldiasucre.net o historia.fundalamas@alcaldiasucre.net. Les aseguro que no se van a arrepentir.

Fotos: Hugo Londoño @huguito

 

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El teleférico

Teleférico

Siempre había querido ver un atardecer desde el teleférico. Pero, por una cosa u otra, le daba largas. Ya sea porque las colas me desanimaban o porque nunca llegaba a estar desocupada a final de la tarde. Lo cierto, es que un día sin planificarlo y sin pensarlo demasiado me fui al teleférico para ver al sol ocultarse en el horizonte de la ciudad.

Subí como a eso de las 5pm, sin suéter y en sandalias. Como una muestra fehaciente de mi espontaneidad. Era día de semana. Así que no había demasiada gente, como para echarte para atrás. Tampoco estaba abarrotado el estacionamiento. Y lo más importante de todo: no llovía. Mejor imposible.

Estaba tan emocionada… Finalmente podría ver cómo se iba despidiendo la tarde, mientras subía en el funicular. Ese trayecto de 3,5 kilómetros lo pasé contemplando aquel espectáculo y agradeciendo. Si, agradeciendo por el privilegio de poder disfrutar de tal belleza.

Al llegar a la estación Ávila, ubicada a 2100 msnm, es casi imposible no comerse unas fresas con crema o tomarse un chocolate caliente, mientras caminas el sendero que te conduce al Hotel Humboldt, aquella magnífica obra del arquitecto Tomás Sanabria. Es un paseo perfecto para despejar la mente o simplemente observar aquella cama de nubes que rodea la estación.

Este sistema es el resultado de la remodelación que se hizo en el año 2000. El original data de 1955 y su trayecto llegaba hasta La Guaira. A diferencia del actual, contaba con 5 estaciones ( Mariperez – Ávila – El Irón – Loma de caballo y El Cojo) divididos en dos tramos: el primero, entre Caracas (1000 msnm) y la cima de El Ávila (2100 msnm). El segundo tramo partía de la estación Ávila y terminaba en la estación El Cojo, en Macuto del Estado Vargas. De ello, solo queda el recuerdo.

A las 6:30pm, cuando el cielo se empezó a teñir de colores, tomé el funicular de regreso para ver el atardecer en todo su esplendor. Bueno… Fue tan pero tan perfecto, que tuve que contener las lágrimas por la emoción. De nuevo, agradecí y, antes de salir corriendo al carro para buscarle refugio a mis pies, ratifiqué que los mejores momentos de la vida son los que no se planifican.

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Museo de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz-Diez

Museo Cruz Diez

Comencemos por confesar que nunca había ido. Pero antes de ser juzgada por indiferente me defiendo diciendo que siempre había querido conocerlo. Cómo no. Amo la obra del maestro Carlos Cruz Diez y me parecía imperdonable no visitar su museo.

Un domingo, finalmente, decidí ir al Museo de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz-Diez.  Claro, no contaba con el cierre de la Avenida Bolívar. Así que luego de maniobrar por un buen rato, conseguí entrar.

De verdad, es increíble la colección. Tiene obras importantísimas. Por supuesto que hay muchas de Cruz Diez, pero también tiene de Picasso, de Miró e incluso de Andy Warhol.

Todo es un estallido de colores maravilloso. Estaba encantada. Pero únicamente yo pude disfrutar de esa sensación, porque el museo estaba vacío. No había nadie que pudiera admirar conmigo todo ese tesoro. La sala infantil estaba desolada. Daba tristeza. Era un museo muerto, como me diría Sofía Imber. Sin gente, no hay arte. No hay vida.

Qué pena que tengamos espacios así tan increíbles y pocos tengan la curiosidad de ir a conocerlos. Ojalá que al menos ustedes luego de leer esta postal, se animen a visitarlo y así seamos más, más y más enamorados de este museo y de tantos espacios que tienen la cuidad que mueren de soledad.

Dirección: Avenida Sur 11 con Este 8. En plena Avenida Bolívar. Horario martes a viernes de 9am a 5pm Sábado y domingo de 10 am a 5pm. Entrada libre.

Foto: Facebook. Museo de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz-Diez.

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La ciudad de las guacamayas

El cielo caraqueño está teñido por los colores de sus guacamayas. Hay más de 15 especies de estas aves en la ciudad, algo único. Ellas forman parte del paisaje urbano. Se les ve volar sobre las autopistas, posarse en las ventanas de las casas y en los parques. Un espectáculo visual, que sólo Caracas le concede a sus habitantes. Por tanto, creo que aquí las palabras sobran. Mejor disfrutemos de esta galería.

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