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Vida Urbana

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Río Guaire

Puente Las Mercedes

Pasó de ser el límite sur de la ciudad a ser su columna vertebral. Los 72 kilómetros del río Guaire marcan una frontera y también una referencia en Caracas. Este caudal es ineludible. Desde los tiempos de la conquista sirvió como balneario, fuente de agua y vía de comunicación para el transporte de mercancía. De esa relación fluvial quedan huellas en la toponimia de la capital. Por ejemplo, la esquina de Piedra, cerca de San Agustín, era el punto de desembarco del mármol que sacaban de las canteras del río Macarao para edificar una Caracas recién fundada. Las grandes piezas de piedra eran llevadas en barcazas de bajo calado a través del cauce.

Un mapa de F. de Pons de 1801 deja constancia de que este curso de agua tuvo dos brazos a la altura de lo que hoy es Quinta Crespo. De hecho, la casa de campo del Libertador tenía acceso fluvial y está asentada en lo que alguna vez fue un islote marcado por el Guaire. Los relatos sobre la educación que recibió Simón Bolívar de su maestro Simón Rodríguez, siempre bajo un árbol y en contacto con la naturaleza, también incluyen baños en este río.

Grandes ciudades del mundo tienen su río y es difícil imaginarlas sin ellos; Menfis y Tebas sin el Nilo, Roma sin el Tíber; Nueva York sin el Hudson, Londres sin el Támesis y Buenos Aires sin La Plata. Caracas sin el Guaire tampoco sería Caracas, sin embargo, en lo que devino, hace que pocos volteen a mirarlo.

En 1875, Antonio Guzmán Blanco inauguró el Puente Regeneración, el actual Puente Hierro, que fue el primer paso sobre el río que marcó el crecimiento de la ciudad hacia el sur. Por ese tiempo, las cloacas de Caracas corrían por zanjas de tierra en el medio de las calles lo que causaba grandes problemas de insalubridad. Entonces comenzó a mirarse el río como una posible cañería. A finales del siglo XIX se construyó un primer colector de casi un kilómetro de longitud en la margen izquierda del Guaire y ahí se marcó su destino de cloaca abierta.

En 1940, cuando la ciudad solo tenía 11.000 caraqueños, se comenzó la canalización del río que hoy recibe las aguas servidas de más de 3 millones de habitantes. A principios del siglo XX también empezó a aprovecharse el potencial hidroeléctrico de las caídas del Guaire hacia la zona de El Encantado, donde se instaló la primera planta eléctrica de la ciudad y Caracas se convirtió en la primera urbe latinoamericana en recibir fluido eléctrico generado a distancia. Aún hoy las cascadas dan otra estampa al río. El cauce se cierra abruptamente entre las rocas y, pese a su color marrón y su fetidez, hace pensar que alguna vez fue un río limpio de montaña.

Florantonia Singer
Foto: Alberto Rojas

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Plaza Caracas

PlazaCaracas_EHA

La decisión de colocar en la Plaza Caracas, poco tiempo después de su inauguración en 1983, el busto de Simón Bolívar “El Genio”, del artista español Victorio Macho, desató una enorme polémica que seguramente ubicó al espacio público, localizado entre las torres del Centro Simón Bolívar, en los primeros lugares del “trending topic” de la época.

De acuerdo con el portal patrimonial IamVenezuela, la escultura levantó una gran controversia por lo acentuado de los rasgos y expresiones, por el gesto de la boca y de las cejas, recibiendo diversos sobrenombres por parte de los caraqueños y de los medios en general. En 2008 la plaza sufrió reformas, entre ellas la realización de un pedestal más alto para la escultura, pero en la memoria urbana quedó esa historia del llamado “Bolívar gay”.

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El callejón de la puñalada

Callejon-FabiolaFerrero

Aquel nombre temido, poco afable, invita a aplastar la curiosidad en torno al origen del sustantivo, uno que se asemeja a un pseudónimo, a un crimen. Es El Callejón de la Puñalada, una callejuela que tiene más de mito que de realidad y que se ha ganado una fama mal habida por un hecho sin víctima, fecha ni nombre en la memoria colectiva.

Así lo aseguran quienes hacen vida en el lugar: artesanos venidos de todas partes de Venezuela y de algunos países de la región para vender productos de manufactura urbana como collares, pulseras de cuero tejido, carteras de nylon, hamacas, sombreros y demás artesanías.

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Jardín Ecológico Concha Acústica de Bello Monte

JardinEcologico

Alicia y Enrique Haynes son esposos. Superan los 60 años de edad y cambiaron el inmenso Ávila por una versión mínima de él, como las que abundan en la Caracas verde. Cada domingo suben la montaña que está detrás de la Concha Acústica de Bello Monte, que resguarda un tesoro. “Esto es un oasis”, dice la mujer, con gorra, lentes de sol y una recarga de oxígeno para la semana. En el camino se cruzan un saludo con Luis Levin, quien desde hace 8 años sembró en el lugar un jardín, el Jardín Ecológico de la Concha Acústica, JECA, una especie de laboratorio-escondite que reúne a decenas de personas interesadas en la naturaleza, la ciencia y el aire puro.

Levin es biólogo e investigador jubilado de la Universidad Central de Venezuela y todo el tiempo está encontrando preguntas perdidas en el bosque, bien sea en las formas de las hojas o en el comportamiento de las tórtolas al comer. Es un argentino que fue adoptado por Venezuela en la segunda mitad del siglo XX.

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Plaza El Venezolano

plaza el venezolano

En la plaza El Venezolano, Caracas está viva. Una salsa retumba desde una corneta. “Para componer un son, se necesita un motivo”, se escucha cantar a Ismael Miranda. Más de un pie distraído se mueve al ritmo de esa clave. Otras parejas, sin pudor, se levantan a bailar.

Así es cada viernes, sábado y domingo desde hace casi una década, gracias al club de la tercera edad “Los buenos amigos”. La pachanga la comenzó Carlos Rodríguez, que hoy en día tiene 73 años. Él es el dueño de la corneta y el promotor de la fiesta, que cuenta con el aval de la Dirección de Control Urbano de la Alcaldía de Libertador. “Empezamos con la idea de hacer de la plaza un sitio de disfrute para todo el mundo”, explica.

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Catia

Catia

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Unos de los sabores más arraigados de mi infancia era comer arepas rellenas con un tipo de jamón serrano que mi papá llevaba a casa con frecuencia. Esta delicia gastronómica se hacía en Catia. Papá trabajaba en la Giacomello, la fábrica de jamones, fiambres y embutidos que quedaba muy cerca de la Plaza Pérez Bonalde de Catia y que había sido fundada por un inmigrante italiano a principio de los años 50, el señor Felice Giacomello, oriundo de la región de la Emilia-Romagna.

La fábrica quedaba en una bella casa de piedra en forma de Castillo. Cuando el negocio prosperó, el señor Giaconello a mediados de los 70 decidió mudar la fábrica a un espacio más grande en Corralito, en la zona de Carrizal cerca de Los Teques, y en la casa del Castillo quedó viviendo la señora Sofía, una italiana risueña y bondadosa.

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Cuevas del Indio

Cuevas Del Indio

Un hombre mira hacia arriba. Una de las tantas paredes de piedra irregular del Parque Recreacional Cuevas del Indio se alza a sus pies. Porta zapatos para escalar y ropa deportiva. Un arnés le envuelve la cintura y las piernas, del que cuelgan mosquetones rojos, cintas exprés y un puñado de cuerdas grises. Se mete la mano izquierda en una pequeña bolsa que también le cuelga cerca del coxis. La saca llena de un polvo blanco. Se choca ambas manos, las frota y estira su brazo derecho hasta el recodo más cercano que alcanza, mientras otro hombre vigila su ascenso desde tierra.

El mapa del sitio que recibe a los visitantes indica tres puntos como ese para practicar escaladas. Cerca de 200 personas lo frecuentan en un fin de semana. La Hormiga, El Puente, El Tobogán, La Garganta… los mismos escaladores han etiquetado sus recorridos en vertical. Paran sus carros, camionetas o motos en el estacionamiento del recinto y se adentran en la naturaleza con morrales a cuestas. Algunos simplemente con las cuerdas en la mano. No necesitan más.

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Avenida Libertador

av libertador

No solo son dos niveles. También son dos velocidades y dos ambientes, dos modos de vivirla. La avenida Libertador son dos. Por abajo, veloz y cinética, gracias a los Módulos cromáticos de Juvenal Ravelo y el mural Uracoa del maestro Mateo Manaure. Por arriba da espacio a la pausa, al peatón y al paseo en anchas aceras, y en ciertos horarios a la cacería.

Este corredor vial fue construido por el presidente Rómulo Betancourt en los años sesenta, pero fue iniciada por Marcos Pérez Jiménez en 1957. El dictador salió del poder sin verla lista, como tampoco la ha visto ningún caraqueño. La vía termina abruptamente a la altura de Chacao, donde pierde el carácter de vía expresa y desemboca con lentitud en la autopista Francisco Fajardo, por lo que una prolongación sigue entre los pendientes de la ciudad.

En el proyecto original diseñado por el urbanista Antonio Cruz Fernández iba a tener más de 2 kilómetros, pero el plan, que pasó por tres presidentes, fue modificado. Es la única avenida de Caracas con dos niveles y en su recorrido atraviesa las urbanizaciones Santa Rosa, Los Caobos, Maripérez, La Florida Sur, Las Delicias, La Campiña, Sabana Grande, Campo Alegre, Chacao, El Retiro, El Rosal y Bello Campo. Fue inaugurada el 13 de diciembre de 1965 por Raúl Leoni y es considerada una de las mejores obras de ingeniería del país.

Por su travesía hay edificios de interés patrimonial como la sede de la Cantv con una colección de obras de arte que merece ser visitada, la sede principal de Pdvsa, la empresa estatal más importante del país, y una serie de edificios residenciales que son una muestra de la arquitectura moderna de los años sesenta. El comienzo de la avenida está identificado con un vitral hecho por el artista Leonel Durán que tiene el rostro de El Libertador Simón Bolívar, que da nombre a esta importante arteria vial.

Esta avenida también alberga historias subterráneas, aunque ellas ocurren en la parte superficial de la vía. Lo profano y lo sagrado hacen un circuito en esta zona. En su camino está la Funeraria Vallés, con 53 años de historia, el principal tanatorio de la ciudad con su hermoso edificio patrimonial.

En el mismo perímetro los deudos coinciden, antes solo de noche, ahora también de día, con mujeres en tacones altos y vestidos cortos. Esta avenida es considerada una especie de zona de tolerancia no declarada para las trabajadoras sexuales, donde las transacciones se hacen a la vista. Un vehículo detenido, la ventana del carro abajo y en la acera una silueta que se ofrece. Eso también es la Libertador.

Florantonia Singer
Foto: Efrén Hernández

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Expanzoo

Expanzoo

Los visitantes de Expanzoo pueden acariciar animales antes de siquiera pasar la puerta. Una llama color beige los recibe en la entrada. Atada a un tronco, mueve su cabeza de un lado a otro y muestra los dientes, casi sonriendo. Los párvulos se acercan sin miedo, dispuestos, con su mano en alto, a lo que el mamífero responde con un rápido meneo de su testa y orejas y se aparta. Es solo el abrebocas del zoológico interactivo de contacto creado en la antigua hacienda Caicaguana en el año 2000.

Más de veinte especies conviven dentro del paisajismo hecho por los arquitectos Mireya Besson y Enrique Fábregas. Habitan ciervos, chivos, cebras, ovejas, llamas, avestruces, dantas, venados, aves como flamingos, cotorras y guacamayas; también caballos, cochinos, burros y bovinos en versión miniatura. No hay lugar para el maltrato.

Muchas andan libres por las caminerías del parque, entre los dos lagos artificiales. Algunos niños corretean detrás de conejos, patos y pavos, mientras que los pavorreales machos zarandean sus alas en búsqueda de hembras en celo. Además, logran que los humanos, cámara en mano, se alejen, entre la magnificencia y la contemplación.

El silencio se llena de onomatopeyas a 2 kilómetros de Lomas de La Lagunita, en el municipio El Hatillo. Las risas de quienes disfrutan se entremezclan con los gemidos, los bramidos, los relinchos. Y no faltan los llantos de los más asustadizos. Algunos animales no temen estirar el cuello y sacar la cabeza entre los barrotes azules de sus respectivos corrales. Sorprenden a más de uno que le da la espalda con saliva o estornudos. Se les puede alimentar únicamente con zanahorias, a disposición del público por un precio accesible en la entrada.

Se ofrecen paseos en ponis también por un costo adicional. Un adulto acompaña al niño, mientras que un empleado de Expanzoo supervisa. Es característico que sonrían con frecuencia y hablen con lentitud. En su mayoría, tienen condición de retraso mental leve, moderado o síndrome de Down. Cuidan animales, mantienen las instalaciones limpias, ofrecen información al público. Los ingresos del zoológico están destinados a Expansión, un centro educativo para personas con necesidades especiales donde muchos de ellos se tratan.

Son pocos los vidrios que resguardan animales. Una tragavenado y una lapa reposan encerradas próximas a la entrada. Pero cerca también guardan una curiosidad. Alí es un dromedario que llegó a Expanzoo en 2001 con un año de edad. Brincaba sin cuidado en su juventud. Un carcinoma epidermoide en la pata trasera derecha acabó con la diversión progresivamente, hasta causarle la muerte a sus 15 años. Su cuerpo reposa allí, a la vista, como una obra de taxidermia en una vidriera.

Andrea Tosta
Foto: Efrén Hernández

Dirección: antigua hacienda Caicaguana, a 2 km. de Lomas de la Lagunita, municipio el Hatillo
Horario: lunes a viernes de 9:30 am a 5:00 pm. Sábado, domingo y feriados de 10:00 am a 5:00 pm

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Senderos Aéreos

Senderos Aéreos

Caracas puede ser vista desde las alturas. El Ávila permite hacerlo en cualquier momento. Pero sobre la superficie de la montaña es posible ascender un poco más. En el sector Los Venados del Parque Nacional, Senderos Aéreos ofrece subir hasta la copa de los árboles para mirar la capital desde, al menos, 25 metros por encima del suelo. Es el inicio de un recorrido de cinco plataformas, un puente colgante y tres tirolinas que completan la oferta de hacer Canoping.

Esto comenzó en Mérida hace ya 14 años. Álvaro Iglesias se encargaba de montar las cuerdas que usaban los profesores y estudiantes de la Universidad de Los Andes para hacer trabajos de investigación desde las copas de los árboles”, cuenta Lenín Sierra, uno de los encargados de Senderos Aéreos en Caracas. “Más adelante, él lo propuso como tesis y oportunidad de ecoturismo”, añade. Se materializó en Mérida, pero también en la capital.

Jesús Alexander Cegarra entonces era viceministro de Conservación Ambiental del Ministerio del Ambiente y vio en la propuesta de Iglesias un atractivo inigualable para festejar el 50 aniversario de la declaratoria de El Ávila como Parque Nacional. En diciembre de 2008 se inauguró el recorrido como oferta turística y, también, como oportunidad para el estudio de la biología del pulmón vegetal caraqueño.

“Cuando uno sube siente el clima fresco y tiene unas vistas de Caracas inigualables. Luego viene toda la adrenalina y la emoción del vértigo”, describe Lenín al detallar el recorrido que comienza con una primera plataforma de 25 metros de altura, seguida de varias más de mínimo 7 metros por encima del suelo, además de un puente colgante de 20 metros y las tirolinas de 20, 60 y 120 metros. “Viene mucha gente a recrearse, pero también grupos que vienen a estudiar”, detalla Sierra.

Y es que Senderos Aéreos en El Ávila sirve no sólo para retar a la gravedad, también para la formación. Allí se dan cita grupos de escuelas y liceos que van a hacer prácticas de biología y escuchar charlas ambientales, de conservación. “Para eso aprovechan las plataformas en una actividad que se les hace bastante divertidas a los chamos”. Lenín Sierra calcula que lo que comenzó con apenas 10 clientes un fin de semana, ahora recibe grupos completos de 30 personas en un solo momento. “Los días buenos son sábados y domingos, pero todo depende del clima”.

Víctor Amaya
Foto: Senderos Aéreos / Ángel Mora

Dirección: Sector Los Venados. Parque Nacional El Ávila.
Horarios de visita: Viernes a domingo, 9:30 a.m. a 3:30 p.m.

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