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Hotel Waldorf

Hotel Waldorf

El cronista Enrique Bernardo Núñez, en su libro “La ciudad de los techos rojos”, escribió un capítulo llamado: “De la ranchería de Fajardo, al Hotel Waldorf”, donde se lamenta acerca del nombre de este hotel: “Los propietarios no encontraron en torno suyo un nombre bastante apropiado y fueron a buscarlo a Nueva York, Park Avenue”. El Hotel Waldorf Astoria, que inspiró al dueño de este hospedaje caraqueño, es un rascacielos de estilo Art Déco (o Art Decó)  de 47 pisos, situado en Manhattan en la Avenida Park, el cual se concluyó en 1931. A su vez, el hotel neoyorkino debe su nombre al William Waldorf Astor, un millonario estadounidense que se convirtió en noble británico.

A partir de la década de los 50, el restaurante del Waldorf estuvo bajo la dirección de un reconocido personaje del mundo de la gastronomía y hostelería, Federico Schlesinger, un austríaco que sentía verdadera pasión por su trabajo y que supo transmitirla a sus empleados. Durante la Navidad, acostumbraba a organizar grandes meriendas y distribuir juguetes entre los niños de la zona, como una forma de retribuirle al país lo que tanto le había dado.

En el Hotel Waldorf se hospedó Louis Armstrong, trompetista y cantante estadounidense de jazz, durante su visita a Caracas en el año 1957. Cuentan que debido al color de su piel, no le permitieron alojarse en el Hotel Tamanaco (dirigido en ese momento por estadounidenses), por lo que terminó hospedándose en el Waldorf. Sin embargo, hay otra versión que cuenta que después del desplante, pasó la noche en el hotel El Conde, en la esquina del mismo nombre.

Oscar Yánez, testigo presencial de la visita de Louis Armstrong a Venezuela, narró que uno de los lugares donde actuó fue en el Nuevo Circo de Caracas, donde organizaron un concierto a precios muy solidarios para que las mayorías pudieran disfrutarlo, pero insólitamente sólo fueron 50 personas. Esto molestó al artista más que el incidente racista y juró no volver más al país.

Este hotel también sirvió de locación para una película venezolana rodada en 2006: “Al borde de la línea”, ópera prima de Carlos Villegas Rosales, protagonizada por Jerónimo Gil, Caridad Canelón, Daniela Bascopé y Roque Valero. Alquilaron su primer piso durante 4 semanas, mientras que el resto de las instalaciones seguían funcionando.

Pero no todo ha sido gloria para el Hotel Waldorf. En 2007, fue invadido y luego desalojado. Recientemente, la estructura original fue sometida a un proceso de remodelación interna. A la vez se ha ampliado con una torre de 100 habitaciones, luego que se anexó el edificio Puente Anauco que está contiguo en la esquina, hecho también en 1940 con una fachada Art Decó curva. Aquí precisamente es donde está el lobby, que nos recibe con una gran lámpara de cristal y un piano que pertenecía a los primeros tiempos del hotel.

Te Paseo y Te Cuento
Foto: S/A
Dirección: Av. La Industria, Esquina Campo Elias a Puente Anauco, Edif. Hotel Waldorf PB, Urbanización La Candelaria. http://www.hotelwaldorf.com.ve

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Arco de la Federación

Arco de la Federación

Caño Amarillo era la puerta principal a Caracas. Lo fue desde que comenzó a operar el Ferrocarril Caracas-La Guaira en 1883. En ese punto, se mandó a construir el Arco de la Federación en la entrada de El Calvario y fue inaugurado por Joaquín Crespo el 28 de octubre de 1895 para conmemorar la Guerra Federal o Guerra Larga.

Su primer decreto de construcción lo lanzó Antonio Guzmán Blanco. Su objetivo era hacer dos arcos, uno que celebrara la Independencia y otro la Federación. El proyecto no se puede llevar a cabo por las dificultades políticas de la época y Crespo retomó la idea el 20 de febrero de 1895. Su ejecución quedó en manos del arquitecto Juan Hurtado Manrique, con la colaboración de Alejandro Chataing.

También contrataron al escultor italiano Emilio Gariboldi para que se encargara de la decoración de la estructura. “El arco era para hacerse propaganda política. Gariboldi era de oposición, es decir: conservador. Le piden que boceteara la cara de Juan Crisóstomo Falcón para incorporarla como un relieve. Falcón y Páez eran muy parecidos. Gariboldi acentúo entonces los rasgos de Páez. Pero el rostro que está en la parte superior del arco, bajo la palabra ‘federación’ es el de Falcón”, aclara Derbys López, director de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente.

Su diseño está inspirado en el Arco del Triunfo en París. Tiene una altura de 22 metros y un ancho de base de 17 metros. Los relieves de Gariboldi están hechos en una técnica moderna para la época, que era la escultura en cemento, aunque existe la creencia popular de que se trata de mármol.

López explica que el arco tiene elementos simbólicos masónicos, como las mujeres con un seno al aire que significan libertad. “Las mujeres batallaban en Francia y, si el vestido se rompía, ellas seguían en la lucha”. Cada una de estas mujeres sostiene una corona de laurel, que representan los honores que se rindieron a Falcón por la victoria. A la misma altura hay dos blasones, en alusión a las armas de la República.

Sobre la palabra “federación” está el escudo de la nación, con la particularidad de que no es la versión actual, pues si bien el caballo corre indómito –no con el cuello volteado–, su galope es hacia la derecha y no hacia la izquierda como está actualmente. En lo más alto, hay tres mujeres: dos sentadas dándose la mano, que personifican a liberales y conservadores; y la otra, de pie, que personifica a la Venezuela triunfante.

Emily Avendaño
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Parque El Calvario. La Planicie, Caracas.
Metro: El Silencio.

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Parque El Calvario

Parque El Calvario

Cuando Antonio Guzmán Blanco ordenó urbanizar El Calvario también se mandó a construir una estatua. Del pedestal hasta el sombrero medía 15 metros de alto. Era tan alta que se veía desde cualquier punto de la Caracas de finales del siglo XIX, es decir: desde Catia hasta Roca Tarpeya. En guasa, le llamaban “El manganzón”, por ser algo tan grande que no servía para nada. La inquina sobre la efigie del Ilustre Americano era tanta que dos veces la tumbaron. Primero en 1878, esa vez la volvieron a montar. Luego, en 1889, sin salvación.

Como todo buen caudillo al Presidente no le bastó con mandarse a hacer un bronce, también hizo que a los jardines afrancesados los bautizaran con su nombre. El Paseo Guzmán Blanco se inauguró –junto al manganzón– en 1876. Esa fue la primera intervención paisajista que se hizo en Venezuela, para embellecer los alrededores del acueducto público de Caracas, llamado –como no-: Acueducto Guzmán Blanco. Siglo y medio después, sus ruinas se dejan ver entre las caminerías.

En 1884 ocurre la primera ampliación del parque, esta vez bajo el mandato de Joaquín Crespo. La Plaza El Parnaso data de este período. También el nuevo nombre del parque, rebautizado como Paseo de la Independencia. Las escalinatas también son obra de Crespo. Las construyeron entre 1895 y 1898, y las llamaron Las Graderías de Colón. Son noventa escalones que separan El Calvario del caos citadino. En la cima pusieron una estatua del genovés que señalaba hacia Macuro. Estuvo allí hasta marzo de 2009, cuando fue removida por la Alcaldía de Libertador para colocar otra de Ezequiel Zamora.

Entre las décadas de 1950 y 1960 con la canalización del río Guaire fueron apareciendo algunas partes del manganzón. Primero la cabeza, que se cuenta entre el patrimonio de la Galería de Arte Nacional.

Crespo también mandó a construir la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes. Derbys López, de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente, relata: “Cuenta la leyenda que esa iglesia se construyó en 75 días. Fue inaugurada en abril de 1884 y se mandó a hacer en febrero de ese año. La obra se la encargaron a Juan Hurtado Manrique. Él dijo que la podía tener lista en 75 días y cuando lo llamaron a firmar el contrato había una cláusula que decía que por cada día de retraso, el arquitecto pasaría 5 años en la cárcel. La obra estuvo lista el día 73, el mobiliario lo metieron el día 74 y hubo misa el día 75”.

Cada gobernante del país tenía algo que agregar al paraje. Refiere el Catálogo del Patrimonio Cultural de Libertador que hasta la década de 1960 se fueron sumando detalles y estructuras. Por eso el eclecticismo que se mueve entre los estilos renacentista, manierista italiano, barroco francés y posmodernista. Sin embargo, no hay dudas que la dupla conformada por los compadres de Guzmán Blanco y Crespo se lleva los laureles.

Emily Avendaño
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Las 17 hectáreas del Parque Calvario ocupan las parroquias San Juan, Catedral y 23 de Enero.

Metro: estación El Silencio.

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Mausoleo

Mausoleo

Un detalle salta a la vista: a la icónica fallada del Panteón Nacional ahora la acompaña una rampa de cerámica y acero de dimisiones estrambóticas que tiene una llama flameando. Todo comenzó en 2010 cuando al entonces presidente Hugo Chávez se le ocurrió que El Libertador Simón Bolívar merecía descansar en un mejor lugar: rimbombante, a su medida. Se construyó, con prolongados retrasos; y cuando estuvo listo, en mayo de 2013, ya Chávez había muerto.

Hay que entrar al Panteón Nacional. Llegar hasta el fondo. Pasar por al lado del lugar donde reposaron los restos del Padre de la Patria desde 1876 hasta 2013 y atravesar un pequeño pasadizo de paredes trasparentes. Así se llega al Mausoleo. Su edificación, llevada adelante por el arquitecto Lucas Pou, fue polémica: por un lado, investigaciones constaron irregularidades en el proceso de licitación y el manejo de los recursos; y por otro, especialistas denunciaron que la estructura no respetaba la coexistencia armónica de la arquitectura de épocas diferentes.

El lugar, en efecto, es majestuoso. En esa atmósfera siempre silenciosa cualquiera puede sentirse ínfimo. Flotando en una inmensidad de 54 metros de altura y 2 mil metros cuadrados recubierta de granito negro que, dicen, fue traído de Sudáfrica. La iluminación que se dispara desde el piso tiene los colores de la bandera y, desde una pequeña abertura superior, se cuelan unos tenues rayos solares.

Al final de seis escalones está, sobre una base de mármol, el sarcófago. Siempre custodiado por elegantes e inmóviles guardias de honor. Es de caoba, moldeado a mano. Tiene las iniciales –SB–, ocho estrellas y dos laureles, todo en oro de 22 quilates. Cada hora se le rinden honores y en una marcha solemne se produce el cambio de guardia.

Detrás se encuentra el imponente Monumento a Bolívar tallado en mármol de forma artesanal en 1852 por el escultor italiano Pietro Tenerani, una réplica de la primera efigie de El libertador que se erigió en Latinoamérica, que era de bronce. Es el mismo retablo que antes estaba en el antiguo Panteón Nacional.

Erick Lezama
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Avenida Panteón, Foro Libertador, Parroquia Altagracia.
Horario: de martes a domingo, de 9 a.m. a 4:30 p.m.
Estación del metro: Capitolio.

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Base aérea Francisco de Miranda (La Carlota)

La Carlota

Su ubicación es estratégica. La Base Aérea Francisco de Miranda en La Carlota se encuentra en el centro geográfico de los cinco municipios que conforman el área metropolitana. Son 103 hectáreas que, más que un aeropuerto a medio funcionar, podrían ser un oasis en medio del concreto. Sobre ese terreno se posa el sueño de que en un futuro no muy lejano se construya allí un gran parque para la ciudad y se sumen hectáreas verdes que le permitan a los más de 4 millones de habitantes de Caracas respirar con holgura.

Su historia se remonta a la primera mitad del siglo XX, cuando el desarrollo urbanístico de Caracas apenas llegaba a Los Caobos como su punto más al este y no había más de medio millón de habitantes en la cuna de Simón Bolívar. La Carlota era una hacienda en la que se había acondicionado un largo terreno, que fungía como pista de despegue y aterrizaje para la incipiente actividad aeronáutica de la época.

Caracas comenzó a crecer. La expansión urbana se hizo sostenida y esas fincas y sembradíos desaparecieron para abrir paso a la modernidad. La Carlota se convirtió en el Aeropuerto Caracas. Su inauguración oficial como instalación civil y militar ocurrió la mañana del 7 de abril de 1946. La ceremonia la encabezó Rómulo Betancourt, presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno y el mayor Carlos Delgado Chalbaud, ministro de la Defensa. En el acto aéreo participaron 9 aviones AT-6 pilotados por la fuerza aérea venezolana. Es en 1947 cuando obtuvo el rango de base militar.

La primera vez que se pensó como centro de esparcimiento fue en los cincuenta. El objetivo era crear una gran área de exposiciones en Caracas que incluyera al aeródromo y los terrenos del actual Parque del Este. No obstante, en 1961 se inaugura solamente el último, desvinculado definitivamente del aeropuerto por la autopista Francisco Fajardo. Así que La Carlota quedó como una isla de 2,5 kilómetros, inaccesible para el ciudadano común y como un obstáculo para el tránsito norte-sur de la ciudad.

En 2001, el entonces presidente Hugo Chávez declaró su intención de hacer de La Carlota un gran parque metropolitano. Ordenó el traslado de la flota privada a otros aeropuertos y manifestó la voluntad de clausurar la base aérea y de mudar la Comandancia General de la Aviación. Eso no fue más que una promesa incumplida. Por el contrario, en septiembre de 2002, Chávez giró el decreto presidencial 1969, publicado en Gaceta Oficial N° 37.530, que declara el área como una zona de seguridad. Lo que convirtió La Carlota en un espacio inaccesible.

El Dato:
En los terrenos de La Carlota está proyectada la construcción del llamado Parque Bolívar. Sobre él pesa el debate sobre si debe permanecer o no la pista de aterrizaje, considerando que es un punto crucial para la atención de emergencias. Ya se tiene el antecedente de su importancia por el rol que jugó en la atención de la tragedia que se vivió en Vargas con el deslave de 1999.

Emily Avendaño
Foto: Hugo Londoño

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