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Basílica de San Pedro

Iglesia San Pedro

Hay una parte del Vaticano en Caracas. Justo en la Urbanización Los Chaguaramos. Se trata de la Basílica de San Pedro, inaugurada en 1959, una copia en pequeñas dimensiones de su homónima que se erige en la Santa Sede y que, de hecho, fue construida con base en planos elaborados por el arquitecto, Marco Redini.

La primera misa en la parroquia eclesiástica de San Pedro se realizó el 30 de marzo de 1952, un Domingo de Resurrección, en una especie de capilla ambulante que se improvisó en el garaje de un colegio. La piedra fundacional la bendijo el Arzobispo de Caracas durante el pontificado del Papa Pio XII, el 29 de junio de 1953. Y seis años después, se inauguró la sede definitiva.

Cuando se concibió se pensó en una obra monumental, cuya cúpula debía ser divisada desde cualquier punto de la ciudad. No alcanzó a ser así, pero al menos es uno de los templos más visitados de Caracas y uno de los de mayor tradición.

La estructura de la Basílica es de concreto armado, posee muros de ladrillo y revestimiento de mármol. En la fachada hay tres esculturas del artista Ronaldo que representan a las imágenes católicas de Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen María y San Pedro. Los altares del templo datan de 1701 y provienen del Convento de la Visitación de Santa María de las Salesas, de San Remo, en Italia.

En el interior hay diversas obras artísticas de valor patrimonial: el Vía Crucis, del artista brasilero Carlos Oswald; los mosaicos de los escudos de los estados de Venezuela y la imagen de San Pío X, elaboradas por el escultor húngaro G. Haynald; los vitrales del maestro Enrique Coppejans; y un Cristo de bronce creado por Mario Campanella.

Hercilia Garnica
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Avenida Universitaria, Los Chaguaramos. Parroquia San Pedro

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Biblioteca Simón Rodríguez

Biblioteca Simón Rodríguez

Un frondoso árbol resguarda su fachada y hace que el edificio pase inadvertido o se confunda como uno más del Casco Histórico. Pero no es así. Lo que está justo en la esquina El Conde es la Biblioteca Pública Central Simón Rodríguez, un lugar cargado de arte y de mucha luz natural. Un espacio majestuoso construido hace 79 años.

El pasillo de entrada tiene a ambos lados unos murales en relieve, tallados en piedra artificial: La lección del padre Bartolomé de las Casas, del artista Lorenzo González, y otro que representa el trabajo de los indígenas, del escultor Giurliani.

Al llegar al patio central se encontrará con su mayor encanto: el gran vitral de la pared de las escaleras, que abarca los cuatro pisos del edificio, y otro en el techo, que cubre el hall e imprime luminosidad a todos los pisos. Ambos obra de Eduardo Borges Salas.

Este edificio, probablemente, fue el primero en Caracas con ascensor y sistema de aire acondicionado central, detallan los archivos sobre su construcción disponibles en la biblioteca.

Todo allí merece contemplarlo, porque no hay rincón que carezca de detalles. Los vitrales son de tonos ocres, beige, marrón y blanco, y esos mismos colores están presentes en el mármol y en el granito de las columnas, de los rodapiés, de los apoyabrazos de las barandas, así como del piso de mosaicos, que además combina los colores tierra con el gris y el negro. A estos se suman los bustos de José María Vargas, Simón Rodríguez, Juan Manuel Cajigal y Andrés Bello, ubicados en el vestíbulo, realizados en mármol gris por Lorenzo González.

El ingeniero Guillermo Salas fue el encargado del proyecto y de su construcción, efectuada entre 1936 y 1938. Se convirtió en el primer edificio gubernamental ejecutado por el Ministerio de Obras Públicas para servir como sede administrativa de una dependencia del Ejecutivo nacional. Hasta entonces solo se había construido, a finales de 1800, el Ministerio de Hacienda.

El edificio, de fachada Art Déco y revestido de mármol blanco, fue concebido para albergar al Ministerio de Salubridad y de Agricultura y Cría. Hecho que no ocurrió, pues se destinó por completo al Ministerio de Educación. A finales de los 70, comienza a ser la sede de la Biblioteca.

Tiene cuatro pisos. Las salas de Humanidades, Artes, Ciencias Sociales, Literatura o Fonoteca están distribuidas en cada uno de los niveles. Los espacios son amplios y cuentan con largos ventanales que permiten la entrada de luz natural. En el tercer piso, la experiencia es única por lo cerca que se está del techo de vitral, de su luminosidad y de la posibilidad de ver desde arriba, los acabados del edificio, el cual fue declarado Monumento Histórico Nacional el 10 de enero de 1980.

Patricia Marcano
Foto: Alberto Rojas @chamorojas

Dirrección: Avenida Norte 4, entre esquinas El Conde y Carmelitas. Parroquia Catedral
Horario: Martes a viernes: 9 a.m. a 5 p.m. Sábado: 9 a.m. a 3:45 p.m.

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Pasaje Zingg

Pasaje Zingg

En la década de los 50, la sociedad caraqueña conoció por primera vez las escaleras mecánicas. El edificio Zingg diseñado en 1940 por Oskar Herz fue construido como una estructura sólida y resistente a los terremotos. Pero trece años después, el arquitecto Arthur Khan hizo de esa estructura un espacio de paseo al crear el pasaje que forma la planta base construida en 1953, lo que le dio a Caracas un rostro de modernidad como cualquier ciudad cosmopolita de Europa.

En la inauguración, las personas se agolpaban frente a las modernas escaleras hechas de madera que funcionaban con un sistema de motores mecánicos que los hacían descender y ascender sin siquiera mover una rodilla.

El edificio y el pasaje deben su nombre a su propietario Gustavo Zingg, un importador y comerciante alemán que llegó a Venezuela en 1890.

Los mejores comercios y boutiques de la época se disputaban un espacio en las cuarenta tiendas disponibles del sofisticado edificio, que de cierta forma se convertía en uno de los primeros centros comerciales de la capital. Esa galería abierta propia del estilo parisino que conecta la avenida Universidad entre la esquina de Sociedad y Traposos, le dio una identidad al edificio que aún mantiene.

Hasta los años 90, la vida del Pasaje Zingg competía con el vertiginoso cambio de su entorno. Hoy sus famosas escaleras mecánicas de madera que inauguraron una época urbana solo acumulan polvo, porque dejaron de funcionar hace unos cinco años. Tampoco está la barbería con su clásico cilindro azul y rojo ni el estudio de dibujo donde trabajó el caricaturista Sancho. Ahora hay una escuela de pintura. Y el discreto kiosco que hoy tiene en su fachada los anuncios de los principales diarios impresos del país, añora la época en la que se preciaba de vender las revistas importadas que llegaban primero a la capital.

Afuera, los buhoneros rodean la entrada ofreciendo baratijas colgadas en anime. Adentro, las tiendas que aún se mantienen lidian con el paso del tiempo y resguardan con celo el olor añejo para no dejar escapar el recuerdo de los tiempos más prósperos. Porque aunque unos cuantos visitantes cruzan ante sus vitrinas, lo hacen más para acortar el camino que para pasearse como clientes.

Sólo las grandes letras de ‘galería’ que lo identifican han resistido el cambio de siglo. De esa esencia de lugar de paseo con el que surgió el Pasaje Zingg queda poco, porque se diluyó entre el incesante bullicio de la zona que lo rodea y la modificación de casi todas las fachadas que se convirtieron en rejas y santamarías grises que resguardan los negocios en un punto de la ciudad que se hizo vulnerable.

Gabriela Rojas
Foto: Hugo Londoño

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Avenida Bolívar

Avenida Bolívar

Hablar de la Avenida Bolívar de Caracas es recordar el Plan Rotival. En 1937, cuando se crea la Dirección de Urbanismo del Distrito Federal, fueron contratados tres arquitectos y urbanistas franceses para una misión: hacer un estudio urbano de Caracas y elaborar un plan para su desarrollo como futura gran metrópoli.

Fue así como Henri Prost, Jacques Lambert y Maurice Rotival presentaron dos años después, en 1939, el Plan Monumental de Caracas, que desde un principio y hasta el día de hoy es denominado Plan Rotival.

En ese plan maestro se propuso construir una gran avenida monumental, que conectara al este y oeste de la ciudad, con edificios de oficinas gubernamentales a ambos lados, que iniciara al finalizar el parque Los Caobos y culminara en el parque El Calvario, donde además sería construido un mausoleo para el Libertador (a lo alto de las escalinatas) y se mudaría la sede del Congreso a donde hoy está la urbanización El Silencio. De todo lo planificado, la avenida Bolívar fue la única que se concretó.

Como un regalo de fin de año, el 31 de diciembre de 1949 (10 años después de la propuesta de Rotival), se inauguró la avenida Bolívar de Caracas. Nació amplia y sin edificios a los lados, pero sí con vías subterráneas para los vehículos. Toda una novedad.

Bolívar Cívico, la escultura de El Libertador que destaca en el extremo oeste de la vía, en la plaza central que marca la entrada y salida a los túneles de la avenida Bolívar, fue realizado por el escultor Julio Maragall en 1987.

En el este, comienza con el empalme de la autopista Francisco Fajardo, pasando por debajo de la plaza que une al hotel Alba Caracas (antes Caracas Hilton) con el Museo de Arte Contemporáneo y el complejo Parque Central desde las residencias Anauco. Un espacio que ofrece una vista excepcional de la avenida Bolívar hasta las torres del Centro Simón Bolívar.

Desde ese punto, el peatón puede realizar un iniciar un paseo cultural, comenzando por el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, el Museo de los Niños, la nueva sede de la Galería de Arte Nacional (GAN), el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez y terminando en el Museo Nacional de Arquitectura (Musarq). Sin contar la sede de la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas.

Mateo Manaure también tiene su impronta en la Avenida Bolívar. La fachada del edificio de la Cantv, ubicada luego de la nueva sede de la GAN, deja ver el amplio mosaico de tonos azules, blanco y verde creado por el artista en 1954.

Pero la mejor experiencia es completar el recorrido de la Avenida Bolívar en línea recta, pasar por debajo de las torres del Centro Simón Bolívar y reencontrarse con esa ciudad moderna al llegar de nuevo a la superficie y toparse, de frente, con la imponente Plaza O’Leary y los emblemáticos edificios residenciales de El Silencio. Por ese impecable trazado y conjugación con importantes obras arquitectónicas, la avenida Bolívar forma parte de la identidad urbana caraqueña. Esa que trasciende más allá de los mítines políticos y mercados populares que se han sumado, por momentos, a sus diversos usos.

Patricia Marcano
Foto: Hugo Londoño

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Iglesia de San Charbel

Iglesia Maronita

Una gran nave central recibe a quienes visitan la iglesia de San Charbel. Un espacio abierto coronado por un Cristo y flanqueado por el profeta que le da nombre al monasterio, también conocido como Youssef Antoun, un monje del rito maronita convertido en el primer santo oriental canonizado por la Sede Apostólica desde el siglo XIII. El techo, dos estructuras circulares entrecruzadas, se coronan con un campanario de tres pisos de altura, y otros tres de estructura.

Los vitrales y ventanales le aportan iluminación natural al salón, donde los feligreses se reúnen a orar. Sobre las butacas, transversalmente ordenadas, reposan cuadernillos de rezos en español y en árabe, pues los maronitas son cristianos católicos orientales. Este grupo religioso debe su nombre a San Marón, firme defensor de la fe católica en Oriente que hizo vida en Antioquia (Turquía), y constituye la principal religión de Líbano.

El templo de la Orden Libanesa Maronita Monasterio San Charbel es el más importante en la capital dedicado a esa congregación. El edificio no sólo funciona como sede religiosa sino como lugar de encuentro comunitario. Allí, se dan clases de árabe y se encuentra el Centro Cultural y Social Don Nasri D. Dao, un benefactor de la comunidad maronita que fue honrado con un busto, ubicado en el patio del colegio adyacente.

La entrada a la Iglesia San Charbel de Caracas por el bulevar Amador Bendayán conduce a una primera escalinata imponente y ancha, que termina frente a la estatua del santo maronita a quien le fue consagrado el edificio en 2003. La estructura incluye biblioteca, dispensario médico, monasterio para sacerdotes, espacios de usos múltiples y estacionamiento.

Las actividades religiosas en el templo se circunscriben a los días de eucaristía -los domingos-, cuando se realizan dos misas: en la mañana en español y en la tarde en árabe. El resto de la semana, los espacios se aprovechan para actividades académicas y sociales, en concordancia con el uso cultural y social del eje que conforma esta iglesia junto con la Mezquita de Caracas, ubicada justo al frente.

Víctor Amaya
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Bulevar Amador Bendayán, Quebrada Honda.
Horarios de visita: domingos 9 a.m. a 5 p.m.
Metro: estación Colegio de Ingenieros

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Parque Boyacá

Parque Boyacá

Tanto verdor lo hará sentirse sobrecogido. Tendrá la sensación de que todos esos árboles extienden sus brazos para acobijarlo y envolverlo dentro de ese microcosmo natural que crece dentro del Parque Boyacá. Querrá entonces entrar, contemplar, relajarse y dejar que el tiempo pase en ese ambiente boscoso, que está escondido en el corazón de la Urbanización El Rosal.

Su acceso por la avenida Carabobo no deja ver lo que le espera al pasar el muro de ladrillo: Un espacio de 5.200 metros cuadrados distribuidos en 2.740 m2 de áreas verdes y 2.320 de caminerías. Desde afuera, no parece que pudiera caber tanto verde en ese lugar. Pero hay tanto y más: varios módulos recreativos para niños, dos espacios techados para hacer fiestas infantiles, una cafetería y hasta un anfiteatro completan la oferta del Parque Boyacá.

Este espacio se inauguró el 20 de marzo de 2010, tras una larga pelea por recuperar un terreno municipal, que había sido invadido por seis familias. Lo que encontró la alcaldía al entrar el lugar, fue un vertedero de escombros, basura y chatarra. Al final, se requirió más de seis años para lograr su desocupación y construcción. Así que no podía haber un mejor nombre para este parque que uno asociado a la Batalla de Boyacá, que comandó Simón Bolívar el 7 de agosto de 1819 y que fue una de las más importantes de la guerra de independencia de América Latina.

El Parque Boyacá forma parte de los llamados “Parques de Bolsillos”, que se han convertido en punto de encuentro para la comunidad de Chacao. Esta política de recuperar lugares abandonados, subutilizados y sin atractivo, ya han sumado más de 15 mil metros cuadrados de espacios públicos, para quienes viven y transitan por el municipio.

Se puede llegar caminando, bajando por las escaleras que están al lado de The Hotel y que conducen directamente al parque. Aquellos que van en vehículo, se encontrarán con dificultades para estacionar porque se trata de una estrecha calle residencial. Pero luego de que entre, las incomodidades se olvidan. Un gran samán será la antesala de un paseo natural, que estará guiado por letreros ubicados a ambos lados de la caminería que describen las especificaciones de todas las plantas. Bucares y jabillos le darán sombra y buen clima. Mientras los niños se distraen pintando con tizas las paredes, que aíslan el ruido del exterior.

Mirelis Morales Tovar
Foto: Hugo Londoño

Dirección: avenida Carabobo con Boyacá, urbanización El Rosal.

Horario: lunes a sábado de 6 a.m. a 9 p.m. Domingo de 6 a.m. a 6 p.m.

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Hotel Waldorf

Hotel Waldorf

El cronista Enrique Bernardo Núñez, en su libro “La ciudad de los techos rojos”, escribió un capítulo llamado: “De la ranchería de Fajardo, al Hotel Waldorf”, donde se lamenta acerca del nombre de este hotel: “Los propietarios no encontraron en torno suyo un nombre bastante apropiado y fueron a buscarlo a Nueva York, Park Avenue”. El Hotel Waldorf Astoria, que inspiró al dueño de este hospedaje caraqueño, es un rascacielos de estilo Art Déco (o Art Decó)  de 47 pisos, situado en Manhattan en la Avenida Park, el cual se concluyó en 1931. A su vez, el hotel neoyorkino debe su nombre al William Waldorf Astor, un millonario estadounidense que se convirtió en noble británico.

A partir de la década de los 50, el restaurante del Waldorf estuvo bajo la dirección de un reconocido personaje del mundo de la gastronomía y hostelería, Federico Schlesinger, un austríaco que sentía verdadera pasión por su trabajo y que supo transmitirla a sus empleados. Durante la Navidad, acostumbraba a organizar grandes meriendas y distribuir juguetes entre los niños de la zona, como una forma de retribuirle al país lo que tanto le había dado.

En el Hotel Waldorf se hospedó Louis Armstrong, trompetista y cantante estadounidense de jazz, durante su visita a Caracas en el año 1957. Cuentan que debido al color de su piel, no le permitieron alojarse en el Hotel Tamanaco (dirigido en ese momento por estadounidenses), por lo que terminó hospedándose en el Waldorf. Sin embargo, hay otra versión que cuenta que después del desplante, pasó la noche en el hotel El Conde, en la esquina del mismo nombre.

Oscar Yánez, testigo presencial de la visita de Louis Armstrong a Venezuela, narró que uno de los lugares donde actuó fue en el Nuevo Circo de Caracas, donde organizaron un concierto a precios muy solidarios para que las mayorías pudieran disfrutarlo, pero insólitamente sólo fueron 50 personas. Esto molestó al artista más que el incidente racista y juró no volver más al país.

Este hotel también sirvió de locación para una película venezolana rodada en 2006: “Al borde de la línea”, ópera prima de Carlos Villegas Rosales, protagonizada por Jerónimo Gil, Caridad Canelón, Daniela Bascopé y Roque Valero. Alquilaron su primer piso durante 4 semanas, mientras que el resto de las instalaciones seguían funcionando.

Pero no todo ha sido gloria para el Hotel Waldorf. En 2007, fue invadido y luego desalojado. Recientemente, la estructura original fue sometida a un proceso de remodelación interna. A la vez se ha ampliado con una torre de 100 habitaciones, luego que se anexó el edificio Puente Anauco que está contiguo en la esquina, hecho también en 1940 con una fachada Art Decó curva. Aquí precisamente es donde está el lobby, que nos recibe con una gran lámpara de cristal y un piano que pertenecía a los primeros tiempos del hotel.

Te Paseo y Te Cuento
Foto: S/A
Dirección: Av. La Industria, Esquina Campo Elias a Puente Anauco, Edif. Hotel Waldorf PB, Urbanización La Candelaria. http://www.hotelwaldorf.com.ve

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Arco de la Federación

Arco de la Federación

Caño Amarillo era la puerta principal a Caracas. Lo fue desde que comenzó a operar el Ferrocarril Caracas-La Guaira en 1883. En ese punto, se mandó a construir el Arco de la Federación en la entrada de El Calvario y fue inaugurado por Joaquín Crespo el 28 de octubre de 1895 para conmemorar la Guerra Federal o Guerra Larga.

Su primer decreto de construcción lo lanzó Antonio Guzmán Blanco. Su objetivo era hacer dos arcos, uno que celebrara la Independencia y otro la Federación. El proyecto no se puede llevar a cabo por las dificultades políticas de la época y Crespo retomó la idea el 20 de febrero de 1895. Su ejecución quedó en manos del arquitecto Juan Hurtado Manrique, con la colaboración de Alejandro Chataing.

También contrataron al escultor italiano Emilio Gariboldi para que se encargara de la decoración de la estructura. “El arco era para hacerse propaganda política. Gariboldi era de oposición, es decir: conservador. Le piden que boceteara la cara de Juan Crisóstomo Falcón para incorporarla como un relieve. Falcón y Páez eran muy parecidos. Gariboldi acentúo entonces los rasgos de Páez. Pero el rostro que está en la parte superior del arco, bajo la palabra ‘federación’ es el de Falcón”, aclara Derbys López, director de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente.

Su diseño está inspirado en el Arco del Triunfo en París. Tiene una altura de 22 metros y un ancho de base de 17 metros. Los relieves de Gariboldi están hechos en una técnica moderna para la época, que era la escultura en cemento, aunque existe la creencia popular de que se trata de mármol.

López explica que el arco tiene elementos simbólicos masónicos, como las mujeres con un seno al aire que significan libertad. “Las mujeres batallaban en Francia y, si el vestido se rompía, ellas seguían en la lucha”. Cada una de estas mujeres sostiene una corona de laurel, que representan los honores que se rindieron a Falcón por la victoria. A la misma altura hay dos blasones, en alusión a las armas de la República.

Sobre la palabra “federación” está el escudo de la nación, con la particularidad de que no es la versión actual, pues si bien el caballo corre indómito –no con el cuello volteado–, su galope es hacia la derecha y no hacia la izquierda como está actualmente. En lo más alto, hay tres mujeres: dos sentadas dándose la mano, que personifican a liberales y conservadores; y la otra, de pie, que personifica a la Venezuela triunfante.

Emily Avendaño
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Parque El Calvario. La Planicie, Caracas.
Metro: El Silencio.

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Parque El Calvario

Parque El Calvario

Cuando Antonio Guzmán Blanco ordenó urbanizar El Calvario también se mandó a construir una estatua. Del pedestal hasta el sombrero medía 15 metros de alto. Era tan alta que se veía desde cualquier punto de la Caracas de finales del siglo XIX, es decir: desde Catia hasta Roca Tarpeya. En guasa, le llamaban “El manganzón”, por ser algo tan grande que no servía para nada. La inquina sobre la efigie del Ilustre Americano era tanta que dos veces la tumbaron. Primero en 1878, esa vez la volvieron a montar. Luego, en 1889, sin salvación.

Como todo buen caudillo al Presidente no le bastó con mandarse a hacer un bronce, también hizo que a los jardines afrancesados los bautizaran con su nombre. El Paseo Guzmán Blanco se inauguró –junto al manganzón– en 1876. Esa fue la primera intervención paisajista que se hizo en Venezuela, para embellecer los alrededores del acueducto público de Caracas, llamado –como no-: Acueducto Guzmán Blanco. Siglo y medio después, sus ruinas se dejan ver entre las caminerías.

En 1884 ocurre la primera ampliación del parque, esta vez bajo el mandato de Joaquín Crespo. La Plaza El Parnaso data de este período. También el nuevo nombre del parque, rebautizado como Paseo de la Independencia. Las escalinatas también son obra de Crespo. Las construyeron entre 1895 y 1898, y las llamaron Las Graderías de Colón. Son noventa escalones que separan El Calvario del caos citadino. En la cima pusieron una estatua del genovés que señalaba hacia Macuro. Estuvo allí hasta marzo de 2009, cuando fue removida por la Alcaldía de Libertador para colocar otra de Ezequiel Zamora.

Entre las décadas de 1950 y 1960 con la canalización del río Guaire fueron apareciendo algunas partes del manganzón. Primero la cabeza, que se cuenta entre el patrimonio de la Galería de Arte Nacional.

Crespo también mandó a construir la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes. Derbys López, de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente, relata: “Cuenta la leyenda que esa iglesia se construyó en 75 días. Fue inaugurada en abril de 1884 y se mandó a hacer en febrero de ese año. La obra se la encargaron a Juan Hurtado Manrique. Él dijo que la podía tener lista en 75 días y cuando lo llamaron a firmar el contrato había una cláusula que decía que por cada día de retraso, el arquitecto pasaría 5 años en la cárcel. La obra estuvo lista el día 73, el mobiliario lo metieron el día 74 y hubo misa el día 75”.

Cada gobernante del país tenía algo que agregar al paraje. Refiere el Catálogo del Patrimonio Cultural de Libertador que hasta la década de 1960 se fueron sumando detalles y estructuras. Por eso el eclecticismo que se mueve entre los estilos renacentista, manierista italiano, barroco francés y posmodernista. Sin embargo, no hay dudas que la dupla conformada por los compadres de Guzmán Blanco y Crespo se lleva los laureles.

Emily Avendaño
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Las 17 hectáreas del Parque Calvario ocupan las parroquias San Juan, Catedral y 23 de Enero.

Metro: estación El Silencio.

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Mausoleo

Mausoleo

Un detalle salta a la vista: a la icónica fallada del Panteón Nacional ahora la acompaña una rampa de cerámica y acero de dimisiones estrambóticas que tiene una llama flameando. Todo comenzó en 2010 cuando al entonces presidente Hugo Chávez se le ocurrió que El Libertador Simón Bolívar merecía descansar en un mejor lugar: rimbombante, a su medida. Se construyó, con prolongados retrasos; y cuando estuvo listo, en mayo de 2013, ya Chávez había muerto.

Hay que entrar al Panteón Nacional. Llegar hasta el fondo. Pasar por al lado del lugar donde reposaron los restos del Padre de la Patria desde 1876 hasta 2013 y atravesar un pequeño pasadizo de paredes trasparentes. Así se llega al Mausoleo. Su edificación, llevada adelante por el arquitecto Lucas Pou, fue polémica: por un lado, investigaciones constaron irregularidades en el proceso de licitación y el manejo de los recursos; y por otro, especialistas denunciaron que la estructura no respetaba la coexistencia armónica de la arquitectura de épocas diferentes.

El lugar, en efecto, es majestuoso. En esa atmósfera siempre silenciosa cualquiera puede sentirse ínfimo. Flotando en una inmensidad de 54 metros de altura y 2 mil metros cuadrados recubierta de granito negro que, dicen, fue traído de Sudáfrica. La iluminación que se dispara desde el piso tiene los colores de la bandera y, desde una pequeña abertura superior, se cuelan unos tenues rayos solares.

Al final de seis escalones está, sobre una base de mármol, el sarcófago. Siempre custodiado por elegantes e inmóviles guardias de honor. Es de caoba, moldeado a mano. Tiene las iniciales –SB–, ocho estrellas y dos laureles, todo en oro de 22 quilates. Cada hora se le rinden honores y en una marcha solemne se produce el cambio de guardia.

Detrás se encuentra el imponente Monumento a Bolívar tallado en mármol de forma artesanal en 1852 por el escultor italiano Pietro Tenerani, una réplica de la primera efigie de El libertador que se erigió en Latinoamérica, que era de bronce. Es el mismo retablo que antes estaba en el antiguo Panteón Nacional.

Erick Lezama
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Avenida Panteón, Foro Libertador, Parroquia Altagracia.
Horario: de martes a domingo, de 9 a.m. a 4:30 p.m.
Estación del metro: Capitolio.

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