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Mansión Borges

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René Borges decía entre sus amigos: “Mi casa no necesita cuadros, tengo el mejor que es Caracas”. El lienzo que enmarca la ciudad es un ventanal de 20 metros de largo, que ofrece la mejor vista panorámica de la capital, desde el salón de la que fue la mansión de los Borges por casi 40 años, una joya de la arquitectura caraqueña, en la que funciona el Centro Simón Díaz de la Alcaldía Metropolitana.

La quinta, de modernas líneas rectas y escasas paredes, está encaramada en uno de los cerros de Petare, esos que realzan la vocación de paila de Caracas —un valle en el que todos pueden mirarse—, como la ha descrito en algunos textos el escritor y arquitecto Federico Vegas. Sobre esa montaña que avistó Borges en un vuelo en helicóptero posó la casa como una dedicatoria de amor a su esposa Nelly Zingg. En 1956, quien urbanizó El Marqués, trajo desde Italia al arquitecto Athos Albertoni para que diseñara su casa.

La mansión tiene tesoros en su interior como las escaleras de mármol de Carrara sin vetas y el plafón florentino “Primavera”, que ilumina el baño principal, y representa un árbol de cristal de Murano iridiscente, en cuya copa anidan pájaros negros. Hay que levantar la cabeza para admirarlo. En el que era el baño de huéspedes está un espejo Italor, que estuvo de moda en los años sesenta “porque hacía verse más joven”, gracias a la tonalidad ámbar que proyectaba, ese color que tienen los recuerdos.

Mansion Borges - Centro Simon Diaz 24.11.2017

En fotos viejas se ven las montañas verdeadas que rodean este caserón sin lo que es hoy uno de los barrios más grandes de América Latina. Para el vecindario, la casa fue un misterio por un buen tiempo. En la barriada algunos creían que la casa, que estuvo casi en abandono por varios años, pertenecía al dictador Marcos Pérez Jiménez.

La familia Borges ocupó la casa hasta principios de la década del 2000. En 2006 la Alcaldía Metropolitana adquirió el inmueble y después de un largo proceso de remodelación se convirtió en el Centro Simón Díaz, que alberga un núcleo del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles, una biblioteca, presta las instalaciones para la realización de talleres de formación de la Fundación Caracas para la Vida y además es sede de la Gerencia de Ambiente de la alcaldía.

La vista y la arquitectura bien valen el viaje a este lugar, al que se le llega por la vía que conduce a la Universidad Santa María, en la carretera Petare-Santa Lucía. La Alcaldía Metropolitana ofrece visitas guiadas con transporte asegurado desde la estación de Metro La California.

El espacio aún espera por el desarrollo de todo su potencial. Está por abrirse una escuela de gastronomía en el lugar, aprovechando la amplia cocina que construyeron los Borges para su casa de 26 habitaciones. Hay planes de instalar un comedor y un cafetín, asegura Aída Cachafeiro, presidente de la Fundación Caracas para la Vida, que administra el lugar. También está pendiente un proyecto de integración urbana que permitirá a esos vecinos más próximos ingresar a la casa a través de un sistema de rampas que tejerán esa frontera zanjada entre la mansión y las casas humildes del barrio Julián Blanco.

Florantonia Singer
Fotos: Natalie Carrillo.

Dirección: calle La Florencia, carretera Petare-Santa Lucía, Centro Simón Díaz
Horario: lunes a viernes / 8:30 am a 4:00 pm
Contacto para visitas: caracasparalavida@alcaldiametropolitana.gob.ve

 

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Escuela de Enfermería de la UCV

Caracas Shots

Misteriosa, llamativa, vetusta y amplia. Así se muestra la Escuela de Enfermería de la Universidad Central de Venezuela en la urbanización Sebucán, cerca de la falda del cerro El Ávila. Una historia casi centenaria le antecede y funge como albergue para los casi 600 estudiantes, profesores y trabajadores que la ocupan en la actualidad.

La Escuela, separada de la Ciudad Universitaria, es un vínculo entre la novedad que representa la juventud y esas páginas del pasado que muestra su estructura erigida en 1928 y que desde el año 1992 funciona como sede de pregrado de Enfermería de la UCV, así como de algunos postgrados en la especialidad médica. Antes sirvió como residencia del noviciado del Sagrado Corazón de Los Dos Caminos mientras era propiedad de la Congregación de Hermanos de La Salle. Ahora, en manos de la UCV, es objeto de proyectos de preservación y mejora de sus instalaciones, que, por falta de presupuesto, aún no se han podido realizar.

Recorrer sus cinco edificios rodeados por innumerables matas de mango y abrazadora vegetación lleva a dar un paseo mental por viejas escenas que asumes transcurrieron en sus pasillos. Incluso, en su interior creerías ver sombras de una actividad hospitalaria que ocurriera durante la década de los 50 en una Caracas muy diferente a la actual. Dentro de sus muros, se imparten enseñanzas a jóvenes. Pero esta edificación pareciera que posee aún más historias de las que cuenta.

Un gran salón, que recuerda la época del dictador Marcos Pérez Jiménez, sirve como auditorio. Muchas aulas de diversos tamaños completan la oferta académica, así como varios laboratorios. Cada edificio cuenta con cuatro pisos y múltiples escaleras, que, a pesar de necesitar mantenimiento, no deja de encantar a quienes descubren este tesoro arquitectónico en una zona residencial caraqueña. Un edificio que rompe en espacio y tiempo con todo a su alrededor.

El recorrido por la Escuela de Enfermería de la UCV no estaría completo si se obvia la leyenda de supuestas apariciones que deambulan por el edificio. Jackson, uno de los jóvenes que cuida  la instalación, cuenta que muchos estudiantes, profesores y compañeros de trabajo aseveran haber visto el fantasma de una monja  pasearse por los pasillos. A él no le consta, pero la leyenda persiste y la comparten algunos jóvenes que allí estudian.

Jesús Castro
Foto: Alberto Rojas @chamorojas

Dirección: Calle Miguel Otero Silva, sexta transversal de la avenida principal de Sebucán.

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Cuadra de las novias

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En la urbanización El Silencio, hay una cuadra donde se materializa el sueño de aquellas mujeres que siempre han querido casarse de blanco. Por más de 60 años, un grupo de tiendas se ha especializado en la venta de velos, vestidos, guantes, liguero, base de bouquet, armador, arras, cojines y todo aquello ligado al mundo de las ceremonias nupciales. De allí que se ha ganado el nombre de la “Cuadra de las Novias”.

Las futuras esposas que necesitaban ahorrar algo de dinero y que no disponen de mucho tiempo para ir donde una modista, escoger un modelo de vestido y hacerse cientos de pruebas, acuden a las tiendas del centro de Caracas, a pocos pasos de la avenida Baralt, entre la plaza O’Leary y las Torres del Centro Simón Bolívar. Otras novias, en cambio, van para continuar con una tradición familiar, por ser el lugar donde sus madres o abuelas adquirieron el vestido del gran evento.

Las vitrinas exhiben modelos tradicionales. Pero puertas adentro pueden conseguir una variedad de vestidos, que van desde los más básicos hasta los más atrevidos, que llevan encajes, lentejuelas, bordados en relieve, satín de seda suave, chiffon. Quienes trabajan en las tiendas se encargan de confeccionar, bordar o entallar. Otras tantas, les toca consolar y hasta aconsejar a las futuras señoras.

Y es que la “Cuadra de Las Novias” ha sido testigo de amores, de prometidas que lloran de la emoción, de las que quieren probarse miles de vestidos, de las que se retratan con las prendas para conservar el momento o enviárselo a las amigas, de las que regresan acompañadas de la hija para continuar la racha. Pero también, de aquellas que lloran por la ruptura, por lo que no funcionó, por el desamor y que han retornado al lugar con el infortunio de devolver la prenda comprada.

“Yo me he vuelto consejera matrimonial”, relató Elisa de Arias, costurera del Palacio de Las Novias, en una entrevista publicada en El Universal. “Muchas veces nos toca ayudar a las novias e inspirarles tranquilidad de que todo va a salir bien ese día. De verdad, aquí se ve de todo. Tuvimos una que devolvió el vestido tres veces…¡Eso fue un desastre! Hasta que, por fin, se casó (risas)”.

La crisis económica del país ha impactado considerablemente en las ventas. Sin embargo, la “Cuadra de las Novias” sigue siendo, ahora más que antes, una opción para las futuras esposas que desean ahorrar dinero sin sacrificar estilo. Algunas de las tiendas han perdido clientela. Otras han bajado notablemente la producción, pero la mayoría se niega a renunciar a una tradición que es referencia en el centro de Caracas.

La tiendas de la “Cuadra de las Novias” ofrecen combos que incluyen 10 piezas –velo, vestido, guantes, tiara, baúl, liguero, base del bouquet, armador, arras y cojines- a un precio muy por de bajo del mercado de alta costura.

Hercilia Garnica
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Avenida Baralt. Urbanización El Silencio. Bloque 2.
Metro: El Silencio

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Gran Templo Masónico

Gran Templo Masónico

Desde la fachada, el Gran Templo Masónico de Caracas refleja majestuosidad. En su entrada un jardín custodiado por dos grandes árboles de palma limitan con una vistosa reja de hierro. Un foco indiscutible y distintivo son las cuatro emblemáticas columnas salomónicas, de estilo redondeado y de reluciente dorado que dan marco a la puerta principal y a los nueve ventanales de madera que dan el frente de esta edificación de dos pisos, donde se guarda la memoria e historia de la sede principal de los adeptos a la francmasonería en el país.

El 24 de junio cumplieron 193 años de su fundación como Gran Logia, en una casona mandada a construir por el presidente Antonio Guzmán Blanco, que fue uno de los tan reconocidos personajes de la historia venezolana que se unieron a la masonería. Quizá el más célebre fue El Libertador Simón Bolívar, pero también contó entre sus filas a Francisco de Miranda, considerado por la Logia como uno de los pioneros de la masonería en Venezuela.

En la puerta principal, se observa el Escudo de las Armas Heráldicas de la Masonería. Un símbolo en el que se representan tres castillos y un brazo, que porta en la mano una insignia de trabajo. Internamente el templo cuenta con espacios detalladamente decorados, tanto en paredes como en mobiliario, en los que destaca la cúpula principal que se eleva a 16 metros de altura.

Cada espacio tiene una identidad y un sentido que forma parte de la filosofía sobre la cual se sustenta la Logia, como por ejemplo dos estatuas de bronce que representan La Concordia y El Trabajo; o el Salón de Pasos Perdidos, con sus paredes pintadas al óleo en el que se representan los 33 escudos de la Orden iluminado por tres lámparas de estilo “araña”; y la división del entorno la marcan dos grandes cámaras situadas a cada lado del salón: a la derecha, la del Aprendiz y a la izquierda, la del Maestro, con iguales medidas y dimensiones.

Un ambiente místico rodea el Templo que generalmente no está abierto a todo público, aunque hay eventos específicos que son llamados “tenidas blancas”, en los cuales se permite la participación de personas y familiares cercanos a los integrantes de la Logia, como por ejemplo cuando en 2014 recibieron por primera vez como guardianes una réplica de la espada de Bolívar.

Aún así, la presencia de esa casona clásica enclavada en una discreta calle del centro de Caracas resulta un descubrimiento para muchos de los que pasan al frente y la consiguen por primera vez. Su identidad y estampa destacan en un entorno que fue dejando atrás las fachadas coloniales, pero que guarda el misticismo que envuelve al Templo y su historia.

Gabriela Rojas
Foto: Alberto Rojas

Dirección: Avenida Este 3, esquinas de Jesuitas a Maturín, casa número 5.

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Casa Natal de Simón Bolívar

Casa Natal Simón Bolívar

Una colecta pública fue necesaria para que el gobierno de Juan Vicente Gómez se decidiera a adquirir y restaurar la Casa Natal de Simón Bolívar. Ese es uno de los primeros datos que aporta el guía de la vivienda convertida en museo. “Los caraqueños recolectaron 325.260,11 bolívares”, asevera mientras camina por la Sala Mayor, primer punto del recorrido.

La Sala Mayor era el lugar para las fiestas, matrimonios y eventos sociales. Robinson, el guía, se para junto a uno de los grandes ventanales y señala el poyo para explicar los rituales del cortejo. A su izquierda hay un cuarto rodeado por una cinta roja. Es la única sala a la que no se puede entrar. Adentro, se divisa una cama alta –una réplica traída de España–: allí nació el Libertador de cinco naciones, el 24 de julio de 1783.

La edificación es de mediados del siglo XVII. En sus inicios perteneció a Don Pedro de Ponte y después de varias generaciones cayó en manos del matrimonio de Juan Vicente de Bolívar y Ponte y María de la Concepción Palacios y Blanco. El Estado debió recuperarla porque la familia vivió allí hasta la muerte de la madre de El Libertador en 1792, cuando fue vendida a la familia Madriz. Y, por último, a Antonio Guzmán Blanco, que la tenía como depósito.

En 1916 comenzó la restauración. La casa fue reabierta el 5 de julio de 1921, con piezas de los siglos XVII, XVIII y principios del siglo XIX. Lo único original de los tiempos de Bolívar es una lámpara titilante. Un detalle que no le resta valor a la casa. El pintor Tito Salas, por ejemplo, decoró la mayoría de las paredes. Pero no le bastó con eso. En la Sala Menor –usada en aquella época para atender visitas cortas– hay un cuadro que representa el bautizo de Bolívar. Allí se autorretrató Salas como uno de los invitados.

Hay tesoros que recuerdan a la familia. En el patio central está la pila donde bautizaron al niño Simón. En la capilla está el banco de la Catedral donde se sentaban los Bolívar a escuchar la misa, y también un retablo traído de la iglesia de San Francisco cuando le dieron el título de Libertador. Otra reliquia es el “Cofre de Monte Sacro”, que adentro tiene tierra de Italia para recordar el momento en que Bolívar juró comprometerse con la causa independentista hispanoamericana.

Emily Avendaño
Foto: Hugo Londoño

Dirección: entre las esquinas de Traposos y San Jacinto
Horario: de martes a viernes de 9:00 am a 4:30 pm, sábados de 10:00 am a 4:00 pm; y domingos de 10:00 am a 3:00 pm

Dato:
La apariencia de la Casa Natal responde a la intervención que estuvo lista en 1921. Entonces fue decorada con materiales opulentos como el mármol. El 25 de julio de 2002 la edificación fue declarada Monumento Histórico Nacional.

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Universidad Simón Bolívar

Universidad Simon Bolivar

En ocasiones es necesario perderse, sobre todo entre caminos que llevan a la ciencia, al arte y a la excelencia académica. En la Universidad Simón Bolívar en cada paso dado estarás frente a personajes como el Dalai Lama, Carlos Prada, Cruz Diez o Alejandro Otero, pero también cerca de estudiantes haciendo cálculos en el cafetín El Ampere, al frente del edificio Básico II.

El terreno de la USB es tan extenso como el medio siglo que este año cumplió la institución. Primero nació como Universidad de Caracas, pero ese nombre fue reivindicado como suyo a la Universidad Central de Venezuela, por lo que dos años después tomó el nombre Universidad Simón Bolívar.

El parque universitario Simón Bolívar fue diseñado al estilo del parque inglés por el arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer. En uno de esos jardines, el más cercano a la biblioteca, hay un cartel plantado que dice “Ad perpetum rei memoriam” y detrás, un ucaro negro, el árbol que sembró el Nobel de la Paz, Dalai Lama, hace 25 años en su vista a Venezuela. Entre esas hojas se asoma La Lucha del Hombre por la Cima, una escultura del artista venezolano Carlos Prada que donó en 1972.

Dos años antes, en esos mismos jardines, según relató el cronista y profesor de la USB, Luis Loreto, los primeros 508 bachilleres recibieron su clase inaugural dictada por el presidente de la República, Rafal Caldera y después el rector Mayz Vallenilla. Para entonces eran sembradíos de hortalizas, cultivos de rosas y salsifí.

Parte del arte del maestro Cruz Diez también está encerrado en el campo y la vegetación de la USB. Quizás una de las obras más llamativas que hay en la institución: Es El Laberinto Cromovegetal. Cruz Diez en su reflexión dijo se trata de un jardín en donde los colores (tono rojizos y verdes) son generados por las plantas y flores que mutan con el tiempo. Para llegar al centro de la obra, donde se ubican los cipreses, se debe atravesar un laberinto. Cuando iba a ser inaugurada el 7 de julio de 1995, con presencia del presidente Caldera, el día anterior se dieron cuenta de que no habían construido las escaleras para poder bajar. Pasaron la noche haciéndolas.

Detrás del laberinto, se encuentra la Biblioteca de la USB. Contiene una colección de 142.000 títulos en 300.000 volúmenes. Pese a que es una construcción es de los años 80, la puerta principal es un portón del siglo XVII que perteneció a un cuartel militar de la provincia de Burgos, España. Es un lugar para descansar con buen libro en las piernas. También se puede reposar a la orilla de la laguna, donde está ubicado El Espejo Solar de Alejandro Otero, artista venezolano.

La fuente hidráulica es otro de los tropiezos que hay que dar en la USB. Es una estructura metálica que a través de unas paletas al llenarse de agua, tiene un efecto de cascada. Gabriel Martín Landrove, tras un concurso promovido por la universidad, diseñó una escultura cinética con movimiento logrado mediante elementos acuáticos. Por lo que ganó el primer lugar en 1975. Su fuente de inspiración fue una gota de rocío que cae de una hoja.

A escasos metros se encuentra la Casa Rectoral. Tuvo varios dueños hasta que fue donada al patrimonio de la universidad por Antonio Santaella Hurtado. Su estructura es colonial, una casa de hacienda. Allí dentro hay una escultura de un búho en que tradicionalmente los estudiantes le tocan la nariz para poder graduarse y los pies después de hacerlo. Dada la excelencia académica de quienes egresan como ingenieros en mecánica, química, electrónica, entre otras, la USB es reconocida como unas de las mejores academias de América Latina y la segunda del país, según el QS World University Rankings.

Carmen Victoria Inojosa
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Sartenejas, Baruta, Edo. Miranda. También tiene una sede en el Valle de Camurí Grande, en el estado Vargas.

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Hacienda La Vega

Hacienda La Vega

Un arco del color de la guayaba da paso a un camino polvoriento bordeado por decenas de chaguaramos frondosos. En el camino, hay portones que rezan estas frases: “Siembra y cosecharás”, “Sin abono no hay cosecha”, “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Consejos para quien se sumerge en el demoledor oficio de labrar la tierra. En este terreno hay muchos verdes, un viejo trapiche, aves sobrevolando el cielo. Y una casona grande, de techos altos y corredores amplios, que alguna vez fue el epicentro de la moda, la finura, el arte.

Todo en medio de los edificios de la parroquia El Paraíso. Del ruido –y el humo– de los carros y las motos. La banda de sonora de una ciudad desenfrenada. Así sobrevive La Hacienda La Vega, que para 1590 era una extensa sabana de mil 500 hectáreas, donde se cosechaba caña de azúcar. Mucha caña de azúcar.

“La casa que comenzó a ser un barrancón para esclavos (…) pasó durante casi tres siglos por diversas sucesiones hasta llegar a los Tovar”, escribió el periodista Igor Molina en una investigación sobre el lugar. Cuenta que esos dueños recibieron allí a Bolívar en 1827. Y que El Libertador, ya exiliado a Colombia, le envió una carta al dueño, Martín Tovar, en la que con nostalgia exclamaba: “Martín, sólo dos cosas no han cambiado en Venezuela: La Vega y tú”.

Luego, el inmueble –que según investigadores es una de las casas más antigua de Suramérica– siguió pasando de mano en mano. Durante la segunda década del siglo XX, se planteó construir el Country Club, pero los propietarios de entonces, los Herrera Uslar-Gleichen, se opusieron.

Reinaldo Herrera y María Teresa Guevara –conocida como Mimí Herrera– heredaron la vivienda y se convirtió en un Olimpo de la moda y el arte: por allí pasaron Salvador Dalí, la princesa Margarita, el Príncipe Carlos. Christian Dior realizó un desfile de modas y la afamada Carolina Herrera –que se casó con un hijo de Reinaldo y Mimí– vivió bajo ese techo.

“Después de la muerte de Mimí, en 1992, los techos se cayeron, el monte creció en los fabulosos jardines, el olvido venció a la constancia y los herederos se desperdigaron por el mundo”, refiere Molina. Pero luego de muchos años en el abandono, fue reestructurada. Ahora la casona vuelve a mostrar una cara amable. En la actualidad, la hacienda –asociada con la fundación Cine Jardín– abre sus puertas para dos proyecciones de películas al mes al aire libre. También tiene otro uso: frecuentemente es escenario de fiestas, eventos y exposiciones.

Erick Lezama
Foto: Alberto Rojas
Más imágenes en el blog Caracas Shots.

Dirección: Hacienda La Vega Avenida O’Higgings, El Paraíso.

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Basílica de San Pedro

Iglesia San Pedro

Hay una parte del Vaticano en Caracas. Justo en la Urbanización Los Chaguaramos. Se trata de la Basílica de San Pedro, inaugurada en 1959, una copia en pequeñas dimensiones de su homónima que se erige en la Santa Sede y que, de hecho, fue construida con base en planos elaborados por el arquitecto, Marco Redini.

La primera misa en la parroquia eclesiástica de San Pedro se realizó el 30 de marzo de 1952, un Domingo de Resurrección, en una especie de capilla ambulante que se improvisó en el garaje de un colegio. La piedra fundacional la bendijo el Arzobispo de Caracas durante el pontificado del Papa Pio XII, el 29 de junio de 1953. Y seis años después, se inauguró la sede definitiva.

Cuando se concibió se pensó en una obra monumental, cuya cúpula debía ser divisada desde cualquier punto de la ciudad. No alcanzó a ser así, pero al menos es uno de los templos más visitados de Caracas y uno de los de mayor tradición.

La estructura de la Basílica es de concreto armado, posee muros de ladrillo y revestimiento de mármol. En la fachada hay tres esculturas del artista Ronaldo que representan a las imágenes católicas de Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen María y San Pedro. Los altares del templo datan de 1701 y provienen del Convento de la Visitación de Santa María de las Salesas, de San Remo, en Italia.

En el interior hay diversas obras artísticas de valor patrimonial: el Vía Crucis, del artista brasilero Carlos Oswald; los mosaicos de los escudos de los estados de Venezuela y la imagen de San Pío X, elaboradas por el escultor húngaro G. Haynald; los vitrales del maestro Enrique Coppejans; y un Cristo de bronce creado por Mario Campanella.

Hercilia Garnica
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Avenida Universitaria, Los Chaguaramos. Parroquia San Pedro

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Biblioteca Simón Rodríguez

Biblioteca Simón Rodríguez

Un frondoso árbol resguarda su fachada y hace que el edificio pase inadvertido o se confunda como uno más del Casco Histórico. Pero no es así. Lo que está justo en la esquina El Conde es la Biblioteca Pública Central Simón Rodríguez, un lugar cargado de arte y de mucha luz natural. Un espacio majestuoso construido hace 79 años.

El pasillo de entrada tiene a ambos lados unos murales en relieve, tallados en piedra artificial: La lección del padre Bartolomé de las Casas, del artista Lorenzo González, y otro que representa el trabajo de los indígenas, del escultor Giurliani.

Al llegar al patio central se encontrará con su mayor encanto: el gran vitral de la pared de las escaleras, que abarca los cuatro pisos del edificio, y otro en el techo, que cubre el hall e imprime luminosidad a todos los pisos. Ambos obra de Eduardo Borges Salas.

Este edificio, probablemente, fue el primero en Caracas con ascensor y sistema de aire acondicionado central, detallan los archivos sobre su construcción disponibles en la biblioteca.

Todo allí merece contemplarlo, porque no hay rincón que carezca de detalles. Los vitrales son de tonos ocres, beige, marrón y blanco, y esos mismos colores están presentes en el mármol y en el granito de las columnas, de los rodapiés, de los apoyabrazos de las barandas, así como del piso de mosaicos, que además combina los colores tierra con el gris y el negro. A estos se suman los bustos de José María Vargas, Simón Rodríguez, Juan Manuel Cajigal y Andrés Bello, ubicados en el vestíbulo, realizados en mármol gris por Lorenzo González.

El ingeniero Guillermo Salas fue el encargado del proyecto y de su construcción, efectuada entre 1936 y 1938. Se convirtió en el primer edificio gubernamental ejecutado por el Ministerio de Obras Públicas para servir como sede administrativa de una dependencia del Ejecutivo nacional. Hasta entonces solo se había construido, a finales de 1800, el Ministerio de Hacienda.

El edificio, de fachada Art Déco y revestido de mármol blanco, fue concebido para albergar al Ministerio de Salubridad y de Agricultura y Cría. Hecho que no ocurrió, pues se destinó por completo al Ministerio de Educación. A finales de los 70, comienza a ser la sede de la Biblioteca.

Tiene cuatro pisos. Las salas de Humanidades, Artes, Ciencias Sociales, Literatura o Fonoteca están distribuidas en cada uno de los niveles. Los espacios son amplios y cuentan con largos ventanales que permiten la entrada de luz natural. En el tercer piso, la experiencia es única por lo cerca que se está del techo de vitral, de su luminosidad y de la posibilidad de ver desde arriba, los acabados del edificio, el cual fue declarado Monumento Histórico Nacional el 10 de enero de 1980.

Patricia Marcano
Foto: Alberto Rojas @chamorojas

Dirrección: Avenida Norte 4, entre esquinas El Conde y Carmelitas. Parroquia Catedral
Horario: Martes a viernes: 9 a.m. a 5 p.m. Sábado: 9 a.m. a 3:45 p.m.

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Pasaje Zingg

Pasaje Zingg

En la década de los 50, la sociedad caraqueña conoció por primera vez las escaleras mecánicas. El edificio Zingg diseñado en 1940 por Oskar Herz fue construido como una estructura sólida y resistente a los terremotos. Pero trece años después, el arquitecto Arthur Khan hizo de esa estructura un espacio de paseo al crear el pasaje que forma la planta base construida en 1953, lo que le dio a Caracas un rostro de modernidad como cualquier ciudad cosmopolita de Europa.

En la inauguración, las personas se agolpaban frente a las modernas escaleras hechas de madera que funcionaban con un sistema de motores mecánicos que los hacían descender y ascender sin siquiera mover una rodilla.

El edificio y el pasaje deben su nombre a su propietario Gustavo Zingg, un importador y comerciante alemán que llegó a Venezuela en 1890.

Los mejores comercios y boutiques de la época se disputaban un espacio en las cuarenta tiendas disponibles del sofisticado edificio, que de cierta forma se convertía en uno de los primeros centros comerciales de la capital. Esa galería abierta propia del estilo parisino que conecta la avenida Universidad entre la esquina de Sociedad y Traposos, le dio una identidad al edificio que aún mantiene.

Hasta los años 90, la vida del Pasaje Zingg competía con el vertiginoso cambio de su entorno. Hoy sus famosas escaleras mecánicas de madera que inauguraron una época urbana solo acumulan polvo, porque dejaron de funcionar hace unos cinco años. Tampoco está la barbería con su clásico cilindro azul y rojo ni el estudio de dibujo donde trabajó el caricaturista Sancho. Ahora hay una escuela de pintura. Y el discreto kiosco que hoy tiene en su fachada los anuncios de los principales diarios impresos del país, añora la época en la que se preciaba de vender las revistas importadas que llegaban primero a la capital.

Afuera, los buhoneros rodean la entrada ofreciendo baratijas colgadas en anime. Adentro, las tiendas que aún se mantienen lidian con el paso del tiempo y resguardan con celo el olor añejo para no dejar escapar el recuerdo de los tiempos más prósperos. Porque aunque unos cuantos visitantes cruzan ante sus vitrinas, lo hacen más para acortar el camino que para pasearse como clientes.

Sólo las grandes letras de ‘galería’ que lo identifican han resistido el cambio de siglo. De esa esencia de lugar de paseo con el que surgió el Pasaje Zingg queda poco, porque se diluyó entre el incesante bullicio de la zona que lo rodea y la modificación de casi todas las fachadas que se convirtieron en rejas y santamarías grises que resguardan los negocios en un punto de la ciudad que se hizo vulnerable.

Gabriela Rojas
Foto: Hugo Londoño

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