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Historia

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Radio City

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Su esplendor lo alejó de la simple denominación de una sala de proyección y lo colocó en la categoría patrimonial de “palacio del cine”. Para la década de los años cincuenta, el Cine Radio City se presentó como el emblema de la modernidad caraqueña y como el símbolo de la ciudad cosmopolita, por utilizar los criterios más avanzados de la época y los estilos arquitectónicos más vanguardistas. De allí su inspiración en su homónimo neoyorquino, que se erige en el Rockefeller Center de Manhattan desde 1932.

Este palacio cinematográfico abrió sus puertas al público el 15 de abril de 1953, con la proyección de la película Mesalina de la primera actriz María Félix. “La mujer más perversa en toda la historia del mundo en una película extraordinaria para un teatro excepcional”, rezaba el anuncio de aquel entonces, según comentó Guillermo Barrios, autor del libro Inventario del Olvido.

El diseño del Cine Radio City fue el reflejo de los tiempos de posguerra. De acuerdo con el arquitecto Nicolás Sidorkovs, la introducción de líneas curvas y acabados más suaves concordaban con esa respuesta anímica de deshacerse de los elementos agresivos y rígidos. “Aunque el Radio City conservaba algunos elementos rígidos en su interior, el lobby, los escalones y la forma -tanto en el plano como en el espacio- eran circulares. Asimismo, el cine se acopló a ese ambiente fantasioso de la época: tanto sus taquillas con forma de cuerno, como aquellas sirenas que se elevaban alrededor del arco de la pantalla eran elementos que carecían de agresividad”, afirmó Sidorkovs, autor del libro Los Cines de Caracas en el Tiempo de los Cines.

El Radio City fue la primera sala del sistema metropolitano que introdujo la innovación del cinemascope. “Radio City se prestó, junto al Junín, a la introducción del sistema de la 20th Century Fox que, a partir de lentes anamórficos, propone experiencias de proyección sin precedentes sobre inmensas pantallas cóncavas y sonido estereofónico”. reseñó Barrios en un trabajo publicado en la revista En Caracas.

El general Marcos Pérez Jiménez era un asiduo visitante y disponía de un palco presidencial en la parte posterior de la sala, para disfrutar de la innovación de aquella pantalla que cubría en todo lo ancho y largo el frente del escenario, con terminaciones curvas para no deformar la imagen. “A pesar de que el Radio City seguía la misma tendencia del resto de los cines del Este de tener sólo localidad de patio, se diseñó un pequeño espacio para que el presidente disfrutara del cinemascope. A ese palco se le construyó un pasadizo oculto para que el público no lo viera entrar ni salir de la sala”, recordó Sidorkovs.

Antonio García, quien frecuentó el cine en sus años de juventud, recuerda: “El Radio City era una especie de oasis, pues luego de recorrer el bulevar de Sabana Grande era un lugar propicio para el descansar, mediante el disfrute de una buena película. Además era un sitio muy familiar y el punto de encuentro de muchas personalidades por su cercanía con el Gran Café

Mirelis Morales Tovar

 

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Historia

Carnavales en Caracas

Con la llegada del Obispo Diez Madroñero a Caracas, en el siglo XVIII, los Carnavales se convirtieron en tres días de rezos, rosarios y procesiones, por considerar que eran fiestas pecaminosas.

Al arribar el Intendente José Abalos, volvió nuevamente el Carnaval a Caracas, aunque de forma más refinada. Se celebraba con comparsas, carrozas, arroz y confites, dejándole a los esclavos y a la plebe los juegos con agua y sustancias nocivas.

El juego del Carnaval con agua, harina y otras sustancias nocivas era de una violencia considerable. Así como los bailes callejeros -entre los que resaltaban el fandango, la zapa y la mochilera- que permitían entre hombres y mujeres contactos físicos inaceptables para la moral entonces.

Durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, se realizaron elegantes celebraciones. Este presidente se propuso acabar con la constante agresión con agua y darle paso a un Carnaval con numerosas comparsas y disfraces, así como confettis y perfumes.

La tradición de la guerra de agua durante los Carnavales tenía muchos detractores. Ya en 1866 se quejaban. En una suerte de Correo del Pueblo para dar tribuna a la ciudadanía, El Federalista transcribía en su número 747 —con el título Carnestolendas— las palabras de un muy molesto Benigno Goya, a propósito de la inminente llegada del Carnaval:

“Se acercan esos olvidados días en que toda persona que se estime tiene que privarse de salir a la calle, en atención a que, según parece, nuestros abuelos acordaron que en el año debían tratarse las personas con consideración durante trescientos sesenta y dos días, y los restantes faltarse el respeto, lo cual no es muy apetecible; según el decir de muchos, las palabras ‘carnes tollendas’ (carnes quitadas) quieren decir abuso; esto es, echarle agua a toda persona que se encuentre fuera de su casa; porque, según ellos, ‘son días de eso’; mas como se ve, las mencionadas palabras latinas no autorizan a tanto; y desearíamos que el ciudadano Prefecto aboliese, o por lo menos restringiese en la capital ese abuso que impropiamente se llama juego, y que, bien mirado, no es otra cosa que una fuente de desórdenes y delitos”.

 

Llegó a decirse que por aquella práctica del viejo Carnaval “Caracas tenía que cerrar sus puertas y ventanas, la autoridad las fuentes públicas y la familia que esconderse para evitar ser víctima de la turba invasora”. Cosa muy distinta se decía de las fiestas que vinieron a partir de 1878 durante el mandato de Antonio Guzmán Blanco, que se catalogó como la era de las fastuosas fiestas del rey Momo, con esos aires cosmopolitas y parisinos legados por “El Ilustre Americano”.

Así llegó al siglo XX la tradición del Carnaval con carrozas, disfraces, bailes populares y en salones refinados. A mediados de los años cincuenta y hasta finales de los sesenta, apareció un nuevo elemento: las famosas «negritas», quienes escondían la identidad en el disfraz para disfrutar sin complejos de la festividad.

En tiempos de Juan Vicente Gómez, los carnavales eran un alarde de solemnidad y todos salían a la calle a ver los desfiles, cual si se tratara de una procesión.

Mientras que en la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, las fiestas eran de gran tronío en calles, templetes, clubes y hoteles. Miles de mujeres disfrazadas de negritas acudían al grito de llamada que decía “en el Ávila es la cosa”. Por lo menos, 40 orquestas extranjeras visitaban la ciudad. No había desorden y todos los días se protagonizaban desfiles por las calles. La gente se apostaba en las aceras y gritaban “aquí es, Aquí es” esperando recibir caramelos de los carros y carrozas.

Entre los años 60 y 80, las fiestas de Carnaval se fueron enfriando en Caracas y quedaron sólo para los niños, Sin embargo en la mayoría de los pueblos esta fiesta ha conservado su tradición.

María F .Sigillo – Caracas en Retrospectiva
http://mariafsigillo.blogspot.com

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ArquitecturaHistoria

El Helicoide

Maqueta de El Helicoide

Muchas personas conocen a El Helicoide como la estructura deprimente que se ha convertido hoy en día, pero pocos conocen su verdadero propósito para el cual fue diseñado a inicios de los años cincuenta.

En el año 1955, un inversionista llega a la oficina de los arquitectos Jorge Romero, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst para urbanizar una de parcela de 101.000m² ubicada en la Roca Tarpeya de Caracas. Su intención era crear un nuevo urbanismo para vender parcelas en la empinada colina, pero al grupo de arquitectos se le ocurrió una idea mejor, y así fue como nació El Helicoide, una súper estructura que se adaptaría perfectamente a la empinada topografía del terreno.

El proyecto contemplaba un enorme centro comercial con 320 locales diseñados a lo largo de una estructura helicoidal que bordeaba el cerro, con una vialidad de suave pendiente de apenas 2,5% de inclinación, unos 1.000 puestos de estacionamiento que irían a la par de los locales. Básicamente sería un complejo para recorrerlo en automóvil, la idea era estacionarse frente al local de tu gusto sin tener que recorrer mucho a pie. Adicionalmente contaría con bowling, salón de eventos, restaurantes, guarderías, 7 salas de cine con 180 butacas cada una, un hotel, una sala de exposiciones entre otras cosas.

El enorme complejo también tendría su propia emisora de radio, llamada “Radio Helicoide” para promocionar y dar a conocer los eventos y actividades que se realizarían dentro del recinto. Al igual que un canal de televisión.

El Helicoide, cronología de un proyecto. 

  • En enero de 1955 se inician las labores de boceto y diseño de El Helicoide por parte de los arquitectos Jorge Romero, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst.
  • El 23 de noviembre de 1955 se realiza una exposición en el Centro Profesional del Este, donde se presenta por primera vez al público el proyecto de El Helicoide. A esta exposición asiste el general Marcos Pérez Jiménez y el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, quienes quedan fascinados con el edificio.
  • En el año 1956 inician los movimientos de tierra en el sector Roca Tarpeya en Caracas.
  • Para 1957 la obra tenía un avance importante. Estaban culminados gran parte de los movimientos de tierra y parte de la estructura.
  • En el año 1958 se paraliza la obra parcialmente, debido a la caída del gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, la cual se reanuda durante la llegada de la junta de gobierno.
  • Para 1959 varios inversionistas mostraban preocupación por la estabilidad del país, lo que causa la paralización de El Helicoide por breves lapsos de tiempos.
  • En 1961 el proyecto es presentado en la exposición “Roads” realizada en el Museo de Arte Moderno de New York.
  • En el año 1962 se paraliza definitivamente la obra, quedando El Helicoide inconcluso. También se declaró en quiebra la empresa “Arquitectura & Urbanismo C.A.” encargada del diseño.

El Helicoide y sus admiradores

Desde su que salió a la luz pública la primera maqueta de El Helicoide, en Caracas, este faraónico proyecto no dejó de tener admiradores. Y la lista fue larga.

El 3 de febrero de 1955, el mundialmente famoso urbanista francés Maurice Rotival observa el proyecto quedando encantado con aquel edificio que de manera helicoidal se montaba sobre la Roca Tarpeya.

Unos meses después en la exposición que lo presentaría al público, el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer tiene la oportunidad de visualizar la maqueta del proyecto mostrando su admiración por la obra y quedando encantado con el concreto martillado. En esa misma reunión, el presidente Marcos Pérez Jiménez también quedó estupefacto por lo audaz de aquel edificio.

“Es ésta una de las creaciones más exquisitas brotadas de la mente de un arquitecto”, comentó el poeta chileno Pablo Neruda, cuando visitó El Helicoide en el año 1959.

El artista de renombre internacional Salvador Dalí también conoció el proyecto e imaginó posibles obras de su autoría en los diferentes espacios del edificio. Lamentablemente ninguna de éstas se llegaron a concluir.

El paisajista brasileño Roberto Burle Marx fue el encargado del paisajismo que estaría en las diferentes terrazas del edificio, de las cuales tampoco se pudo concretar ninguna.

No menos sorprendente fueron las intenciones de Nelson Rockefeller por comprar el proyecto, acción que no se llegó a concretar por el entramado legal en que se convirtió El Helicoide al quebrar la empresa constructora y la obra caer en manos del Estado, quien nunca tuvo tiempo para concluir o vender el proyecto.

Proyecto innovador

El Helicoide fue pionero en muchas tecnologías en el área de la construcción, entre ellas, el uso de ascensores inclinados los cuales tenían un recorrido de 440m de largo con una pendiente de 30° grados que llevaría a los visitantes desde el acceso peatonal ubicado en la urbanización Las Acacias hasta los diferentes niveles comerciales de El Helicoide, rematando en la cima del complejo.

Los ascensores tendrían una velocidad de 2m/seg y una capacidad de 96 personas, dichas máquinas fueron construidas por la empresa Wertheim, en Viena, Austria, los cuales llegaron al Puerto de La Guaira pero más nunca se supo nada de ellos pues nunca fueron instalados.

Hasta el día de hoy no se sabe cuál fue el destino de estos ascensores, los cuales hubieran sido pioneros en Venezuela y el continente.

En cifras

• 101.000m² es el área de la parcela sobre la cual se construyó El Helicoide.
• 100.000m² es el área de construcción de El Helicoide.
• 12.000 planos contenían todo el proyecto.
• 10.000.000$ era el costo inicial del proyecto, el cual llegó a triplicarse a causa de los movimientos de tierra requeridos.
• 320 locales tendría el centro comercial.
• Los locales más grandes tenían un costo de Bs. 2.000 por m², mientras que los más pequeños se vendían a un precio de Bs. 1.700
• 1.000 puestos de estacionamiento tendría el complejo.
• 30.000m² de áreas verdes comprendía la primera etapa de El Helicoide, todos diseñados por Roberto Burle Marx.
• 1.500 obreros trabajaron durante 3 turnos las 24 horas del día para su construcción.


Arq. Ricardo Castillo G.
Director de Arquitectura Venezuela.
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