close

Historia

Historia

Teleférico de la Guaira

TelefericoGuaira

Un portón amarrado con unas guayas rojizas muy antiguas da entrada a un viaje en el tiempo: cabinas, torres y estructuras marcadas por las inclemencias del sol, la lluvia y el óxido, son los vestigios de lo que fue el viejo sistema teleférico de Caracas- Litoral, que quedó incrustado en medio del Parque Nacional El Ávila.

El teleférico del Litoral (Ávila – El Iron – Loma de Caballo – El Cojo) se inauguró el 29 de diciembre de 1956 por el General Marcos Pérez Jiménez. El tramo Ávila – El Cojo tiene una longitud total de 7,6 km, posee torres de soporte que varían su tamaño desde 9 hasta 50 metros de altura y el recorrido desde La Guaira hasta El Ávila era de aproximadamente 30 minutos.

Antes de construir el sistema tuvieron que realizar un teleférico de carga, acondicionar la vía de Galipán y hacer un camino que condujera al Humboldt. En ese entonces, los sacos de arena, cemento y las estructuras de metal eran trasladados en burro. Cuando finalmente comenzaron a usar carros para llevar los materiales, estos estaban tan pesados que las dos ruedas de adelante se levantaban y no tocaban el suelo. Cuentan que había dos personas, cuyo trabajo era acostarse en el capo para hacer el contrapeso.

Algunas cabinas, con capacidad para 24 personas, aún conservan los asientos. Llenas de hojas y tierra, dan la impresión que la naturaleza se hubiese apropiado de ellas. Las abejas también han creado su respectivo hogar en uno de los carriles. Dicen que todo aquel que se subía al funicular debía beberse un rico batido de fresas o de mora que se le obsequiaba a modo de bienvenida, con el lema “Si no te lo tomas, no subes”.

Si bien este proyecto tuvo una visión turística no debemos obviar su objetivo militar. Marcos Pérez Jiménez decía que en cualquier momento podíamos tener una invasión. Así que si fallaba la autopista Caracas-La Guaira para la evacuación de la ciudad, estaría el teleférico.

El 7 de agosto de 1977 el sistema sufrió un accidente. Resulta que las dos guayas pujantes se rompieron en el último tramo (Loma de Caballo – El Cojo). Hubo que desalojar inmediatamente las cabinas y todo el sistema. El cartel “Cerrado al público” puso fin a su funcionamiento. Desde entonces, el sistema teleférico del Litoral no volvió a prestar sus servicios. Sin embargo, hay recursos aprobados para su recuperación, así como una maqueta que podemos ver en la estación de Maripérez.

¿Cómo llegar? La Fundacion Historia Ecoturismo y Ambiente (Fundhea) organizan el recorrido y te cuentan la historia que giran en torno a este viejo sistema teleférico.

Minerva Vitti
Foto: Hugo Londoño

read more
Historia

Botica Velázquez

Botica Velásquez

Los oscuros mostradores de madera de cedro construidos en el siglo XIX preservan el olor característico de las fórmulas medicinales. Sulfato de cobre, flor de azufre, hojas de sen, raíz de valeriana. Los envases de cerámica blanca etiquetados con los compuestos químicos para las recetas han visto pasar a incontables clientes que siguen observando esos estantes un siglo y medio después.

La Botica de Velásquez, el local comercial más antiguo de Caracas, resiste 140 años más tarde, silenciosa en la misma esquina que lleva su nombre en la avenida Lecuna. A esos mostradores llegaron alguna vez los médicos José Gregorio Hernández y Domingo Luciani para formular recetas a sus pacientes. La Botica tiene en su haber la fórmula propia del jarabe Lamedor, remedio para la tos que extendió su fama y que hoy sigue siendo parte de las consultas diarias de quienes llegan buscando medicina para las dolencias.

Los cronistas de Caracas registran que el primer dueño del local fue el doctor y boticario Carlos Punceles, su fundador en 1877, pero el nombre de Velásquez se lo debe al profesor de Latín y Retórica, Domingo Velásquez, quien compró el local y se mudó al edificio donde aún está la célebre farmacia que se convirtió en punto de encuentro de estudiantes, visitantes, amigos y personalidades cercanas al profesor.

Un “barbero cirujano”, un ganador de lotería, un profesor de latín y un médico boticario se cuentan dentro de sus sucesivos dueños.La mayoría de los clientes entra, pregunta y sale. Pero un grupo habitual aparece cada tanto, sin los apuros que permite la tercera edad para saludar y conversar un rato con los dependientes que aún mantienen el hábito de atender a las personas uniformados de bata blanca y con el nombre bordado al frente.

Afuera un mural pintado reproduce la primera imagen registrada de la Botica con un ambiente rural de fondo totalmente ajeno al entorno que hoy la rodea. Pero a pesar del tiempo, el tráfico y el bullicio, con solo dar un paso dentro del pequeño recibidor, la memoria viaja a tiempos nunca vividos que hacen imaginar una Caracas con vías cruzadas por carretas y fórmulas de alquimia para curar.

Gabriela Rojas
Foto: Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional / Caracas en Retrospectiva

Dirección: esquina de Velásquez con avenida Lecuna.
Horarios: Lunes a sábado de 8:00 am a 5:00 pm

read more
ArquitecturaHistoria

Casa Amarilla

Casa Amarilla

La historia cuenta que, luego de que una muchedumbre dijera al unísono “¡no!”, el Capitán General Vicente Emparan, desde un balcón, respondió a gritos: ¡Si el pueblo no quiere que los gobierne, entonces yo tampoco quiero mando!”. La escena del 19 de abril de 1810, considerada un punto de partida para el proceso de independencia, ocurrió frente a la Plaza Bolívar de Caracas, en esa casona que ahora es la sede de la Cancillería venezolana.

Por el color de su fallada, se conoce como la Casa Amarilla. Tiene dos plantas y un gran patio interno que conduce a todos sus salones protocolares. La edificación, que data de finales del siglo XVIII, albergó la Penitenciaría Real y todavía se puede ver en su sótano las barras de hierro, los grillos y las cadenas en los calabozos de aquella época. Después pasó a ser la sede del Consejo Eclesiástico de la ciudad, y más tarde el Palacio de Gobierno.

En 1874, Antonio Guzmán Blanco, en su afán de modificar estructuras de la ciudad, le ordenó al arquitecto Juan Hurtado Manrique reestructurarla y convertirla en la Mansión Presidencial. Además de él, la ocuparon Francisco Linares Alcántara, quien ordenó pintarla de amarillo por ser el color del partido Liberal; y Cipriano Castro. Dicen que éste último se lanzó aterrado desde unos de sus balcones durante el terremoto de 1900. Por decreto de Juan Vicente Gómez, en 1912, se convirtió en la Cancillería de la Nación.

Esos hechos históricos convirtieron el inmueble en Monumento Histórico Nacional, de acuerdo con la Gaceta Oficial 31.678 según del 16 de febrero de 1979. Cuando no hay actos protocolares, el público general puede entrar y visitar la Biblioteca de documentación y el archivo.

Erick Lezama
Foto: Fernando Gálvis @owendfer

Estación del metro: Capitolio.
Horario: Lunes a viernes de 09:00 am a 12:30 pm y de 02:00pm a 05:00pm.
Dirección: Esquina de Principal, lado Oeste de la Plaza Bolívar, 1010 Caracas

read more
Historia

Semana Santa

SemanaSanta

Era Miércoles Santo en Caracas. Año 1902. Los caraqueños se volcaron a la Basílica de Santa Teresa para rezarle al Nazareno de San Pablo. Aún estaban frescos los recuerdos del terremoto que sacudió la ciudad el 29 de octubre de 1900 a las 4:42 a.m. el cual dejó 21 muertos y más de 50 heridos.  Cuenta José García de La Concha en su libro Reminiscencias Vida y costumbres de la vieja Caracas que cuando se celebraba la misa mayor a las 9 de la mañana se escuchó un grito: ¡misericordia, temblor! La reacción la produjo un cuadro que cayó de la pared y generó una confusión entre los feligreses exaltados por el recuerdo del terremoto. El pánico se expandió y los fieles salieron despavoridos, generando un tumulto que dejó heridos y dicen que hasta muertos.

“En la iglesia sólo quedo el altozano alfombrado de paraguas y sombrillas, faldas y zapatos, carrieles y andaluzas e infinidad de cosas. Muchos años más tarde encontraba a una señora con la oreja partida y nos decía: Mijito, eso fue cuando el zaperoco de Santa Teresa” . José García de La Concha en su libro Reminiscencias Vida y costumbres de la vieja Caracas,

Cincuenta años después. Un 9 de abril de 1952, para ser más exactos. Miércoles santo en Caracas. . La Basílica de Santa Teresa fue de nuevo escenario de un acontecimiento. Monseñor Hortensio Carrillo oficiaba la misa. El recinto estaba abarrotado de fieles, cuando de pronto se escuchó a alguien gritar: ¡fuego! El miedo se apoderó de los fieles, quienes corrieron en masa buscando la salida. Pero algunas puertas estaban cerradas y el pánico se adueñó de la situación. 49 personas resultaron muertas, entre ellas 24 menores de edad.

En esos días, los santos más venerados eran: El Domingo de Ramos, el Jesús del Huerto, de la Capilla de la Trinidad; el lunes, el Jesús en la Columna, de La Candelaria. Para el martes, La Humildad y la Paciencia, de Catedral; el miércoles, los Nazarenos de Santa Rosalía y el de San Pablo; el Jueves el Cristo de Burgos, en la Altagracia, y para el viernes, la gran solemnidad de la Dolorosa y el Santo Sepulcro de San Francisco.

Los jueves y viernes santos no circulaban los tranvías ni los coches de alquiler. Mientras que los negocios cerraban desde el jueves al mediodía hasta el sábado después del Aleluya. Los caraqueños, entretanto, se reservaban sus mejores trajes para lucirlos en Semana Santa. Tanto que sastres y modistas estaban atareados por aquellos días.

La gran  solemnidad era el jueves santo, en La Catedral. De la Casa Amarilla a la puerta principal de la Catedral, estaba tendido en dos filas un batallón en uniforme de gala. Himno Nacional, ¡Presenten armas!, y hacía su entrada el Presidente de la República, quien recibiría las llaves del Sagrario del señor Arzobispo.
Para la procesión, el Presidente tomaba el pendón y los ministros el palio. Y era de oír emocionado  en medio de tanta solemnidad la célebre marcha fúnebre de Pedro Elías Gutiérrez “Viernes Santo”. En la tarde escuchábamos las siete palabras, los mejores oradores sagrados se dejaban oír y la sacra música con las mejores voces de Caracas alternaban  y llegaban al espíritu de los fieles.

Caracas en Retrospectiva

read more
Historia

Radio City

RadioCity46

Su esplendor lo alejó de la simple denominación de una sala de proyección y lo colocó en la categoría patrimonial de “palacio del cine”. Para la década de los años cincuenta, el Cine Radio City se presentó como el emblema de la modernidad caraqueña y como el símbolo de la ciudad cosmopolita, por utilizar los criterios más avanzados de la época y los estilos arquitectónicos más vanguardistas. De allí su inspiración en su homónimo neoyorquino, que se erige en el Rockefeller Center de Manhattan desde 1932.

Este palacio cinematográfico abrió sus puertas al público el 15 de abril de 1953, con la proyección de la película Mesalina de la primera actriz María Félix. “La mujer más perversa en toda la historia del mundo en una película extraordinaria para un teatro excepcional”, rezaba el anuncio de aquel entonces, según comentó Guillermo Barrios, autor del libro Inventario del Olvido.

El diseño del Cine Radio City fue el reflejo de los tiempos de posguerra. De acuerdo con el arquitecto Nicolás Sidorkovs, la introducción de líneas curvas y acabados más suaves concordaban con esa respuesta anímica de deshacerse de los elementos agresivos y rígidos. “Aunque el Radio City conservaba algunos elementos rígidos en su interior, el lobby, los escalones y la forma -tanto en el plano como en el espacio- eran circulares. Asimismo, el cine se acopló a ese ambiente fantasioso de la época: tanto sus taquillas con forma de cuerno, como aquellas sirenas que se elevaban alrededor del arco de la pantalla eran elementos que carecían de agresividad”, afirmó Sidorkovs, autor del libro Los Cines de Caracas en el Tiempo de los Cines.

El Radio City fue la primera sala del sistema metropolitano que introdujo la innovación del cinemascope. “Radio City se prestó, junto al Junín, a la introducción del sistema de la 20th Century Fox que, a partir de lentes anamórficos, propone experiencias de proyección sin precedentes sobre inmensas pantallas cóncavas y sonido estereofónico”. reseñó Barrios en un trabajo publicado en la revista En Caracas.

El general Marcos Pérez Jiménez era un asiduo visitante y disponía de un palco presidencial en la parte posterior de la sala, para disfrutar de la innovación de aquella pantalla que cubría en todo lo ancho y largo el frente del escenario, con terminaciones curvas para no deformar la imagen. “A pesar de que el Radio City seguía la misma tendencia del resto de los cines del Este de tener sólo localidad de patio, se diseñó un pequeño espacio para que el presidente disfrutara del cinemascope. A ese palco se le construyó un pasadizo oculto para que el público no lo viera entrar ni salir de la sala”, recordó Sidorkovs.

Antonio García, quien frecuentó el cine en sus años de juventud, recuerda: “El Radio City era una especie de oasis, pues luego de recorrer el bulevar de Sabana Grande era un lugar propicio para el descansar, mediante el disfrute de una buena película. Además era un sitio muy familiar y el punto de encuentro de muchas personalidades por su cercanía con el Gran Café

Mirelis Morales Tovar

 

read more
Historia

Carnavales en Caracas

Con la llegada del Obispo Diez Madroñero a Caracas, en el siglo XVIII, los Carnavales se convirtieron en tres días de rezos, rosarios y procesiones, por considerar que eran fiestas pecaminosas.

Al arribar el Intendente José Abalos, volvió nuevamente el Carnaval a Caracas, aunque de forma más refinada. Se celebraba con comparsas, carrozas, arroz y confites, dejándole a los esclavos y a la plebe los juegos con agua y sustancias nocivas.

El juego del Carnaval con agua, harina y otras sustancias nocivas era de una violencia considerable. Así como los bailes callejeros -entre los que resaltaban el fandango, la zapa y la mochilera- que permitían entre hombres y mujeres contactos físicos inaceptables para la moral entonces.

Durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, se realizaron elegantes celebraciones. Este presidente se propuso acabar con la constante agresión con agua y darle paso a un Carnaval con numerosas comparsas y disfraces, así como confettis y perfumes.

La tradición de la guerra de agua durante los Carnavales tenía muchos detractores. Ya en 1866 se quejaban. En una suerte de Correo del Pueblo para dar tribuna a la ciudadanía, El Federalista transcribía en su número 747 —con el título Carnestolendas— las palabras de un muy molesto Benigno Goya, a propósito de la inminente llegada del Carnaval:

“Se acercan esos olvidados días en que toda persona que se estime tiene que privarse de salir a la calle, en atención a que, según parece, nuestros abuelos acordaron que en el año debían tratarse las personas con consideración durante trescientos sesenta y dos días, y los restantes faltarse el respeto, lo cual no es muy apetecible; según el decir de muchos, las palabras ‘carnes tollendas’ (carnes quitadas) quieren decir abuso; esto es, echarle agua a toda persona que se encuentre fuera de su casa; porque, según ellos, ‘son días de eso’; mas como se ve, las mencionadas palabras latinas no autorizan a tanto; y desearíamos que el ciudadano Prefecto aboliese, o por lo menos restringiese en la capital ese abuso que impropiamente se llama juego, y que, bien mirado, no es otra cosa que una fuente de desórdenes y delitos”.

 

Llegó a decirse que por aquella práctica del viejo Carnaval “Caracas tenía que cerrar sus puertas y ventanas, la autoridad las fuentes públicas y la familia que esconderse para evitar ser víctima de la turba invasora”. Cosa muy distinta se decía de las fiestas que vinieron a partir de 1878 durante el mandato de Antonio Guzmán Blanco, que se catalogó como la era de las fastuosas fiestas del rey Momo, con esos aires cosmopolitas y parisinos legados por “El Ilustre Americano”.

Así llegó al siglo XX la tradición del Carnaval con carrozas, disfraces, bailes populares y en salones refinados. A mediados de los años cincuenta y hasta finales de los sesenta, apareció un nuevo elemento: las famosas «negritas», quienes escondían la identidad en el disfraz para disfrutar sin complejos de la festividad.

En tiempos de Juan Vicente Gómez, los carnavales eran un alarde de solemnidad y todos salían a la calle a ver los desfiles, cual si se tratara de una procesión.

Mientras que en la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, las fiestas eran de gran tronío en calles, templetes, clubes y hoteles. Miles de mujeres disfrazadas de negritas acudían al grito de llamada que decía “en el Ávila es la cosa”. Por lo menos, 40 orquestas extranjeras visitaban la ciudad. No había desorden y todos los días se protagonizaban desfiles por las calles. La gente se apostaba en las aceras y gritaban “aquí es, Aquí es” esperando recibir caramelos de los carros y carrozas.

Entre los años 60 y 80, las fiestas de Carnaval se fueron enfriando en Caracas y quedaron sólo para los niños, Sin embargo en la mayoría de los pueblos esta fiesta ha conservado su tradición.

María F .Sigillo – Caracas en Retrospectiva
http://mariafsigillo.blogspot.com

read more
ArquitecturaHistoria

El Helicoide

Maqueta de El Helicoide

Muchas personas conocen a El Helicoide como la estructura deprimente que se ha convertido hoy en día, pero pocos conocen su verdadero propósito para el cual fue diseñado a inicios de los años cincuenta.

En el año 1955, un inversionista llega a la oficina de los arquitectos Jorge Romero, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst para urbanizar una de parcela de 101.000m² ubicada en la Roca Tarpeya de Caracas. Su intención era crear un nuevo urbanismo para vender parcelas en la empinada colina, pero al grupo de arquitectos se le ocurrió una idea mejor, y así fue como nació El Helicoide, una súper estructura que se adaptaría perfectamente a la empinada topografía del terreno.

El proyecto contemplaba un enorme centro comercial con 320 locales diseñados a lo largo de una estructura helicoidal que bordeaba el cerro, con una vialidad de suave pendiente de apenas 2,5% de inclinación, unos 1.000 puestos de estacionamiento que irían a la par de los locales. Básicamente sería un complejo para recorrerlo en automóvil, la idea era estacionarse frente al local de tu gusto sin tener que recorrer mucho a pie. Adicionalmente contaría con bowling, salón de eventos, restaurantes, guarderías, 7 salas de cine con 180 butacas cada una, un hotel, una sala de exposiciones entre otras cosas.

El enorme complejo también tendría su propia emisora de radio, llamada “Radio Helicoide” para promocionar y dar a conocer los eventos y actividades que se realizarían dentro del recinto. Al igual que un canal de televisión.

El Helicoide, cronología de un proyecto. 

  • En enero de 1955 se inician las labores de boceto y diseño de El Helicoide por parte de los arquitectos Jorge Romero, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst.
  • El 23 de noviembre de 1955 se realiza una exposición en el Centro Profesional del Este, donde se presenta por primera vez al público el proyecto de El Helicoide. A esta exposición asiste el general Marcos Pérez Jiménez y el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, quienes quedan fascinados con el edificio.
  • En el año 1956 inician los movimientos de tierra en el sector Roca Tarpeya en Caracas.
  • Para 1957 la obra tenía un avance importante. Estaban culminados gran parte de los movimientos de tierra y parte de la estructura.
  • En el año 1958 se paraliza la obra parcialmente, debido a la caída del gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, la cual se reanuda durante la llegada de la junta de gobierno.
  • Para 1959 varios inversionistas mostraban preocupación por la estabilidad del país, lo que causa la paralización de El Helicoide por breves lapsos de tiempos.
  • En 1961 el proyecto es presentado en la exposición “Roads” realizada en el Museo de Arte Moderno de New York.
  • En el año 1962 se paraliza definitivamente la obra, quedando El Helicoide inconcluso. También se declaró en quiebra la empresa “Arquitectura & Urbanismo C.A.” encargada del diseño.

El Helicoide y sus admiradores

Desde su que salió a la luz pública la primera maqueta de El Helicoide, en Caracas, este faraónico proyecto no dejó de tener admiradores. Y la lista fue larga.

El 3 de febrero de 1955, el mundialmente famoso urbanista francés Maurice Rotival observa el proyecto quedando encantado con aquel edificio que de manera helicoidal se montaba sobre la Roca Tarpeya.

Unos meses después en la exposición que lo presentaría al público, el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer tiene la oportunidad de visualizar la maqueta del proyecto mostrando su admiración por la obra y quedando encantado con el concreto martillado. En esa misma reunión, el presidente Marcos Pérez Jiménez también quedó estupefacto por lo audaz de aquel edificio.

“Es ésta una de las creaciones más exquisitas brotadas de la mente de un arquitecto”, comentó el poeta chileno Pablo Neruda, cuando visitó El Helicoide en el año 1959.

El artista de renombre internacional Salvador Dalí también conoció el proyecto e imaginó posibles obras de su autoría en los diferentes espacios del edificio. Lamentablemente ninguna de éstas se llegaron a concluir.

El paisajista brasileño Roberto Burle Marx fue el encargado del paisajismo que estaría en las diferentes terrazas del edificio, de las cuales tampoco se pudo concretar ninguna.

No menos sorprendente fueron las intenciones de Nelson Rockefeller por comprar el proyecto, acción que no se llegó a concretar por el entramado legal en que se convirtió El Helicoide al quebrar la empresa constructora y la obra caer en manos del Estado, quien nunca tuvo tiempo para concluir o vender el proyecto.

Proyecto innovador

El Helicoide fue pionero en muchas tecnologías en el área de la construcción, entre ellas, el uso de ascensores inclinados los cuales tenían un recorrido de 440m de largo con una pendiente de 30° grados que llevaría a los visitantes desde el acceso peatonal ubicado en la urbanización Las Acacias hasta los diferentes niveles comerciales de El Helicoide, rematando en la cima del complejo.

Los ascensores tendrían una velocidad de 2m/seg y una capacidad de 96 personas, dichas máquinas fueron construidas por la empresa Wertheim, en Viena, Austria, los cuales llegaron al Puerto de La Guaira pero más nunca se supo nada de ellos pues nunca fueron instalados.

Hasta el día de hoy no se sabe cuál fue el destino de estos ascensores, los cuales hubieran sido pioneros en Venezuela y el continente.

En cifras

• 101.000m² es el área de la parcela sobre la cual se construyó El Helicoide.
• 100.000m² es el área de construcción de El Helicoide.
• 12.000 planos contenían todo el proyecto.
• 10.000.000$ era el costo inicial del proyecto, el cual llegó a triplicarse a causa de los movimientos de tierra requeridos.
• 320 locales tendría el centro comercial.
• Los locales más grandes tenían un costo de Bs. 2.000 por m², mientras que los más pequeños se vendían a un precio de Bs. 1.700
• 1.000 puestos de estacionamiento tendría el complejo.
• 30.000m² de áreas verdes comprendía la primera etapa de El Helicoide, todos diseñados por Roberto Burle Marx.
• 1.500 obreros trabajaron durante 3 turnos las 24 horas del día para su construcción.


Arq. Ricardo Castillo G.
Director de Arquitectura Venezuela.
Twitter @Arquitecturavzl  Instagram @Arquitecturavzl Facebook Arquitectura Venezuela

read more