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Gastronomía

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Cachapera Doña Inés e hijos

Cachapas Doña Ines El Hatillo

Se vivían los tiempos del Paro Petrolero. Los hermanos, María Inés y Enmanuel, se habían quedado sin trabajo. Ella había perdido su puesto como costurera, a raíz de que su jefe cerrara el negocio. Y él, que trabajaba en la frutería de su madre Doña Inés, se vio forzado a bajar la santamaría, porque los ingresos no les alcanzaba. Así que en el mismo terreno en La Unión donde expendían frutas, levantaron una pequeña venta de jugos y pastelitos.

Ese ciclo de caer y volver a comenzar lo habían vivido antes. La familia Leca-Rodríguez salió de Madeira (Portugal) y llegó a Venezuela el 1 de octubre de 1971. Doña Inés tenía seis meses de embarazo y Enmanuel era un niño. Ella y su esposo llegaron a localidad rural de La Unión a sembrar, como otros tantos compatriotas que hicieron de ese sector de El Hatillo un lugar de tierra fértil.

Cuenta María Inés que un día el embajador de Venezuela en Portugal se acercó al puesto y les sugirió que por qué en vez de pastelitos, no se ponían a vender cachapas, que en esa zona no habían un buen lugar para comerlas. “Nos hizo un poco de gracia la idea, porque pensamos: ¿dónde has visto tú un portugués vendiendo cachapas? (risas). Pero como mi esposo es venezolano, él nos enseñó cómo prepararlas y así comenzamos”.

En ese entonces, el local no era más que cuatro mesas, en una explanada de tierra. Habían experimentado con la masa entre todas las recomendaciones que recibieron y hallaron que lo mejor era moler el maíz, echarle sal y azúcar. Nada de leche ni huevo ni harina. Sal y azúcar. Ya teniendo la receta perfecta, sólo faltaba los comensales. Pero estos no llegaban. “Hubo días que no vendíamos ninguna. Fue muy duro”. Hasta que un amigo, un día los sorprendió con la reseña del local en la Guía de Ociosidades de Valentina Quintero y, desde entonces, la suerte les cambió.

“En esa época, nosotros teníamos un estacionamiento al frente de no más de dos puestos. Ese domingo, los carros no cabían y empezaron a pararse a los lados de la vía. Muchos llegaron con la revista en la mano. Y la fama de las cachapas se comenzó a correr”, recuerda María Inés. Ahora, un domingo cualquiera en la Cachapera Doña Inés puedan prepararse hasta 500 cachapas y recibir hasta 1.500 personas. De ahí que no le extrañe que al llegar tenga hasta 30 turnos por delante para conseguir una mesa.

Su menú es muy simple. Cachapa con queso guayanés es el plato estrella. Pero desde que agregaron la opción de pedirla con pernil, no hay quien se resista. Esa mezcla también tiene su historia: “Queríamos ampliar la oferta de la carta y empezamos a vender pollo asado. Pero no nos fue nada bien”, recuerda María Inés. “Un diciembre inventamos incorporar el pernil, pero al principio podía pasar tres días y nadie lo pedía. Al final, nos los terminábamos comiendo nosotros mismos. Ahora, primero preguntan si hay pernil y después se sientan”.

Las cachapas o los sánduches de pernil se acompañan en este establecimiento con bebidas que llevan nombre de mujer: Consuelo, Guapa o Consentida. La primera es la mezcla de fresa con yogurt; la segunda, es el resultado de combinar parchita con guanaba. La última, mora con yogurt, pero debieron sacarla del menú por la escasez y el costo. “Mi hermano, trabajaba en una frutería en Puerto La Cruz y le gustaba hacer mezclas con los jugos y ponerle nombres. Y quisimos mantenerlo”, comenta, mientras va llegando gente al local en busca de su cachapa. “Fíjate, cuando comenzamos yo era la única que montaba las cachapas. Ahora tenemos un equipo de 30 personas. Nunca me imaginé que creceríamos así. No importa qué día sea. Ahora siempre llega gente”.

Mirelis Morales Tovar
Foto: Efrén Hernández

Dirección: carretera La Unión. Municipio El Hatillo.
Horario: miércoles a viernes: 9 a.m. a 4: 30 pm. Sábado y domingo 9 a.m. a 5:30pm.

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Casa Húngara

Casa Húngara

El rito ocurre por noviembre. Desde temprano en fogones alimentados a leña se cuecen ollas de goulash, esa sopa -a medio camino del ragú- que sirve de conjura contra el frío y el hambre y que es el plato bandera de los húngaros. Carne, cebollas, papas, paprika son la base del guiso y lo que cada cocinero quiera ponerle para hacerse notar. Así comienza el Festival del Goulash que lleva años realizándose en el Centro Cultural y Social Húngaro Venezolano en Los Chorros.

La actividad es casi una fiesta patronal. Hay música, danzas típicas y venta de dulces y especialidades de la gastronomía de este país. Todo este preámbulo sirve al momento estelar de este festival: la elección del mejor goulash. Cada comensal tiene derecho a probar todas las pociones, escoger la de su preferencia para comerse hasta dos platos y votar por ella. Cada año resalta el picoso o el ahumado, el suave o el más parecido a la receta clásica.

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Pastelería Aida

pasteleria Aida

Las caracolas de la Aída son una leyenda. Ese pan en espiral de origen sueco, de masa suave y esponjosa, con abundante canela y una corona de pasas y azúcar glaseada es parte de un ritual de los vecinos de Los Palos Grandes y también de foráneos.

A diario, una fila de creyentes en las bondades del bocado dulce de media tarde espera las caracolas de esta panadería de tradición en Caracas. La devoción es tal que aun cuando no hay pan, porque la harina escasea, igual se hornean caracolas. “Salen todo el día”, dice la encargada de la barra mientras despacha un par para llevar. La versión con chocolate tiene dos horarios: la mañana y la tarde. Luego de cada turno, las bandejas quedan vacías.

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La Praline

LaPraline

Al entrar, un delicioso olor envuelve. Hay que exhalar largo, como si quisiera retener esa sensación dulce por más tiempo. Pero el sonido del celofán lo traerá de vuelta. Dos mujeres en un extenso mesón seleccionan los pequeños chocolates y van empacando. El aroma a cacao se condensada cada vez que hacen crujir un bolsita. Es como la fanfarria previa a ser entregados. Enseguida una mezcla dulce y untuosa comienza a cubrir los dientes, hasta que desaparece en la boca.

La Praline cuenta con más 80 tipos de bombones. La creación de cada uno puede tardar entre dos y tres meses. Son casi joyas. Por eso, pareciera que estuvieran atesorados detrás del mostrador. En ocasiones, resultar necesario deslizar el dedo por encima del vidrio como para asegurar que es real lo que hay allí dentro. Y sí, son tan reales que desde 1985 el matrimonio de inmigrantes belgas, Ludo y Lisette Gillis, comenzaron a elaborarlos en casa.

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Come a casa

ComeACasa

Estar allí un domingo es reposar en el lugar deseado: el hogar. Cerca de la ventana de la sala para no perder de vista la tranquilidad de la tarde o desde el patio para ser parte de ella. Pronto llegará una bebida refrescante y una comida recién hecha. Mientras una fotografía en blanco y negro sobre una repisa entre libros y portarretratos, rememora aquel barco que en los años cincuenta llegaba a Venezuela desde Sicilia y que traía a un grupo de italianos que huían de la guerra.

Allí venía la niña María Caradonna y sus recetas. Ahora con un poco más de 60 años de edad, las comparte con sus hijos, entre ellos, Giuseppe Zambito. En la pared de esa trattoria están trazadas las líneas culinarias de Sicilia, dispuestas sobre un mapa de la región en forma de delantal. Así han permanecido desde 2006, momento en que Giuseppe decide crear un lugar como si se tratara de una extensión de la cocina o casa de su madre: Come a Casa, nombre en italiano del sitio. En español: “Como en casa”.

Así lo hizo y, bajo la supervisión y orientación de la señora María en la preparación de las recetas, día a día sirven honestos y sencillos platos, como ellos dicen. Y vaya que lo son. Se colocan sobre mesas de madera, en vajillas y mantelería casera, de esos que se toman de los estantes para servir un almuerzo rutinario. Y entre sillas de colores, el descanso se hace alegre. Las notas de una guitarra van armonizando el soundtrack de La Vita é bella y logran la mesa perfecta.

Las estrellas de Belén que reposan en el centro hacen un espacio para que los tortelloni di carciofi, rellenos de alcachofas y ricota, salteados con champiñones, berenjenas y tomates sobre espejo de queso gorgonzola, tengan un lugar sobre el establo. Respirar ese aroma atenúa la ansiedad. Pero al probar el primer bocado, son las ganas de ir por más las que se incrementan. Del otro lado de la mesa se asoman los linguini al gamberi, una pasta de espinaca salteada en “aglio e olio” con camarones y tomate, aderezada con hinojo salvaje.

Lo casero en Come a Casa es esencial. Las semillas de hinojo las traen de Sicilia o amigos de la familia Zambito en Caracas, las siembran y el padre de Giuseppe se encarga de buscarlas. La pasta es elaborada por ellos mismos, así como también, la salchicha artesanal que contiene hinojo.

Y es que como en casa, donde hay risas y conversaciones de domingo, y más tarde se impone el silencio, el día termina con un café y un tiramisú. Están quienes prefieren despedirse con un canolis siciliana, para ir saboreando por el camino esa masa crocante, rellena de crema de ricotta.

Carmen Victoria Inojosa
Foto: Efrén Hernández

Dirección: 1° Avenida con 2° Transversal – Los Palos Grandes
Horario: lunes a jueves: 12:00 m a 4:00 pm. Viernes hasta las 10:00 pm. Domingo: 1:00 pm a 4:30 pm.
Metro: estación Miranda

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Franca

Franca en el Mercado de Chacao

Carlos César Ávila y Natalia Díaz Sfeir tenían un par de años imaginando cómo querían que fuera su local… Luz natural invadiendo un espacio de paredes blancas. Música suave. Gente –café y torta de por medio– conversando. Algunos leyendo un libro, una revista, el diario. Otros trabajando en sus laptops. Wifi y agua gratis. Así querían que fuera: amplio, cómodo, que ofreciera productos elaborados cuidadosamente, con sello autóctono. Una pastelería que al visitante le provocara no abandonar.

Venían de experimentar con el restaurante Sibaris en 2006, de la mano del chef Sumito Estévez. Hasta que después de mucho pensarlo, en 2011, se atrevieron a cambiar de ramo y reacomodaron su local en la avenida principal de Las Mercedes para albergar una pastelería. Aquel espacio, decorado vintage y diseñado por los arquitectos Lilian Malavé y Daniel Sfeir, comenzó a ser frecuentado por una buena clientela, a pesar de que funcionaba de forma anónima. Habían pasado dos meses y no tenían identificación en la fachada. Cuando lo hicieron, llamaron al emprendimiento Franca. Un nombre que funciona como su declaración de principios, que resume la idea de: “Poner en la mesa productos honestos, con preparaciones sencillas y utilizando ingredientes naturales”.

Para lograr tal cosa, hicieron una amplia exploración. Contactaron a productores artesanales y los hicieron sus proveedores. Seis años después, el café que preparan es cosechado y tostado en Aragua, en campos que habían sido abandonados. El chocolate es fabricado en Barlovento. Los vegetales llegan de Mérida. Las frutas, de El Jarillo. El papelón, de Monagas. La miel, de Amazonas. Los quesos, de Guárico. La leche, de Apure.

La especialidad del lugar son las tortas. Es famosa la de chocolate con nueces y cambur. La de zanahoria. La de chocolate. Todas, en realidad. Los encargados aseguran que están elaboradas con más de 90% de materia prima nacional y que se hacen con azúcares obtenidas a través de la caramelización de frutas y “grasas nobles”.

A la fecha, cuentan con otras tres sedes: una en Centro Comercial Galerías Los Naranjos, otra en la primera avenida de Los Palos Grandes y la más reciente en el Mercado de Chacao. Y en las cuatro encontrará el mismo sabor.

Erick Lezama
Foto: Efrén Hernández

Horario: lunes a viernes, de 7:00 am a 8:00 pm. Domingos y feriados: 8:00 am a 7:00 pm.

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El Garage, birra jardín

El Garaje, birra jardín

Imagine una fiesta en el garaje de su casa. Todos acomodados en banquitos, mesas, puff, hamacas, algunos de pie, sobre un trozo de alfombra que cumple su cometido de grama. Pero en esta celebración la tarde se destila con cervezas hecha en casa. De eso va la propuesta del El Garage, birra jardín, que se inició a finales de 2016, en la sede de la fábrica de cerveza artesanal Social Club, una de las tantas marcas que han surgido en Caracas y que mantiene, cinco años después de creada, una producción de por los menos 2.000 litros mensuales.

Quien va a uno de los garajes, como llaman a los encuentros que realizan cada quince días a través de convocatorias por redes sociales, podrá conocer el proceso de elaboración de esta bebida. Los tanques para la cocción, fermentación y enfriamiento de la cebad y el lúpulo están a la vista de los asistentes.

El emprendimiento de Gerardo González, Víctor Querales y Lorena Rojo, viene de una inquietud como cultores de esta bebida. “Acá nos une el amor por la cerveza. Venezuela es uno de los países con mayor consumo per cápita, pero nadie conoce el proceso de elaboración ni tiene la posibilidad de hacerlo, algo que en otros países sí es viable”, cuenta González, que vivió 4 años en Londres, donde descubrió todo lo que hay detrás de una botella de cerveza.

Lo que montaron González, Querales y Rojo en la parte delantera de la casa donde fabrican la Social Club es el primer taproom de Caracas, y junto con uno que está por abrirse en la ciudad de Mérida, son los únicos de Venezuela.

Los jóvenes elaboran por lo menos 10 tipos de cerveza: las americanas, las inglesas y las belgas mezcladas con hierbabuena, naranja, chocolate, café y otras combinaciones “Esto es un viaje, una degustación”. Luego de la producción de un lote, sus productores tienen la opinión de los consumidores a puerta de fábrica, en una fiesta en la que pueden reunir hasta 100 personas en esta quinta ubicada en Sebucán.

La degustación de la cerveza tiene su maridaje. La comida cambia con cada evento y la ponen otros emprendimientos de la ciudad. Por el garaje han pasado Los Costillas, un clásico del Estadio Universitario con sus sandwiches de cerdo que son como un jonrón, La Jauría del Amor con sus empanadas argentinas, las hamburguesas de Food Factory, el foodtruck de pizza Il Jet Studio, entre otras pequeñas empresas.

Además, el lugar ofrece seguridad para los vehículos y un área de juegos para niños, por lo que admite familias. “En apenas seis meses que abrimos el garaje tenemos gente que viene seguido, queremos dar respuesta a la falta de sitios de esparcimiento en la ciudad”. Es una oferta distinta que hay que conocer.

Florantonia Singer
Foto: El Garage Birra

Horario: de 4:00 p.m. a 12:00 a.m.
Lugar: final de la avenida Miguel Otero Silva, quinta de muro verde, Sebucán.
Redes: @elgaragebirra

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360° Roof Bar

360Caracas

En lo alto de Altamira se erige uno de los lugares más emblemáticos de la noche caraqueña contemporánea, el bar 360°. El local, ubicado en el piso 19 del hotel Altamira Suites, destaca por un gran atractivo: la terraza descubierta en lo más alto de la azotea desde donde se tiene una vista panorámica completa de la ciudad. Allí, el lugar se completa con el bar ubicado al centro del espacio, ofreciendo su carta tanto para las mesas como para la barra.

A la terraza se accede por una escalera de metal que con cada peldaño suma a la adrenalina. El punto final de un recorrido desde la entrada que se aprovecha para descubrir los diferentes rincones y ambientes del local. Se comienza por su gran lounge lleno de puff, sillas y hasta hamacas, rodeado de grandes ventanales, para luego pasar al área de restaurante donde las mesas son protagonistas de degustaciones de pizzas y otros platos.

En el primer nivel superior, mesas y sillas aprovechan las paredes de la azotea del edificio para repartirse cual laberinto. Y desde allí, unos peldaños suben hasta el tope de la estructura donde tan solo unas barandas separan a las personas del vacío. La barra del bar, de estética industrial, sirve de punto luminoso para quien aproveche las vistas sobre El Ávila y sobre cualquier rincón de la ciudad. Una verdadera visión de 360 grados.

La noche caraqueña, a esa altura, sopla su viento fresco. Además, allí la iluminación es minimalista. Tan solo unas velas sobre las mesas y la luz proveniente del bar se complementan con el brillo de la luna sobre los comensales reunidos en ese punto del edificio, a donde llega la música que se distribuye por todos los espacios del local, siempre con un estilo chill house.

En todo 360° se ofrecen las opciones habituales del menú: pizzas, ceviches, tequeños con salsas dulces, papas bravas y otros entremeses. Además de una amplia coctelería con sus estrellas: los mojitos. Allí se incluye el “mojito eléctrico”, la clásica bebida a base de ron blanco cubano, hielo y yerbabuena pero con el añadido de bebida energizante con taurina. El local ha sido utilizado para eventos particulares, incluyendo mercados de arte y diseño.

Dato: El menú de 360° ofrece cocina de fusión, como el “wontong de chistorra”

Víctor Amaya                                                                                                                                                                                     Foto: 360° Roof Bar

 

Dirección: Avenida de Luis Roche con 1 Transversal (Hotel Altamira Suites), Caracas

Horarios de visita: Diario, desde las 6 p.m.

Metro: Altamira

 

 

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Mercado Los Palos Grandes

Mercado de Los Palos Grandes

En la tercera avenida de Los Palos Grandes, hay un mercado al aire libre que podría ser como cualquier otro. Los ojos se pasean por las verduras y frutas frescas. Los presentes recorren la cuadra de arriba abajo. Los precios de las hortalizas por kilo resuenan como un discurso predeterminado de los vendedores. Los charcuteros espantan las moscas de sus quesos criollos. Pero los olores que se concentran entre Parque Cristal y el Wendy’s de la zona revelan lo contrario.

El jojoto invade el olfato. Allí se venden cachapas rellenas de queso de mano y cochino de al menos tres dedos de grosor. Son populares en el municipio Chacao. Sobre una larga plancha, sirven porciones ya cuantificadas con un gran cucharón de acero, que voltean de forma casi mecánica con una espátula. Las personas no titubean en alinearse unos detrás de otros para comprarlas. Familias e individuos cazan taburetes de plástico solos para comerlas sentados. Es entonces cuando el silencio se adueña de las pocas mesas del local.

Las arepas de maíz blanco pelado son la opción de los corredores. Un grupo ataviado con ropa deportiva se sienta a desayunar en una mesa del puesto de Arepa Pelá. Unos las prefieren sola con pico de gallo. Otros con rellenos. Algunas combinaciones rompen con los sabores prestablecidos, como aguacate, chicharrón y queso, o asado negro con queso amarillo rallado. Las asan en dos planchas y las rellenan en el acto.

Los jugos naturales, otra alternativa saludable. Allí, la variedad es la regla. Sin gluten, con azúcar, bañado en grasa; todo condensado bajo la uniformidad de los toldos que los cubren. Igual sucede con la concurrencia. Niños, adultos, deportistas, amas de casa, incluso perros confluyen en esa cuadra caraqueña.

El Mercado de Abastecimiento de Los Palos Grandes es un punto gastronómico ambulante de parada obligatoria. Se creó como una iniciativa de los vecinos para colaborar con los despedidos de Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA), en la época de huelga general entre 2002 y 2003. La actividad cuajó. El libre tránsito se interfiere en aquella vía de Chacao entre las 6 de la mañana y la 1 de la tarde todos los sábados.

Andrea Tosta
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Tercera Avenida de Los Palos Grandes:
Horario: sábado de 6 a.m. a 1 p.m.

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Bar El Torero

Bar El Torero

Las maletas de Marcos Pérez Jiménez, el tarjetón electoral de 1958, la cantimplora del general Ezequiel Zamora, el secador de pelo de Lila Morillo, los chuzos del retén de Catia, el pasamanos del Metro que dañó el presidente Luis Herrera Campins durante la inauguración. La historia de la Venezuela del siglo XX, un poquito más atrás y otro más adelante, está dentro de este bar ubicado en el centro de Catia y que su dueño, Evaristo Soto, insiste en aclarar que se trata de un restaurante, aunque desde hace años sólo se sirven cervezas, las más baratas de Caracas, probablemente.

Soto, quien usa el alias de Peter, abre la puerta de un día cualquiera. La estampa del hombre le hará pensar que está entrando al Castillete de Armando Reverón. Canoso y barbudo, esquivo para hablar, invita a ver lo que él llama corotos viejos, pero que en verdad es un museo del país. Advierte que hay que traer efectivo, “y bastante”, porque aunque se exhiben algunos de los primeros puntos de venta que existieron, este local no dispone de uno para sus clientes. “Lo estamos esperando”, responde.

Puede pasar toda una tarde encontrando tesoros en El Torero. En esta máquina del tiempo hay un salón repleto de relojes, máquinas de escribir y picós. Otro dedicado a instrumentos musicales. Uno más con vasijas de peltre y fotos viejas. Un área donde hay trajes de toreros, y también uno que aseguran perteneció a María Félix. Una extensa colección de gaveras de refrescos y cervezas, de cuando se hacían de madera, está entre los descubrimientos más llamativos.

Entre el corotero encontrará mensajes que hacen las veces de un pie de foto para cada uno de los objetos. La inventiva de Soto para nombrar las cosas le sacará una cara de asombro o una risa cómplice. El local destaca desde la entrada en donde se exhibe una muestra de todo lo que hay adentro. Está en la calle Maury de Catia, de casonas coloniales viejas, pero restauradas recientemente.

El Torero está abierto de lunes a domingo y congrega a una familia. En la barra, una mujer que ha atendido el lugar durante 12 de los 30 años que tiene abierto, asegura que son los clientes los que se saben la historia. Hombres y mujeres solitarios, parejas y grupos de amigos van a destilar la tensión del día con una cerveza friísima. Hay cierto rostro melancólico entre los asiduos de este bar; quizás sea porque solo colocan música de los años sesenta, setenta y ochenta.

Florantonia Singer
Foto: Efrén Hernández

Horario: lunes a domingo / 2:00 pm a 11:00 pm
Dirección: calle Maury, Catia, a una cuadra del Metro
Metro: estación Plaza Sucre

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