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El mito de Amalivaca

Amalivaca_Luis_Chacin

En la oscuridad que predomina en el Centro Simón Bolívar, hay una obra de arte que encandila: el mural El mito de Amalivaca. La pieza no sólo enceguece por su belleza y su contenido sino por su historia, pues representa en su esencia el desafío de un artista al poder.

César Rengifo era un adversario de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y se cuenta que estuvo a punto de negarse a hacer El mito de Amalivaca. Sin embargo, el político Salvador de la Plaza lo convenció. “Los gobiernos pasan, pero las obras quedan para le educación del pueblo”. Fue la frase que impulsó al artista a ponerse en marcha.

El mural de Amalivaca es una rapsodia de dorado, verde y azul con la que el artista escenifica una parte de la mitología de los pueblos originarios y reta a la modernidad impuesta por la dictadura. Basándose en esa paleta, el artista narró la génesis de los Tamanaco, una etnia que habitaba al norte del estado Bolívar.

Con trazos imponentes y elocuencia, Rengifo retrató dos grandes escenas: una, los hermanos Amalivaca y Vochi, quienes guiaron a su pueblo a través de una inundación, hasta el río Orinoco. Y la otra, la refundación del pueblo a través de las enseñanzas de los hermanos.

Su hermoso mosaico vidriado, traído de Italia, se realizó entre 1954 y 1955. Con el tiempo, sufrió daños importantes por la buhonería descontrolada que tomó las galerías del Centro Simón Bolívar durante la década de los noventa. Fundapatrimonio lo restauró y reinauguró en 2006.

Karla Franceschi
Foto: Luis Chacín / I am Venezuela

Ubicación: Av. Baralt, Centro Simón Bolívar, El Silencio
Metro: estación Teatros o Capitolio

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Siete al cubo

SieteAlCubo

Es casi un museo del diseño nacional. Un templo para exaltar la creatividad, donde se congregan las propuestas de al menos 100 creadores del país. Pero, al mismo tiempo, Siete al Cubo se ha vuelto un laboratorio, donde Gabriela Valladares y Marcello Botto, experimentan con las ideas que surgen en sus mentes de arquitectos y que luego materializan en productos, que siempre terminan siendo un homenaje a nuestra nacionalidad.

Caracas, sobre todo, se ha vuelto un tema recurrente en sus creaciones. A partir de sus diseños, la ciudad ha quedo plasmada con ingenio en las camisas de su marca Papusanet, con estampados que resaltan su naturaleza, su arquitectura, su fisonomía y, por encima de todas las cosas, su Ávila.

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Abra Solar

Abra Solar

A ratos son rombos y al otro triángulos. Por momentos también pueden ser cuadrados. Lo que no cambia es su color. Un plateado que encandila, que refleja el sol, el verde, los edificios de alrededor. Todos los caraqueños la han visto alguna vez, ella marca –de cierta manera- un punto de referencia en la ciudad. Es el Abra Solar de Alejandro Otero, un hito visual en medio del corazón de la ciudad.

Esta escultura geométrica, elaborada con 33 mariposas de acero inoxidable de 16 por 42 metros, es una de las más reconocidas del artista plástico, nacido en el Manteco, estado Bolívar. El Abra Solar representó a Venezuela en la XL Bienal de Venecia, celebrada en 1982. Un año después, la pieza pasó a decorar la Plaza Venezuela, como parte de las obras integradas a ese espacio urbano, que incluye la Fisicromía de Carlos Cruz-Diez, la estatua de Andrés Bello y la fuente.

El artista Alejandro Otero también es el autor –junto a Mercedes Pardo- de la obra Los Cerritos, ubicada en la autopista Caracas-LaGuaira a la altura de Catia desde 1967. La pieza está compuesta por 79 móviles de colores sobre una estructura metálica piramidal, que simula un papagayo. Los Cerritos fue restaurada por Pdvsa-La Estancia en 2008.

Pero a partir de 2005, las mariposas dejaron de girar, luego que las manos del vandalismo deshiciera el trabajo del artista para aprovechar el acero. Lo mismo ocurrió con las obras de arte que se encuentran a su alrededor y la fuente de Plaza Venezuela que sufrió el desmantelamiento de su sistema hidraúlico. Tras años de abandono, PDVSA La Estancia emprendió la recuperación de las piezas, bajo la supervisión de los familiares del artista. Y en 2007, el Abra Solar volvió con su esplendor original.

En el Abra Solar ha encontrado inspiración también la moda. El diseñador venezolano Hugo Espina llevó en esta pieza icónica del arte cinético venezolano al traje típico que en 2010 lució la Miss Venezuela Marelisa Gibson en el Miss Universo. El vestido incluyó 3.000 piezas de plata y metal, completadas con 9.000 cristales Swarosky, para simular el brillo enceguecedor de este ícono caraqueño. Dicen que su luz encandiló a Lady Gaga, quien quiso comprar el traje.

Karla Franceschi
Foto: Efrén Hernández

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Fundación Bigott

Fundación Bigott

Es una casa grande de paredes amarillas y cinco ventanales azules. Allí todos tienen cabida. En especial los niños que llegan aún vistiendo sus uniformes escolares y con sus morrales de colores patrios en los hombros. Allá se va a aprender sobre cultura popular y fiestas tradicionales, música, técnica vocal y danza. Desde 1981, la Fundación Bigott se dedica a proyectar la cultura venezolana.

Esa casona amarilla en principio eran dos casas construidas a finales del siglo XIX y una de ellas fue la sede del Sindicato Nacional de Tabacaleros durante la segunda mitad del siglo XX. También hizo las veces de pensión hasta que las intervino el arquitecto Ramón Paolini para que albergara esta institución cultural. Lo logró. Al entrar hay una gran área central que muchas veces sirve de escenario para la danza.

Cuadros y esculturas adornan las paredes. Todas dan cuenta de las tradiciones del país. También hay muchísimos libros. A mano derecha está el Centro de Documentación que ofrece, no solo un archivo bibliográfico, sino también documental, musical y audiovisual de la cultura popular venezolana. En total son doce salones de clases y dos patios –uno anterior y otro posterior–. En todos se da cuenta del patrimonio intangible del país.

La casa empezó a funcionar como sede de la Fundación Bigott en el año 2000.

Trascienden las paredes de la casa ubicada en el Centro Histórico de Petare. Los talleres de cultura popular los han llevado a otras parroquias, como Caricuao y La Vega, y con el programa de Tradición en Línea superaron las barreras geográficas y temporales. Cada disciplina de las que imparten está al alcance de una conexión a internet, siempre que se tenga más de 16 años de edad.

Toda la producción musical y editorial de la Fundación sale de allí. También la producción de los documentales “Encuentro con…”, una serie televisiva de tradiciones y cultura popular, en la que han mostrado a cultores, grupos y celebraciones. La fundación ofrece un programa educativo comunitario, un área de promoción cultural y de investigación.

Emily Avendaño
Foto Efrén Hernández

Dirección: Centro Histórico de Petare. Calle Sucre, frente a la plaza Sucre. El horario de atención al público es de 9:00 am a 12:00 pm y de 2:00 pm a 5:00 pm.

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Teatro Nacional

Teatro Nacional

Ahí, en la esquina de Miracielos a Cipreses de la Parroquia Santa Teresa, dos esculturas resaltan en una fachada naranja y señorial: las representaciones de la comedia y la tragedia, sostenidas en dos columnas enormes que dejan claro que ese es el Teatro Nacional y no otro lugar. Aunque ha pasado por varias remodelaciones, las estatuas han resistido el paso del tiempo y son sello indiscutible de uno de los espacios culturales más representativos de la ciudad.

El teatro fue inaugurado el 11 de junio de 1905 y su construcción comenzó un año antes, por orden del presidente Cipriano Castro. Cuenta la historia que su esposa, doña Zoila de Castro, le sugirió crear un espacio que fuese más lujoso que el ya existente Teatro Municipal y en el que se pudieran presentar zarzuelas y óperas, además de obras teatrales. Desde que abrió sus puertas, ambos teatros se disputaban los espectáculos y hacían de Caracas una ciudad en constante movimiento cultural.

El diseño estuvo a cargo del arquitecto Alejandro Chataing, quien hizo equipo con el pintor Antonio Herrera Toro, el escultor Miguel Ángel Cabré y el ebanista José María Jiménez, para darle al teatro un estilo moderno y afrancesado, con una planta rectangular y tres niveles que han sido reestructurados con los años, pero en los que aún se conserva el patio en forma de herradura y poco menos de 700 butacas (originalmente tenía 797) y elegantes acabados de madera.

Si algo llama la atención al entrar, es el techo del teatro, donde se puede ver uno de los principales trabajos de Herrera Toro: Terpsícore, Euterpe, Melpómene y Talía; esas musas que representan a la danza, la música, la tragedia y la comedia. De hecho, en una de las remodelaciones que se hicieron en el segundo nivel, se descubrieron otros murales del pintor que, desde entonces, quedaron a la vista de todos.

Desde su inauguración con la presentación de la zarzuela “El relámpago”, este espacio fue durante muchos años el sitio insigne para estos espectáculos, pero también para la ópera, la opereta y repertorios líricos. Por ahí pasaron artistas como Alfredo Sadel, Plácido Domingo o Monserrat Caballé.

En el año 1979 fue declarado Monumento Nacional y en el 2010 se reinauguró con algunos cambios importantes: se eliminó el techo de la entrada y se cambió el color crema original de su fachada, por el naranja. Actualmente, se puede revisar su programación a través de la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte).

Adriana Herrera
Foto: Hugo Londoño

Dirección: esquina de Miraflores a Cipreses, Parroquia Santa Teresa.
Metro: Teatros

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Trasnocho Cultural

Trasnocho Cultural

Un gran pasadizo iluminado con el techo de espejos conduce a varios submundos: a cuatro salas de cine, un teatro, una tienda de discos, un local de artesanías, una sala de exposiciones, un café, una chocolatería, un restaurante, una librería, una vinatería, un launch​, una sala para teatro experimental y conciertos íntimos. Todo –cine, teatro, música, artes plásticas, artesanía, diseño, gastronomía y literatura– coexiste allí. Una sinergia cultural de la diversidad, el entretenimiento y la vanguardia.

El 4 de octubre de 2001, Solveig Hoogesteijn (nacida en Suecia pero criada en el Caribe venezolano), inauguró el Trasnocho Cultural en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Mucho había pensado en este concepto: quería que fuese un centro cultural, con programación de calidad, que se mantuviera exclusivamente con los ingresos de la taquilla, sin apoyo del Estado ni de la empresa privada.

Fue llamado así, porque la idea era justamente que la gente pudiera estar, hasta altas horas de la madrugada, viendo una película, una obra de teatro, bailando, conversando, compartiendo unos tragos. Pero la Caracas que vio nacer esta iniciativa ya no existe. Creció –se desbordó– la delincuencia. Y ahora todos los locales cierran temprano. Por ejemplo, a las 10:00 de la noche de un miércoles cualquiera está desolado.

Pero no ha sido sólo la inseguridad. Ha habido más baches en el camino: una reciente crisis energética, por ejemplo, obligó a reducir severamente la programación. Y, además, la altísima inflación golpea las taquillas. Pese a todo, en octubre de 2016, se celebró su décimo quinto aniversario. Se inauguró un mural que hace un recuento de los logros y deja claro que es un espacio consolidado: más de 700 hechos importantes, como una clase magistral de actuación por la profesora Lisa Formosa; una visita del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa; exposiciones en honor a Cruz Diez, Jesús Soto o Juan Félix Sánchez; numerosos festivales de cine de diversas partes del mundo; el ciclo de conciertos Noches de Guataca y más. Larga vida para el Trasnocho Cultural.

Erick Lezama Aranguren
Foto: Trasnocho Cultural

Dirección: Centro Comercial Paseo Las Mercedes, avenida principal de Las Mercedes.

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Libreros del Puente de la Avenida Fuerzas Armadas

Libreros del puente de las Fuerzas Armadas

Fácilmente debajo del Puente de la avenida Fuerzas Armadas puede haber medio millón de libros. Las torres están apiladas sobre mesones de plástico u organizadas dentro de los más de noventa quioscos que se acondicionaron en la vía. El orden solo lo conoce el librero, se lo enseñó su oficio. El comprador desprevenido en cambio se encontrará con el eclecticismo. Podrá a ver un texto de Mario Vargas Llosa al lado de otro de Paulo Coelho. Hallará Los viajes de Gulliver entre un ejemplar de Computación y otro de Finanzas; o se encontrará con un número de la revista Selecciones tapando El viejo y el mar.

Ese es el valor de ese pasaje: hay de todo a precios que hace rato la inflación hizo que pasarán de largo en una librería convencional. La tradición no se pierde. Allá puede llegar cualquiera con su libro usado debajo del brazo a intercambiarlo por otro o, en el mejor de los casos, venderlo. También funciona entregar un libro como abono por otro y sumarle la diferencia en efectivo. “El objetivo es ganar-ganar”, afirma el librero Javier Colmenares.

Debajo del puente de las Fuerzas Armadas se venden libros desde hace más de 30 años. Diego Mercado corre por ahí desde que tenía seis años de edad. Su tío era uno de los fundadores y luego él continuó con el oficio. Explica que primero eran diez libreros que vendían textos en la esquina de Padre Sierra y luego los reubicó allí la Alcaldía del municipio Libertador. En aquellos tiempos tenían que guardar los libros en cajones de latón. Hasta 2011, cuando la municipalidad les acondicionó los quioscos de colores que ahora funcionan.

Los compradores van en la búsqueda de cualquier género. Algunos libreros coinciden en que la autoayuda y la ciencia ficción es lo que más venden últimamente. Y en septiembre es la temporada de los libros escolares. En ese trueque literario a veces se encuentran con sorpresas inesperadas. Daniel Piñero empezó como ayudante hace 15 años, luego pasó por otros cinco puestos hasta que pudo adquirir el suyo. Cuenta que en diciembre de 2016 no tenía dinero y entre las páginas de una de las obras encontró 500 dólares.

Otra sorpresa es cuando llegan algunos clientes incautos con un ejemplar encuadernado en cuero, y un característico papel biblia, de la editorial Aguilar. “Son tesoros invaluables y la gente no lo sabe”, asegura Alcides Daza, con 27 años de experiencia en las Fuerzas Armadas. Su sorpresa decembrina fueron seis lapiceros Parker enchapados en oro, al fondo de una caja de libros. “Esto es un patrimonio público. Si alguien necesita un libro y no lo consigue aquí, no lo va a encontrar en ninguna otra parte de Venezuela”.

Emily Avendaño
Foto:Alberto Rojas

Dato:
Un librero de la avenida Fuerzas Armadas puede tener en su stock al menos 6.000 textos.
Dirección: Avenida Fuerzas Armadas, cruce con la avenida Urdaneta. Atienden al público de 8:00 am a 4:30 pm.
Metro: La Hoyada

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Aula Magna

Aula Magna

El Aula Magna es un nombre propio. Aunque su significado denomina a todos los auditorios universitarios donde los hijos de cada casa de estudio reciben el diploma producto de su esfuerzo, cuando se menciona el Aula Magna la referencia que viene a la mente es el recinto de la Universidad Central de Venezuela, un espacio custodiado por el cielo de las Nubes de Calder.

Desde que Carlos Raúl Villanueva la concibió, el Aula Magna de la Ciudad Universitaria trascendió más allá de un recinto académico: es un espacio de arte y encuentro que se convirtió en la expresión de la idea conocida como Síntesis de las Artes, pensada por Villanueva para hacer confluir la música, el teatro, la cultura y hasta la política.

Este auditorio fue conceptualizado desde lo grandioso. La sala se precia de tener una de las mejores acústicas del mundo, efecto del arte y el diseño creado por el artista estadounidense Alexander Calder con los Platillos Voladores, también conocidos como Nubes flotantes. Para lograr la calibración perfecta, las Nubes fueron instaladas mientras una orquesta tocaba en tarima para ajustar la disposición de cada uno de los 31 paneles.

La luz y el sonido están sincronizados. Para lograr la espectacularidad de una puesta en escena se diseñó una consola especialmente adaptada para que el sistema de iluminación funcionara a la par del teclado de un órgano, así la música y el sonido podían sentirse, escucharse y percibirse en toda su dimensión. De esos dos sistemas que existían en todo el mundo, solo el del Aula Magna funciona.

Todo el concepto por más ambicioso que se proyectaba debía concluirse en cuatro meses. Marcos Pérez Jiménez pidió a los constructores, la empresa Christiani & Neilsen, que la estructura estuviera lista a finales de marzo de 1953, y así se hizo pero la inauguración oficial ocurrió un año después –el 2 de marzo de 1954- con un evento político que permitió que quienes estrenaran la sala fuesen mandatarios internacionales en el pleno de la X Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno.

De allí en adelante, lo demás ha sido histórico. En ese escenario, Fidel Castro dio una célebre alocución cuando hizo su primera visita oficial a Venezuela luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el mismo año y lugar en el que también estuvo el poeta Pablo Neruda; años antes el director Igor Stravinsky estuvo al frente de la Orquesta Sinfónica de Venezuela y volvería en una segunda oportunidad en otra gira de conciertos; Marcel Marceau presentó su espectáculo de mímica teatral; la soprano Montserrat Caballé hizo estremecer al auditorio como lo hicieron los Niños Cantores de Viena.

Como gran escenario nacional ha sido la casa de agrupaciones venezolanas como Quinteto Contrapunto, Serenata Guayanesa, Un Solo Pueblo. Fue tribuna del canto de protesta de Alí Primera y de la hija pródiga que siempre vuelve a su tarima, Soledad Bravo. Pero su razón de ser sigue año tras año cada vez que recibe en sus pasillos a las nuevas generaciones que desfilan de toga y birrete, crecidos de orgullo con su título de ucevistas en la mano.

Gabriela Rojas
Foto: Hugo Londoño

Dirección. Ciudad Universitaria. Plaza Venezuela.
Metro: Plaza Venezuela / Ciudad Universitaria

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La gran pulpería del libro venezolano

Pulpería

En una calle discreta del escandaloso bulevar de Sabana Grande, un local sin nombre resguarda a un mundo paralelo. Es un sótano que alberga túneles de libros, libros, libros, libros, libros, libros. Más de dos millones de libros hacinados, apilados, amarillentos, usados, polvorientos, de hojas gastadas. Y hay casetes, vinilos, relojes, cámaras antiguas, títeres, fotografías y pinturas. Un bosque de historias repleto de tesoros perdidos.

A Sofía, una estudiante de letras de la Universidad Central de Venezuela, no le quedan dudas. Suele frecuentar esta guarida del saber. Se pierde en ella largas horas. Hace poco debió estar en su día suerte: abrió la cubierta de un ejemplar de Paula, de Isabel Allende, y en la primera página había una nota de la mismísima autora. Decía: “Gracias por recordarme lo maravilloso que es Venezuela”. ¿A quién iba a esa dedicatoria? Imposible saberlo. Pero por supuesto Sofía se lo compró.

Cosas así pasan allí. Este fue el sueño de Rafael Ramón Castellanos, un trujillano periodista, doctor en filosofía y letras. Tiene en su haber más de 70 títulos y todavía anda por ahí, escribiendo en algún rincón o desempolvando reliquias. Aunque ya cada vez con menos frecuencia. A sus 86 años es más el tiempo que pasa en casa.

La historia comenzó en 1981. Ya había fundado varias librerías, cuando se le ocurrió abrir una que vendiera solo obras de autores venezolanos. Lo hizo en un local en la Avenida Universidad. Pero muy pronto dejó de ser exclusivo de venezolanos. Castellanos comenzó a adquirir textos nuevos y usados en muchas partes del mundo. En 1999 eran tantos que ya no cabían y tuvo que buscar a dónde mudarse. Así llegó a este sótano de Sabana Grande, por el que pasearon intelectuales como Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez.

Erick Lezama
Foto: La Gran Pulpería

 

Dirección: Av. Las Delicias con Av. Solano López. Edificio José Jesús, local 2 Sabana Grande. Caracas, Chacaíto.
Estación del metro: Sabana Grande
Horario: Lunes a viernes, de 9:00am a 6:00pm. Sábados: de 9:00pm a 5:00pm .

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La India

La India

La escultura de La India es una suerte de brújula que marca los cuatro puntos cardinales que confluyen ante ella: la avenida O’ Higgins, la avenida Páez, la avenida Teherán y la avenida principal de La Vega hacen punto focal en la redoma donde se levanta la figura de la India, diseñada por el escultor Eloy Palacios en 1910, para conmemorar el centenario de la Independencia de Venezuela.

Al monumento de esa mujer que corona el tope de una palma la conocen como La India de La Vega o de El Paraíso, por ser una especie de patrona que resguarda las entradas de ambas comunidades. Pero ni ese es su nombre original ni tampoco era su lugar de destino. La escultura de Palacios se llama Monumento a Carabobo y debió ser el punto de referencia dentro del histórico campo valenciano. Pero su ruta cambió significativamente de camino gracias a la desnudez que ya mostraba la irreverencia de la India para marcar su estampa.

La obra fue encargada a Palacios en 1905 por el entonces presidente Cipriano Castro, pero fue cinco años después cuando pudo concluirse, ya bajo el mandato de Juan Vicente Gómez, quien consideró que el desnudo de aquella mujer era irrespetuoso para un campo de próceres y la mandó al exilio que, para ese momento, quedaba en los linderos de lo que eran las afueras rurales de la Caracas de principios de siglo XX, El Paraíso.

Y aunque su destino era no ser vista, los ojos de la modernidad hicieron el resto. En 1966, cuando comenzaron los trabajos del distribuidor El Pulpo, la escultura de La India llegó a su lugar definitivo y se hizo con un nombre propio, muy alejado del que concibió su creador cuando la imaginó en medio de un silencioso campo de batalla. La India, reina desnuda, cumple 51 años triunfante con los brazos en alto hacia el cielo en medio de otro campo de batalla más ruidoso, vivo y transitado.

Gabriela Rojas
Foto: Efrén Hernández

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