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La gran pulpería del libro venezolano

Pulpería

En una calle discreta del escandaloso bulevar de Sabana Grande, un local sin nombre resguarda a un mundo paralelo. Es un sótano que alberga túneles de libros, libros, libros, libros, libros, libros. Más de dos millones de libros hacinados, apilados, amarillentos, usados, polvorientos, de hojas gastadas. Y hay casetes, vinilos, relojes, cámaras antiguas, títeres, fotografías y pinturas. Un bosque de historias repleto de tesoros perdidos.

A Sofía, una estudiante de letras de la Universidad Central de Venezuela, no le quedan dudas. Suele frecuentar esta guarida del saber. Se pierde en ella largas horas. Hace poco debió estar en su día suerte: abrió la cubierta de un ejemplar de Paula, de Isabel Allende, y en la primera página había una nota de la mismísima autora. Decía: “Gracias por recordarme lo maravilloso que es Venezuela”. ¿A quién iba a esa dedicatoria? Imposible saberlo. Pero por supuesto Sofía se lo compró.

Cosas así pasan allí. Este fue el sueño de Rafael Ramón Castellanos, un trujillano periodista, doctor en filosofía y letras. Tiene en su haber más de 70 títulos y todavía anda por ahí, escribiendo en algún rincón o desempolvando reliquias. Aunque ya cada vez con menos frecuencia. A sus 86 años es más el tiempo que pasa en casa.

La historia comenzó en 1981. Ya había fundado varias librerías, cuando se le ocurrió abrir una que vendiera solo obras de autores venezolanos. Lo hizo en un local en la Avenida Universidad. Pero muy pronto dejó de ser exclusivo de venezolanos. Castellanos comenzó a adquirir textos nuevos y usados en muchas partes del mundo. En 1999 eran tantos que ya no cabían y tuvo que buscar a dónde mudarse. Así llegó a este sótano de Sabana Grande, por el que pasearon intelectuales como Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez.

Erick Lezama
Foto: La Gran Pulpería

 

Dirección: Av. Las Delicias con Av. Solano López. Edificio José Jesús, local 2 Sabana Grande. Caracas, Chacaíto.
Estación del metro: Sabana Grande
Horario: Lunes a viernes, de 9:00am a 6:00pm. Sábados: de 9:00pm a 5:00pm .

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La India

La India

La escultura de La India es una suerte de brújula que marca los cuatro puntos cardinales que confluyen ante ella: la avenida O’ Higgins, la avenida Páez, la avenida Teherán y la avenida principal de La Vega hacen punto focal en la redoma donde se levanta la figura de la India, diseñada por el escultor Eloy Palacios en 1910, para conmemorar el centenario de la Independencia de Venezuela.

Al monumento de esa mujer que corona el tope de una palma la conocen como La India de La Vega o de El Paraíso, por ser una especie de patrona que resguarda las entradas de ambas comunidades. Pero ni ese es su nombre original ni tampoco era su lugar de destino. La escultura de Palacios se llama Monumento a Carabobo y debió ser el punto de referencia dentro del histórico campo valenciano. Pero su ruta cambió significativamente de camino gracias a la desnudez que ya mostraba la irreverencia de la India para marcar su estampa.

La obra fue encargada a Palacios en 1905 por el entonces presidente Cipriano Castro, pero fue cinco años después cuando pudo concluirse, ya bajo el mandato de Juan Vicente Gómez, quien consideró que el desnudo de aquella mujer era irrespetuoso para un campo de próceres y la mandó al exilio que, para ese momento, quedaba en los linderos de lo que eran las afueras rurales de la Caracas de principios de siglo XX, El Paraíso.

Y aunque su destino era no ser vista, los ojos de la modernidad hicieron el resto. En 1966, cuando comenzaron los trabajos del distribuidor El Pulpo, la escultura de La India llegó a su lugar definitivo y se hizo con un nombre propio, muy alejado del que concibió su creador cuando la imaginó en medio de un silencioso campo de batalla. La India, reina desnuda, cumple 51 años triunfante con los brazos en alto hacia el cielo en medio de otro campo de batalla más ruidoso, vivo y transitado.

Gabriela Rojas
Foto: Efrén Hernández

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Mural conductores de Venezuela

Mural Conductores de Venezuela

Desde la ventanilla del carro, un conductor observa al otro. En medio de la multitud reconoce a Teresa de la Parra a bordo de un pequeño automóvil o a Simón Rodríguez manejando un autobús que se encuentra de frente con el carro-caballo de Simón Bolívar. Un poco más atrás, un bus compite el espacio atiborrado de gente como en la peor de las horas pico, pero una lleva al volante a Armando Reverón y el otro a José María Vargas.

Detrás la estela de más carros, motorizados y peatones anónimos completan la escena. Hombres, mujeres, niños y ancianos moviéndose hacia diferentes destinos pero cruzando sus caminos de país.

Quienes cruzan la autopista Francisco Fajardo, a la altura de la Universidad Central de Venezuela, rodearán este mural en curva que ocupa 165 metros de largo y está hecho de 45 mil coloridas piezas de baldosas de gres que conforman el cuadro con los trazos inconfundibles del artista, pintor, poeta y caricaturista Pedro León Zapata, quien lo diseñó y supervisó su ensamblaje entre 1998 y 1999.

Nada más caraqueño que la aglomeración del tráfico que Zapata plasmó en la obra Conductores de Venezuela, una especie de reflejo diario en el que los que quedan atascados en la interminable cola de asfalto pueden voltear a mirar y mirarse en el anónimo del autobús pero también en la inteligencia de artistas, maestros y héroes, glorias civiles que llevan de la mano al país conduciendo su destino.

El mismo Zapata, de esencia caraqueña aunque nació en La Grita, reconocía que el mural no era suyo sino de todos los caraqueños que alguna vez han volteado a mirarlo. Su presencia y su mensaje son imposibles de ignorar.

Aunque el deterioro ha hecho mella en varios momentos durante estos 19 años que lleva como galería a cielo abierto, el sentido de pertenencia de los ciudadanos, artistas y restauradores ha permitido su mantenimiento para que los rostros de trazo grueso y caricaturesco de Zapata sigan montados sobre ruedas, avizorando un país que ve el retrovisor cada tanto pero que a pesar de sentirse atascado, no suelta el volante.

Gabriel Rojas
Foto: Alberto Rojas @chamorojas

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Museo de Arte Afroamericano de Caracas

Museo de Arte Afroamericano

Un recinto sagrado. Eso es el Museo de Arte Afroamericano de Caracas. Este espacio, que exhibe una colección de máscaras de culturas milenarias y aborígenes de África, te traslada a un mundo donde lo shamánico se muestra a través de rostros relacionados con la naturaleza y los espíritus. El olor de Congo, Nigeria, Burkina Faso, Camerún, Malí, Guinea, Etiopía y Haití aún se huele en estas piezas que cuentan su historia y su grito de resistencia.

Todo comenzó hace más de cuarenta años en Nueva York, cuando Nelsón Sánchez Chapellín, director y fundador de esta institución museística, compra la primera pieza de arte. Una colección que ahora cuenta con alrededor de cinco mil piezas de la cultura africana, la más grande de Venezuela y posiblemente de Latinoamérica. Aparte, de una colección bibliográfica especializada, de discos y videos que pueden consultarse en su Centro de Investigación y Documentación.

“Somos afrodescendientes, no importa el color de la piel o de dónde sean tus abuelos. Todos los hombres venimos del continente africano, porque allí está el origen de la vida”. Nelson Sánchez Chapellín.

El Museo de Arte Afroamericano de Caracas existe físicamente desde hace cinco años en la  urbanización San Bernardino, pero había sido ideado y puesto en marcha por la Fundación Nelson Sánchez Chapellín hace varias décadas atrás. Las piezas permanecían en un apartamento de 200 metros en Las Mercedes, donde pasantes ayudaban en la clasificación. Y, de tanto en tanto, se hacían exposiciones itinerantes en algunas comunidades del estado Aragua.

Hoy, este espacio se ha convertido en un aula abierta, ya que es constante la actividad formativa y talleres, donde estudiantes de colegios, universidades y grupos de diversa índole, se aproximan al conocimiento de lo afroamericano. Además, se presentan conciertos y exposiciones.

Minerva Vitti
Foto: Museo de Arte Afroamericano

Dirección: Avenida Occidente, urbanización San Bernardino, una cuadra antes de llegar al IESA.
Mapa: https://museodearteafroamericanocaracas.wordpress.com/ubicacion/
¿Cómo llegar?
Transporte público desde la estación Bellas Artes. El bus te deja al frente del museo.

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Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber

Museo de arte de Caracas Sofia Imber

Ella escogió el 20 de febrero de 2017 para partir. En Sofía nada era al azar. Con esa fecha del calendario nos recordaría que un 20 de febrero, pero de 1974, inició su actividad el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber. Su gran legado. Y es que este lugar, que no era más que un estacionamiento y un taller mecánico, se convirtió gracias a ella en un espacio artístico referente de América Latina.

Conocí Parque Central y vi que había restaurantes, librerías, panaderías… Hablando con Gustavo Rodríguez Amengual (presidente entonces del Centro Simón Bolívar), le sugerí que nos diera un espacio para el arte. Me entusiasmé muchísimo, porque fue coger algo de la nada para hacer lo que uno desea. Pensaba en una galería, pero el empresario Alfredo Boulton me dijo: «Eso no puede ser una galería. Tiene que ser el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas». Y ese fue su primer nombre. Durante dos años, mi esposo Carlos (Rangel) y yo estuvimos estudiando cómo hacer algo en un pequeño espacio, porque apenas eran 600 m2. Eso era lo difícil. Claro: nunca pensé que iba a ser tan grande (risas). Sofía Imber. (entrevista publicada en el Diario ABC).

Durante su gestión, el Macsi -como luego se le conocería- llegó a tener cerca de 5 mil obras de arte y acogió más de 650 exposiciones. La primera exposición, según recordó en aquella entrevista que le hice el 25 de febrero de 2016, se realizó sólo con obras prestadas, pues el museo no contaba aún con inventario propio. Pero las buenas relaciones que Sofía Imber mantenía con agentes del mundo del arte, permitió que pudiera hacerse realidad la inauguración.

Sofía estuvo al frente del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas por 28 años. Hasta que en el 2001, Hugo Chávez la despidió en cadena nacional. Desde entonces, el museo no ha evolucionado. Se quedó como detenido en el tiempo. De un total de 11 salas, 5 están cerradas y no se sabe qué pasó con el espacio dedicado a Cruz-Diez y a Soto. Lástima. Sin embargo, no deja de ser un lugar maravilloso. Lo que demuestra que la obra de Sofía Imber trasciende más allá de los deseos de sacarla de la memoria de lo que fue su mayor legado.

Mi obra no fue destruida: el museo está ahí. El tema es que no cumple con su fin principal que es la relación con la gente, que los venezolanos acudan masivamente a ver las exposiciones o la colección permanente. El museo está al borde de algo muy desagradable: su inexistencia. Pero eso no pasará, porque creo que el venezolano tiene claro que el museo debe existir, y para el mismo pueblo. Este y otros museos.

Así será… Gracias, Sofía.

Foto: Carlos Hernández.

 

 

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Esfera Caracas

EsferaCaracas

No importa que tanto tráfico encuentres en la autopista Francisco Fajardo, a la altura del distribuidor Santa Cecilia, tan solo toparse con la Esfera Caracas del maestro Jesús Soto (1953-2005) basta para regalarte un minuto de placer visual.

Creo no exagerar cuando digo que la Esfera Caracas es una de las imágenes más hermosas de la ciudad, sobre todo si logras verla  durante el atardecer y capturas cuando los tonos del cielo se entremezclen con las 1.800 varillas metálicas de color naranja que la componen. Para mí, es mágico.

Esta pieza del maestro Jesús Soto se instaló en 1996. Pero con los años sufrió las secuelas del desgaste, la falta de mantenimiento y el vandalismo. Al punto que de la esfera solo quedaron unas cuantas varillas colgando, como muestra de la indolencia de una ciudad por el arte.

Hasta que en 2005, Pdvsa La Estancia asumió la rehabilitación de la obra, en conjunto con la Fundación Jesús Soto. Se repusieron las varillas, se instaló nueva iluminación, se mejoró el sistema de seguridad y riego, con lo que la dejaron como nueva. A la fecha, han habido intentos de desmantelarla. Pero sigue en pie.

Y lo más bonito es que a muchos les ha dado por tomarse fotos a los pies de la escultura de 12 metros de altura. Así que todo indica que, al contrario de la obra del maestro Carlos Cruz-Diez en el aeropuerto internacional, la Esfera Caracas se convertirá en el símbolo de quienes se quedan.

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