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Arquitectura

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Parque Central

La construcción de Parque Central fue el evento arquitectónico que marcó la ciudad en la década del setenta, según reseña la Guía de Arquitectura y Paisaje de Caracas. Ese proyecto, que prometía ser en sí mismo una ciudad moderna y ofrecer un nuevo modo de vivir, fue concebido por los arquitectos Daniel Fernández-Shaw y Enrique Siso como un conjunto de usos múltiples. Algo nunca antes visto. Ocho edificios residenciales convivirían con oficinas, comercios, museos y salas de convenciones. Todo construido con criterios de vanguardia: un sistema de extracción de basura al vacío, suministro de agua por tuberías de cobre y aire acondicionado integral con agua helada.

Todo lo que prometía el futuro, estaría en Parque Central. Tanto, que el complejo arquitectónico se vendió con el eslogan “un nuevo modo de vivir que nada tiene que ver con el pasado”. Aquel material promocional que se le ofrecía a los futuros propietarios señalaba que el complejo contaría con los más modernos servicios, ascensores con capacidad para 24 personas, sistema de vigilancia por circuito cerrado de televisión las 24 horas y alarmas contra incendios en todos los pasillos.

 

Archivo Daniel Fernández-Shaw Escari0

Aparte, los apartamentos tendrían sanitarios sin tanque de agua, lavamanos con mezclador único de agua fría y caliente, pisos alfombrados sobre base de espuma de caucho y paredes decoradas con una combinación de pintura y tapizado. Todo ello inmerso dentro del paisajismo diseñado por el artista brasilero Roberto Burle Marx, el mismo que dirigió el proyecto del Parque del Este.

“Parque Central era una joya”, afirma Carlos Sánchez, residente del conjunto desde hace 37 años y dueño de un taller mecánico en el sótano 3. “Era tranquilo. Seguro. Era un conjunto residencial de puros profesionales. No tenías necesidad de salir porque aquí había de todo. Restaurantes, discotecas, cine, bancos. Era tu propio hábitat dentro de la ciudad”, agrega.

En aquellos inicios, la estructura se convirtió en una proyección de país. Era un reflejo de sus sueños, de lo que quería ser. De una ciudad moderna, democrática e inclusiva, según palabras del investigador Vicente Lecuna. “Parque Central fue un gran proyecto de desarrollo. Pero se construyó para un país inventado de la nada, que surgió de una modernidad instantánea, que no existe”, añade.

Mirelis Morales Tovar

 

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Plaza Bolívar

PlazaBolivar

Plaza Bolívar hay muchas. Sobre todo en este país. Cada pueblo, por muy pequeño que sea, tiene su espacio reservado para homenajear a El Libertador. Y Caracas obviamente no es la excepción.

La Plaza Bolívar es el centro neurálgico del casco colonial de la ciudad. Se creó en 1567 con el nombre de Plaza Mayor, en el lugar donde indicó Diego de Losada, fundador de la ciudad. A lo largo del tiempo ha cambiado de forma y función. Sin embargo, siempre ha sido lugar de encuentro de los caraqueños.

Su visita es parada obligada, no sólo porque alrededor de ella encontramos edificaciones históricas significativas, tales como la Catedral, la Casa Amarilla o la Gobernación, sino porque allí en ese mismo suelo nació Caracas hace cuatrocientos cincuenta años.

En el centro de la Plaza Bolívar se eleva una gran escultura de El libertador Simón Bolívar, del escultor Adán Tadalini, que data de 1874. Escondido bajo su pedestal, antes de su inauguración, el ex presidente Antonio Guzmán Blanco colocó una caja del tesoro con reliquias de la época como fotografías, libros y hasta billetes, la cual sigue allí intacta desde entonces. Ojo, ni haga el intento de subir en su pedestal, porque está prohibido.

En la zona siempre hay gran cantidad de personas, circulando por la plaza o sentados en sus bancos. Es normal ver a los niños alimentar las palomas o las ardillas negras que viven en los frondosos árboles (sí, son negras y casi no se ven así en ningún otro lugar). Vendedores de dulces se pueden encontrar a los alrededores de la plaza, al igual que varios cafés, chocolaterías y restaurantes, donde podrás sentarte a descansar. Incluso entre las esquinas Padre Sierra y Conde hay un lugar donde hasta no hace mucho se podía comprar una torta melosa, que se dice provenía de la misma receta que fuera favorita de Simón Bolívar.

No se recomienda ir en carro, pues es muy complicado estacionar en la zona. Lo mejor es tomar el metro y bajar en la estación Capitolio, salida “Esquina la Bolsa-Padre Sierra”. Allí saldrá enfrente de la Asamblea Nacional, solo deberán bordearla hacia su mano izquierda y llegarán directamente a la Plaza.

Stefany Da Costa
Co-Fundadora de Urbanimia

Foto: Hugo Londoño @Huguito

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Teatro Nacional

El Teatro Nacional fue construido por órdenes del presidente Cipriano Castro, a quien su esposa Doña Zoila de Castro le había sugerido construir otro teatro en la ciudad que fuera más lujoso que el Teatro Municipal.

Para cumplir los caprichos y deseos de Doña Zoila, el entonces presidente buscó al arquitecto Alejandro Chataing, quien trabajó junto al pintor Antonio Herrera Toro, el ebanista José María Jiménez y el escultor catalán Ángel Cabré.

Para su construcción se eligió el terreno que ocupaba el cementerio de Los Cipreses, el cual formaba parte del Oratorio de San Felipe de Neri.

El Teatro Nacional se inauguró el 11 de junio de 1905 con la presentación de la zarzuela “El Relámpago”. Este recinto cuenta con una capacidad de 797 butacas y un elegante interior donde los acabados de madera marcan la pauta. En su fachada se encuentran dos enormes columnas y, al final de ellas, dos estatuas que significan la comedia y la tragedia.

Arq. Ricardo Castillo G.
Director de Arquitectura Venezuela.
Twitter @Arquitecturavzl / Instagram @Arquitecturavzl / Facebook Arquitectura Venezuela

Foto principal: Hugo Londoño @huguito

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Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena

Su estructura se pierde entre el follaje natural que la rodea. Sólo se divisa una nave que se asoma entre los árboles y es precisamente lo que llama la atención de los más curiosos. “¿Y esa casa de madera qué será?” se preguntan quienes circulan por la avenida Sur de La Lagunita.

Se trata de la Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena. Una verdadera joya arquitectónica. Ya sabrá por qué. En el mundo sólo existen 15 templos religiosos de este tipo y sólo dos se encuentran fuera de Rumania, según reseña el catálogo de Patrimonio Cultural en su capítulo dedicado al municipio El Hatillo.  Así que es un privilegio contar con este templo que constituye una muestra de la arquitectura religiosa ortodoxa del siglo XVI.

Al visitarla, uno no sabe si es más bella por dentro o por fuera. Este templo fue ensamblado pieza por pieza por artistas rumanos que vinieron especialmente al país para edificar esta iglesia que se inauguró el 7 de noviembre de 1999. Está construido de madera (roble y abeto), prefabricada y traída especialmente de Rumania. El techo lo conforma 40 mil tejas que fueron talladas y colocadas una a una.

Su interior está decorado con imágenes neo-bizantinas, elaboradas por artistas rumanos. Y aparte cuenta con otra particularidad: una angosta escalera que fue tallada en un sólo tronco.

Si tiene la oportunidad de visitarla, tómese el tiempo de ver cada detalle. No vaya a la carrera porque se perderá de apreciar, por ejemplo, el iconostasio propio de la iglesias ortodoxas, que es una pantalla o pared llena de íconos o imágenes de santos. En este caso, la estampa de nuestra Virgen de Coromoto no podía faltar como símbolo de unión entre dos culturas.

Mirelis Morales Tovar

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Ciudad Universitaria

Esos rayos de luz se meten tercos por las rendijas y cruzan por todos lados. Si uno va distraído o apurado, da igual, en algún momento un rayo tímido calienta el rostro de quien camina o cae uno más osado que ilumina tanto que enceguece.

No es un efecto romántico: es el diseño de un artista de la arquitectura que le dio protagonismo al espacio abierto para que el trópico hiciera lo propio y las paredes sirvieran para direccionar el viento. Villanueva y la luz, Villanueva y el aire, Villanueva y la ciudad.

Los muros que guardan la cotidianidad a la vez son murales, galería de arte permanente para el que pasa y observa por primera vez, para el que se sienta y lo hace su sitio de espera, para el que lee apurado por un examen, para quien desayuna solo o acompañado, para quienes se besan, para quienes se ríen.

Muchas veces cuando atravieso la Plaza Cubierta o acorto camino por el pasillo de la Biblioteca pienso en números que se multiplican a cada minuto: cuántas fotografías tendrán de escenario las líneas y colores de Mateo Manuare, Víctor Valera, Pascual Navarro y Víctor Vasarely. Cuántas togas y birretes habrán posado al lado del brillo de bronce del Pastor de Nubes. Cuántos noviazgos habrán comenzado bajo una luz, transformada en prisma, por los vitrales de Fernand Léger o de Braulio Salazar. Cuántos otros habrán terminado furibundos en los rincones de “Tierra de nadie“.

La Ciudad Universitaria alberga un microcosmos urbano que palpita como el centro de otra ciudad que, a veces, le es ajena: una Caracas acechante que la rodea y la convierte en atajo, más que en arteria.
A veces llega a desangrarla, a dejarle heridas, a quebrarla. Otras tantas llega pidiendo ayuda, salud, ideas, conocimiento. Pero aún el visitante más renuente en algún momento se rinde: cuando goza en sus estadios la celebración del béisbol y el fútbol o cuando se sienta a disfrutar conciertos con la acústica perfecta bajo las Nubes de Calder en el Aula Magna, en el mismo lugar donde recibimos primero el título de ucevistas y después el de la carrera.

A veces sus raíces se resecan y se convierte en terreno árido para quien la vive. Pero siempre le están naciendo retoños verdes y frescos que le dan energía y atraen el sol de nuevo.

La UUUCV sabe, como buena caraqueña, que de esa casa de luces nadie se va indiferente.

Gabriela Rojas

Fotos: Hugo Londoño @huguito

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Teatro Teresa Carreño

A finales de 1972 inician los trabajos de construcción de lo que sería el Teatro más grande de Venezuela y uno de los más importantes de Latinoamérica.

Para su realización el Centro Simón Bolívar dispuso de un terreno de 22.586m² ubicado entre Parque Central y el Parque Los Caobos. Se realizó un concurso que ganaron los arquitectos Tomás Lugo, Jesús Sandoval y Dietrich Kunckel, quienes diseñaron los 80.000m² del recinto.

El cálculo estructural fue realizado por los ingenieros José y Cecilio Luchsinger, Federico Alminara, Natalio Manchellum y José Ignacio Pulido. La parte mecánica de la edificación fue realizada por los ingenieros Isaac Kizer y Yolanda Sánchez con el apoyo de la empresa John L. Altiere & Asociados.

De la acústica y la mecánica teatral se encargó la empresa Bolt Beranek & Newman de Cambridge, Massachusetts y la firma George C. Izenour Associates de New Havor, Connecticut, quienes lograron un resultado impecable, con un diseño muy llamativo y un desempeño funcional sin igual, asesorado por los mejores especialistas de cada materia.

La construcción fue desarrollada por la extinta empresa Delpre C.A., que estuvo a cargo de la sala José Félix Ribas, que se inauguró el 12 de Febrero de 1976. Siete años después, con la culminación de la sala Ríos Reyna el 19 de Abril de 1983 quedaría totalmente inaugurado el complejo cultural Teatro Teresa Carreño.

María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño García (Caracas, 22 de diciembre de 1853 – Nueva York, EE.UU., 12 de junio de 1917), fue una pianista, cantante y compositora venezolana. Ha sido denominada por muchos expertos como la pianista más prolífica de América Latina durante los siglos XIX y XX.

 

Sala Ríos Reyna
Hasta los momentos sigue siendo la sala de teatro más importante de Venezuela y una de las más importantes de América Latina.

Tiene capacidad para 2.367 butacas distribuidas en 24 zonas.  Su escenario cuenta con 900m² en forma semi-hexagonal, siendo diseñada para usos múltiples, posee gatos hidráulicos para movilizar tres de las cuatro plataformas y el foso de la orquesta.

La tramoya se encuentra suspendida en el espacio y sostiene elementos como los techos de la concha acústica, telones y puentes de luces. La iluminación de la sala es posible gracias a una consola central de iluminación, que posee 960 circuitos de operaciones computarizadas, conformada por dos puentes de luces, pantallas laterales de 24 reflectores, dos tormentos laterales de 24 puntos de iluminación, además de 8 torres para colocar reflectores.

Pedro Antonio Ríos Reyna (San Juan de Colón, estado Táchira, Venezuela, 6 de noviembre de 1905 – †Nueva York, Estados Unidos, 13 de febrero de 1971) fue un violinista, compositor, director de orquesta y promotor cultural venezolano.

La disposición de las 24 zonas de la sala permite la difusión del sonido por el espacio, generando una acústica adecuada, la cual se apoya en un sistema técnico controlado a través de una consola de sonido. Además existen un conjunto de cajas de resonancia, un sistema de amplificación (closter), una serie de “nubes” diseñadas por el artista Jesús Soto que funcionan como paneles acústicos, adaptables a la emisión sonora de cada espectáculo.

 

Por la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño han pasado grandes artistas como:
– Luciano Pavarroti.
– Placido Domingo.
– Monserrat Caballé.
– Juan Luis Guerra.
– Miguel Bosé.
– Joaquín Sabina.
– Facundo Cabral.
– Vikki Carr.
– Natalie Cole.
– Isabel Pantoja.
– Celia Cruz.
– Armando Manzanero.
– Pablo Milanés.
– Ricardo Arjona.
– Raphael.
– Rocío Durcal.
– Fito Páez.
– Joaquín Cortes.
– Sarah Brightman.
– Marcel Marceau.
– Vittorio Gassmam.
– Les Luthiers.
– Maya Plisétskaya.
– Alfredo Sadel.
– Simón Diaz.
– Franco de Vita.
– Gustavo Dudamel.
– Soledad Bravo.
– Ricardo Montaner.

Este espacio también ha servido para presentaciones cultures con personajes como el papa Juan Pablo II, el Rey Juan Carlos de España, Mario Vargas Llosa, Ermesto Sábato y Lech Walesa.

Sala José Félix Ribas

El 12 de Febrero de 1976 se inauguró esta pequeña sala del complejo cultural Teatro Teresa Carreño. En el acto de apertura, se realizó un concierto de la Orquesta Juvenil “Juan José Landaeta” dirigida por el director Mexicano Carlos Chávez.

Su área es de 507,5m² y dispone de una capacidad de 347 butacas que conforman su aforo. La sala posee una cantidad de recursos que le permiten cambiar el nivel de absorción y brindar una excelente acústica a los presentes.

El techo de la sala cuenta con una obra del artista Jesús Soto, que lleva por nombre “Pirámides Vibrantes” y que funciona como techo acústico.

Arq. Ricardo Castillo G.
Director de Arquitectura Venezuela.
Twitter @Arquitecturavzl  Instagram @Arquitecturavzl Facebook Arquitectura Venezuela

Fotos: Hugo Londoño @Huguito

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Teatro de Chacao

Teatro Chacao

No hay manera que esta estructura pase inadvertida. El gran origami de color naranja sorprende a los transeúntes que recorren El Rosal y divisan a lo lejos esta construcción fractal. Podría decirse que la personalidad del Teatro de Chacao comienza desde su arquitectura, pues se trata de una obra de 2.000 metros cuadrados de construcción, inspirada en los pliegues de El Ávila.

“El Teatro de Chacao es un edificio que dice yo soy arte, yo soy creación, yo soy innovación, yo soy distinto. Y eso era lo que queríamos, hacer muy evidente al transeúntes que este es un lugar que lo invita a una experiencia distinta. El teatro de Chacao es un espacio de encuentro, de diálogo, de intercambio de ideas, de reflexión y de esparcimiento”. Diana López en “Chacao. Ciudad Posible”.

El teatro forma parte del Centro Cultural Chacao, uno de lo más completos de la ciudad. En 2004, abrió la primera etapa que incluía la Sala Experimental, así como los espacios de exposición Caja 1 y Caja 2. En 2011, se inaugura la segunda etapa, que abarca el Teatro de Chacao con su sala principal de 526 butacas, salas de ensayo y camerinos. Aparte, el espacio cuenta con Café Chacao para aguardar a que comience la función.

No creo que sea apropiado decir que el Teatro de Chacao ha sustituido al Teatro Teresa Carreño. No hay punto de comparación. Pero si me atrevería a afirmar que se ha convertido en un refugio para la cultura. En un espacio para excelentes conciertos y buenas obras de teatro. Su programación es de mucho nivel. Por tanto, cualquier pieza o espectáculo que promocionan lleva sello de calidad. Larga vida para el Centro Cultural Chacao.

Dirección: Avenida Tamanaco. El Rosal. Frente al Centro Lido.

Fotos: Cortesía Centro Cultural Chacao. Ricardo Gómez-Pérez / Lisbeth Salas

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Plaza Venezuela

Plaza Venezuela

Tengo una relación muy particular con la Plaza Venezuela. En especial, con la fuente. Y es que durante mis tiempos de reportera en el Diario El Universal me tocó cubrir el proceso completo de rehabilitación de este ícono de la ciudad, que llevaba 12 años inoperativa. Así que no sólo conocí el proyecto en papel, sino que presencié cada uno de los avances de las obras, desde la remoción de la pileta, la prueba de las luces y el sonido. Incluso, llegué a entrar a la sala de máquinas que está debajo de la fuente y que resultó ser un submundo impresionante.

Recuerdo que el día que se hizo el llenado de la pileta, a los periodistas que cubríamos la actividad nos hicieron meternos en la piscina para “bautizarnos” con el agua de la quinta versión de la fuente de Plaza Venezuela. Y por si fuera poco, tuve el privilegio de conocer al ingeniero Santos Michelena, quien realizó la anterior instalación en 1983 y, que en esta oportunidad, colaboró en los trabajos de rehabilitación que emprendió Pdvsa-La Estancia en 2007.

Por tanto, era de esperar que cuando se realizó el acto de reinauguración de la quinta versión fuente de Plaza Venezuela estuviese más que emocionada, por ver como un ícono que data de 1940 había recobrado vida, ahora con la incorporación de un juego de agua, luces y música que me recuerda a la famosa Fuente Mágica de Mointjuic que está en Barcelona (España).

Las obras de rehabilitación de la fuente de Plaza Venezuela incluyeron además los trabajos de recuperación de la obra Abra Solar de Alejandro Otero, así como la Fisicromía del maestro Carlos Cruz-Diez. Y vaya que hay que reconocer que estas labores mejoraron mucho este espacio, que prácticamente es el corazón de la ciudad.

Fotos: Hugo Londoño @huguito

 

 

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La cruz del Ávila

La historia de la Cruz del Ávila se remonta al 1ero de Diciembre de 1963, cuando el ingeniero Ottomar Pfersdorff de origen estadounidense y empleado de la Electricidad de Caracas propone crear un ícono caraqueño que simbolize el inicio de la Navidad.

Ottomar, junto con los empleados del Hotel Humboldt, propone realizar una cruz en su fachada como un enorme foco. Entonces, se encendieron las luces de varias habitaciones haciendo la forma de una cruz cristiana, la cual ocupaba 30 cuartos y tenía una altura de 33mts.

Dicha tradición se mantuvo hasta el año 1966 cuando el consumo eléctrico del hotel se hizo insostenible, ya que mantener la cruz encendida requería de 146 bombillos de 100 vatios y 6 reflectores de 1.000 vatios, lo que generaba un consumo de 384 KWh.

En el año 1967 se decide colocar una cruz de 30m de alto por 20m de ancho con 120 lámparas fijas en la antena de VTV, ubicada en los Mecedores, a una altura de 1.760m. Esta estructura funcionaria hasta 1982 cuando la Electricidad de Caracas construyó una cruz de hierro galvanizado con 74 reflectores de 150 vatios cada uno. Esta nueva estructura cuenta con 37m de alto por 18m de ancho.

La cruz es encendida todos los 1ero de Diciembre de cada año y es apagada el 6 de Enero. Solamente en el año 2007 se encendió el 28 de Noviembre y este año la misma fue iluminada el 1ero de Noviembre.

Arq. Ricardo Castillo / Director de Arquitectura Venezuela @arquitecturavzl
Foto: Leomarys Ñane

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Cementerio General del Sur

Cementerio del Sur

Confieso que me frustraba un poco que todo el mundo me contara sobre el Cementerio General del Sur y que yo sólo lo hubiese visto de lejos, cuando tenía pautas en el Hospital Padre Machado.

“Tienes que ver el mausoleo de Joaquín Crespo”, me decían. “Allí está la tumba de Ismaelito, el de la Corte Malandra”. “Debes conocer el cementerio judío”. “La zona donde están los cadáveres que nadie identifica se llama La Peste”… No vale, me dije un día, TENGO que ir.

Pero, claro, sola ni loca. Así que hace tres años cuando el personal de Fundacaracas estaba organizando rutas patrimoniales por el camposanto con el resguardo de los funcionarios de la Policía de Caracas, no lo pensé dos veces y me lancé.

A este tipo de experiencias, siempre voy sin mayores expectativas. Dispuesta a que me sorprenda. En este caso, sabía que me toparía con un espacio muy deteriorado. Pero estaba convencida de que encontraría cosas muy interesantes. Y así fue. El recorrido estuvo lleno de curiosidades. Me sorprendió mucho, por ejemplo, el espacio donde reposa María Francia, guardiana de los estudiantes.  La pequeña casa está repleta de cuadernos, chemises, carnets y medallas en señal de agradecimiento.

Según te explican en el paseo, María Francia fue una excelente estudiante de derecho, quien murió mordida por una serpiente el día de su boda, cuando estaba en el jardín cortando su buquet. ¿Qué de cierto sea esto? No lo sé. Porque según su fecha de nacimiento 07/10/ 1905 y su fecha de deceso 15/02/1920, la joven sólo llegó a cumplir 14 años. Lo cierto, es que las incongruencias poco importan, cuando de fervor se trata.

A su lado reposa, Ismael Sánchez, mejor conocido como Ismaelito de la Corte Malandra. Para quien no lo conoce, sorprende ver esas imágenes con pistolas en el cinto. Pero ya sabiendo de qué se trata, la verdad me decepcionó pues la esperaba más temeraria. No sé si sea la palabra más adecuada. Pero es la que me viene a la cabeza.

Un poco más allá, un árbol repleto de casas de maderas y carritos despiertan demasiada curiosidad. Se trata del “altar” de Victorino Ponce, un albañil que construía casas de madera para las personas más necesitadas de Curiepe. El lugar donde reposan sus restos lo resguarda José Ferrer, un hombre con un profundo fervor que se encarga de mantener ese espacio, luego de que Victoriano se le apareciera en un sueño para solicitárselo, según el mismo cuenta.

Y así entre estación y estación, se va recabando historias, imágenes, anécdotas… El paseo fue bastante informal. No existe un levantamiento histórico exhaustivo. Por tanto, no conocí los detalles arquitectónicos de los mausoleos ni los nombres de los artísticas que realizaron las esculturas que reposan sobre las tumbas. Sólo fue una oportunidad para conocer de una manera segura este espacio que data de 1876, exorcizar los demonios que lo rodean, matar la curiosidad y saldar una deuda pendiente con la ciudad. Así que, por todos lados, valió la pena.

Foto: Venancio Alcaceres. Diario El Universal.

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