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Arquitectura

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Torre La Previsora

Torre La Previsora

Desde el aire sirve de referencia. Desde el asfalto funciona como reloj. Su ubicación convierte a la Torre La Previsora en una estructura imponente y determinante de su entorno. Aparte de ser el centro de ruta de los aviones que aterrizan en el aeropuerto La Carlota, según comenta Ramón Eduardo Tello, fundador del proyecto arquitectónico.

La edificio de forma piramidal mide 117 metros de altura y posee 24 pisos para uso empresarial. Comenzó a ser diseñada en 1970 cuando la Junta Directiva de Seguros La Previsora se propuso buscar una edificación que se convirtiera en emblema de la empresa. La decisión fue alzar una estructura propia y para ello la compañía hizo emisión de bonos de dos días para un total de 34 millones de bolívares de entonces, que financiaron la compra del terreno y el desarrollo de la construcción.

El sitio planteó retos, principalmente el alto nivel freático del terreno debido a la cercanía con el río Guaire. Además, se debió adelantar un extenso proceso de expropiaciones de inmuebles colindantes. El contrato fue adjudicado al Consorio Integral Fertec, quienes convocaron un concurso para el diseño arquitectónico que ganaron Francisco Pimentel -sobrino y nieto de los arquitectos Louis Raimond Malaussena y Louis Antonie Malaussena, respectivamente-, Bernardo Borges y Pablo Lasala.

En el proyecto original se pensó dotarla de un restaurante giratorio en la última planta, aunque luego se desistió pues algunos de los directivos pensaban que los comensales “se iban a marear mientras comían”, según relata Tello. Las obras se iniciaron en 1971 y el edificio se inauguró en 1973, coronado por un reloj digital luminoso único en el mundo para aquel momento. Este tuvo que ser ideado y desarrollado en Venezuela por la “Internacional de Control y Registro”, que importó desde el extranjero los componentes del sistema.

El aparato ocupa los laterales de la torre y alcanza cuatro pisos de altura. Fue creado por Ignacio Fungairiño a partir de un reloj suizo Patek Phillipe que da la hora y es reflejada en una pizarra electrónica de 600 bombillos. Su instalación se realizó durante ocho meses, por insistencia del presidente de la compañía aseguradora, pues los diseñadores de la torre se oponían. En lo que sí hubo coincidencia fue en la inclusión de un espacio cultural coronado por una sala de cine en la mezzannina del edificio, que fue referencia de las películas de autor en los 80 y 90.

Victor Amaya
Foto: Hugo Londoño @Huguito

Dirección:
Metro: Plaza Venezuela
Horarios de atención: Lunes a Viernes 9:00am a 4:00pm

Dato: La puerta del edificio es una Cromoestructura del maestro Carlos Cruz Diez instalada en 1992.

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ArquitecturaHistoria

Casa Amarilla

Casa Amarilla

La historia cuenta que, luego de que una muchedumbre dijera al unísono “¡no!”, el Capitán General Vicente Emparan, desde un balcón, respondió a gritos: ¡Si el pueblo no quiere que los gobierne, entonces yo tampoco quiero mando!”. La escena del 19 de abril de 1810, considerada un punto de partida para el proceso de independencia, ocurrió frente a la Plaza Bolívar de Caracas, en esa casona que ahora es la sede de la Cancillería venezolana.

Por el color de su fallada, se conoce como la Casa Amarilla. Tiene dos plantas y un gran patio interno que conduce a todos sus salones protocolares. La edificación, que data de finales del siglo XVIII, albergó la Penitenciaría Real y todavía se puede ver en su sótano las barras de hierro, los grillos y las cadenas en los calabozos de aquella época. Después pasó a ser la sede del Consejo Eclesiástico de la ciudad, y más tarde el Palacio de Gobierno.

En 1874, Antonio Guzmán Blanco, en su afán de modificar estructuras de la ciudad, le ordenó al arquitecto Juan Hurtado Manrique reestructurarla y convertirla en la Mansión Presidencial. Además de él, la ocuparon Francisco Linares Alcántara, quien ordenó pintarla de amarillo por ser el color del partido Liberal; y Cipriano Castro. Dicen que éste último se lanzó aterrado desde unos de sus balcones durante el terremoto de 1900. Por decreto de Juan Vicente Gómez, en 1912, se convirtió en la Cancillería de la Nación.

Esos hechos históricos convirtieron el inmueble en Monumento Histórico Nacional, de acuerdo con la Gaceta Oficial 31.678 según del 16 de febrero de 1979. Cuando no hay actos protocolares, el público general puede entrar y visitar la Biblioteca de documentación y el archivo.

Erick Lezama
Foto: Fernando Gálvis @owendfer

Estación del metro: Capitolio.
Horario: Lunes a viernes de 09:00 am a 12:30 pm y de 02:00pm a 05:00pm.
Dirección: Esquina de Principal, lado Oeste de la Plaza Bolívar, 1010 Caracas

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Arquitectura

Museo de los Niños

Museo De Los Niños

De la idea a la inauguración pasó una década. Alicia Pietri de Caldera, primera dama de la República a comienzos de los 70 imaginó un museo para los niños. Durante años concibió el proyecto y buscó aliados para construir el espacio que sería administrado por la fundación privada Museo de los Niños, que creó en 1974 cuando abandonó La Casona.

La administración de Luis Herrera Campins le cedió un área para ejecutarlo en el entonces naciente complejo Parque Central. La edificación se inauguró en 1982 y llamaba mucho la atención por estar pintada por fuera como una caja de colores. En 1993 abrió sus puertas el edificio anexo, el de la Aventura Espacial con el trasbordador, un paseo lunar para niños y el Planetario. Fue la última gran expansión física en una institución que internamente no ha dejado de crecer.

En total, el Museo de los Niños tiene casi 600 exhibiciones. En la última década y media, se renovaron exposiciones completas. Aparte, se incorporó La Emoción de Vivir Sin Drogas y La Caja de Colores, un espacio para niños en edad preescolar. Todo eso se hizo en las áreas que el Museo tenía disponibles, pues la estrategia ha sido la reutilización de la planta física ya existente, sin más ampliaciones. La última de gran tamaño fue en 1994, al final de un período esplendoroso que comenzó en 1988, como admiten sus propios trabajadores.

“Lo que hacemos es una tendencia internacional, que es el aprovechamiento de los espacios. Por ejemplo, antes los niños se entretenían y aprendían con rompecabezas de grandes piezas, ahora es con pantallas táctiles y juegos digitales que ocupan menos espacios. Eso nos ha funcionado porque antes teníamos 10 exhibiciones en un espacio y ahora podemos tener hasta el doble”, explica Darwin Sánchez, jefe de Educación del museo.

Las instalaciones más emblemáticas siguen allí: la molécula, el túnel de colores, el piano gigante, el submarino incrustado en una pared, el Viaje al Mundo Maravilloso con todo y su cabina; el trasbordador y la superficie lunar. Varias se han modernizado, como el estudio de TV ahora digital o la camioneta Trail Blazer que sustituyó al Malibú que los niños “manejan”. La visita es anárquica. No tiene un inicio ni un final formal: cada quien la comienza donde quiere y se dirige a los montajes que desee, siguiendo dos principios “Prohibido No Tocar” y “Aprender Jugando”.

Víctor Amaya
Foto: Hugo Londoño

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Arquitectura

Mezquita

A finales de los años 80, Venezuela se veía una nación pujante. El presidente Carlos Andrés Pérez llegaba por segunda vez a Miraflores en 1989 y las relaciones con Arabia Saudita eran buenas. De ahí que el nuevo gobierno planeó para Caracas un bulevar cultural y de encuentro que se extendiera desde la Plaza Morelos hasta el Paseo Colón, bordeando el Parque Los Caobos, que incluiría la ubicación de varias iglesias monoteístas.

Así nació la mezquita más grande de Venezuela, en un terreno cedido por el Gobierno a Arabia Saudita en intercambio por la tierra donde se instaló la nueva embajada venezolana en tierras saudíes. “En el área de 5 mil metros cuadrados se colocó un diseño imponente por la importancia que representa Caracas para la arquitectura y por el interés mutuo, de la Fundación que se encargó de construirla y de Venezuela, de hacer un monumento ícono de la ciudad”, sostiene Kahlil Abdul, coordinador académico y cultural de la mezquita.

La construcción la impulsó una organización sin fines de lucro la Fundación Ibrahim Ibin Abdul Aziz Al-Ibrahim -de allí el nombre que porta en su fachada- y para el diseño se decidió combinar una visión islámica, bajo el estilo otomano, con aportes occidentales. El arquitecto árabe Zuheir Fayez hizo los planos con el aporte del venezolano Oscar Bracho, quien supervisó la construcción para lograr “una mezcla de arte, diseño y arquitectura de dos hemisferios”, dice Abdul. Y aunque la historia oficial no la incluye, la venezolana Eva Arredondo hizo aportes arquitectónicos.

Cuando se terminó de construir en 1993, la Mezquita de Caracas era la más grande de América Latina. Título que mantuvo hasta 2000 cuando fue superada por el Centro Cultural Islámico Rey Fahd de Argentina. Su minarete de 113 metros se alza sobre el perfil urbano de la capital, orgulloso de ser el segundo más alto del mundo, completando la silueta que marca la imponente cúpula de 28 metros.

La sala de rezos puede albergar hasta 1500 fieles en su gran alfombra dispuesta para los cinco rezos diarios, así como la mezzanina superior destinada al uso de las mujeres. “No hay símbolos religiosos ni imágenes en el salón. Todo es dedicado al arte”, dice Abdul. La mezquita tiene espacios académicos -para cursos de árabe y actividades culturales-, áreas deportivas, fuente de abluciones y un cuarto para servicios funerarios. En tiempos de Ramadán, la Mezquita de Caracas -una de las 18 ubicadas en el país- convoca a los rezos usando los megáfonos a lo alto del minarete.

Víctor Amaya
Foto: Caritza Campos

Dirección: Calle Real de Quebrada Honda
Horarios de visita: Domingos 8:00 am – 4:00 pm
Metro: Colegio de Ingenieros

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Arquitectura

Parque Central

La construcción de Parque Central fue el evento arquitectónico que marcó la ciudad en la década del setenta, según reseña la Guía de Arquitectura y Paisaje de Caracas. Ese proyecto, que prometía ser en sí mismo una ciudad moderna y ofrecer un nuevo modo de vivir, fue concebido por los arquitectos Daniel Fernández-Shaw y Enrique Siso como un conjunto de usos múltiples. Algo nunca antes visto. Ocho edificios residenciales convivirían con oficinas, comercios, museos y salas de convenciones. Todo construido con criterios de vanguardia: un sistema de extracción de basura al vacío, suministro de agua por tuberías de cobre y aire acondicionado integral con agua helada.

Todo lo que prometía el futuro, estaría en Parque Central. Tanto, que el complejo arquitectónico se vendió con el eslogan “un nuevo modo de vivir que nada tiene que ver con el pasado”. Aquel material promocional que se le ofrecía a los futuros propietarios señalaba que el complejo contaría con los más modernos servicios, ascensores con capacidad para 24 personas, sistema de vigilancia por circuito cerrado de televisión las 24 horas y alarmas contra incendios en todos los pasillos.

 

Archivo Daniel Fernández-Shaw Escari0

Aparte, los apartamentos tendrían sanitarios sin tanque de agua, lavamanos con mezclador único de agua fría y caliente, pisos alfombrados sobre base de espuma de caucho y paredes decoradas con una combinación de pintura y tapizado. Todo ello inmerso dentro del paisajismo diseñado por el artista brasilero Roberto Burle Marx, el mismo que dirigió el proyecto del Parque del Este.

“Parque Central era una joya”, afirma Carlos Sánchez, residente del conjunto desde hace 37 años y dueño de un taller mecánico en el sótano 3. “Era tranquilo. Seguro. Era un conjunto residencial de puros profesionales. No tenías necesidad de salir porque aquí había de todo. Restaurantes, discotecas, cine, bancos. Era tu propio hábitat dentro de la ciudad”, agrega.

En aquellos inicios, la estructura se convirtió en una proyección de país. Era un reflejo de sus sueños, de lo que quería ser. De una ciudad moderna, democrática e inclusiva, según palabras del investigador Vicente Lecuna. “Parque Central fue un gran proyecto de desarrollo. Pero se construyó para un país inventado de la nada, que surgió de una modernidad instantánea, que no existe”, añade.

Mirelis Morales Tovar

 

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Arquitectura

Plaza Bolívar

PlazaBolivar

Plaza Bolívar hay muchas. Sobre todo en este país. Cada pueblo, por muy pequeño que sea, tiene su espacio reservado para homenajear a El Libertador. Y Caracas obviamente no es la excepción.

La Plaza Bolívar es el centro neurálgico del casco colonial de la ciudad. Se creó en 1567 con el nombre de Plaza Mayor, en el lugar donde indicó Diego de Losada, fundador de la ciudad. A lo largo del tiempo ha cambiado de forma y función. Sin embargo, siempre ha sido lugar de encuentro de los caraqueños.

Su visita es parada obligada, no sólo porque alrededor de ella encontramos edificaciones históricas significativas, tales como la Catedral, la Casa Amarilla o la Gobernación, sino porque allí en ese mismo suelo nació Caracas hace cuatrocientos cincuenta años.

En el centro de la Plaza Bolívar se eleva una gran escultura de El libertador Simón Bolívar, del escultor Adán Tadalini, que data de 1874. Escondido bajo su pedestal, antes de su inauguración, el ex presidente Antonio Guzmán Blanco colocó una caja del tesoro con reliquias de la época como fotografías, libros y hasta billetes, la cual sigue allí intacta desde entonces. Ojo, ni haga el intento de subir en su pedestal, porque está prohibido.

En la zona siempre hay gran cantidad de personas, circulando por la plaza o sentados en sus bancos. Es normal ver a los niños alimentar las palomas o las ardillas negras que viven en los frondosos árboles (sí, son negras y casi no se ven así en ningún otro lugar). Vendedores de dulces se pueden encontrar a los alrededores de la plaza, al igual que varios cafés, chocolaterías y restaurantes, donde podrás sentarte a descansar. Incluso entre las esquinas Padre Sierra y Conde hay un lugar donde hasta no hace mucho se podía comprar una torta melosa, que se dice provenía de la misma receta que fuera favorita de Simón Bolívar.

No se recomienda ir en carro, pues es muy complicado estacionar en la zona. Lo mejor es tomar el metro y bajar en la estación Capitolio, salida “Esquina la Bolsa-Padre Sierra”. Allí saldrá enfrente de la Asamblea Nacional, solo deberán bordearla hacia su mano izquierda y llegarán directamente a la Plaza.

Stefany Da Costa
Co-Fundadora de Urbanimia

Foto: Hugo Londoño @Huguito

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Arquitectura

Teatro Nacional

El Teatro Nacional fue construido por órdenes del presidente Cipriano Castro, a quien su esposa Doña Zoila de Castro le había sugerido construir otro teatro en la ciudad que fuera más lujoso que el Teatro Municipal.

Para cumplir los caprichos y deseos de Doña Zoila, el entonces presidente buscó al arquitecto Alejandro Chataing, quien trabajó junto al pintor Antonio Herrera Toro, el ebanista José María Jiménez y el escultor catalán Ángel Cabré.

Para su construcción se eligió el terreno que ocupaba el cementerio de Los Cipreses, el cual formaba parte del Oratorio de San Felipe de Neri.

El Teatro Nacional se inauguró el 11 de junio de 1905 con la presentación de la zarzuela “El Relámpago”. Este recinto cuenta con una capacidad de 797 butacas y un elegante interior donde los acabados de madera marcan la pauta. En su fachada se encuentran dos enormes columnas y, al final de ellas, dos estatuas que significan la comedia y la tragedia.

Arq. Ricardo Castillo G.
Director de Arquitectura Venezuela.
Twitter @Arquitecturavzl / Instagram @Arquitecturavzl / Facebook Arquitectura Venezuela

Foto principal: Hugo Londoño @huguito

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Arquitectura

Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena

Su estructura se pierde entre el follaje natural que la rodea. Sólo se divisa una nave que se asoma entre los árboles y es precisamente lo que llama la atención de los más curiosos. “¿Y esa casa de madera qué será?” se preguntan quienes circulan por la avenida Sur de La Lagunita.

Se trata de la Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena. Una verdadera joya arquitectónica. Ya sabrá por qué. En el mundo sólo existen 15 templos religiosos de este tipo y sólo dos se encuentran fuera de Rumania, según reseña el catálogo de Patrimonio Cultural en su capítulo dedicado al municipio El Hatillo.  Así que es un privilegio contar con este templo que constituye una muestra de la arquitectura religiosa ortodoxa del siglo XVI.

Al visitarla, uno no sabe si es más bella por dentro o por fuera. Este templo fue ensamblado pieza por pieza por artistas rumanos que vinieron especialmente al país para edificar esta iglesia que se inauguró el 7 de noviembre de 1999. Está construido de madera (roble y abeto), prefabricada y traída especialmente de Rumania. El techo lo conforma 40 mil tejas que fueron talladas y colocadas una a una.

Su interior está decorado con imágenes neo-bizantinas, elaboradas por artistas rumanos. Y aparte cuenta con otra particularidad: una angosta escalera que fue tallada en un sólo tronco.

Si tiene la oportunidad de visitarla, tómese el tiempo de ver cada detalle. No vaya a la carrera porque se perderá de apreciar, por ejemplo, el iconostasio propio de la iglesias ortodoxas, que es una pantalla o pared llena de íconos o imágenes de santos. En este caso, la estampa de nuestra Virgen de Coromoto no podía faltar como símbolo de unión entre dos culturas.

Mirelis Morales Tovar

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Arquitectura

Ciudad Universitaria

Esos rayos de luz se meten tercos por las rendijas y cruzan por todos lados. Si uno va distraído o apurado, da igual, en algún momento un rayo tímido calienta el rostro de quien camina o cae uno más osado que ilumina tanto que enceguece.

No es un efecto romántico: es el diseño de un artista de la arquitectura que le dio protagonismo al espacio abierto para que el trópico hiciera lo propio y las paredes sirvieran para direccionar el viento. Villanueva y la luz, Villanueva y el aire, Villanueva y la ciudad.

Los muros que guardan la cotidianidad a la vez son murales, galería de arte permanente para el que pasa y observa por primera vez, para el que se sienta y lo hace su sitio de espera, para el que lee apurado por un examen, para quien desayuna solo o acompañado, para quienes se besan, para quienes se ríen.

Muchas veces cuando atravieso la Plaza Cubierta o acorto camino por el pasillo de la Biblioteca pienso en números que se multiplican a cada minuto: cuántas fotografías tendrán de escenario las líneas y colores de Mateo Manuare, Víctor Valera, Pascual Navarro y Víctor Vasarely. Cuántas togas y birretes habrán posado al lado del brillo de bronce del Pastor de Nubes. Cuántos noviazgos habrán comenzado bajo una luz, transformada en prisma, por los vitrales de Fernand Léger o de Braulio Salazar. Cuántos otros habrán terminado furibundos en los rincones de “Tierra de nadie“.

La Ciudad Universitaria alberga un microcosmos urbano que palpita como el centro de otra ciudad que, a veces, le es ajena: una Caracas acechante que la rodea y la convierte en atajo, más que en arteria.
A veces llega a desangrarla, a dejarle heridas, a quebrarla. Otras tantas llega pidiendo ayuda, salud, ideas, conocimiento. Pero aún el visitante más renuente en algún momento se rinde: cuando goza en sus estadios la celebración del béisbol y el fútbol o cuando se sienta a disfrutar conciertos con la acústica perfecta bajo las Nubes de Calder en el Aula Magna, en el mismo lugar donde recibimos primero el título de ucevistas y después el de la carrera.

A veces sus raíces se resecan y se convierte en terreno árido para quien la vive. Pero siempre le están naciendo retoños verdes y frescos que le dan energía y atraen el sol de nuevo.

La UUUCV sabe, como buena caraqueña, que de esa casa de luces nadie se va indiferente.

Gabriela Rojas

Fotos: Hugo Londoño @huguito

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Arquitectura

Teatro Teresa Carreño

A finales de 1972 inician los trabajos de construcción de lo que sería el Teatro más grande de Venezuela y uno de los más importantes de Latinoamérica.

Para su realización el Centro Simón Bolívar dispuso de un terreno de 22.586m² ubicado entre Parque Central y el Parque Los Caobos. Se realizó un concurso que ganaron los arquitectos Tomás Lugo, Jesús Sandoval y Dietrich Kunckel, quienes diseñaron los 80.000m² del recinto.

El cálculo estructural fue realizado por los ingenieros José y Cecilio Luchsinger, Federico Alminara, Natalio Manchellum y José Ignacio Pulido. La parte mecánica de la edificación fue realizada por los ingenieros Isaac Kizer y Yolanda Sánchez con el apoyo de la empresa John L. Altiere & Asociados.

De la acústica y la mecánica teatral se encargó la empresa Bolt Beranek & Newman de Cambridge, Massachusetts y la firma George C. Izenour Associates de New Havor, Connecticut, quienes lograron un resultado impecable, con un diseño muy llamativo y un desempeño funcional sin igual, asesorado por los mejores especialistas de cada materia.

La construcción fue desarrollada por la extinta empresa Delpre C.A., que estuvo a cargo de la sala José Félix Ribas, que se inauguró el 12 de Febrero de 1976. Siete años después, con la culminación de la sala Ríos Reyna el 19 de Abril de 1983 quedaría totalmente inaugurado el complejo cultural Teatro Teresa Carreño.

María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño García (Caracas, 22 de diciembre de 1853 – Nueva York, EE.UU., 12 de junio de 1917), fue una pianista, cantante y compositora venezolana. Ha sido denominada por muchos expertos como la pianista más prolífica de América Latina durante los siglos XIX y XX.

 

Sala Ríos Reyna
Hasta los momentos sigue siendo la sala de teatro más importante de Venezuela y una de las más importantes de América Latina.

Tiene capacidad para 2.367 butacas distribuidas en 24 zonas.  Su escenario cuenta con 900m² en forma semi-hexagonal, siendo diseñada para usos múltiples, posee gatos hidráulicos para movilizar tres de las cuatro plataformas y el foso de la orquesta.

La tramoya se encuentra suspendida en el espacio y sostiene elementos como los techos de la concha acústica, telones y puentes de luces. La iluminación de la sala es posible gracias a una consola central de iluminación, que posee 960 circuitos de operaciones computarizadas, conformada por dos puentes de luces, pantallas laterales de 24 reflectores, dos tormentos laterales de 24 puntos de iluminación, además de 8 torres para colocar reflectores.

Pedro Antonio Ríos Reyna (San Juan de Colón, estado Táchira, Venezuela, 6 de noviembre de 1905 – †Nueva York, Estados Unidos, 13 de febrero de 1971) fue un violinista, compositor, director de orquesta y promotor cultural venezolano.

La disposición de las 24 zonas de la sala permite la difusión del sonido por el espacio, generando una acústica adecuada, la cual se apoya en un sistema técnico controlado a través de una consola de sonido. Además existen un conjunto de cajas de resonancia, un sistema de amplificación (closter), una serie de “nubes” diseñadas por el artista Jesús Soto que funcionan como paneles acústicos, adaptables a la emisión sonora de cada espectáculo.

 

Por la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño han pasado grandes artistas como:
– Luciano Pavarroti.
– Placido Domingo.
– Monserrat Caballé.
– Juan Luis Guerra.
– Miguel Bosé.
– Joaquín Sabina.
– Facundo Cabral.
– Vikki Carr.
– Natalie Cole.
– Isabel Pantoja.
– Celia Cruz.
– Armando Manzanero.
– Pablo Milanés.
– Ricardo Arjona.
– Raphael.
– Rocío Durcal.
– Fito Páez.
– Joaquín Cortes.
– Sarah Brightman.
– Marcel Marceau.
– Vittorio Gassmam.
– Les Luthiers.
– Maya Plisétskaya.
– Alfredo Sadel.
– Simón Diaz.
– Franco de Vita.
– Gustavo Dudamel.
– Soledad Bravo.
– Ricardo Montaner.

Este espacio también ha servido para presentaciones cultures con personajes como el papa Juan Pablo II, el Rey Juan Carlos de España, Mario Vargas Llosa, Ermesto Sábato y Lech Walesa.

Sala José Félix Ribas

El 12 de Febrero de 1976 se inauguró esta pequeña sala del complejo cultural Teatro Teresa Carreño. En el acto de apertura, se realizó un concierto de la Orquesta Juvenil “Juan José Landaeta” dirigida por el director Mexicano Carlos Chávez.

Su área es de 507,5m² y dispone de una capacidad de 347 butacas que conforman su aforo. La sala posee una cantidad de recursos que le permiten cambiar el nivel de absorción y brindar una excelente acústica a los presentes.

El techo de la sala cuenta con una obra del artista Jesús Soto, que lleva por nombre “Pirámides Vibrantes” y que funciona como techo acústico.

Arq. Ricardo Castillo G.
Director de Arquitectura Venezuela.
Twitter @Arquitecturavzl  Instagram @Arquitecturavzl Facebook Arquitectura Venezuela

Fotos: Hugo Londoño @Huguito

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