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Arquitectura

Museo de los Niños

Museo De Los Niños

De la idea a la inauguración pasó una década. Alicia Pietri de Caldera, primera dama de la República a comienzos de los 70 imaginó un museo para los niños. Durante años concibió el proyecto y buscó aliados para construir el espacio que sería administrado por la fundación privada Museo de los Niños, que creó en 1974 cuando abandonó La Casona.

La administración de Luis Herrera Campins le cedió un área para ejecutarlo en el entonces naciente complejo Parque Central. La edificación se inauguró en 1982 y llamaba mucho la atención por estar pintada por fuera como una caja de colores. En 1993 abrió sus puertas el edificio anexo, el de la Aventura Espacial con el trasbordador, un paseo lunar para niños y el Planetario. Fue la última gran expansión física en una institución que internamente no ha dejado de crecer.

En total, el Museo de los Niños tiene casi 600 exhibiciones. En la última década y media, se renovaron exposiciones completas. Aparte, se incorporó La Emoción de Vivir Sin Drogas y La Caja de Colores, un espacio para niños en edad preescolar. Todo eso se hizo en las áreas que el Museo tenía disponibles, pues la estrategia ha sido la reutilización de la planta física ya existente, sin más ampliaciones. La última de gran tamaño fue en 1994, al final de un período esplendoroso que comenzó en 1988, como admiten sus propios trabajadores.

“Lo que hacemos es una tendencia internacional, que es el aprovechamiento de los espacios. Por ejemplo, antes los niños se entretenían y aprendían con rompecabezas de grandes piezas, ahora es con pantallas táctiles y juegos digitales que ocupan menos espacios. Eso nos ha funcionado porque antes teníamos 10 exhibiciones en un espacio y ahora podemos tener hasta el doble”, explica Darwin Sánchez, jefe de Educación del museo.

Las instalaciones más emblemáticas siguen allí: la molécula, el túnel de colores, el piano gigante, el submarino incrustado en una pared, el Viaje al Mundo Maravilloso con todo y su cabina; el trasbordador y la superficie lunar. Varias se han modernizado, como el estudio de TV ahora digital o la camioneta Trail Blazer que sustituyó al Malibú que los niños “manejan”. La visita es anárquica. No tiene un inicio ni un final formal: cada quien la comienza donde quiere y se dirige a los montajes que desee, siguiendo dos principios “Prohibido No Tocar” y “Aprender Jugando”.

Víctor Amaya
Foto: Hugo Londoño

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Lugares

Avenida Bolívar

Avenida Bolívar

Hablar de la Avenida Bolívar de Caracas es recordar el Plan Rotival. En 1937, cuando se crea la Dirección de Urbanismo del Distrito Federal, fueron contratados tres arquitectos y urbanistas franceses para una misión: hacer un estudio urbano de Caracas y elaborar un plan para su desarrollo como futura gran metrópoli.

Fue así como Henri Prost, Jacques Lambert y Maurice Rotival presentaron dos años después, en 1939, el Plan Monumental de Caracas, que desde un principio y hasta el día de hoy es denominado Plan Rotival.

En ese plan maestro se propuso construir una gran avenida monumental, que conectara al este y oeste de la ciudad, con edificios de oficinas gubernamentales a ambos lados, que iniciara al finalizar el parque Los Caobos y culminara en el parque El Calvario, donde además sería construido un mausoleo para el Libertador (a lo alto de las escalinatas) y se mudaría la sede del Congreso a donde hoy está la urbanización El Silencio. De todo lo planificado, la avenida Bolívar fue la única que se concretó.

Como un regalo de fin de año, el 31 de diciembre de 1949 (10 años después de la propuesta de Rotival), se inauguró la avenida Bolívar de Caracas. Nació amplia y sin edificios a los lados, pero sí con vías subterráneas para los vehículos. Toda una novedad.

Bolívar Cívico, la escultura de El Libertador que destaca en el extremo oeste de la vía, en la plaza central que marca la entrada y salida a los túneles de la avenida Bolívar, fue realizado por el escultor Julio Maragall en 1987.

En el este, comienza con el empalme de la autopista Francisco Fajardo, pasando por debajo de la plaza que une al hotel Alba Caracas (antes Caracas Hilton) con el Museo de Arte Contemporáneo y el complejo Parque Central desde las residencias Anauco. Un espacio que ofrece una vista excepcional de la avenida Bolívar hasta las torres del Centro Simón Bolívar.

Desde ese punto, el peatón puede realizar un iniciar un paseo cultural, comenzando por el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, el Museo de los Niños, la nueva sede de la Galería de Arte Nacional (GAN), el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez y terminando en el Museo Nacional de Arquitectura (Musarq). Sin contar la sede de la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas.

Mateo Manaure también tiene su impronta en la Avenida Bolívar. La fachada del edificio de la Cantv, ubicada luego de la nueva sede de la GAN, deja ver el amplio mosaico de tonos azules, blanco y verde creado por el artista en 1954.

Pero la mejor experiencia es completar el recorrido de la Avenida Bolívar en línea recta, pasar por debajo de las torres del Centro Simón Bolívar y reencontrarse con esa ciudad moderna al llegar de nuevo a la superficie y toparse, de frente, con la imponente Plaza O’Leary y los emblemáticos edificios residenciales de El Silencio. Por ese impecable trazado y conjugación con importantes obras arquitectónicas, la avenida Bolívar forma parte de la identidad urbana caraqueña. Esa que trasciende más allá de los mítines políticos y mercados populares que se han sumado, por momentos, a sus diversos usos.

Patricia Marcano
Foto: Hugo Londoño

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