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Arquitectura

Parque Central

La construcción de Parque Central fue el evento arquitectónico que marcó la ciudad en la década del setenta, según reseña la Guía de Arquitectura y Paisaje de Caracas. Ese proyecto, que prometía ser en sí mismo una ciudad moderna y ofrecer un nuevo modo de vivir, fue concebido por los arquitectos Daniel Fernández-Shaw y Enrique Siso como un conjunto de usos múltiples. Algo nunca antes visto. Ocho edificios residenciales convivirían con oficinas, comercios, museos y salas de convenciones. Todo construido con criterios de vanguardia: un sistema de extracción de basura al vacío, suministro de agua por tuberías de cobre y aire acondicionado integral con agua helada.

Todo lo que prometía el futuro, estaría en Parque Central. Tanto, que el complejo arquitectónico se vendió con el eslogan “un nuevo modo de vivir que nada tiene que ver con el pasado”. Aquel material promocional que se le ofrecía a los futuros propietarios señalaba que el complejo contaría con los más modernos servicios, ascensores con capacidad para 24 personas, sistema de vigilancia por circuito cerrado de televisión las 24 horas y alarmas contra incendios en todos los pasillos.

 

Archivo Daniel Fernández-Shaw Escari0

Aparte, los apartamentos tendrían sanitarios sin tanque de agua, lavamanos con mezclador único de agua fría y caliente, pisos alfombrados sobre base de espuma de caucho y paredes decoradas con una combinación de pintura y tapizado. Todo ello inmerso dentro del paisajismo diseñado por el artista brasilero Roberto Burle Marx, el mismo que dirigió el proyecto del Parque del Este.

“Parque Central era una joya”, afirma Carlos Sánchez, residente del conjunto desde hace 37 años y dueño de un taller mecánico en el sótano 3. “Era tranquilo. Seguro. Era un conjunto residencial de puros profesionales. No tenías necesidad de salir porque aquí había de todo. Restaurantes, discotecas, cine, bancos. Era tu propio hábitat dentro de la ciudad”, agrega.

En aquellos inicios, la estructura se convirtió en una proyección de país. Era un reflejo de sus sueños, de lo que quería ser. De una ciudad moderna, democrática e inclusiva, según palabras del investigador Vicente Lecuna. “Parque Central fue un gran proyecto de desarrollo. Pero se construyó para un país inventado de la nada, que surgió de una modernidad instantánea, que no existe”, añade.

Mirelis Morales Tovar

 

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Vida Urbana

Parque Los Chorros

Parque Los Chorros

El Parque Los Chorros podría considerarse uno de los más viejos de Caracas. Tiene una historia ligada a los tranvías y la creación de los acueductos en la ciudad. Las referencias señalan que se estableció como balneario recreativo en 1915, cuando quedaba casi a las afueras de la capital.

La empresa Gran Ferrocarril Central estableció una línea de 6 kilómetros de extensión que iba desde Agua de Maíz hasta Los Chorros, justo en la entrada de lo que es el parque hoy. En 1971, con la construcción de la avenida Boyacá, el Instituto Nacional de Parques hizo una remodelación del espacio, se desarrollaron sus 4,5 hectáreas y se adecuaron las caminerías, escaleras, puentes, miradores, cafetines y se establecieron otros servicios como bebederos y baños.

Un domingo cualquiera se repite la estampa, con otras modas, de hace más de 100 años. Decenas de familias se reúnen en torno al pozo de Los Guayabos, que se llena con una pequeña cascada de unos 20 metros de altura. La cara de sorpresa de muchos da a entender que el agua es casi un descubrimiento para los caraqueños. Y es que el parque Los Chorros los conecta con una memoria que fue enterrada.

De las más de 23 quebradas que parten de El Ávila, la Tócome se deja ver en plena ciudad y todavía es un balneario para los más pequeños. A los adultos no les está permitido bañarse en la quebrada, pero las rocas en torno a la caída de agua ofrecen una experiencia de brisa y llovizna que limpia la mente. Sumergir los pies hasta sentir los aguijones del frío de montaña también es posible.

El parque está cobijado por frondosos árboles caobos, mangos, ceibas, bucares, guanábanos. Se pueden ver ardillas y perezas. El sonido de los pájaros y las chicharras y otros insectos se mezcla con el de otra especie: los niños y sus risas mientras corretean río arriba.

Justo al final del parque hay otro atractivo que habla de esa ciudad que creció sin olvidarse de lo verde. Al mirar al cielo, las copas de los árboles tocan los dos brazos grises de concreto armado de uno de los viaductos más largos de la Cota Mil, que lleva el nombre de Adolfo Ernst, naturalista alemán que ayudó a documentar parte de la biodiversidad del país en el siglo pasado.

El parque está estructurado en las riberas de la quebrada, como una ilusión de todos lo que pudieron adecuarse en cada uno de los cursos de agua a lo largo del cerro Ávila, pero que terminaron embaulados en colectores residuales.

Florantonia Singer
Foto: Mirelis Morales Tovar

Dirección: avenida Los Castaños, urbanización Los Chorros

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Vida Urbana

Parque del Este

ParquedelEste9

Es un parque con identidad propia. Tanto así, que pocos conocen cuál es su nombre original. ¿Alguna vez se lo ha preguntado? Bueno, quizás no sepa que este espacio se inauguró el 19 de enero de 1961 bajo el nombre Parque Rómulo Gallegos. Pero en 1983, pasó a llamarse Parque Rómulo Betancourt como un homenaje póstumo al expresidente. Y aunque desde 2002 se han empeñado en llamarlo Parque Generalísimo Francisco de Miranda, no hay manera que dejemos de llamarlo Parque del Este. Nuestro Parque del Este.

Puede que no sea el Central Park. Pero estas 82 hectáreas de verdor diseñadas por el paisajista brasilero Roberto Burle Marx son el pulmón vegetal de Caracas -aparte de El Ávila, claro está- y es prácticamente el espacio recreativo más importante de la ciudad. Es el punto de encuentro de los corredores, de los boyscouts, de los practicantes de yoga, tai chi, de los planes vacacionales. En fin, de todo aquel que necesita un área verde para distraerse.

Hay quienes religiosamente acuden todas las mañanas y gozan del beneficio de ver salir el sol en medio de aquel verdor. Me consta porque lo hice durante mi corta pasantía como corredora y fue un privilegio haberlo vivido. Pero de aprendiz de corredora no pasé. Por tanto, me busqué a alguien que es una “institución”, pues nadie como él para hablar del Parque del Este:

“Comencé a correr en el Parque del Este en el año 1972. Tenía, en ese entonces, 36 años”, recuerda Rafael Borges quien fuera creador de la ‘Ruta Borges’, una de las más conocidas entre los trotadores del parque. “Mi amigo Pedro Penzini F. me incentivó, con sus columnas semanales y su libro Correr es Vivir, a entrenar para los maratones de 42K. Pero esto implicaba hacer hasta 14K diarios para cubrir la distancia y la vuelta normal del Parque del Este sólo tiene 2.5K. Así que había que buscar una ruta más larga y evitar la monotonía del entrenamiento. Fue entonces cuando se originó la Ruta Borges de 7K, que nos ayuda aliviar el esfuerzo necesario en la preparación para lograr la meta de culminar un maratón de 42K”.

“El Parque del Este me ha dado mucho”. agrega. “Mi óptimo estado de salud se lo debo en gran parte al placer que me proporciona ir todos los días. Allí no solamente he obtenido los beneficios del ejercicio físico, sino que también se ha vuelto para mí un espacio para reflexionar y alimentar mi espíritu. Sin exagerar, puedo decir que las decisiones importantes de mi vida las he tomado durante mi visitas diarias.  Aparte, me ha permitido cultivar y mantener la amistad de personas que compartimos el mismo vicio. Así que mientras Dios me lo permita seguiré yendo, porque para mí el parque es sinónimo de vida. Es la mejor fuente de salud”.

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Lugares

Avenida Bolívar

Avenida Bolívar

Hablar de la Avenida Bolívar de Caracas es recordar el Plan Rotival. En 1937, cuando se crea la Dirección de Urbanismo del Distrito Federal, fueron contratados tres arquitectos y urbanistas franceses para una misión: hacer un estudio urbano de Caracas y elaborar un plan para su desarrollo como futura gran metrópoli.

Fue así como Henri Prost, Jacques Lambert y Maurice Rotival presentaron dos años después, en 1939, el Plan Monumental de Caracas, que desde un principio y hasta el día de hoy es denominado Plan Rotival.

En ese plan maestro se propuso construir una gran avenida monumental, que conectara al este y oeste de la ciudad, con edificios de oficinas gubernamentales a ambos lados, que iniciara al finalizar el parque Los Caobos y culminara en el parque El Calvario, donde además sería construido un mausoleo para el Libertador (a lo alto de las escalinatas) y se mudaría la sede del Congreso a donde hoy está la urbanización El Silencio. De todo lo planificado, la avenida Bolívar fue la única que se concretó.

Como un regalo de fin de año, el 31 de diciembre de 1949 (10 años después de la propuesta de Rotival), se inauguró la avenida Bolívar de Caracas. Nació amplia y sin edificios a los lados, pero sí con vías subterráneas para los vehículos. Toda una novedad.

Bolívar Cívico, la escultura de El Libertador que destaca en el extremo oeste de la vía, en la plaza central que marca la entrada y salida a los túneles de la avenida Bolívar, fue realizado por el escultor Julio Maragall en 1987.

En el este, comienza con el empalme de la autopista Francisco Fajardo, pasando por debajo de la plaza que une al hotel Alba Caracas (antes Caracas Hilton) con el Museo de Arte Contemporáneo y el complejo Parque Central desde las residencias Anauco. Un espacio que ofrece una vista excepcional de la avenida Bolívar hasta las torres del Centro Simón Bolívar.

Desde ese punto, el peatón puede realizar un iniciar un paseo cultural, comenzando por el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, el Museo de los Niños, la nueva sede de la Galería de Arte Nacional (GAN), el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez y terminando en el Museo Nacional de Arquitectura (Musarq). Sin contar la sede de la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas.

Mateo Manaure también tiene su impronta en la Avenida Bolívar. La fachada del edificio de la Cantv, ubicada luego de la nueva sede de la GAN, deja ver el amplio mosaico de tonos azules, blanco y verde creado por el artista en 1954.

Pero la mejor experiencia es completar el recorrido de la Avenida Bolívar en línea recta, pasar por debajo de las torres del Centro Simón Bolívar y reencontrarse con esa ciudad moderna al llegar de nuevo a la superficie y toparse, de frente, con la imponente Plaza O’Leary y los emblemáticos edificios residenciales de El Silencio. Por ese impecable trazado y conjugación con importantes obras arquitectónicas, la avenida Bolívar forma parte de la identidad urbana caraqueña. Esa que trasciende más allá de los mítines políticos y mercados populares que se han sumado, por momentos, a sus diversos usos.

Patricia Marcano
Foto: Hugo Londoño

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Arquitectura

Museo de los Niños

Museo De Los Niños

De la idea a la inauguración pasó una década. Alicia Pietri de Caldera, primera dama de la República a comienzos de los 70 imaginó un museo para los niños. Durante años concibió el proyecto y buscó aliados para construir el espacio que sería administrado por la fundación privada Museo de los Niños, que creó en 1974 cuando abandonó La Casona.

La administración de Luis Herrera Campins le cedió un área para ejecutarlo en el entonces naciente complejo Parque Central. La edificación se inauguró en 1982 y llamaba mucho la atención por estar pintada por fuera como una caja de colores. En 1993 abrió sus puertas el edificio anexo, el de la Aventura Espacial con el trasbordador, un paseo lunar para niños y el Planetario. Fue la última gran expansión física en una institución que internamente no ha dejado de crecer.

En total, el Museo de los Niños tiene casi 600 exhibiciones. En la última década y media, se renovaron exposiciones completas. Aparte, se incorporó La Emoción de Vivir Sin Drogas y La Caja de Colores, un espacio para niños en edad preescolar. Todo eso se hizo en las áreas que el Museo tenía disponibles, pues la estrategia ha sido la reutilización de la planta física ya existente, sin más ampliaciones. La última de gran tamaño fue en 1994, al final de un período esplendoroso que comenzó en 1988, como admiten sus propios trabajadores.

“Lo que hacemos es una tendencia internacional, que es el aprovechamiento de los espacios. Por ejemplo, antes los niños se entretenían y aprendían con rompecabezas de grandes piezas, ahora es con pantallas táctiles y juegos digitales que ocupan menos espacios. Eso nos ha funcionado porque antes teníamos 10 exhibiciones en un espacio y ahora podemos tener hasta el doble”, explica Darwin Sánchez, jefe de Educación del museo.

Las instalaciones más emblemáticas siguen allí: la molécula, el túnel de colores, el piano gigante, el submarino incrustado en una pared, el Viaje al Mundo Maravilloso con todo y su cabina; el trasbordador y la superficie lunar. Varias se han modernizado, como el estudio de TV ahora digital o la camioneta Trail Blazer que sustituyó al Malibú que los niños “manejan”. La visita es anárquica. No tiene un inicio ni un final formal: cada quien la comienza donde quiere y se dirige a los montajes que desee, siguiendo dos principios “Prohibido No Tocar” y “Aprender Jugando”.

Víctor Amaya
Foto: Hugo Londoño

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Arte

Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber

Museo de arte de Caracas Sofia Imber

Ella escogió el 20 de febrero de 2017 para partir. En Sofía nada era al azar. Con esa fecha del calendario nos recordaría que un 20 de febrero, pero de 1974, inició su actividad el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber. Su gran legado. Y es que este lugar, que no era más que un estacionamiento y un taller mecánico, se convirtió gracias a ella en un espacio artístico referente de América Latina.

Conocí Parque Central y vi que había restaurantes, librerías, panaderías… Hablando con Gustavo Rodríguez Amengual (presidente entonces del Centro Simón Bolívar), le sugerí que nos diera un espacio para el arte. Me entusiasmé muchísimo, porque fue coger algo de la nada para hacer lo que uno desea. Pensaba en una galería, pero el empresario Alfredo Boulton me dijo: «Eso no puede ser una galería. Tiene que ser el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas». Y ese fue su primer nombre. Durante dos años, mi esposo Carlos (Rangel) y yo estuvimos estudiando cómo hacer algo en un pequeño espacio, porque apenas eran 600 m2. Eso era lo difícil. Claro: nunca pensé que iba a ser tan grande (risas). Sofía Imber. (entrevista publicada en el Diario ABC).

Durante su gestión, el Macsi -como luego se le conocería- llegó a tener cerca de 5 mil obras de arte y acogió más de 650 exposiciones. La primera exposición, según recordó en aquella entrevista que le hice el 25 de febrero de 2016, se realizó sólo con obras prestadas, pues el museo no contaba aún con inventario propio. Pero las buenas relaciones que Sofía Imber mantenía con agentes del mundo del arte, permitió que pudiera hacerse realidad la inauguración.

Sofía estuvo al frente del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas por 28 años. Hasta que en el 2001, Hugo Chávez la despidió en cadena nacional. Desde entonces, el museo no ha evolucionado. Se quedó como detenido en el tiempo. De un total de 11 salas, 5 están cerradas y no se sabe qué pasó con el espacio dedicado a Cruz-Diez y a Soto. Lástima. Sin embargo, no deja de ser un lugar maravilloso. Lo que demuestra que la obra de Sofía Imber trasciende más allá de los deseos de sacarla de la memoria de lo que fue su mayor legado.

Mi obra no fue destruida: el museo está ahí. El tema es que no cumple con su fin principal que es la relación con la gente, que los venezolanos acudan masivamente a ver las exposiciones o la colección permanente. El museo está al borde de algo muy desagradable: su inexistencia. Pero eso no pasará, porque creo que el venezolano tiene claro que el museo debe existir, y para el mismo pueblo. Este y otros museos.

Así será… Gracias, Sofía.

Foto: Carlos Hernández.

 

 

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Arquitectura

Teatro Teresa Carreño

A finales de 1972 inician los trabajos de construcción de lo que sería el Teatro más grande de Venezuela y uno de los más importantes de Latinoamérica.

Para su realización el Centro Simón Bolívar dispuso de un terreno de 22.586m² ubicado entre Parque Central y el Parque Los Caobos. Se realizó un concurso que ganaron los arquitectos Tomás Lugo, Jesús Sandoval y Dietrich Kunckel, quienes diseñaron los 80.000m² del recinto.

El cálculo estructural fue realizado por los ingenieros José y Cecilio Luchsinger, Federico Alminara, Natalio Manchellum y José Ignacio Pulido. La parte mecánica de la edificación fue realizada por los ingenieros Isaac Kizer y Yolanda Sánchez con el apoyo de la empresa John L. Altiere & Asociados.

De la acústica y la mecánica teatral se encargó la empresa Bolt Beranek & Newman de Cambridge, Massachusetts y la firma George C. Izenour Associates de New Havor, Connecticut, quienes lograron un resultado impecable, con un diseño muy llamativo y un desempeño funcional sin igual, asesorado por los mejores especialistas de cada materia.

La construcción fue desarrollada por la extinta empresa Delpre C.A., que estuvo a cargo de la sala José Félix Ribas, que se inauguró el 12 de Febrero de 1976. Siete años después, con la culminación de la sala Ríos Reyna el 19 de Abril de 1983 quedaría totalmente inaugurado el complejo cultural Teatro Teresa Carreño.

María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño García (Caracas, 22 de diciembre de 1853 – Nueva York, EE.UU., 12 de junio de 1917), fue una pianista, cantante y compositora venezolana. Ha sido denominada por muchos expertos como la pianista más prolífica de América Latina durante los siglos XIX y XX.

 

Sala Ríos Reyna
Hasta los momentos sigue siendo la sala de teatro más importante de Venezuela y una de las más importantes de América Latina.

Tiene capacidad para 2.367 butacas distribuidas en 24 zonas.  Su escenario cuenta con 900m² en forma semi-hexagonal, siendo diseñada para usos múltiples, posee gatos hidráulicos para movilizar tres de las cuatro plataformas y el foso de la orquesta.

La tramoya se encuentra suspendida en el espacio y sostiene elementos como los techos de la concha acústica, telones y puentes de luces. La iluminación de la sala es posible gracias a una consola central de iluminación, que posee 960 circuitos de operaciones computarizadas, conformada por dos puentes de luces, pantallas laterales de 24 reflectores, dos tormentos laterales de 24 puntos de iluminación, además de 8 torres para colocar reflectores.

Pedro Antonio Ríos Reyna (San Juan de Colón, estado Táchira, Venezuela, 6 de noviembre de 1905 – †Nueva York, Estados Unidos, 13 de febrero de 1971) fue un violinista, compositor, director de orquesta y promotor cultural venezolano.

La disposición de las 24 zonas de la sala permite la difusión del sonido por el espacio, generando una acústica adecuada, la cual se apoya en un sistema técnico controlado a través de una consola de sonido. Además existen un conjunto de cajas de resonancia, un sistema de amplificación (closter), una serie de “nubes” diseñadas por el artista Jesús Soto que funcionan como paneles acústicos, adaptables a la emisión sonora de cada espectáculo.

 

Por la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño han pasado grandes artistas como:
– Luciano Pavarroti.
– Placido Domingo.
– Monserrat Caballé.
– Juan Luis Guerra.
– Miguel Bosé.
– Joaquín Sabina.
– Facundo Cabral.
– Vikki Carr.
– Natalie Cole.
– Isabel Pantoja.
– Celia Cruz.
– Armando Manzanero.
– Pablo Milanés.
– Ricardo Arjona.
– Raphael.
– Rocío Durcal.
– Fito Páez.
– Joaquín Cortes.
– Sarah Brightman.
– Marcel Marceau.
– Vittorio Gassmam.
– Les Luthiers.
– Maya Plisétskaya.
– Alfredo Sadel.
– Simón Diaz.
– Franco de Vita.
– Gustavo Dudamel.
– Soledad Bravo.
– Ricardo Montaner.

Este espacio también ha servido para presentaciones cultures con personajes como el papa Juan Pablo II, el Rey Juan Carlos de España, Mario Vargas Llosa, Ermesto Sábato y Lech Walesa.

Sala José Félix Ribas

El 12 de Febrero de 1976 se inauguró esta pequeña sala del complejo cultural Teatro Teresa Carreño. En el acto de apertura, se realizó un concierto de la Orquesta Juvenil “Juan José Landaeta” dirigida por el director Mexicano Carlos Chávez.

Su área es de 507,5m² y dispone de una capacidad de 347 butacas que conforman su aforo. La sala posee una cantidad de recursos que le permiten cambiar el nivel de absorción y brindar una excelente acústica a los presentes.

El techo de la sala cuenta con una obra del artista Jesús Soto, que lleva por nombre “Pirámides Vibrantes” y que funciona como techo acústico.

Arq. Ricardo Castillo G.
Director de Arquitectura Venezuela.
Twitter @Arquitecturavzl  Instagram @Arquitecturavzl Facebook Arquitectura Venezuela

Fotos: Hugo Londoño @Huguito

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Lugares

Universidad Simón Bolívar

Universidad Simon Bolivar

En ocasiones es necesario perderse, sobre todo entre caminos que llevan a la ciencia, al arte y a la excelencia académica. En la Universidad Simón Bolívar en cada paso dado estarás frente a personajes como el Dalai Lama, Carlos Prada, Cruz Diez o Alejandro Otero, pero también cerca de estudiantes haciendo cálculos en el cafetín El Ampere, al frente del edificio Básico II.

El terreno de la USB es tan extenso como el medio siglo que este año cumplió la institución. Primero nació como Universidad de Caracas, pero ese nombre fue reivindicado como suyo a la Universidad Central de Venezuela, por lo que dos años después tomó el nombre Universidad Simón Bolívar.

El parque universitario Simón Bolívar fue diseñado al estilo del parque inglés por el arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer. En uno de esos jardines, el más cercano a la biblioteca, hay un cartel plantado que dice “Ad perpetum rei memoriam” y detrás, un ucaro negro, el árbol que sembró el Nobel de la Paz, Dalai Lama, hace 25 años en su vista a Venezuela. Entre esas hojas se asoma La Lucha del Hombre por la Cima, una escultura del artista venezolano Carlos Prada que donó en 1972.

Dos años antes, en esos mismos jardines, según relató el cronista y profesor de la USB, Luis Loreto, los primeros 508 bachilleres recibieron su clase inaugural dictada por el presidente de la República, Rafal Caldera y después el rector Mayz Vallenilla. Para entonces eran sembradíos de hortalizas, cultivos de rosas y salsifí.

Parte del arte del maestro Cruz Diez también está encerrado en el campo y la vegetación de la USB. Quizás una de las obras más llamativas que hay en la institución: Es El Laberinto Cromovegetal. Cruz Diez en su reflexión dijo se trata de un jardín en donde los colores (tono rojizos y verdes) son generados por las plantas y flores que mutan con el tiempo. Para llegar al centro de la obra, donde se ubican los cipreses, se debe atravesar un laberinto. Cuando iba a ser inaugurada el 7 de julio de 1995, con presencia del presidente Caldera, el día anterior se dieron cuenta de que no habían construido las escaleras para poder bajar. Pasaron la noche haciéndolas.

Detrás del laberinto, se encuentra la Biblioteca de la USB. Contiene una colección de 142.000 títulos en 300.000 volúmenes. Pese a que es una construcción es de los años 80, la puerta principal es un portón del siglo XVII que perteneció a un cuartel militar de la provincia de Burgos, España. Es un lugar para descansar con buen libro en las piernas. También se puede reposar a la orilla de la laguna, donde está ubicado El Espejo Solar de Alejandro Otero, artista venezolano.

La fuente hidráulica es otro de los tropiezos que hay que dar en la USB. Es una estructura metálica que a través de unas paletas al llenarse de agua, tiene un efecto de cascada. Gabriel Martín Landrove, tras un concurso promovido por la universidad, diseñó una escultura cinética con movimiento logrado mediante elementos acuáticos. Por lo que ganó el primer lugar en 1975. Su fuente de inspiración fue una gota de rocío que cae de una hoja.

A escasos metros se encuentra la Casa Rectoral. Tuvo varios dueños hasta que fue donada al patrimonio de la universidad por Antonio Santaella Hurtado. Su estructura es colonial, una casa de hacienda. Allí dentro hay una escultura de un búho en que tradicionalmente los estudiantes le tocan la nariz para poder graduarse y los pies después de hacerlo. Dada la excelencia académica de quienes egresan como ingenieros en mecánica, química, electrónica, entre otras, la USB es reconocida como unas de las mejores academias de América Latina y la segunda del país, según el QS World University Rankings.

Carmen Victoria Inojosa
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Sartenejas, Baruta, Edo. Miranda. También tiene una sede en el Valle de Camurí Grande, en el estado Vargas.

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