close

Diciembre 2018

Gastronomía

Caracas Tea Company

CaracasTeaCompany

Al tomar una taza de té las ondas cerebrales pueden llegar al estado alfa de relajación, lo que llaman la meditación activa. Eso es lo que pregonan Miriam Gómez y Adriana Moreno, que cumplen cinco años con su emprendimiento Caracas Tea Company: invitar a encontrar las bondades del té más allá de la taza.

Una casualidad las llevó a alojarse en el mismo hostal de Rosario, en Argentina, en donde ambas iniciaron sus estudios como sommeliers de té. Comenzaron con una cata y de ahí saltaron a importar hebras de Sri Lanka, Sudáfrica, China y Japón, abrir una pequeña tienda en Los Palos Grandes y fundar una escuela de té.

“Nos tocó educar a nuestra clientela”, dice Miriam. Así es que son parte de una cultura de la lentitud y la relajación que ha encontrado abono en una Caracas vertiginosa y a veces hostil. “La gente cada vez más está tomando conciencia de lo que consume y los beneficios que puede traerle. La gente que consume té es más tolerante, tranquila y creativa”, agrega.

En Caracas Tea Company, por supuesto, hay un té que lleva el nombre de la ciudad, el Caracas Sunset. Además son preparaciones de la casa el Indian Nights, Wellness Energy, Granny Apple, Summer Lychee y el Merry Christmas, un té de temporada que luego de cinco meses de maceración evoca la torta negra venezolana. Este té sólo está disponible en la tienda los meses de noviembre y diciembre.

En el lugar es posible degustar pastelería elaborada con té. Como los ojos de tigre, hecho con matcha, el té verde japonés en polvo, cocteles, chocolate caliente o frío hecho con rooibos y cacao Carenero. Una de las experiencias más interesantes del lugar es tener la posibilidad de tomar el té al estilo europeo, en sillas, o a la manera de los orientales sobre cojines en una pequeña buhardilla, a la que hay que entrar agachando la cabeza como lo hacían los emperadores. Un gesto que los igualaba con el resto de los ciudadanos.

Dirección: Punto de Arte, 5ª transversal con 3ª  avenida de Los Palos Grandes

Horario: martes a sábado / 10:00 am a 6:00 pm

Metro: Altamira

Florantonia Singer

Fotografía: Caracas Tea Company

read more
Vida Urbana

Plaza Diego Ibarra

PlazaDiegoIbarra

A finales de 1970 y principios de los ochenta, la plaza Diego Ibarra, hecha en mármol y granito, con tres fuentes (una principal ubicada al oeste de la plaza y otras dos localizadas al norte y sur), todas operativas y con juegos de iluminación, era un espacio para la contemplación.

La gente iba a eso, a mirar el mármol y el granito que había en los bancos y a apreciar por horas las fuentes que tenían efectos; los chorros de agua bajaban y subían con ritmo y cambiaban de colores. Eso podía entretener a un niño por largo rato, mientras se comía un helado o corría de punta a punta por la plaza. Así la recuerdan los caraqueños que conocieron su primer rostro y la disfrutaron tras su inauguración, en 1968, un año después del terremoto de Caracas.

La plaza fue construida a un nivel por debajo de las instalaciones del Consejo Nacional Electoral, como un espacio articulador, pues permitía la conexión peatonal interna con el Centro Simón Bolívar (que aún se mantiene) y el Palacio de Justicia, dos edificios de carácter monumental erigidos a los lados de la plaza. Y también enlazaba con el terminal subterráneo Río Tuy. Su nombre, Diego Ibarra, fue asignado en honor a este militar independentista y colaborador de Bolívar y Sucre.

Al menos durante 20 años este espacio público recibió a las familias que visitaban el centro de la ciudad y se quedaban en ella a descansar un rato, viendo a la gente pasar y deleitándose con ese juego compositivo de jardineras, fuentes, y pérgolas. Hasta que fue tomada por la economía informal en la década de los noventa.

Desde ese momento se perdió por completo su razón de ser y se convirtió en un mercado de películas y discos “piratas”, bautizado como Saigón. En realidad era una estructura precaria, maloliente, conformada por tarantines con pasadizos oscuros y estrechos, en los que se cometían robos y otros delitos impunemente.

En enero de 2007, autoridades de la Alcaldía de Libertador deciden desalojar el comercio informal de la plaza para iniciar trabajos de recuperación que esperaban terminar en 2008. Sin embargo, las obras se detuvieron por tres años y se retomaron para la celebración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela.

Finalmente, el 6 de julio de 2011 la plaza fue reinaugurada con la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y el Coro Sinfónico Juvenil de Venezuela, bajo la dirección de Gustavo Dudamel. En el acto se develó una nueva escultura en el espejo de agua central llamada “La Aguja”, una figura de metal helicoidal en forma ascendente, de unos 20 metros de alto, realizada por el escultor Luis Alfredo Ramírez.

Para su restauración el Estado invirtió unos 25 millones de bolívares. Tiene capacidad para recibir a casi 5.000 personas en los 14.000 metros cuadrados que tiene de extensión, pues luego de ser reinaugurada la plaza Diego Ibarra ha servido de sede para conciertos y festivales de teatro.

Dirección: Entre las avenidas Oeste 6 y Oeste 8 de la parroquia Santa Teresa, entre las esquinas Camejo y Santa Teresa. Referencia: entre los edificios del Palacio de Justicia y el CNE

Hercilia Garnica 

Fotografía: Teresita Cerdeira 

read more
Historia

Camino de los Españoles

Camino10

El Camino de los Españoles existía mucho antes de la fundación de Caracas. Era un viejo sendero zigzagueante que los indígenas llamaban La Culebrilla. A finales del siglo XVI, Santiago de León de Caracas dependía mucho del puerto de La Guaira y se decide establecer una ruta fija que permitiera hacer control de aduanas y restringir el contrabando. En mayo de 1589, el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, don Diego de Osorio, ordena la construcción del Camino de la Montaña. Su mandato se cumple seis años después.

En el Camino de Los Españoles, se inicia actualmente la ruta Los Fortines del Ávila que coordina el equipo de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente (Fundhea) y que recorre parte del trazado de 17,8 kilómetros. En la entrada de Puerta de Caracas, su director Derbys López da la bienvenida al recorrido, que comienza con un museo al aire libre que representa las tradiciones del período colonial a través de murales pintados en la calle.

Se cuenta que España temía una invasión. Le daba miedo que Inglaterra, Francia u Holanda se apoderaran de alguna de sus colonias. No era un terror infundado, ya en 1595 un pirata inglés de apellido Preston saqueó La Guaira y entró a Caracas.  “En el período colonial, La Guaira era más importante que Caracas porque era la alcancía del país. Había 21 fortalezas que la protegían y cinco de ellas se encontraban en el Camino Viejo”. En Caracas, en cambio, no había fortalezas sino cuarteles. El Ávila en sí mismo era suficiente protección.

La primera parada es Campo Alegre. La comunidad se ha llamado así durante siglos, al igual que Sanchorquiz, poblado que debe su nombre al militar español Sancho de Alquiza, alguna vez presidente del Cabildo de Caracas. Sus esclavos africanos no hablaban español, así que Sanchorquiz quedó. Dos Caminos también ha conservado su topónimo por centurias. Ese era el punto donde confluían los avisos militares, cada vez que se sospechaba que La Guaira estaba bajo asedio y desde los fortines empezaban a tronar los cañones.

De La Guaira a Caracas las fortalezas eran: Del Salto; San Joaquín de la Cuchilla (o La Cumbre) que era el más grande y mejor equipado de la montaña; La Atalaya (o fortín del medio) que era un punto de vigilancia; Castillo Negro cuyas paredes fueron pintadas con carbón para que pasara desapercibido desde el mar; y Castillo Blanco que era otro punto de vigilancia. Los cinco se terminaron de construir aproximadamente en 1770 y actualmente es muy poco lo que queda de ellos.

Dato: El Camino de los Españoles perdió importancia en 1845 cuando el presidente Carlos Soublette inaugura el Camino Nuevo de Maiquetía (carretera vieja Caracas-La Guaira). Sin embargo, alrededor de 400 familias descendientes de canarios –los llamados blancos de orilla– todavía ocupan sus senderos. Se dedican al cultivo de hortalizas y de flores.

Dirección: Puerta de Caracas. La Pastora

Emily Avendaño 

Fotografía: Andrea Tosta  

read more