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Septiembre 2018

Tradiciones

Guacamayas

Guacamayas de Caracas

A veces resulta difícil verlas, no porque no estén allí. Sino porque no levantamos la mirada. Entonces perdemos la oportunidad de observar los colores en bandada, extendiéndose por el cielo y dando pinceladas verdes, amarillas, rojas y más azul. Si no es por la intensidad de sus tonos, seguro las apreciarás por sus sonidos.

La vocalización de las guacamayas opacan el ronroneo de cualquier motor, corneta. Un sonido que desvía la mirada para enfocarla en las alturas. Quizás encima de un árbol, de una ventana, en una antena o en las azoteas. Y ahí van en pareja o en familia -pocas veces solas- esquivando edificios y posándose donde consiguen semillas de girasol y cambur.

En Caracas existen 18 especies de aves, de los cuales 4 son guacamayos, el resto se divide entre loros y pericos. Están las guacamayas amarillas con azul, la bandera (amarillo, azul y rojo), las rojas con verde y una pequeña llamada maracaná (verde).

De seguro las han visto y escuchado en zonas como Los Chaguaramos, volando sobre Ciudad Universitaria, en el Parque del Este, en el Círculo Militar o en tu ventana.

Lo que permitió que se quedaran en Caracas es la cantidad de árboles florales y frutales, pues se alimentan de ellos. “La mayoría son introducidas, vienen de todas partes de Venezuela. La amarilla y azul, es Delta Amacuro y Amazonas. No existe un registro oficial de cuando llegaron, pero fue aproximadamente en la década de los 80”, explica la biólogo María de Lourdes González.

Para González, los guacamayos en Caracas no son animales silvestres, se han vuelto mascotas para los ciudadanos: “Ese vínculo de los caraqueños con estas aves es un ejemplo de cuán amoroso somos los venezolanos. Son un símbolo para la ciudad. Las personas se han conectado emocionalmente y comienzan a tener atención en la naturaleza, cuida los árboles alrededor, porque de eso depende la guacamaya”.

Las más grandes son las amarillas y azules. Con las alas abiertas alcanzan el metro de largo y pueden pesar medio kilo. “Son valores estándar, pero las de Caracas son unas gorditas. Intento hacer un muestreo para estudiar el colesterol de estas aves. Ha sido difícil, las personas que tienen comedores son celosas y en ocasiones no permiten el contacto”, asevera.

González sugiere incorporar a la dieta mangos y guayabas, dada la cantidad de grasa y azúcar en las semillas de girasol y el cambur. En la vida silvestre vuelan por comida 30 kilómetros, en la ciudad no superan los 3. “Cada 10 metros se paran a comer. Van de comedero en comedero”, agrega.

González cree que hay cerca de 300 guacamayas sobrevolando Caracas. Mira más seguido hacia arriba, escúchalas. Te llenarán de colores y sonidos.

Carmen Victoria Inojosa
Foto: Alberto Rojas

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Lugares

Nuevo Circo

Nuevo Circo de Caracas

La fiesta brava encontró terreno fértil en la vida caraqueña de principios del siglo XX, una capital que cultivó el arraigo por las corridas de toros. Por eso, la construcción del Nuevo Circo de Caracas se convirtió en una obra de envergadura para la ciudad que fue encomendada al arquitecto Alejandro Chataing y al ingeniero Luis Muñoz Tébar, quienes convertirían el viejo Matadero municipal en una plaza de características monumentales.

A las 4:30 de la tarde del 26 de enero de 1919 se inauguró el Nuevo Circo, que fue construido en tres años. Pero las dimensiones y el diseño de la plaza le daban a Caracas un espacio no sólo para festivales taurinos, sino que la ciudad ganaba un lugar para eventos masivos culturales, de entretenimiento y hasta de índole política.

Fue allí donde Rómulo Betancourt dio un gran mitin luego de la muerte de Juan Vicente Gómez. En esa arena también se contaron los votos de las primeras elecciones populares del siglo XX, en las que se eligieron los miembros del Concejo Municipal de lo que entonces era el Distrito Federal.

Pero también en ese espacio a cielo abierto se llevó su primer triunfo el célebre torero César Girón, en una inolvidable novillada de 1951 para los amantes de la fiesta taurina que vieron al torero enfrentar con maestría a seis de los mejores ejemplares de toros del país. Y en medio de esa histórica arena también se realizó en 1997, la última corrida de toros vista en Caracas con Leonardo Benítez y Alejandro Silveti.

El espíritu del Nuevo Circo fue cambiando según avanzaba el perfil de la ciudad: fue mercado libre, lo demolieron parcialmente cuando el urbanismo capitalino proyectó tanto la avenida Bolívar como la Lecuna, el terminal de pasajeros consiguió lugar en sus inmediaciones, en 1984 lo declararon Patrimonio Artístico e Histórico de la Nación, medida que quedó sin efecto al año siguiente por una disputa familiar de quienes habían sido sus dueños: los Branger y ese litigio legal se prolongó por 20 años, desde 1985 hasta 2005, cuando finalmente fue expropiado por el Estado a través de la Alcaldía Metropolitana de Caracas para que fuera restaurado y convertido en un espacio de desarrollo artístico.

Doce años después, la fachada restaurada refleja la intención de renovar un espacio y devolverle el sentido popular y masivo con el que nació. Pero a pesar de los intentos, el coso del Nuevo Circo solo acumula piezas y escombros de sucesivos intentos de transformación pero no hay agenda, ni carteles, ni público, ni grandes oradores que le devuelvan a Caracas uno de sus principales centros de encuentro, que por ahora observa silencioso y con luces apagadas el movimiento incesante que ocurre solo de los muros para afuera.

Gabriela Rojas
Foto: Efrén Hernández

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Gastronomía

El Tizoncito

Tizoncito

Fotos del mismísimo Mario Moreno cuelgan en las paredes del interior del local. En una, el comediante mexicano aparece de frente y a su espalda se avista un letrero en el que se lee claramente “El Tizoncito”. En otra, el artista sale estampando su firma en la pared del restaurante de comida mexicana como un registro fehaciente de su visita. Ambas imágenes se exhiben como recuerdo de un momento único en la historia del negocio. Pero, sobre todo, como evidencia de cuán autóctono es la sazón, que hasta el mismo “Cantiflas” hacia un espacio en su agenda para comer los tacos, tostadas y tamales que salen de la cocina de “El Tizoncito”.

Esta anécdota forma parte de los primeros años de este restaurante, que data de 1975. Su primer dueño, Jorge Abad, era de origen mexicano. Lo tuvo por un tiempo, pero después lo vendió a otro compatriota. El local destacaba por la calidad de su comida, pero no así por su administración ni servicio. Los malos manejos llevaron prácticamente a la quiebra. A no ser por uno de los clientes frecuentes del local, que decidió comprarlo y rescatarlo. “Mi papá, José Antonio Vidal, venía mucho a comer para acá, porque la comida le parecía muy buena. Cuando supo que el negocio lo estaban vendiendo, decidió comprarlo en 1983 y rescatarlo. No le varió el menú, porque le parecía que era sabroso y pensó que un local de comida mexicana como éste podía funcionar en Caracas”, comenta Ana Vidal.

Y no se equivocó. José Antonio le sumó a “El Tizoncito” una buena atención, una mejor administración y un local más amplio en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Del resto, la comida se mantiene exactamente igual desde hace más de 40 años. Incluso, hasta la decoración. “No hemos cambiado nada. Las recetas se han mantenido porque mi papá tiene el recetario antiguo de los primeros dueños, quienes marcaban todo por kilos. Y así lo hemos respetado”.

Ello se evidencia en lo invariable del sabor de su comida. Quienes regresan vuelven a saborear con gusto su plato mixto de 9 piezas, que reúne una muestra de lo más popular de su menú: tacos, tostadas, frijoles con nachos, tamales, quesadilla. De pollo, de carne, con guacamole, queso y su respectivo pico de gallo. Un pedido que no deja mal a nadie y que sale con la rapidez que el volumen de comensales exige.

José Antonio sigue al frente del restaurante, supervisando la calidad de la comida. Su hija le da una mano. Y su equipo de mesoneros, que se mantiene tan invariable como la sazón de su menú, se encargan con una velocidad sorprendente de movilizar platos y bebidas para atender la demanda, que a veces se aglutina en una lista de espera.

Al pie de la foto de Mario Moreno, un pareja degusta su pedido casi sin cruzar palabras. Ya nadie se sorprende que el comediante mexicano haya visitado “El Tizoncito” ni que aquella imagen sirva para avalar la calidad de la comida mexicana. En 40 años, han sido mucho los caraqueños que han comprobado lo buena que es. Lo que no muchos saben es que “Cantinflas” realizó aportes al recetario y que su fama se transpoló a la cocina de El Tizoncito para hacerlo inmortal.

Mirelis Morales Tovar

Dirección: Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Sector La Cuadra.
Horario: Martes a sábado 12 p.m. a 7

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