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Agosto 2018

Organizaciones

Cine Jardín

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María Alejandra Vera quería que el oeste caraqueño fuese distinto. Veía El Festival de Lectura de Chacao, los grupos Running que corren en Los Palos Grandes por las noches, las proyecciones de películas al aire libre en Los Galpones, y pensaba que todo eso podía ocurrir también del otro lado de la ciudad. Que no se le podía seguir dejando el camino libre a la delincuencia, porque el oeste tiene mucho que ofrecer y que sus habitantes merecen disfrutarlo.

Era 2013. Ella, que es licenciada en computación, trabajaba en una empresa en el área de sistemas cuando decidió aventurarse y crear la Fundación Cine Jardín. Ese mismo año replicó aquellas actividades en sectores como Catia, Montalbán, La Vega, El Paraíso. “Lo hice porque me di cuenta que para tener el país que queremos hace falta más que ser un buen ciudadano. Hay que hacer todos los aportes que estén en nuestro alcance por el entorno, y este el mío”, dice.

Cine Jardín tiene tres ejes de acción. El primero es la proyección de películas a cielo abierto en la Hacienda La Vega (ahora también en Parque La Paz y en el Parque Morichal) y otros espacios dos domingos al mes. Los equipos se los donaron algunos entes privados y las películas se las facilitan cineastas venezolanos o bien embajadas como las de Italia, España, Francia y Alemania, que organizan festivales en Venezuela.

La fundación, además, coordina actividades con el grupo Running Oeste, que entrena en Montalbán. Hacen, por ejemplo, la ruta de los Siete Templos en Semana Santa: comienzan corriendo en una iglesia de Montalbán y terminan en una de los Chaguaramos. Se detienen en los recintos, hacen una oración y continúan el recorrido.

Y la tercera arista de Cine Jardín es “Pasa la Hoja”, un club de lectura de autores venezolano y clásicos de la literatura universal. Se selecciona un libro, se establece un mes para su lectura y, el último sábado de cada mes, se reúnen en alguna plaza para comentarlo. Hay un plus: a esa discusión, suele asistir el escritor de la obra en cuestión. Además, en agosto Cine Jardín prepara un festival de lectura, en el que se hacen charlas, intercambios de libros, talleres y asisten grupos musicales.

“Con todas estas actividades hemos logrado que mucha gente venga al oeste y pierda el miedo a la calle, porque la idea de esta iniciativa es que los ciudadanos se apropien de sus espacios. Yo me siento en una ciudad del primer mundo viendo una película en un jardín o discutiendo un libro en una plaza. Entonces pienso que es posible, que está en nosotros mismos lograr grandes cosas”, concluye Vera.

Erick Lezama
Foto: Cortesía Cine Jardín

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Lugares

Villa Santa Inés

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De casona presidencial, la Villa Santa Inés pasó a ser la sede del Instituto de Patrimonio Cultural. Su proceso de restauración no fue sencillo, antes funcionaron allí varias oficinas: la Compañía del Gran Ferrocarril de Venezuela (de 1907 a 1943), de la Cartografía Nacional (a partir de 1944) y de la Cartografía Militar (desde 1955). No es hasta 1985, cuando las Fuerzas Armadas Nacionales entregan la casa al Conac para su restauración, que no se ejecutó sino hasta la década de 1990.

Cada una de estas instituciones hizo con la casona lo que quiso, por lo que pese al remozamiento es imposible determinar cuáles eran las divisiones originales y para qué se utilizaba cada salón en los tiempos de Joaquín Crespo. El militar mandó a construir la villa en 1884, justo cuando comenzaba su primer período presidencial y Caño Amarillo era la puerta de entrada a Caracas.

Todo en esa zona es épico. Caño Amarillo se llama así por una estrategia militar en la Batalla de San Fernando de Apure que permitió a los guzmancistas hacerse con la victoria y la casa tiene ese nombre por la Batalla de Santa Inés, uno de los triunfos decisivos de la Guerra Federal. La villa fue concebida a la usanza neoclásica europea, lujosa y rodeada de jardines. Su segundo período de construcción ocurrió en 1894, cuando el caudillo decide convertir la casa de campo en casona presidencial.

Crespo contrata al maestro de obra catalán Juan Bautista Sales y Ferrer para que se encargue. Se le suma entonces la capilla –que hoy funciona como depósito– y cuya entrada, en la parte superior, conserva los relieves que conmemoran la batalla que dio nombre a la finca con las figuras de caballos, cañones, soldados y muertos. De ese período también sobrevive la reja de hierro forjado que rodea la vivienda, que se mandó a hacer en Alemania, con motivos florales y el emblema de la familia.

La fachada de la casa tiene varios mascarones hechos al gusto del presidente que mezclan la mitología griega con las cruzadas de la Edad Media. La entrada tiene forma de exedra –descubierta y semicircular–, remarcada por la ubicación de las columnas pintadas de carmesí. De la entrada se pasa a un patio central, cuya fuente original se dice que está en Miraflores –palacio que también mandó a construir Crespo–. El patio tiene la particularidad de ser ovalado. Hay más peculiaridades: la villa era de dos pisos –la parte de abajo era un sótano– y además tenía un puente colgante, que se conserva, este era el paso entre la vivienda principal y un área que se presume era de servicio.

Dato: Poco de lo que hay en la Villa Santa Inés es original. Las baldosas del piso se mandaron a hacer durante el proceso de restauración, al igual que los techos. En el auditorio hay dos plafones llamados El Día y La Noche, de Antonio Herrera Toro. En los tiempos de Crespo eran cinco los que adornaban el techo justo en el recibidor de la vivienda. Fueron esos dos los que se lograron rescatar.

Emily Avendaño

Dirección: avenida principal de Caño Amarillo, parroquia Catedral

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