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Julio 2018

Gastronomía

Das Pasthellhaus

das pastellhaus

A las 6 de la mañana, el pastelero Herman Ross enciende los hornos de Das Pasthellhaus. Aquel ritual lo repite desde hace más de 30 años con el compromiso de ofrecer las delicias que le han dado fama a la Casa de Los Pasteles Alemanes, como se le llamaría en español. A sus 82 años, ya no amasa ni dedica largas horas haciendo strudel de manzana u otras especialidades, pero allí está presente en la cocina supervisando la labor de quienes aprendieron de él.

Ross fue el responsable de darle forma, sabor, textura y olor a la idea que venían cocinando en su mente Javier Toxi y María Patricia Reimpell, luego de un viaje a Alemania donde estuvieron viendo varios cafés y restaurantes. Querían hacer una pastelería de dulces alemanes en El Hatillo. Era 1986. Y en aquel entonces, la oferta de locales alrededor de la Plaza Bolívar del pueblo se reducía al restaurante de comida criolla La Gorda y la pizzería La Grotta. Por tanto, la llegada de una pastelería con un nombre que pocos entendían su significado y con un menú un tanto rebuscado resultó una novedad.

“Por supuesto que al principio era una rareza porque lo que ofrecíamos no eran los dulces tradicionales, sino otros denominados streusel, strudel o florentinas, que están hechas a base de almendras fileteadas y trozos de naranja”, recuerda María Teresa Teixeira, quien está a cargo de la tienda y forma parte del equipo fundador de Das Pasthellhaus. “Pero encontramos mucha receptividad por parte de los vecinos de La Lagunita y para los habitantes de El Hatillo se convirtió en una buena fuente de trabajo”.

Das Pastellhaus comenzó ofreciendo sus pasteles alemanes en un pequeño local en la Calle La Paz, diagonal a la Plaza Bolívar. Hasta que en 1991, sus dueños decidieron diversificar su menú con la incorporación de pizzas y calzones. Aunque ello nada tuviera que ver con Alemania. “Javier es hijo de italiano y es un fanático de las pizzas. Así que probó traer a Das Pastellhaus las recetas de su casa y comenzamos a ser una pastelería-pizzería”.

Pero vale acotar que las pizzas de Das Pastellhaus tienen una particularidad. Algunas no están hechas a base de tomate sino crema de leche. Y aunque puedan resultar a primero vista un poco extrañas por su apariencia, las famosas pizzas blancas han tenido mucha acogida entre los comensales, sobre todo la que lleva tocineta.

Esta nueva etapa vino acompañada de una ampliación de sus instalaciones. Desde entonces, cuentan con una terraza con vista al casco histórico, que le da a la experiencia un toque muy hatillano. Frío incluido. Adentro, el ambiente resulta menos romántico pero más cálido. Un espacio que resalta por su buen gusto, gracias a su colección de obras de arte, esculturas y tallas de maderas.

Suele haber fila en la entrada. Pero los clientes más asiduos a Pasthellhaus prefieren anotarse en una larga lista de espera y conseguir una mesa en su Casa de Pasteles Alemanes de siempre.

 

Mirelis Morales Tovar
Foto: Efrén Hernández

 

Dirección: Calle La Paz de El Hatillo, diagonal a la Plaza Bolívar. El Hatillo.
Horario: lunes a domingo 8 a.m. a 11 p.m.

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Arte

Galería Freites

GaleríaFreites

El artista chino Liu Bolin suele mimetizarse con el entorno que visita. Antes de aterrizar en Venezuela, en noviembre de 2013, investigó sobre la realidad del país y estableció los ejes temáticos que desarrollaría en su estancia de una semana. Pero el proyecto cambió súbitamente de rumbo. Cuando llegó a Caracas, la crisis le abrumó de tal manera que decidió incorporar nuevos elementos a su propuesta. Decidió entonces ampliar su plan de trabajo, del cual surgieron importantes obras como “Harina PAN”, “Cervezas polar” y “Billetes”, un collage del papel moneda de dos, cincuenta y cien bolívares.

El proyecto fue realizado en la Galería Freites, la cual se convirtió en un enorme y dinámico taller articulador de un equipo de pintores hiperrealistas, y de un grupo de voluntarios en cuyos cuerpos se representaba la imagen seleccionada. El artista armó una especie de cartografía iconográfica de la situación venezolana en solo siete días. “El conjunto derivó en un mapa de nuestra idiosincrasia. Liu Bolin sabe dar en el blanco para detectar los elementos que construyen la identidad, y esa habilidad se puso de manifiesto en el proyecto de Caracas”, señala la curadora de la muestra María Luz Cárdenas.

La visita de Bolin fue solo uno de los aportes más recientes que ha realizado la Galería Freites a la indagación en el arte contemporáneo que se ha desarrollado en Venezuela. En sus 40 años de trayectoria, la institución privada se ha dedicado a la promoción de un grupo relevante de creadores venezolanos e internacionales, en sus diferentes manifestaciones.

“La filosofía de trabajo con los artistas se basa en un proceso sostenido de relación, guiada por el compromiso y el seguimiento de la obra, lo cual contribuye al fortalecimiento de la confianza entre ambos”, comenta Alejandro Freites, director de este centro artístico. “Las exposiciones siempre han estado apoyadas con actividades paralelas de eventos de promoción de las artes y producción de catálogos de alta calidad en su edición y diseño gráfico, con textos y ensayos fundamentados en sólidos procesos de investigación”.

La Galería Freites constituye un espacio cuya seriedad y prestigio están avalados por la realización de más de 140 exposiciones, de artistas como Alexander Calder, Arman, Alexander Archipenko, Baltasar Lobo, Manolo Valdés, Jean Arp, Jacobo Borges, Robert Indiana, Lynn Chadwick, Reg Butler, Fernando Botero, Santiago Cárdenas, Francisco Narváez y Carlos Cruz Diez, entre otros esenciales maestros de la creación contemporánea.

La nueva sede de la galería se inauguró en 2006, en el mismo lugar que ha ocupado este centro cultural desde su inauguración en noviembre de 1977. La estructura se levantó con un solo objetivo: que se convirtiera en una obra de arte que enriqueciera el paisaje urbano caraqueño. El imponente edificio fue proyectado por el arquitecto y artista plástico Julio Maragall. Integrado por cinco pisos unidos por un pozo de luz que culmina en una amplia terraza, la estructura fue pensada con un diseño minimalista de amplios y luminosos espacios que otorgan protagonismo a las piezas de arte. Dos amplias salas están dedicadas a las exposiciones temporales y dos a la exhibición de obras de artistas representados por la institución.

Sergio Moreno
Foto: Galería Freites

Dirección: avenida Orinoco de Las Mercedes.
Horario: lunes a viernes de 9:00 am a 1:00 pm y de 2:00 pm a 5:30 pm, sábados de 10:00 am a 2:00 pm, y domingos de 11:00 am a 2:00 pm.
www.galeriafreites.com

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Vida Urbana

Río Guaire

Puente Las Mercedes

Pasó de ser el límite sur de la ciudad a ser su columna vertebral. Los 72 kilómetros del río Guaire marcan una frontera y también una referencia en Caracas. Este caudal es ineludible. Desde los tiempos de la conquista sirvió como balneario, fuente de agua y vía de comunicación para el transporte de mercancía. De esa relación fluvial quedan huellas en la toponimia de la capital. Por ejemplo, la esquina de Piedra, cerca de San Agustín, era el punto de desembarco del mármol que sacaban de las canteras del río Macarao para edificar una Caracas recién fundada. Las grandes piezas de piedra eran llevadas en barcazas de bajo calado a través del cauce.

Un mapa de F. de Pons de 1801 deja constancia de que este curso de agua tuvo dos brazos a la altura de lo que hoy es Quinta Crespo. De hecho, la casa de campo del Libertador tenía acceso fluvial y está asentada en lo que alguna vez fue un islote marcado por el Guaire. Los relatos sobre la educación que recibió Simón Bolívar de su maestro Simón Rodríguez, siempre bajo un árbol y en contacto con la naturaleza, también incluyen baños en este río.

Grandes ciudades del mundo tienen su río y es difícil imaginarlas sin ellos; Menfis y Tebas sin el Nilo, Roma sin el Tíber; Nueva York sin el Hudson, Londres sin el Támesis y Buenos Aires sin La Plata. Caracas sin el Guaire tampoco sería Caracas, sin embargo, en lo que devino, hace que pocos volteen a mirarlo.

En 1875, Antonio Guzmán Blanco inauguró el Puente Regeneración, el actual Puente Hierro, que fue el primer paso sobre el río que marcó el crecimiento de la ciudad hacia el sur. Por ese tiempo, las cloacas de Caracas corrían por zanjas de tierra en el medio de las calles lo que causaba grandes problemas de insalubridad. Entonces comenzó a mirarse el río como una posible cañería. A finales del siglo XIX se construyó un primer colector de casi un kilómetro de longitud en la margen izquierda del Guaire y ahí se marcó su destino de cloaca abierta.

En 1940, cuando la ciudad solo tenía 11.000 caraqueños, se comenzó la canalización del río que hoy recibe las aguas servidas de más de 3 millones de habitantes. A principios del siglo XX también empezó a aprovecharse el potencial hidroeléctrico de las caídas del Guaire hacia la zona de El Encantado, donde se instaló la primera planta eléctrica de la ciudad y Caracas se convirtió en la primera urbe latinoamericana en recibir fluido eléctrico generado a distancia. Aún hoy las cascadas dan otra estampa al río. El cauce se cierra abruptamente entre las rocas y, pese a su color marrón y su fetidez, hace pensar que alguna vez fue un río limpio de montaña.

Florantonia Singer
Foto: Alberto Rojas

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