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Arthur Kahn

Si hay alguna construcción que atrapa las miradas de los caraqueños y seduce por su noble arquitectura es el Edificio Altamira que corona el norte de la Plaza Francia, como antesala urbana y visual del cerro El Ávila. Es un ícono de la modernidad en Caracas.

Desde niño, cuando jugaba en la plaza, muchas veces comía un helado contemplando su fachada. Sentía una conexión tan especial por su bella estructura que era imposible obviarlo. “Algún día viviré allí”, pensé más de una vez. Años después el devenir me confirió este privilegio y un honor aún mayor: conocer a Arthur Kahn.

Muy probablemente pocos tengan referencia de su nombre, pero Arthur Kahn es el arquitecto que diseñó el Edificio Altamira y un genio olvidado de la arquitectura del siglo XX en Venezuela.

Son escasos los registros de su trabajo en los libros de historia de la arquitectura local, sin embargo, su obra trasciende el olvido: fue el artífice del Pasaje Zingg, del Instituto Anatomo-Patológico de la UCV de Villanueva, del IVIC (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas), del hermoso edificio BECO-Blohm de la esquina de Puente Yánez en La Candelaria, entre otros emblemas de Caracas.

“Las ciudades están vivas. Las urbes pueden vivir malas épocas, pero siempre habrá mejores momentos. Por eso soy un optimista. Caracas es una ciudad extraordinaria… en esta ciudad de un borde de acera mojada nace una mata y florece. Entonces, ¿Cómo no ser optimista?”.

La primera vez que vi a Kahn era ya un anciano. Fue a finales del año 2000 y tenía 90 años, pero su vitalidad y lucidez eran la de un joven de 18. En aquel momento no podía creer que él existiera. “Siempre pensé que el arquitecto del Edificio Altamira era Luis Roche”, le dije. Con una mirada que delataba su obvio enfado, me respondió:

− Los desaciertos abundan, lo importante es corregirlos.

Nunca olvidaré la historia que da origen al edificio, contada por Kahn como protagonista de excepción:

− A mediados de los años 40, supe que Luis Roche planificaba urbanizar un terreno en el este de la ciudad. Así que conseguí una entrevista con él y le ofrecí mis servicios como arquitecto. Acto seguido, Luis Roche me dijo: “Nosotros no somos arquitectos, pero tenemos muy buenos libros de arquitectura y por eso nunca utilizamos los servicios de un arquitecto”. Frase a la que le respondí: “Estimado señor Roche, gracias por su hospitalidad y si un día se siente mal de salud llámeme por favor, no soy médico pero tengo muy buenos libros de medicina”. Al día siguiente, Roche me llamó y me contrató para hacer el proyecto del Edificio Altamira, que inauguramos en 1947.

Nació en Estambul, Turquía, el 10 de octubre de 1910. Se formó como arquitecto en Francia en la Escuela de Bellas Artes de París. Llegó a Venezuela en julio de 1942 huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Un alter ego bohemio lo acompañó siempre: era músico, bailarín de tap y mago. Bajo el pseudónimo de Peter Anders, durante años, se presentó como pianista y cantante de jazz en bares y tascas de Caracas. Henri Vicente, profesor de Teoría e Historia de la Arquitectura de la Universidad Simón Bolívar (USB), fue quien lo redescubrió gracias a una exposición de acuarelas que se exhibían con su firma en un bar. El profesor Vicente le brindó la oportunidad de dar clases, por primera vez en su vida, como profesor invitado a la edad de 89 años en su cátedra de la USB.

El 10 de octubre del 2010 celebró sus 100 años. Como homenaje a su centenario escribí un reportaje con su extraordinaria historia de vida, publicado en la revista Todo en Domingo de El Nacional y titulado: “Arthur Kahn: Los 100 años del último moderno”. Un año después, falleció el 19 de noviembre de 2011.

Jonathan Gutiérrez
Foto: Cortesía de su hijo Dennis Kahn

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mimoto

The author mimoto

Periodista. Escribo sobre temas urbanos, porque me apasiona recorrer las ciudades y descifrarlas. Colaboro para el portal CityLab Latino (Univision), El Comercio y otros medios internacionales.
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