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Abril 2018

Arte

El mito de Amalivaca

Amalivaca_Luis_Chacin

En la oscuridad que predomina en el Centro Simón Bolívar, hay una obra de arte que encandila: el mural El mito de Amalivaca. La pieza no sólo enceguece por su belleza y su contenido sino por su historia, pues representa en su esencia el desafío de un artista al poder.

César Rengifo era un adversario de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y se cuenta que estuvo a punto de negarse a hacer El mito de Amalivaca. Sin embargo, el político Salvador de la Plaza lo convenció. “Los gobiernos pasan, pero las obras quedan para le educación del pueblo”. Fue la frase que impulsó al artista a ponerse en marcha.

El mural de Amalivaca es una rapsodia de dorado, verde y azul con la que el artista escenifica una parte de la mitología de los pueblos originarios y reta a la modernidad impuesta por la dictadura. Basándose en esa paleta, el artista narró la génesis de los Tamanaco, una etnia que habitaba al norte del estado Bolívar.

Con trazos imponentes y elocuencia, Rengifo retrató dos grandes escenas: una, los hermanos Amalivaca y Vochi, quienes guiaron a su pueblo a través de una inundación, hasta el río Orinoco. Y la otra, la refundación del pueblo a través de las enseñanzas de los hermanos.

Su hermoso mosaico vidriado, traído de Italia, se realizó entre 1954 y 1955. Con el tiempo, sufrió daños importantes por la buhonería descontrolada que tomó las galerías del Centro Simón Bolívar durante la década de los noventa. Fundapatrimonio lo restauró y reinauguró en 2006.

Karla Franceschi
Foto: Luis Chacín / I am Venezuela

Ubicación: Av. Baralt, Centro Simón Bolívar, El Silencio
Metro: estación Teatros o Capitolio

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Vida Urbana

Plaza Caracas

PlazaCaracas_EHA

La decisión de colocar en la Plaza Caracas, poco tiempo después de su inauguración en 1983, el busto de Simón Bolívar “El Genio”, del artista español Victorio Macho, desató una enorme polémica que seguramente ubicó al espacio público, localizado entre las torres del Centro Simón Bolívar, en los primeros lugares del “trending topic” de la época.

De acuerdo con el portal patrimonial IamVenezuela, la escultura levantó una gran controversia por lo acentuado de los rasgos y expresiones, por el gesto de la boca y de las cejas, recibiendo diversos sobrenombres por parte de los caraqueños y de los medios en general. En 2008 la plaza sufrió reformas, entre ellas la realización de un pedestal más alto para la escultura, pero en la memoria urbana quedó esa historia del llamado “Bolívar gay”.

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Lugares

El Maní es así

pibo en el mani general

En la pista de baile del Maní lo que se suda es salsa. Los pies se mueven en clave de son. La respiración va al ritmo del bongó. Todo el que ha entrado a El Maní, sabe cómo es. Y es así, al ritmo de la salsa.

Esa discreta calle que cruza con la avenida Solano López en Sabana Grande es estrecha y sin señales, porque no necesita dirección. Su nombre es calle El Cristo pero no hay iglesia sino un templo. Un templo al que han llegado a rendir tributo los mejores exponentes de la música del Caribe desde 1970.

Y como todo templo tiene sus santos patrones. En las paredes los murales con los rostros de Ismael Rivera, Héctor Lavoe, Willie Colón, Tito Puente, Celia Cruz, Rubén Blades, Oscar D’León, el All Star de la salsa observa a los bailadores llevar el ritmo candela de los pies a la cintura en una sincronía perfecta que solo se sabe, no se aprende.

Por las noches del Maní han gozado famosos y anónimos fundidos en el mismo guaguancó. En las paredes su historia se cuenta a través de fotos de celebridades de la salsa que fueron a descargarse en el fragor de la rumba.

Muchos maniceros recuerdan que una noche cualquiera de los 90, mientras los bailadores llenaban la pista como habitualmente lo hacían, un autobús ejecutivo ocupó toda la calle. Cuando se abrió la puerta, un rostro moreno con un bigote conocido para quienes lo veían pasó al local con una familiaridad pasmosa. Saludó a los meseros, se abrió paso entre el enjambre de parejas que se meneaban y subió a la tarima.

La orquesta que tocaba en el momento lo saludó sonriente ya a punto de terminar el set. Y con el gesto clásico de “vente tú”, comenzaron a desfilar por el local los músicos del Gran Combo de Puerto Rico. El hombre que tomó el micrófono era Rafael Ithier, el vocalista de la legendaria orquesta que acaba de salir del Poliedro del Festival de la Salsa, y arrancó con su voz inconfundible para dejar paralizados por segundos a los bailadores que, de inmediato, abarrotaron la pista cuando cayeron en cuenta que la rumba de la noche iba por cuenta del Gran Combo.

Esa y muchas otras anécdotas inolvidables son parte de su esencia. Las noches de Caracas por muchos años llevaron el sello de ser la capital latinoamericana de la salsa y su principal embajada era aquel reducto en Sabana Grande.

Y aunque el emblemático local escondido en ese reducto de Sabana Grande ha vivido épocas más gloriosas, todavía guarda ese ambiente cosmopolita y diverso que heredó por ser caraqueño. Porque el Maní no se explica, El Maní es así.

Gabriela Rojas
Foto: Milfri Pérez

P.d. El Maní es así está actualmente en remodelación.

Dirección: Avenida Francisco Solano con calle El Cristo. Sabana Grande.

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Personajes

Arthur Kahn

Arthur Kahn

Si hay alguna construcción que atrapa las miradas de los caraqueños y seduce por su noble arquitectura es el Edificio Altamira que corona el norte de la Plaza Francia, como antesala urbana y visual del cerro El Ávila. Es un ícono de la modernidad en Caracas.

Desde niño, cuando jugaba en la plaza, muchas veces comía un helado contemplando su fachada. Sentía una conexión tan especial por su bella estructura que era imposible obviarlo. “Algún día viviré allí”, pensé más de una vez. Años después el devenir me confirió este privilegio y un honor aún mayor: conocer a Arthur Kahn.

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