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Callejon-FabiolaFerrero

Aquel nombre temido, poco afable, invita a aplastar la curiosidad en torno al origen del sustantivo, uno que se asemeja a un pseudónimo, a un crimen. Es El Callejón de la Puñalada, una callejuela que tiene más de mito que de realidad y que se ha ganado una fama mal habida por un hecho sin víctima, fecha ni nombre en la memoria colectiva.

Así lo aseguran quienes hacen vida en el lugar: artesanos venidos de todas partes de Venezuela y de algunos países de la región para vender productos de manufactura urbana como collares, pulseras de cuero tejido, carteras de nylon, hamacas, sombreros y demás artesanías.

Ubicado entre Sabana Grande y Plaza Venezuela, en el Pasaje Asunción, como realmente se llama, se desarrollan historias particulares que definen la dinámica de una ciudad temperamental. Treinta puestos de artesanía hacen que el lugar cobre un aspecto de mercado, que combinado con la oferta gastronómica de cinco locales comerciales lo convierten en un pasillo de interés. A diferencia del resto de la ciudad, el callejón cobra vida en horas de la noche, cuando la gente camina a contrarreloj con dirección a sus casas.

Aunque la advertencia es no preguntar por el hecho o más bien los hechos que rebautizaron el paseo, José Monsalve, quien dice visitar asiduamente el Bar Cristal y también el local Las Tres Cepas, evoca uno de los tantos relatos que ocupan el imaginario colectivo. Lo hace insistente, como queriendo aplacar la curiosidad a quienes se muestran inquietos por el nombre.

A esos lugares llegaban las esposas detrás de sus maridos. La mayoría de ellas amas de casas, mujeres celosas, con hijos, que esperaban con ansia la quincena del hombre para comprar la comida y pagar las deudas. Y al verlos con las zorras, armaban la sampablera y acababan las fiestas a cuchilladas”, relata Monsalve, quien sitúa los hechos 35 años atrás.

La oferta nocturna la encabezan el Bar Cristal, Las Tres Cepas, la Tasca Don Sol, conocida como Las Dos Barras, El Encuentro, Los Peruanos y el local Salsipuedes, que además de vender ron y cocuy, sus anfitriones aseguran tener a los mejores tatuadores de la ciudad.

El lugar es la cuna caraqueña del reggae y el enclave de la salsa, géneros que se alternan con la comida rápida de medianoche y el tercio negro. Hoy el sitio es frecuentado por universitarios, jóvenes con cierto halo de irreverencia que buscan a boca de Metro la diversión en una noche de fin de semana.

Quienes transitan el lugar a plena luz pueden tejerse el pelo, hacerse “yuyitos”, reparar un calzado o jurarse amor eterno en un grano de arroz grabado. El arte alternativo está presente y converge con el sentir nacional.

Erick Lezama
Foto: Fabiola Ferrero / Revista Climax

Tags : Callejón de la puñaladaCaracasfeaturedSabana Grande
mimoto

The author mimoto

Periodista. Escribo sobre temas urbanos, porque me apasiona recorrer las ciudades y descifrarlas. Colaboro para el portal CityLab Latino (Univision), El Comercio y otros medios internacionales.
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