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Marzo 2018

Organizaciones

Una Sampablera por Caracas

Una Sampablera por Caracas

Con Una Sampablera por Caracas nadie se queda atrás; mucho menos la ciudad. Este bochinche fue amable con ella. Se propuso quererla y que la quisieran. Con palabras y, sobre todo, acción. Comenzaron por hablar –bien– de ella. La Sampablera revivió aquello de las tertulias y respondió cuáles son los sentidos y sinsentidos de esta urbe. Demostró que es tiempo de dejar los fatalismos y de empezar a pedalear por los recovecos caraqueños.

Después de las tertulias, llegaron los Biciturismos. Hubo que activar los sentidos y redescubrir sitios y sabores con sus respectivas historias. “Salimos a la luz pública en abril de 2011. Estábamos cansados de que siempre que se hablaba de Caracas era mal. Con frustración, cansancio, desasosiego. Decidimos hacer algo. Dejar de esperar a un líder o mesías y dar ese primer paso”, asevera Nelson de Freitas, fundador del colectivo.

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Gastronomía

Casa Húngara

Casa Húngara

El rito ocurre por noviembre. Desde temprano en fogones alimentados a leña se cuecen ollas de goulash, esa sopa -a medio camino del ragú- que sirve de conjura contra el frío y el hambre y que es el plato bandera de los húngaros. Carne, cebollas, papas, paprika son la base del guiso y lo que cada cocinero quiera ponerle para hacerse notar. Así comienza el Festival del Goulash que lleva años realizándose en el Centro Cultural y Social Húngaro Venezolano en Los Chorros.

La actividad es casi una fiesta patronal. Hay música, danzas típicas y venta de dulces y especialidades de la gastronomía de este país. Todo este preámbulo sirve al momento estelar de este festival: la elección del mejor goulash. Cada comensal tiene derecho a probar todas las pociones, escoger la de su preferencia para comerse hasta dos platos y votar por ella. Cada año resalta el picoso o el ahumado, el suave o el más parecido a la receta clásica.

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Arte

Siete al cubo

SieteAlCubo

Es casi un museo del diseño nacional. Un templo para exaltar la creatividad, donde se congregan las propuestas de al menos 100 creadores del país. Pero, al mismo tiempo, Siete al Cubo se ha vuelto un laboratorio, donde Gabriela Valladares y Marcello Botto, experimentan con las ideas que surgen en sus mentes de arquitectos y que luego materializan en productos, que siempre terminan siendo un homenaje a nuestra nacionalidad.

Caracas, sobre todo, se ha vuelto un tema recurrente en sus creaciones. A partir de sus diseños, la ciudad ha quedo plasmada con ingenio en las camisas de su marca Papusanet, con estampados que resaltan su naturaleza, su arquitectura, su fisonomía y, por encima de todas las cosas, su Ávila.

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Vida Urbana

El callejón de la puñalada

Callejon-FabiolaFerrero

Aquel nombre temido, poco afable, invita a aplastar la curiosidad en torno al origen del sustantivo, uno que se asemeja a un pseudónimo, a un crimen. Es El Callejón de la Puñalada, una callejuela que tiene más de mito que de realidad y que se ha ganado una fama mal habida por un hecho sin víctima, fecha ni nombre en la memoria colectiva.

Así lo aseguran quienes hacen vida en el lugar: artesanos venidos de todas partes de Venezuela y de algunos países de la región para vender productos de manufactura urbana como collares, pulseras de cuero tejido, carteras de nylon, hamacas, sombreros y demás artesanías.

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Lugares

Concha Acústica de Bello Monte

Concha Acustica de Bello Monte

Si un edificio aprovecha la topografía caraqueña es la Concha Acústica de Bello Monte. Inocente Palacios se calificaba a sí mismo como “el primer trepador de cerros”, recuerda Hannia Gómez en un artículo publicado en El Nacional en 1996. Fue su visión de la ciudad expandida por sus laderas la que hizo posible que en la década de 1950 se elevara esta edificación. Al final de una gran avenida, aprovechando una bifurcación de vías que delimitaba el terreno, el empresario vio el lugar ideal para un gran anfiteatro.

De diseño que recuerda a los grandes teatros griegos, la Concha Acústica de Bello Monte se erige sobre terrenos que el propio Inocente Palacios puso a disposición del arquitecto argentino Julio César Volante, quien había enfocado su trabajo en la acústica de espacios. Eran tiempos de Marcos Pérez Jiménez y las construcciones urbanas estaban en boga. Se necesitaba, además, una sede para la Orquesta Sinfónica de Venezuela.

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Gastronomía

Pastelería Aida

pasteleria Aida

Las caracolas de la Aída son una leyenda. Ese pan en espiral de origen sueco, de masa suave y esponjosa, con abundante canela y una corona de pasas y azúcar glaseada es parte de un ritual de los vecinos de Los Palos Grandes y también de foráneos.

A diario, una fila de creyentes en las bondades del bocado dulce de media tarde espera las caracolas de esta panadería de tradición en Caracas. La devoción es tal que aun cuando no hay pan, porque la harina escasea, igual se hornean caracolas. “Salen todo el día”, dice la encargada de la barra mientras despacha un par para llevar. La versión con chocolate tiene dos horarios: la mañana y la tarde. Luego de cada turno, las bandejas quedan vacías.

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Personajes

Roberto Burle Marx

roberto-burle-marx

Una ciudad sin paisaje no es más que torres de concreto delimitadas por venas grises que son las vías de asfalto. Pero la savia que mueve el sistema nervioso de una urbe cruza a través del verde de la naturaleza, una presencia imprescindible en el horizonte de la ciudad que se conjuga con la vida humana.

Por eso el nombre de Roberto Burle Marx es un sello indeleble que acompaña la identidad caraqueña, a través de una de sus grandes obras: el Parque del Este, ahora renombrado Parque Generalísimo Francisco de Miranda. Esas 82 hectáreas de terreno cobraron forma y sentido bajo la mirada de Burle Marx, el arquitecto y paisajista brasileño a quien le fue encomendado el diseño y conceptualización del parque, inaugurado en 1961 durante el gobierno de Rómulo Betancourt.

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Lugares

Biblioteca Nacional

Biblioteca Nacional

Las copias más antiguas del Himno Nacional, que datan de finales del siglo XIX. El único ejemplar que queda en el mundo de El Manual del Forastero (1810), el primer libro publicado en el país, atribuido a Andrés Bello. El manuscrito original de Memorias de Mamá Blanca. Una edición de Doña Bárbara ilustrada y en tamaño tabloide. La segunda parte de La vida de Plutarco (1471- 1492), obra de la que sólo hay tres ejemplares en el mundo. Una grabación en pianola de la sinfonía Fantasía por Teresa Carreño. Colecciones que pertenecieron a Francisco de Miranda, José María Vargas y Arístides Rojas. El primer ejemplar de: la Gaceta Oficial, El Cojo Ilustrado y El Correo del Orinoco.

Por lo exclusivo, se conocen como libros raros, y apenas son unos de los muchos tesoros que resguarda celosamente la Biblioteca Nacional de Venezuela. Forman parte de su catálogo de 3 millones de libros, 4 millones de fotografías, 500.000 revistas, 1 millón de periódicos, 120.000 mapas, planos, afiches y grabados; 50.000 videos y 20.000 películas nacionales.

Está al final del bulevar Panteón, en una estructura de 80.000 metros cuadrados. Fue diseñada por el arquitecto Tomás Sanabria en 1973, especialmente para que fuera la nueva sede de este valiosísimo templo cultural. Sus salones son amplios, cómodos, siempre silenciosos. Hay servicios de copiado. Y algunas de las salas tienen paredes transparentes, lo que permite la entrada de luz natural.

Como institución, la Biblioteca Nacional nació en 1833 bajo el gobierno de José Antonio Páez, pero no fue sino hasta 1850 cuando José Tadeo Monagas estableció su funcionamiento al lado del Convento San Francisco. Con 184 años de fundada, es un Instituto Autónomo adscrito al Ministerio de la Cultura. Además, es el ente rector de la Red Nacional de Bibliotecas, compuesta por más de 47 bibliotecas en la Gran Caracas y 800 en todo el país.

Erick Lezama
Foto: Efrén Hernández

Dirección: final del bulevar Panteón, avenida Panteón, parroquia Altagracia
Horario: lunes a sábado, de 8:30 am a 5:00 pm

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Vida Urbana

Jardín Ecológico Concha Acústica de Bello Monte

JardinEcologico

Alicia y Enrique Haynes son esposos. Superan los 60 años de edad y cambiaron el inmenso Ávila por una versión mínima de él, como las que abundan en la Caracas verde. Cada domingo suben la montaña que está detrás de la Concha Acústica de Bello Monte, que resguarda un tesoro. “Esto es un oasis”, dice la mujer, con gorra, lentes de sol y una recarga de oxígeno para la semana. En el camino se cruzan un saludo con Luis Levin, quien desde hace 8 años sembró en el lugar un jardín, el Jardín Ecológico de la Concha Acústica, JECA, una especie de laboratorio-escondite que reúne a decenas de personas interesadas en la naturaleza, la ciencia y el aire puro.

Levin es biólogo e investigador jubilado de la Universidad Central de Venezuela y todo el tiempo está encontrando preguntas perdidas en el bosque, bien sea en las formas de las hojas o en el comportamiento de las tórtolas al comer. Es un argentino que fue adoptado por Venezuela en la segunda mitad del siglo XX.

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