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octubre 2017

Gastronomía

El Garage, birra jardín

El Garaje, birra jardín

Imagine una fiesta en el garaje de su casa. Todos acomodados en banquitos, mesas, puff, hamacas, algunos de pie, sobre un trozo de alfombra que cumple su cometido de grama. Pero en esta celebración la tarde se destila con cervezas hecha en casa. De eso va la propuesta del El Garage, birra jardín, que se inició a finales de 2016, en la sede de la fábrica de cerveza artesanal Social Club, una de las tantas marcas que han surgido en Caracas y que mantiene, cinco años después de creada, una producción de por los menos 2.000 litros mensuales.

Quien va a uno de los garajes, como llaman a los encuentros que realizan cada quince días a través de convocatorias por redes sociales, podrá conocer el proceso de elaboración de esta bebida. Los tanques para la cocción, fermentación y enfriamiento de la cebad y el lúpulo están a la vista de los asistentes.

El emprendimiento de Gerardo González, Víctor Querales y Lorena Rojo, viene de una inquietud como cultores de esta bebida. “Acá nos une el amor por la cerveza. Venezuela es uno de los países con mayor consumo per cápita, pero nadie conoce el proceso de elaboración ni tiene la posibilidad de hacerlo, algo que en otros países sí es viable”, cuenta González, que vivió 4 años en Londres, donde descubrió todo lo que hay detrás de una botella de cerveza.

Lo que montaron González, Querales y Rojo en la parte delantera de la casa donde fabrican la Social Club es el primer taproom de Caracas, y junto con uno que está por abrirse en la ciudad de Mérida, son los únicos de Venezuela.

Los jóvenes elaboran por lo menos 10 tipos de cerveza: las americanas, las inglesas y las belgas mezcladas con hierbabuena, naranja, chocolate, café y otras combinaciones “Esto es un viaje, una degustación”. Luego de la producción de un lote, sus productores tienen la opinión de los consumidores a puerta de fábrica, en una fiesta en la que pueden reunir hasta 100 personas en esta quinta ubicada en Sebucán.

La degustación de la cerveza tiene su maridaje. La comida cambia con cada evento y la ponen otros emprendimientos de la ciudad. Por el garaje han pasado Los Costillas, un clásico del Estadio Universitario con sus sandwiches de cerdo que son como un jonrón, La Jauría del Amor con sus empanadas argentinas, las hamburguesas de Food Factory, el foodtruck de pizza Il Jet Studio, entre otras pequeñas empresas.

Además, el lugar ofrece seguridad para los vehículos y un área de juegos para niños, por lo que admite familias. “En apenas seis meses que abrimos el garaje tenemos gente que viene seguido, queremos dar respuesta a la falta de sitios de esparcimiento en la ciudad”. Es una oferta distinta que hay que conocer.

Florantonia Singer
Foto: El Garage Birra

Horario: de 4:00 p.m. a 12:00 a.m.
Lugar: final de la avenida Miguel Otero Silva, quinta de muro verde, Sebucán.
Redes: @elgaragebirra

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Tradiciones

Leones del Caracas

Leones del Caracas

Se puede nacer caraqueño y no ser caraquista. También se puede ser caraquista sin nacer caraqueño. Pero no hay nada más caraqueño que un caraquista, ese que tiene marcado el gentilicio con el rugido que eriza la piel al pisar el Estadio Universitario, la casa de los Leones del Caracas, los melenudos, donde se vive la efervescencia del deporte favorito de los venezolanos: el béisbol.

Los Leones del Caracas llevan el nombre del patrono de la capital – Santiago de León- y desde 1945, cuando aún se les asociaba con la Cervecería Caracas fue uno de los cuatro equipos fundadores de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. De esa época data la pasión por la pelota criolla que la hizo la preferida del público y allí también nació la histórica rivalidad entre el Caracas y el Magallanes, que más de siete décadas después todavía mueve los cimientos del terreno de juego.

La partida de nacimiento de un caraquista se firma en el coso de Los Chaguaramos, preferiblemente un viernes en la noche o un domingo en la tarde en el fragor de un Caracas- Magallanes. El corazón del fanático va tranquilo, con su latido regular disfrutando de unas birras y de la compañía. Pero de repente la emoción lo agarra desprevenido y al cruzar el arco de la entrada se ve el campo verde, el diamante en ángulo perfecto, los asientos multicolores en sucesión mientras se llenan de gente, la lluvia que huele y sabe a cerveza y entones ocurre: el corazón se acelera, se agita, se pone gritón, contento, busca pelea, queda ronco, se emociona, llora, se agarra la cabeza, sufre y suda los nueve innings hasta que cae el out 27.

Ahí lo sabes. Eres un caraquista irremediable, orgulloso hasta la médula y a veces necio cada vez que recuerda, temporada tras temporada, esos 20 campeonatos que lo hacen el equipo con más triunfos de la liga, ganador dos veces de la serie del Caribe, con más finales disputadas y más record colectivos e individuales.

Por eso cada vez que el equipo pierde, se saca esa carta para defender la casta heredada de Victor Davalillo, Baudilio Díaz, Omar Vizquel, Urbano Lugo, Andrés Galarraga, Bob Abreu y hasta la del legendario Jesús Lezama, el papá de la fanaticada caraquista.

De octubre a febrero, cuando suena la voz de playball y cada noche las luces del estadio iluminan la autopista, por las calles se multiplican las camisas del equipo que –aunque sea ganando o perdiendo- se lucen con el pecho henchido, porque al llevar la camisa de los Leones sin correr una base o batear un foul, el equipo se adueña del nombre y se convierte en Caracas.

Gabriela Rojas
Foto: Leones del Caracas

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Vida Urbana

Cuevas del Indio

Cuevas Del Indio

Un hombre mira hacia arriba. Una de las tantas paredes de piedra irregular del Parque Recreacional Cuevas del Indio se alza a sus pies. Porta zapatos para escalar y ropa deportiva. Un arnés le envuelve la cintura y las piernas, del que cuelgan mosquetones rojos, cintas exprés y un puñado de cuerdas grises. Se mete la mano izquierda en una pequeña bolsa que también le cuelga cerca del coxis. La saca llena de un polvo blanco. Se choca ambas manos, las frota y estira su brazo derecho hasta el recodo más cercano que alcanza, mientras otro hombre vigila su ascenso desde tierra.

El mapa del sitio que recibe a los visitantes indica tres puntos como ese para practicar escaladas. Cerca de 200 personas lo frecuentan en un fin de semana. La Hormiga, El Puente, El Tobogán, La Garganta… los mismos escaladores han etiquetado sus recorridos en vertical. Paran sus carros, camionetas o motos en el estacionamiento del recinto y se adentran en la naturaleza con morrales a cuestas. Algunos simplemente con las cuerdas en la mano. No necesitan más.

Mientras se anda por los senderos ya delimitados por el humano, el sonido de las chicharras opaca progresivamente el reggaetón que se escucha a todo volumen en la vía hacia el Cementerio del Este. Las formaciones rocosas se ubican en La Guairita, donde también está una quebrada, no apta para el consumo humano. El parque es un pulmón vegetal del municipio El Hatillo con una flora variada. Se perciben desde ceibas hasta plantas de café.

Aún permanecen las primeras señalizaciones, cuando el sitio se declaró espacio protegido por el Instituto Nacional de Parques (Inparques) en 1983. Unos trozos rectangulares de madera pintada de verde reciben a las personas con escritos: “Cueva del Pío 363 mts”, “Cueva del Indio 815 mts”, “Mirador del Indio 1080 mts”; uno encima del otro clavados en un árbol. También se leen mensajes como “Cuida tu parque” y “Evita incendios”.

Llegar hasta las cuevas implica recorrer sobre musgo resbaloso, iluminado por el sol que se cuela entre el abundante follaje. Desde las 8:30 de la mañana hasta las 12:30 del día está abierto al público, aunque las demás instalaciones, como el cafetín y cabañas para cumpleaños y actividades recreacionales están disponibles hasta las 4:30 de la tarde. Es lunes es el único día de la semana que el parque cierra.

Para los guardias de seguridad, adentrarse solo en las cavernas es una locura. En el Pío, son 195 metros de longitud y 11,5 de profundidad. En el Indio, un túnel descendiente de alrededor de 120 metros de longitud. No hay luz natural que ilumine los laberintos de estalagmitas y estalactitas para los visitantes. Dentro, sus cuerpos se cuelan entre paredes rocosas y se arrastran como reptiles por el suelo. Los rostros se llenan de tierra. La respiración se convierte en eco. Suena esporádicos aleteos rápidos. Murciélagos penden boca abajo del techo. El flash de las cámaras es poco recomendado.

Andrea Tosta
Foto: Tomada por Alexis Núñez para el blog @todoesunviaje de Raquel Monasterio.

Dirección: calle La Guairita. Vía El Cementerio del Este. Municipio El Hatillo.
Horario: martes a domingo 8:30 a.m. a 4 p.m.

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Historia

Teatro Ayacucho

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La dinámica social y de entretenimiento de Caracas cambió en la década de 1920, con la inauguración de una de las edificaciones del arquitecto Alejandro Chataing: el Teatro Ayacucho. Este espacio abrió sus puertas en 1925 como un centro artístico, con capacidad para albergar todos los eventos escénicos posibles. Contaba con equipos modernos y una distribución concebida para tal fin: vestíbulo, platea, balcón y gradería, además de un escenario con camerinos y tramoya. El aforo alcanzaba para 1.300 personas.

De ese hermoso edificio, hoy solo quedan nombres y detalles de una arquitectura de influencia francesa. Lamentablemente, quedó relegado a ser una especie de centro comercial, con locales de comida rápida distribuidos en la estructura de lo que fuera un elegante teatro.

Al visitarlo, se rescata la oportunidad de ver un hermoso mural en relieve, de piedra tallada, del artista Bianchini. Pero la obra se halla opacada por un televisor pantalla plana ubicado en su borde inferior que impide su completa visualización.

El nombre de Teatro Ayacucho se mantiene en su fachada. Esa que resalta entre las esquinas La Bolsa y Padre Sierra, por su majestuosidad y belleza. Cuando fue intervenido en la década de los noventa, para ser transformado en centro comercial, quizás el interés por no borrar su historia llevó a sus interventores a renombrar cada uno de los niveles con sus usos originales: Orquesta, Patio, Balcón, Tramoya y Terraza, entre los cuales se distribuyen comercios, feria de comida y tres sala de cine, que se mantienen activas.

El 15 de abril de 1994 fue declarado Monumento Histórico Nacional para proteger su estructura. Aunque su uso varió, al menos el Teatro Ayacucho no corrió con la misma suerte de su vecino el Cine Continental, que permanece cerrado. El Continental abrió al público el 11 de enero de 1936, fue diseñado por los ingenieros Guillermo Salas y Félix Aguilú, y remodelado en 1942 por Carlos Guinand Sandoz, quien le confiere el estilo Art Déco que lo caracteriza. De recuperarse, esta cuadra retomaría el valor artístico y cultural que la signó a mediados del siglo XX, y que lo completaba el antiguo Teatro Capitol, a pocos metros de ambos (entre las esquinas Padre Sierra y Las Monjas, hoy sede de una franquicia de hamburguesas).

El Teatro Ayacucho es el segundo cine más antiguo de Caracas y del país; le antecede el Teatro Rialto (inaugurado en 1917)

Patricia Marcano
Foto: Hugo Londoño

Dirección: avenida Sur 4, entre las esquinas La Bolsa y Padre Sierra. Parroquia Catedral
Metro: estación Capitolio

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Tradiciones

Maratón CAF

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Empaparse de sudor sobre el asfalto. Correr Caracas por todos –todos– sus costados: de este a oeste, de norte a sur. Y de un tirón. Seguir aunque las piernas chillen y los músculos quemen y el aliento (y el ánimo) ya no den para más. Si bien la mayoría hacen el medio maratón –21 kilómetros–; otros se aventuran a la prueba de más alto voltaje: el maratón completo; 42 kilómetros en los que las calles caraqueñas son arenas movedizas.

Los corredores se preparan durante meses: dietas, entrenamientos de velocidad, asistencia médica. Y, llegado el momento, controlan la respiración, la velocidad, la hidratación, y desde luego, la ansiedad. Aquí no interesa el podio (bueno, no a todos). La mayoría quiere bajar los tiempos que hicieron anteriormente. O “simplemente” atravesar la meta. Y no importa cuántas horas implique eso.

Ese domingo, sin que termine de amanecer, el parque Los Caobos recibe a un enjambre de miles deportistas eufóricos, a punto de molerse en las calles. Las familias, los amigos, e incluso grupos de voluntarios se vuelcan a las avenidas para apoyar a quienes están en la pista. Corren trechos con ellos, les alcanzan agua, les gritan que sigan, que no se detengan, que falta menos, que ya casi.

Esto ocurre en una metrópoli que se ha ganado un sitial en todos los ránkings de violencia, de muertos e inseguridad. Ese día Caracas es otra. Ese día, cuando el deporte es un río en sus calles, aquí hay una tregua. Así es desde 2011, cuando el Banco de Desarrollo de América Latina comenzó a organizar este maratón anualmente. Enrique García, presidente ejecutivo de CAF, lo ha dicho así: “Es una muestra de que se trata de un espacio de integración y colaboración. Algo que tiene que ver no sólo con el deporte, sino con los valores más profundos de la sociedad”.

En la edición de 2017, la más reciente, participaron casi 11.000 corredores provenientes de Caracas, de todas las regiones del país y de diversas partes del mundo. Uno de ellos es Evian Otero, caraqueño, aficionado a las carreras y fue su segunda vez en este evento: “Tener la posibilidad de correr por avenidas o calles que suelen ser usadas sólo por vehículos, te da otra perspectiva de la ciudad, se siente mayor proximidad con esta Caracas tan movida y caótica”.

Erick Lezama Aranguren
Foto: Federico Parra

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Lugares

Cuadra de las novias

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En la urbanización El Silencio, hay una cuadra donde se materializa el sueño de aquellas mujeres que siempre han querido casarse de blanco. Por más de 60 años, un grupo de tiendas se ha especializado en la venta de velos, vestidos, guantes, liguero, base de bouquet, armador, arras, cojines y todo aquello ligado al mundo de las ceremonias nupciales. De allí que se ha ganado el nombre de la “Cuadra de las Novias”.

Las futuras esposas que necesitaban ahorrar algo de dinero y que no disponen de mucho tiempo para ir donde una modista, escoger un modelo de vestido y hacerse cientos de pruebas, acuden a las tiendas del centro de Caracas, a pocos pasos de la avenida Baralt, entre la plaza O’Leary y las Torres del Centro Simón Bolívar. Otras novias, en cambio, van para continuar con una tradición familiar, por ser el lugar donde sus madres o abuelas adquirieron el vestido del gran evento.

Las vitrinas exhiben modelos tradicionales. Pero puertas adentro pueden conseguir una variedad de vestidos, que van desde los más básicos hasta los más atrevidos, que llevan encajes, lentejuelas, bordados en relieve, satín de seda suave, chiffon. Quienes trabajan en las tiendas se encargan de confeccionar, bordar o entallar. Otras tantas, les toca consolar y hasta aconsejar a las futuras señoras.

Y es que la “Cuadra de Las Novias” ha sido testigo de amores, de prometidas que lloran de la emoción, de las que quieren probarse miles de vestidos, de las que se retratan con las prendas para conservar el momento o enviárselo a las amigas, de las que regresan acompañadas de la hija para continuar la racha. Pero también, de aquellas que lloran por la ruptura, por lo que no funcionó, por el desamor y que han retornado al lugar con el infortunio de devolver la prenda comprada.

“Yo me he vuelto consejera matrimonial”, relató Elisa de Arias, costurera del Palacio de Las Novias, en una entrevista publicada en El Universal. “Muchas veces nos toca ayudar a las novias e inspirarles tranquilidad de que todo va a salir bien ese día. De verdad, aquí se ve de todo. Tuvimos una que devolvió el vestido tres veces…¡Eso fue un desastre! Hasta que, por fin, se casó (risas)”.

La crisis económica del país ha impactado considerablemente en las ventas. Sin embargo, la “Cuadra de las Novias” sigue siendo, ahora más que antes, una opción para las futuras esposas que desean ahorrar dinero sin sacrificar estilo. Algunas de las tiendas han perdido clientela. Otras han bajado notablemente la producción, pero la mayoría se niega a renunciar a una tradición que es referencia en el centro de Caracas.

La tiendas de la “Cuadra de las Novias” ofrecen combos que incluyen 10 piezas –velo, vestido, guantes, tiara, baúl, liguero, base del bouquet, armador, arras y cojines- a un precio muy por de bajo del mercado de alta costura.

Hercilia Garnica
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Avenida Baralt. Urbanización El Silencio. Bloque 2.
Metro: El Silencio

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