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Julio 2017

Gastronomía

Mercado Chino

Mercado Chino

Por un día, la urbanización El Bosque se convierte en nuestro pequeño Chinatown. Todos los domingos, el patio del Club Social Chino amalgama lo mejor del arte culinario asiático, de sus expresiones artísticas y de la idiosincrasia de una cultura reconocida por la excentricidad de su comida. Todo aquello es una síntesis de sabores y olores que estallan en un solo lugar: el Mercado Chino, que se organiza desde hace más de 35 años en Caracas. Al sitio llegan, extranjeros que viven en diferentes partes del país para ofrecer mercancía que suelen importar desde China o cultivan en tierras venezolanas, provincia adentro.

Desde las 6:00 de la mañana hasta el mediodía, las áreas comunes del club se convierten en una galería de alimentos donde se expenden especias, mariscos, vegetales, frijoles y hasta anguilas vivas, al mejor estilo de los mercados en Shanghái, una de las ciudades más pobladas del mundo. Cada comprador se sumerge en un viaje al gigante asiático. Hay de todo, lo cual lo convierte en un sitio de referencia entre quienes se declaran amantes de la cocina.

Puertas adentro, el idioma oficial es el mandarín. Lo que más que una barrera, le confiere auténticidad a la experencia. Los comerciantes buscan la manera de expresarse para ofrecer verduras, pescados, ropa, leche de soya fresca, periódicos y bebidas gaseosas. Aquello es una forma expedita de acercarse a una sociedad que tiene sus raíces del otro lado del mundo.

Durante cada jornada el lugar es visitado por comerciantes del este y oeste de la ciudad, especialmente por quienes administran sus propios establecimientos de comida en las avenidas Sucre, Urdaneta, Baralt y el centro de Libertador. Acuden en busca de productos pocos conocidos como flor de ajo, hongos, setas, vainitas planas, pepino chino y hojas de mostaza.

Algunos puestos venden empanadas de algas, dulces típicos y “pu erh”, un tipo de té un poco más oscuro y espeso. Fuera del recinto uno de los establecimientos de comida más visitados es el Lai King, ubicado en la avenida Principal de El Bosque. Allí los visitantes acuden para degustar el desayuno chino. Se trata del “Dim Sum”, porciones individuales de vegetales y carnes, generalmente cerdo y camarones, que se sirven en un solo bocado, fritas o al vapor.

Julio Materano
Foto: Efren Hernández

Dirección: Club Social Chino. Avenida prinicipal El Bosque. Municipio Chacao.
Horario: Domingos. De 6 a.m. a 12 p.m.
Metro: Chacaíto.

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Lugares

Hacienda La Vega

Hacienda La Vega

Un arco del color de la guayaba da paso a un camino polvoriento bordeado por decenas de chaguaramos frondosos. En el camino, hay portones que rezan estas frases: “Siembra y cosecharás”, “Sin abono no hay cosecha”, “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Consejos para quien se sumerge en el demoledor oficio de labrar la tierra. En este terreno hay muchos verdes, un viejo trapiche, aves sobrevolando el cielo. Y una casona grande, de techos altos y corredores amplios, que alguna vez fue el epicentro de la moda, la finura, el arte.

Todo en medio de los edificios de la parroquia El Paraíso. Del ruido –y el humo– de los carros y las motos. La banda de sonora de una ciudad desenfrenada. Así sobrevive La Hacienda La Vega, que para 1590 era una extensa sabana de mil 500 hectáreas, donde se cosechaba caña de azúcar. Mucha caña de azúcar.

“La casa que comenzó a ser un barrancón para esclavos (…) pasó durante casi tres siglos por diversas sucesiones hasta llegar a los Tovar”, escribió el periodista Igor Molina en una investigación sobre el lugar. Cuenta que esos dueños recibieron allí a Bolívar en 1827. Y que El Libertador, ya exiliado a Colombia, le envió una carta al dueño, Martín Tovar, en la que con nostalgia exclamaba: “Martín, sólo dos cosas no han cambiado en Venezuela: La Vega y tú”.

Luego, el inmueble –que según investigadores es una de las casas más antigua de Suramérica– siguió pasando de mano en mano. Durante la segunda década del siglo XX, se planteó construir el Country Club, pero los propietarios de entonces, los Herrera Uslar-Gleichen, se opusieron.

Reinaldo Herrera y María Teresa Guevara –conocida como Mimí Herrera– heredaron la vivienda y se convirtió en un Olimpo de la moda y el arte: por allí pasaron Salvador Dalí, la princesa Margarita, el Príncipe Carlos. Christian Dior realizó un desfile de modas y la afamada Carolina Herrera –que se casó con un hijo de Reinaldo y Mimí– vivió bajo ese techo.

“Después de la muerte de Mimí, en 1992, los techos se cayeron, el monte creció en los fabulosos jardines, el olvido venció a la constancia y los herederos se desperdigaron por el mundo”, refiere Molina. Pero luego de muchos años en el abandono, fue reestructurada. Ahora la casona vuelve a mostrar una cara amable. En la actualidad, la hacienda –asociada con la fundación Cine Jardín– abre sus puertas para dos proyecciones de películas al mes al aire libre. También tiene otro uso: frecuentemente es escenario de fiestas, eventos y exposiciones.

Erick Lezama
Foto: Alberto Rojas
Más imágenes en el blog Caracas Shots.

Dirección: Hacienda La Vega Avenida O’Higgings, El Paraíso.

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