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Julio 2017

Organizaciones

Fundhea

Fundhea

Derbys López es de hablar sereno. Su discurso está cargado de detalles. El dato no abruma. Cada oración se graba en los sentidos de quien lo escucha, porque sus relatos surgen de la anécdota y el testimonio. López dirige la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente (Fundhea), que fomenta la recuperación y protección de sitios de interés histórico, cultural y ambiental en aras de desarrollar un turismo sustentable.

Sus rutas lo han llevado hasta Delta Amacuro, a recorrer los caños en curiara y probar los frutos recién recogidos del monte. A Birongo, donde aprenden al tiempo que enseñan sobre el cultivo del cacao, bailan tambores y se dan un buen baño de río. A Chirimena, para adentrarse en la pesca artesanal; y principalmente a El Ávila. Donde empezó todo.

López es paramédico y rescatista de montaña, así que se conoce los senderos de El Ávila al dedillo, también los recovecos que no están señalizados y a los que nadie debería adentrarse. Andando por las rutas que no aparecen en los mapas, halló ruinas, empedrados y personas. Cada uno con algo para contar. Luego, esas historias las contrastó en los libros. Y en ese constante investigar, Fundhea ya cuenta con 24 rutas ecopatrimoniales en una década de funcionamiento.

Esta iniciativa nació el 15 de julio de 2007, después de una excursión al Mausoleo del Doctor Knoche en Galipán. Sin embargo, el primer recorrido oficial lo realizaron en el casco histórico de La Guaira; después vino la de El Calvario, el ego de dos presidentes y otra en el casco histórico de Caracas llamada Tras las huellas de Guzmán. “Antes de cada recorrido, hay un proceso de investigación, trabajo de campo, visitas, entrevistas a los abuelos. Cualquiera te lleva a El Calvario, pero nosotros queremos incentivar la curiosidad”.

Para Fundhea, el turismo es una interpretación de la vida, que se disfruta con los sentidos. También un proceso de enseñanza compartido y de difusión de valores. “Lo que hacemos es construir ciudad. Que haya comunión con lo nuestro, con nuestras tradiciones, con la cultura, y que te apropies de ella. Si conoces tu patrimonio lo cuidas y lo defiendes”. Por ello, siguen convencidos de que hay que contar la historia en el lugar en que ocurrieron los hechos.

Emily Avendaño
Foto: Fundhea

Contactos:
Twitter: @Fundhea
Facebook: Fundación Historia Ecoturismo y Ambiente, Fundhea
Instagram: @Fundhea

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Arte

Libreros del Puente de la Avenida Fuerzas Armadas

Libreros del puente de las Fuerzas Armadas

Fácilmente debajo del Puente de la avenida Fuerzas Armadas puede haber medio millón de libros. Las torres están apiladas sobre mesones de plástico u organizadas dentro de los más de noventa quioscos que se acondicionaron en la vía. El orden solo lo conoce el librero, se lo enseñó su oficio. El comprador desprevenido en cambio se encontrará con el eclecticismo. Podrá a ver un texto de Mario Vargas Llosa al lado de otro de Paulo Coelho. Hallará Los viajes de Gulliver entre un ejemplar de Computación y otro de Finanzas; o se encontrará con un número de la revista Selecciones tapando El viejo y el mar.

Ese es el valor de ese pasaje: hay de todo a precios que hace rato la inflación hizo que pasarán de largo en una librería convencional. La tradición no se pierde. Allá puede llegar cualquiera con su libro usado debajo del brazo a intercambiarlo por otro o, en el mejor de los casos, venderlo. También funciona entregar un libro como abono por otro y sumarle la diferencia en efectivo. “El objetivo es ganar-ganar”, afirma el librero Javier Colmenares.

Debajo del puente de las Fuerzas Armadas se venden libros desde hace más de 30 años. Diego Mercado corre por ahí desde que tenía seis años de edad. Su tío era uno de los fundadores y luego él continuó con el oficio. Explica que primero eran diez libreros que vendían textos en la esquina de Padre Sierra y luego los reubicó allí la Alcaldía del municipio Libertador. En aquellos tiempos tenían que guardar los libros en cajones de latón. Hasta 2011, cuando la municipalidad les acondicionó los quioscos de colores que ahora funcionan.

Los compradores van en la búsqueda de cualquier género. Algunos libreros coinciden en que la autoayuda y la ciencia ficción es lo que más venden últimamente. Y en septiembre es la temporada de los libros escolares. En ese trueque literario a veces se encuentran con sorpresas inesperadas. Daniel Piñero empezó como ayudante hace 15 años, luego pasó por otros cinco puestos hasta que pudo adquirir el suyo. Cuenta que en diciembre de 2016 no tenía dinero y entre las páginas de una de las obras encontró 500 dólares.

Otra sorpresa es cuando llegan algunos clientes incautos con un ejemplar encuadernado en cuero, y un característico papel biblia, de la editorial Aguilar. “Son tesoros invaluables y la gente no lo sabe”, asegura Alcides Daza, con 27 años de experiencia en las Fuerzas Armadas. Su sorpresa decembrina fueron seis lapiceros Parker enchapados en oro, al fondo de una caja de libros. “Esto es un patrimonio público. Si alguien necesita un libro y no lo consigue aquí, no lo va a encontrar en ninguna otra parte de Venezuela”.

Emily Avendaño
Foto:Alberto Rojas

Dato:
Un librero de la avenida Fuerzas Armadas puede tener en su stock al menos 6.000 textos.
Dirección: Avenida Fuerzas Armadas, cruce con la avenida Urdaneta. Atienden al público de 8:00 am a 4:30 pm.
Metro: La Hoyada

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Vida Urbana

Expanzoo

Expanzoo

Los visitantes de Expanzoo pueden acariciar animales antes de siquiera pasar la puerta. Una llama color beige los recibe en la entrada. Atada a un tronco, mueve su cabeza de un lado a otro y muestra los dientes, casi sonriendo. Los párvulos se acercan sin miedo, dispuestos, con su mano en alto, a lo que el mamífero responde con un rápido meneo de su testa y orejas y se aparta. Es solo el abrebocas del zoológico interactivo de contacto creado en la antigua hacienda Caicaguana en el año 2000.

Más de veinte especies conviven dentro del paisajismo hecho por los arquitectos Mireya Besson y Enrique Fábregas. Habitan ciervos, chivos, cebras, ovejas, llamas, avestruces, dantas, venados, aves como flamingos, cotorras y guacamayas; también caballos, cochinos, burros y bovinos en versión miniatura. No hay lugar para el maltrato.

Muchas andan libres por las caminerías del parque, entre los dos lagos artificiales. Algunos niños corretean detrás de conejos, patos y pavos, mientras que los pavorreales machos zarandean sus alas en búsqueda de hembras en celo. Además, logran que los humanos, cámara en mano, se alejen, entre la magnificencia y la contemplación.

El silencio se llena de onomatopeyas a 2 kilómetros de Lomas de La Lagunita, en el municipio El Hatillo. Las risas de quienes disfrutan se entremezclan con los gemidos, los bramidos, los relinchos. Y no faltan los llantos de los más asustadizos. Algunos animales no temen estirar el cuello y sacar la cabeza entre los barrotes azules de sus respectivos corrales. Sorprenden a más de uno que le da la espalda con saliva o estornudos. Se les puede alimentar únicamente con zanahorias, a disposición del público por un precio accesible en la entrada.

Se ofrecen paseos en ponis también por un costo adicional. Un adulto acompaña al niño, mientras que un empleado de Expanzoo supervisa. Es característico que sonrían con frecuencia y hablen con lentitud. En su mayoría, tienen condición de retraso mental leve, moderado o síndrome de Down. Cuidan animales, mantienen las instalaciones limpias, ofrecen información al público. Los ingresos del zoológico están destinados a Expansión, un centro educativo para personas con necesidades especiales donde muchos de ellos se tratan.

Son pocos los vidrios que resguardan animales. Una tragavenado y una lapa reposan encerradas próximas a la entrada. Pero cerca también guardan una curiosidad. Alí es un dromedario que llegó a Expanzoo en 2001 con un año de edad. Brincaba sin cuidado en su juventud. Un carcinoma epidermoide en la pata trasera derecha acabó con la diversión progresivamente, hasta causarle la muerte a sus 15 años. Su cuerpo reposa allí, a la vista, como una obra de taxidermia en una vidriera.

Andrea Tosta
Foto: Efrén Hernández

Dirección: antigua hacienda Caicaguana, a 2 km. de Lomas de la Lagunita, municipio el Hatillo
Horario: lunes a viernes de 9:30 am a 5:00 pm. Sábado, domingo y feriados de 10:00 am a 5:00 pm

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Lugares

Casa Natal de Simón Bolívar

Casa Natal Simón Bolívar

Una colecta pública fue necesaria para que el gobierno de Juan Vicente Gómez se decidiera a adquirir y restaurar la Casa Natal de Simón Bolívar. Ese es uno de los primeros datos que aporta el guía de la vivienda convertida en museo. “Los caraqueños recolectaron 325.260,11 bolívares”, asevera mientras camina por la Sala Mayor, primer punto del recorrido.

La Sala Mayor era el lugar para las fiestas, matrimonios y eventos sociales. Robinson, el guía, se para junto a uno de los grandes ventanales y señala el poyo para explicar los rituales del cortejo. A su izquierda hay un cuarto rodeado por una cinta roja. Es la única sala a la que no se puede entrar. Adentro, se divisa una cama alta –una réplica traída de España–: allí nació el Libertador de cinco naciones, el 24 de julio de 1783.

La edificación es de mediados del siglo XVII. En sus inicios perteneció a Don Pedro de Ponte y después de varias generaciones cayó en manos del matrimonio de Juan Vicente de Bolívar y Ponte y María de la Concepción Palacios y Blanco. El Estado debió recuperarla porque la familia vivió allí hasta la muerte de la madre de El Libertador en 1792, cuando fue vendida a la familia Madriz. Y, por último, a Antonio Guzmán Blanco, que la tenía como depósito.

En 1916 comenzó la restauración. La casa fue reabierta el 5 de julio de 1921, con piezas de los siglos XVII, XVIII y principios del siglo XIX. Lo único original de los tiempos de Bolívar es una lámpara titilante. Un detalle que no le resta valor a la casa. El pintor Tito Salas, por ejemplo, decoró la mayoría de las paredes. Pero no le bastó con eso. En la Sala Menor –usada en aquella época para atender visitas cortas– hay un cuadro que representa el bautizo de Bolívar. Allí se autorretrató Salas como uno de los invitados.

Hay tesoros que recuerdan a la familia. En el patio central está la pila donde bautizaron al niño Simón. En la capilla está el banco de la Catedral donde se sentaban los Bolívar a escuchar la misa, y también un retablo traído de la iglesia de San Francisco cuando le dieron el título de Libertador. Otra reliquia es el “Cofre de Monte Sacro”, que adentro tiene tierra de Italia para recordar el momento en que Bolívar juró comprometerse con la causa independentista hispanoamericana.

Emily Avendaño
Foto: Hugo Londoño

Dirección: entre las esquinas de Traposos y San Jacinto
Horario: de martes a viernes de 9:00 am a 4:30 pm, sábados de 10:00 am a 4:00 pm; y domingos de 10:00 am a 3:00 pm

Dato:
La apariencia de la Casa Natal responde a la intervención que estuvo lista en 1921. Entonces fue decorada con materiales opulentos como el mármol. El 25 de julio de 2002 la edificación fue declarada Monumento Histórico Nacional.

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Historia

Mata de Coco

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Ya nada despierta sospechas de arte en ese rincón aséptico de Caracas. Concreto, ladrillos, vayas publicitarias y vehículos que cruzan la avenida Blandín de La Castellana como si estuvieran compitiendo en Indianápolis. Ya no hay nada de lo que hubo, que era cultura, sobre todo pop, y ahora es historia.

Jurarían que el silencio es absoluto, pero no. Quien tiene el oído bien calibrado para estas cosas puede parar la oreja y, allá, pequeñito en el fondo, percibirá unas voces. Y después, unas baterías, guitarras, bajos, sintetizadores… Oirá rock, pop, ska, música comercial de la mejor que se ha hecho en Venezuela.

No teman. Son fantasmas de vivos y muertos que alguna vez tocaron allí. Es el fantasma de una época en la que las entradas decían Estudio Mata de Coco, Teatro Mata de Coco, Discoteca Mata de Coco. No había consenso sobre qué era realmente. En lo que sí había unanimidad era en considerarlo un lugar ideal, como ninguno en Caracas, para organizar conciertos.

Yordano fue de los primeros. Corría el año 1985 cuando el cantautor estaba buscando donde bautizar su exitosísimo ‘disco negro’ que todavía no era exitosísimo. Nada le gustó hasta que encontró ese “mini-Poliedro”, con aforo para unos 1.200 asistentes —ni mucho ni poco— con un balcón y unas gradas movibles que permitían una inusual cercanía entre público y artista.

Los dueños del antiguo cine olfatearon la oportunidad de negocios y así llegaron Franco de Vita, Ilan Chester, Frank Quintero, Adrenalina Caribe, Daiquirí, Karina, Colina, Melissa, Ricardo Montaner, Carlos Mata, Guillermo Dávila… En Venezuela, Rodven y Sonográfica libraban una batalla de hits, pero los artistas de ambas compañías disqueras confluían en Mata de Coco.

Si se agudiza el oído, se captará el pop de Aditus y el de Témpano, y también el rock de Sentimiento Muerto. Sonará el ska satírico y reivindicativo de Desorden Público, el desparpajo erótico de Zapato 3 y los primeros sabores letales de los Caramelos de Cianuro.

Los extranjeros también visitaban ese rincón de la capital donde se produjo el primero contacto de Soda Stereo con el público venezolano. En su marquesina se deletrearon los nombres de los argentinos Charly García y Fito Páez, y los de los españoles Joaquín Sabina, El Último de la Fila y Mecano. Sí, Mecano, cuando los muertos allí la pasaban muy bien entre flores de colores.

Para un venezolano, decir Mata de Coco es evocar la banda sonora de una época, es viajar inevitablemente a un capítulo de nuestra historia contemporánea, patria… y pop.

Gerardo Guarache Ocque
Foto: cortesía Carlos Sánchez

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Gastronomía

Bar El Torero

Bar El Torero

Las maletas de Marcos Pérez Jiménez, el tarjetón electoral de 1958, la cantimplora del general Ezequiel Zamora, el secador de pelo de Lila Morillo, los chuzos del retén de Catia, el pasamanos del Metro que dañó el presidente Luis Herrera Campins durante la inauguración. La historia de la Venezuela del siglo XX, un poquito más atrás y otro más adelante, está dentro de este bar ubicado en el centro de Catia y que su dueño, Evaristo Soto, insiste en aclarar que se trata de un restaurante, aunque desde hace años sólo se sirven cervezas, las más baratas de Caracas, probablemente.

Soto, quien usa el alias de Peter, abre la puerta de un día cualquiera. La estampa del hombre le hará pensar que está entrando al Castillete de Armando Reverón. Canoso y barbudo, esquivo para hablar, invita a ver lo que él llama corotos viejos, pero que en verdad es un museo del país. Advierte que hay que traer efectivo, “y bastante”, porque aunque se exhiben algunos de los primeros puntos de venta que existieron, este local no dispone de uno para sus clientes. “Lo estamos esperando”, responde.

Puede pasar toda una tarde encontrando tesoros en El Torero. En esta máquina del tiempo hay un salón repleto de relojes, máquinas de escribir y picós. Otro dedicado a instrumentos musicales. Uno más con vasijas de peltre y fotos viejas. Un área donde hay trajes de toreros, y también uno que aseguran perteneció a María Félix. Una extensa colección de gaveras de refrescos y cervezas, de cuando se hacían de madera, está entre los descubrimientos más llamativos.

Entre el corotero encontrará mensajes que hacen las veces de un pie de foto para cada uno de los objetos. La inventiva de Soto para nombrar las cosas le sacará una cara de asombro o una risa cómplice. El local destaca desde la entrada en donde se exhibe una muestra de todo lo que hay adentro. Está en la calle Maury de Catia, de casonas coloniales viejas, pero restauradas recientemente.

El Torero está abierto de lunes a domingo y congrega a una familia. En la barra, una mujer que ha atendido el lugar durante 12 de los 30 años que tiene abierto, asegura que son los clientes los que se saben la historia. Hombres y mujeres solitarios, parejas y grupos de amigos van a destilar la tensión del día con una cerveza friísima. Hay cierto rostro melancólico entre los asiduos de este bar; quizás sea porque solo colocan música de los años sesenta, setenta y ochenta.

Florantonia Singer
Foto: Efrén Hernández

Horario: lunes a domingo / 2:00 pm a 11:00 pm
Dirección: calle Maury, Catia, a una cuadra del Metro
Metro: estación Plaza Sucre

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Lugares

Universidad Simón Bolívar

Universidad Simon Bolivar

En ocasiones es necesario perderse, sobre todo entre caminos que llevan a la ciencia, al arte y a la excelencia académica. En la Universidad Simón Bolívar en cada paso dado estarás frente a personajes como el Dalai Lama, Carlos Prada, Cruz Diez o Alejandro Otero, pero también cerca de estudiantes haciendo cálculos en el cafetín El Ampere, al frente del edificio Básico II.

El terreno de la USB es tan extenso como el medio siglo que este año cumplió la institución. Primero nació como Universidad de Caracas, pero ese nombre fue reivindicado como suyo a la Universidad Central de Venezuela, por lo que dos años después tomó el nombre Universidad Simón Bolívar.

El parque universitario Simón Bolívar fue diseñado al estilo del parque inglés por el arquitecto paisajista Eduardo Robles Piquer. En uno de esos jardines, el más cercano a la biblioteca, hay un cartel plantado que dice “Ad perpetum rei memoriam” y detrás, un ucaro negro, el árbol que sembró el Nobel de la Paz, Dalai Lama, hace 25 años en su vista a Venezuela. Entre esas hojas se asoma La Lucha del Hombre por la Cima, una escultura del artista venezolano Carlos Prada que donó en 1972.

Dos años antes, en esos mismos jardines, según relató el cronista y profesor de la USB, Luis Loreto, los primeros 508 bachilleres recibieron su clase inaugural dictada por el presidente de la República, Rafal Caldera y después el rector Mayz Vallenilla. Para entonces eran sembradíos de hortalizas, cultivos de rosas y salsifí.

Parte del arte del maestro Cruz Diez también está encerrado en el campo y la vegetación de la USB. Quizás una de las obras más llamativas que hay en la institución: Es El Laberinto Cromovegetal. Cruz Diez en su reflexión dijo se trata de un jardín en donde los colores (tono rojizos y verdes) son generados por las plantas y flores que mutan con el tiempo. Para llegar al centro de la obra, donde se ubican los cipreses, se debe atravesar un laberinto. Cuando iba a ser inaugurada el 7 de julio de 1995, con presencia del presidente Caldera, el día anterior se dieron cuenta de que no habían construido las escaleras para poder bajar. Pasaron la noche haciéndolas.

Detrás del laberinto, se encuentra la Biblioteca de la USB. Contiene una colección de 142.000 títulos en 300.000 volúmenes. Pese a que es una construcción es de los años 80, la puerta principal es un portón del siglo XVII que perteneció a un cuartel militar de la provincia de Burgos, España. Es un lugar para descansar con buen libro en las piernas. También se puede reposar a la orilla de la laguna, donde está ubicado El Espejo Solar de Alejandro Otero, artista venezolano.

La fuente hidráulica es otro de los tropiezos que hay que dar en la USB. Es una estructura metálica que a través de unas paletas al llenarse de agua, tiene un efecto de cascada. Gabriel Martín Landrove, tras un concurso promovido por la universidad, diseñó una escultura cinética con movimiento logrado mediante elementos acuáticos. Por lo que ganó el primer lugar en 1975. Su fuente de inspiración fue una gota de rocío que cae de una hoja.

A escasos metros se encuentra la Casa Rectoral. Tuvo varios dueños hasta que fue donada al patrimonio de la universidad por Antonio Santaella Hurtado. Su estructura es colonial, una casa de hacienda. Allí dentro hay una escultura de un búho en que tradicionalmente los estudiantes le tocan la nariz para poder graduarse y los pies después de hacerlo. Dada la excelencia académica de quienes egresan como ingenieros en mecánica, química, electrónica, entre otras, la USB es reconocida como unas de las mejores academias de América Latina y la segunda del país, según el QS World University Rankings.

Carmen Victoria Inojosa
Foto: Efrén Hernández

Dirección: Sartenejas, Baruta, Edo. Miranda. También tiene una sede en el Valle de Camurí Grande, en el estado Vargas.

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Arte

Aula Magna

Aula Magna

El Aula Magna es un nombre propio. Aunque su significado denomina a todos los auditorios universitarios donde los hijos de cada casa de estudio reciben el diploma producto de su esfuerzo, cuando se menciona el Aula Magna la referencia que viene a la mente es el recinto de la Universidad Central de Venezuela, un espacio custodiado por el cielo de las Nubes de Calder.

Desde que Carlos Raúl Villanueva la concibió, el Aula Magna de la Ciudad Universitaria trascendió más allá de un recinto académico: es un espacio de arte y encuentro que se convirtió en la expresión de la idea conocida como Síntesis de las Artes, pensada por Villanueva para hacer confluir la música, el teatro, la cultura y hasta la política.

Este auditorio fue conceptualizado desde lo grandioso. La sala se precia de tener una de las mejores acústicas del mundo, efecto del arte y el diseño creado por el artista estadounidense Alexander Calder con los Platillos Voladores, también conocidos como Nubes flotantes. Para lograr la calibración perfecta, las Nubes fueron instaladas mientras una orquesta tocaba en tarima para ajustar la disposición de cada uno de los 31 paneles.

La luz y el sonido están sincronizados. Para lograr la espectacularidad de una puesta en escena se diseñó una consola especialmente adaptada para que el sistema de iluminación funcionara a la par del teclado de un órgano, así la música y el sonido podían sentirse, escucharse y percibirse en toda su dimensión. De esos dos sistemas que existían en todo el mundo, solo el del Aula Magna funciona.

Todo el concepto por más ambicioso que se proyectaba debía concluirse en cuatro meses. Marcos Pérez Jiménez pidió a los constructores, la empresa Christiani & Neilsen, que la estructura estuviera lista a finales de marzo de 1953, y así se hizo pero la inauguración oficial ocurrió un año después –el 2 de marzo de 1954- con un evento político que permitió que quienes estrenaran la sala fuesen mandatarios internacionales en el pleno de la X Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno.

De allí en adelante, lo demás ha sido histórico. En ese escenario, Fidel Castro dio una célebre alocución cuando hizo su primera visita oficial a Venezuela luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el mismo año y lugar en el que también estuvo el poeta Pablo Neruda; años antes el director Igor Stravinsky estuvo al frente de la Orquesta Sinfónica de Venezuela y volvería en una segunda oportunidad en otra gira de conciertos; Marcel Marceau presentó su espectáculo de mímica teatral; la soprano Montserrat Caballé hizo estremecer al auditorio como lo hicieron los Niños Cantores de Viena.

Como gran escenario nacional ha sido la casa de agrupaciones venezolanas como Quinteto Contrapunto, Serenata Guayanesa, Un Solo Pueblo. Fue tribuna del canto de protesta de Alí Primera y de la hija pródiga que siempre vuelve a su tarima, Soledad Bravo. Pero su razón de ser sigue año tras año cada vez que recibe en sus pasillos a las nuevas generaciones que desfilan de toga y birrete, crecidos de orgullo con su título de ucevistas en la mano.

Gabriela Rojas
Foto: Hugo Londoño

Dirección. Ciudad Universitaria. Plaza Venezuela.
Metro: Plaza Venezuela / Ciudad Universitaria

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Vida Urbana

Senderos Aéreos

Senderos Aéreos

Caracas puede ser vista desde las alturas. El Ávila permite hacerlo en cualquier momento. Pero sobre la superficie de la montaña es posible ascender un poco más. En el sector Los Venados del Parque Nacional, Senderos Aéreos ofrece subir hasta la copa de los árboles para mirar la capital desde, al menos, 25 metros por encima del suelo. Es el inicio de un recorrido de cinco plataformas, un puente colgante y tres tirolinas que completan la oferta de hacer Canoping.

Esto comenzó en Mérida hace ya 14 años. Álvaro Iglesias se encargaba de montar las cuerdas que usaban los profesores y estudiantes de la Universidad de Los Andes para hacer trabajos de investigación desde las copas de los árboles”, cuenta Lenín Sierra, uno de los encargados de Senderos Aéreos en Caracas. “Más adelante, él lo propuso como tesis y oportunidad de ecoturismo”, añade. Se materializó en Mérida, pero también en la capital.

Jesús Alexander Cegarra entonces era viceministro de Conservación Ambiental del Ministerio del Ambiente y vio en la propuesta de Iglesias un atractivo inigualable para festejar el 50 aniversario de la declaratoria de El Ávila como Parque Nacional. En diciembre de 2008 se inauguró el recorrido como oferta turística y, también, como oportunidad para el estudio de la biología del pulmón vegetal caraqueño.

“Cuando uno sube siente el clima fresco y tiene unas vistas de Caracas inigualables. Luego viene toda la adrenalina y la emoción del vértigo”, describe Lenín al detallar el recorrido que comienza con una primera plataforma de 25 metros de altura, seguida de varias más de mínimo 7 metros por encima del suelo, además de un puente colgante de 20 metros y las tirolinas de 20, 60 y 120 metros. “Viene mucha gente a recrearse, pero también grupos que vienen a estudiar”, detalla Sierra.

Y es que Senderos Aéreos en El Ávila sirve no sólo para retar a la gravedad, también para la formación. Allí se dan cita grupos de escuelas y liceos que van a hacer prácticas de biología y escuchar charlas ambientales, de conservación. “Para eso aprovechan las plataformas en una actividad que se les hace bastante divertidas a los chamos”. Lenín Sierra calcula que lo que comenzó con apenas 10 clientes un fin de semana, ahora recibe grupos completos de 30 personas en un solo momento. “Los días buenos son sábados y domingos, pero todo depende del clima”.

Víctor Amaya
Foto: Senderos Aéreos / Ángel Mora

Dirección: Sector Los Venados. Parque Nacional El Ávila.
Horarios de visita: Viernes a domingo, 9:30 a.m. a 3:30 p.m.

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Organizaciones

Pasa La Cebra

Pasa La Cebra

Nancy Moreno y Manuela Walfenzao trabajaron en la librería Lugar Común. Y allí, entre tantos libros, surgió una idea que ahora ayuda a que muchos niños –y algunos adultos– se enganchen con la literatura. Nancy, quien estudió Letras, descubrió el trabajo de una investigadora francesa que narraba su experiencia con una biblioteca itinerante en las afueras de París. La idea le pareció que podría replicarse en Caracas, pero no tenía muy claro cómo empezar. Le contó a su amiga Manuela, quien de forma casi inmediata no solo se sumó, sino que se encargó de regar la voz entre sus conocidos. Fue así como lograron recaudar los primeros 100 libros entre donaciones y aportes propios. Además, el ilustrador Jefferson Quintana se sumó al proyecto aportando el logo. Y así nació la biblioteca itinerante Pasa la cebra.

Actualmente una de las creadoras –Walfenzao– vive en México, pero la iniciativa se mantiene gracias a Moreno y la colaboración de voluntarios, quienes cada domingo se reúnen en la plaza Sucre del casco histórico de Petare para que los niños del sector, o quienes se acerquen al lugar, puedan disfrutar de la lectura de un libro infantil proporcionado por la biblioteca itinerante.

Durante dos horas –de 11:00am a 1:00pm– los asistentes pueden escuchar la lectura de un cuento colectivo, para luego unirse a pequeños grupos o leer en solitario si así lo prefieren. Por último, se realiza una actividad didáctica que estimule a los niños a construir historias o recrear la que ya leyeron. Los niños pueden llevarse libros en calidad de préstamo para devolverlos la siguiente semana, y los padres pueden unirse a los niños en la plaza para hacer la lectura juntos.

En dos años de funcionamiento, no son pocas las anécdotas que Moreno guarda de Pasa la cebra: “Una vez vino una mamá con dos niños. Uno de ellos tenía 7 años y es sordo. Y él fue el que me enseñó cómo debía leerle el cuento, con gestos, señalando los colores, describiendo las sensaciones, etc. Hay otro niño que tiene un don para la pintura impresionante y es muy satisfactorio ver qué habilidades trae cada uno. Al final son ellos los que terminan enseñándonos todo”.

Pasa la cebra tiene unos 400 libros y la meta es seguir creciendo para aportar aún más variedad al repertorio. Por ello aceptan donaciones de libros infantiles en buen estado. El objetivo es que cada vez más niños participen en esta actividad, pero, sobre todo, que adquieran el hábito de leer. Por eso la biblioteca itinerante se acerca a donde ellos están: “La idea es sacar la lectura de los lugares convencionales”.

Isbel Delgado
Fotos: cortesía Pasa La Cebra

En Instagram: @pasalacebra

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