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Junio 2017

Vida Urbana

Parque Los Chorros

Parque Los Chorros

El Parque Los Chorros podría considerarse uno de los más viejos de Caracas. Tiene una historia ligada a los tranvías y la creación de los acueductos en la ciudad. Las referencias señalan que se estableció como balneario recreativo en 1915, cuando quedaba casi a las afueras de la capital.

La empresa Gran Ferrocarril Central estableció una línea de 6 kilómetros de extensión que iba desde Agua de Maíz hasta Los Chorros, justo en la entrada de lo que es el parque hoy. En 1971, con la construcción de la avenida Boyacá, el Instituto Nacional de Parques hizo una remodelación del espacio, se desarrollaron sus 4,5 hectáreas y se adecuaron las caminerías, escaleras, puentes, miradores, cafetines y se establecieron otros servicios como bebederos y baños.

Un domingo cualquiera se repite la estampa, con otras modas, de hace más de 100 años. Decenas de familias se reúnen en torno al pozo de Los Guayabos, que se llena con una pequeña cascada de unos 20 metros de altura. La cara de sorpresa de muchos da a entender que el agua es casi un descubrimiento para los caraqueños. Y es que el parque Los Chorros los conecta con una memoria que fue enterrada.

De las más de 23 quebradas que parten de El Ávila, la Tócome se deja ver en plena ciudad y todavía es un balneario para los más pequeños. A los adultos no les está permitido bañarse en la quebrada, pero las rocas en torno a la caída de agua ofrecen una experiencia de brisa y llovizna que limpia la mente. Sumergir los pies hasta sentir los aguijones del frío de montaña también es posible.

El parque está cobijado por frondosos árboles caobos, mangos, ceibas, bucares, guanábanos. Se pueden ver ardillas y perezas. El sonido de los pájaros y las chicharras y otros insectos se mezcla con el de otra especie: los niños y sus risas mientras corretean río arriba.

Justo al final del parque hay otro atractivo que habla de esa ciudad que creció sin olvidarse de lo verde. Al mirar al cielo, las copas de los árboles tocan los dos brazos grises de concreto armado de uno de los viaductos más largos de la Cota Mil, que lleva el nombre de Adolfo Ernst, naturalista alemán que ayudó a documentar parte de la biodiversidad del país en el siglo pasado.

El parque está estructurado en las riberas de la quebrada, como una ilusión de todos lo que pudieron adecuarse en cada uno de los cursos de agua a lo largo del cerro Ávila, pero que terminaron embaulados en colectores residuales.

Florantonia Singer
Foto: Mirelis Morales Tovar

Dirección: avenida Los Castaños, urbanización Los Chorros

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HistoriaLugares

Pasaje Zingg

Pasaje Zingg

En la década de los 50, la sociedad caraqueña conoció por primera vez las escaleras mecánicas. El edificio Zingg diseñado en 1940 por Oskar Herz fue construido como una estructura sólida y resistente a los terremotos. Pero trece años después, el arquitecto Arthur Khan hizo de esa estructura un espacio de paseo al crear el pasaje que forma la planta base construida en 1953, lo que le dio a Caracas un rostro de modernidad como cualquier ciudad cosmopolita de Europa.

En la inauguración, las personas se agolpaban frente a las modernas escaleras hechas de madera que funcionaban con un sistema de motores mecánicos que los hacían descender y ascender sin siquiera mover una rodilla.

El edificio y el pasaje deben su nombre a su propietario Gustavo Zingg, un importador y comerciante alemán que llegó a Venezuela en 1890.

Los mejores comercios y boutiques de la época se disputaban un espacio en las cuarenta tiendas disponibles del sofisticado edificio, que de cierta forma se convertía en uno de los primeros centros comerciales de la capital. Esa galería abierta propia del estilo parisino que conecta la avenida Universidad entre la esquina de Sociedad y Traposos, le dio una identidad al edificio que aún mantiene.

Hasta los años 90, la vida del Pasaje Zingg competía con el vertiginoso cambio de su entorno. Hoy sus famosas escaleras mecánicas de madera que inauguraron una época urbana solo acumulan polvo, porque dejaron de funcionar hace unos cinco años. Tampoco está la barbería con su clásico cilindro azul y rojo ni el estudio de dibujo donde trabajó el caricaturista Sancho. Ahora hay una escuela de pintura. Y el discreto kiosco que hoy tiene en su fachada los anuncios de los principales diarios impresos del país, añora la época en la que se preciaba de vender las revistas importadas que llegaban primero a la capital.

Afuera, los buhoneros rodean la entrada ofreciendo baratijas colgadas en anime. Adentro, las tiendas que aún se mantienen lidian con el paso del tiempo y resguardan con celo el olor añejo para no dejar escapar el recuerdo de los tiempos más prósperos. Porque aunque unos cuantos visitantes cruzan ante sus vitrinas, lo hacen más para acortar el camino que para pasearse como clientes.

Sólo las grandes letras de ‘galería’ que lo identifican han resistido el cambio de siglo. De esa esencia de lugar de paseo con el que surgió el Pasaje Zingg queda poco, porque se diluyó entre el incesante bullicio de la zona que lo rodea y la modificación de casi todas las fachadas que se convirtieron en rejas y santamarías grises que resguardan los negocios en un punto de la ciudad que se hizo vulnerable.

Gabriela Rojas
Foto: Hugo Londoño

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Lugares

Avenida Bolívar

Avenida Bolívar

Hablar de la Avenida Bolívar de Caracas es recordar el Plan Rotival. En 1937, cuando se crea la Dirección de Urbanismo del Distrito Federal, fueron contratados tres arquitectos y urbanistas franceses para una misión: hacer un estudio urbano de Caracas y elaborar un plan para su desarrollo como futura gran metrópoli.

Fue así como Henri Prost, Jacques Lambert y Maurice Rotival presentaron dos años después, en 1939, el Plan Monumental de Caracas, que desde un principio y hasta el día de hoy es denominado Plan Rotival.

En ese plan maestro se propuso construir una gran avenida monumental, que conectara al este y oeste de la ciudad, con edificios de oficinas gubernamentales a ambos lados, que iniciara al finalizar el parque Los Caobos y culminara en el parque El Calvario, donde además sería construido un mausoleo para el Libertador (a lo alto de las escalinatas) y se mudaría la sede del Congreso a donde hoy está la urbanización El Silencio. De todo lo planificado, la avenida Bolívar fue la única que se concretó.

Como un regalo de fin de año, el 31 de diciembre de 1949 (10 años después de la propuesta de Rotival), se inauguró la avenida Bolívar de Caracas. Nació amplia y sin edificios a los lados, pero sí con vías subterráneas para los vehículos. Toda una novedad.

Bolívar Cívico, la escultura de El Libertador que destaca en el extremo oeste de la vía, en la plaza central que marca la entrada y salida a los túneles de la avenida Bolívar, fue realizado por el escultor Julio Maragall en 1987.

En el este, comienza con el empalme de la autopista Francisco Fajardo, pasando por debajo de la plaza que une al hotel Alba Caracas (antes Caracas Hilton) con el Museo de Arte Contemporáneo y el complejo Parque Central desde las residencias Anauco. Un espacio que ofrece una vista excepcional de la avenida Bolívar hasta las torres del Centro Simón Bolívar.

Desde ese punto, el peatón puede realizar un iniciar un paseo cultural, comenzando por el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, el Museo de los Niños, la nueva sede de la Galería de Arte Nacional (GAN), el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez y terminando en el Museo Nacional de Arquitectura (Musarq). Sin contar la sede de la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas.

Mateo Manaure también tiene su impronta en la Avenida Bolívar. La fachada del edificio de la Cantv, ubicada luego de la nueva sede de la GAN, deja ver el amplio mosaico de tonos azules, blanco y verde creado por el artista en 1954.

Pero la mejor experiencia es completar el recorrido de la Avenida Bolívar en línea recta, pasar por debajo de las torres del Centro Simón Bolívar y reencontrarse con esa ciudad moderna al llegar de nuevo a la superficie y toparse, de frente, con la imponente Plaza O’Leary y los emblemáticos edificios residenciales de El Silencio. Por ese impecable trazado y conjugación con importantes obras arquitectónicas, la avenida Bolívar forma parte de la identidad urbana caraqueña. Esa que trasciende más allá de los mítines políticos y mercados populares que se han sumado, por momentos, a sus diversos usos.

Patricia Marcano
Foto: Hugo Londoño

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Lugares

Iglesia de San Charbel

Iglesia Maronita

Una gran nave central recibe a quienes visitan la iglesia de San Charbel. Un espacio abierto coronado por un Cristo y flanqueado por el profeta que le da nombre al monasterio, también conocido como Youssef Antoun, un monje del rito maronita convertido en el primer santo oriental canonizado por la Sede Apostólica desde el siglo XIII. El techo, dos estructuras circulares entrecruzadas, se coronan con un campanario de tres pisos de altura, y otros tres de estructura.

Los vitrales y ventanales le aportan iluminación natural al salón, donde los feligreses se reúnen a orar. Sobre las butacas, transversalmente ordenadas, reposan cuadernillos de rezos en español y en árabe, pues los maronitas son cristianos católicos orientales. Este grupo religioso debe su nombre a San Marón, firme defensor de la fe católica en Oriente que hizo vida en Antioquia (Turquía), y constituye la principal religión de Líbano.

El templo de la Orden Libanesa Maronita Monasterio San Charbel es el más importante en la capital dedicado a esa congregación. El edificio no sólo funciona como sede religiosa sino como lugar de encuentro comunitario. Allí, se dan clases de árabe y se encuentra el Centro Cultural y Social Don Nasri D. Dao, un benefactor de la comunidad maronita que fue honrado con un busto, ubicado en el patio del colegio adyacente.

La entrada a la Iglesia San Charbel de Caracas por el bulevar Amador Bendayán conduce a una primera escalinata imponente y ancha, que termina frente a la estatua del santo maronita a quien le fue consagrado el edificio en 2003. La estructura incluye biblioteca, dispensario médico, monasterio para sacerdotes, espacios de usos múltiples y estacionamiento.

Las actividades religiosas en el templo se circunscriben a los días de eucaristía -los domingos-, cuando se realizan dos misas: en la mañana en español y en la tarde en árabe. El resto de la semana, los espacios se aprovechan para actividades académicas y sociales, en concordancia con el uso cultural y social del eje que conforma esta iglesia junto con la Mezquita de Caracas, ubicada justo al frente.

Víctor Amaya
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Bulevar Amador Bendayán, Quebrada Honda.
Horarios de visita: domingos 9 a.m. a 5 p.m.
Metro: estación Colegio de Ingenieros

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Personajes

Apascacio Mata

Apascacio Mata

Hubo una vez una Caracas de techos rojos, de tranvías y de policías ejemplares. Sí, los hubo. Y Apascacio Mata fue el más insigne de ellos. Entre 1964 y 1996, el sargento mayor de la desaparecida Policía Metropolitana llegaba cada mañana a la esquina de Sociedad del centro de la ciudad, vestido impecablemente portando la placa 0983.

Durante 32 años de servicio ningún conductor se le escapó a una multa, todo transeúnte cruzaba por el rayado y hasta el mismísimo presidente de la República, Luis Herrera Campins, recibió el regaño de Apascacio cuando su caravana de escoltas intentó saltarse la señal de alto y el uniformado, con todo el respeto que le infundía su uniforme azul marino y sus guantes blancos, les indicó que debían detenerse y esperar la luz verde.

Los escoltas presidenciales intentaron imponer la autoridad del Primer Mandatario, pero el sereno policía no cedió. Así que al entonces presidente Herrera Campins no le quedó otra que bajarse del carro y decirle a sus agentes que el funcionario tenía razón y que debían esperar.

Apascacio Mata, nacido en el pueblo de Panaquire (estado Miranda), abrió el paso a la caravana presidencial apenas la luz del semáforo cambió a verde. Una semana después, recibió un sobre con una invitación a almorzar en el Palacio de Miraflores con el Presidente de la República.

Su apego a las normas y el respeto por su uniforme lo hizo un icono de la decencia policial. Hasta Washington llegaron las noticias del policía ejemplar que ejercía sin mayores aspavientos su trabajo en la esquina de Sociedad. Así como pisó el Palacio de Miraflores también puso su estampa en la Casa Blanca, a donde fue invitado por el presidente Jimmy Carter para que Mata diera charlas sobre conducta policial.

La amplia sonrisa impecablemente blanca de Apascacio, siempre bien peinado y de zapatos pulidos, lo hizo ejemplo para sus compañeros. En 1979, Maritza Sayalero se estrenaba como Miss Universo y lo pidió como su escolta personal para acompañarla a sus recorridos de reina.

Apascacio solo dejó de trabajar cuando le llegó la orden de jubilación dictada por el reglamento de la policía que, por supuesto, respetó. En su honor la Policía Metropolitana decidió retirar la placa 0983 que lo identificaba.

Cerca de su humilde cama en su casa del 23 de enero, en la que pasó sus últimos años debido a un accidente de tránsito que le complicó la salud y por el cual no pudo caminar más, lo rodeaban todas las placas y reconocimientos que le entregaron por su compromiso inquebrantable como policía de una ciudad, a la cual le enseñó el respeto por la norma básica, una lección de civilidad que dejó como sinónimo de su nombre y que lo acompañó hasta su muerte en mayo de 2015 a los 75 años.

Gabriela Rojas
Foto: Oscar Rivero. Cortesía de Nelson Rivero.

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Vida Urbana

Parque Carabobo

Parque Carabobo

La Venezuela de 1881 estaba bajo el mando de Antonio Guzmán Blanco. Se conmemoraba el 60 aniversario de la Batalla de Carabobo, enfrentamiento ganado por los patriotas y que selló la independencia de la corona española. Para celebrar la fecha, Guzmán Blanco, en su afán modernizador, ordenó la construcción de una plaza. Y, en los alrededores del centro de la ciudad, se levantó bajo la sombra de muchos caobos.

Allí aún se encontraban las ruinas de “La Casa de la Misericordia”, un albergue de niños huérfanos que funcionó a finales del siglo XVIII, donde, de acuerdo con algunas versiones, se produjeron algunas reuniones pre-independentistas entre Francisco de Miranda y Simón Bolívar. Una vez estuvo lista la obra se bautizó como “Plaza Parque Carabobo”.

En 1911 se le incorporaron los bustos de algunos de los héroes de la batalla (de Rafael Farriar, Pedro Camejo, Manuel Cedeño y Ambrosio Plaza) elaborados en París por los escultores venezolanos Andrés Pérez Mujica y Lorenzo González. Durante la presidencia de Juan Vicente Gómez, en 1934, el arquitecto Carlos Raúl Villanueva la rediseñó: agregó caminerías, reubicó los bustos, sembró árboles y colocó, en el centro, una fuente del artista plástico Francisco Narváez, que lleva por nombre “Las Indígenas”. Este fue un importante hito en la arquitectura venezolana, porque es la primera referencia que se tiene de la integración del arte con lo urbano.

Ubicada en la parroquia La Candelaria, frente a la avenida Universidad, la plaza mide más de 11 mil 500 metros cuadrados y se conecta a través de un pequeño bulevar con el liceo Andrés Bello y la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas. En 2014, la Alcaldía de Caracas la remozó. Sin embargo, la fuente de Narváez está marcada por grafitis, algunas de las figuras tienen grietas, y una de las piezas le falta una mano. Hace tres años se prometió que se eliminaría la cancha deportiva que en algún momento instalaron. Sin embargo, allí todavía está.

Erick Lezama
Foto: Mirelis Morales Tovar

Estación del metro: Estación Parque Carabobo

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Lugares

Parque Boyacá

Parque Boyacá

Tanto verdor lo hará sentirse sobrecogido. Tendrá la sensación de que todos esos árboles extienden sus brazos para acobijarlo y envolverlo dentro de ese microcosmo natural que crece dentro del Parque Boyacá. Querrá entonces entrar, contemplar, relajarse y dejar que el tiempo pase en ese ambiente boscoso, que está escondido en el corazón de la Urbanización El Rosal.

Su acceso por la avenida Carabobo no deja ver lo que le espera al pasar el muro de ladrillo: Un espacio de 5.200 metros cuadrados distribuidos en 2.740 m2 de áreas verdes y 2.320 de caminerías. Desde afuera, no parece que pudiera caber tanto verde en ese lugar. Pero hay tanto y más: varios módulos recreativos para niños, dos espacios techados para hacer fiestas infantiles, una cafetería y hasta un anfiteatro completan la oferta del Parque Boyacá.

Este espacio se inauguró el 20 de marzo de 2010, tras una larga pelea por recuperar un terreno municipal, que había sido invadido por seis familias. Lo que encontró la alcaldía al entrar el lugar, fue un vertedero de escombros, basura y chatarra. Al final, se requirió más de seis años para lograr su desocupación y construcción. Así que no podía haber un mejor nombre para este parque que uno asociado a la Batalla de Boyacá, que comandó Simón Bolívar el 7 de agosto de 1819 y que fue una de las más importantes de la guerra de independencia de América Latina.

El Parque Boyacá forma parte de los llamados “Parques de Bolsillos”, que se han convertido en punto de encuentro para la comunidad de Chacao. Esta política de recuperar lugares abandonados, subutilizados y sin atractivo, ya han sumado más de 15 mil metros cuadrados de espacios públicos, para quienes viven y transitan por el municipio.

Se puede llegar caminando, bajando por las escaleras que están al lado de The Hotel y que conducen directamente al parque. Aquellos que van en vehículo, se encontrarán con dificultades para estacionar porque se trata de una estrecha calle residencial. Pero luego de que entre, las incomodidades se olvidan. Un gran samán será la antesala de un paseo natural, que estará guiado por letreros ubicados a ambos lados de la caminería que describen las especificaciones de todas las plantas. Bucares y jabillos le darán sombra y buen clima. Mientras los niños se distraen pintando con tizas las paredes, que aíslan el ruido del exterior.

Mirelis Morales Tovar
Foto: Hugo Londoño

Dirección: avenida Carabobo con Boyacá, urbanización El Rosal.

Horario: lunes a sábado de 6 a.m. a 9 p.m. Domingo de 6 a.m. a 6 p.m.

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HistoriaLugares

Hotel Waldorf

Hotel Waldorf

El cronista Enrique Bernardo Núñez, en su libro “La ciudad de los techos rojos”, escribió un capítulo llamado: “De la ranchería de Fajardo, al Hotel Waldorf”, donde se lamenta acerca del nombre de este hotel: “Los propietarios no encontraron en torno suyo un nombre bastante apropiado y fueron a buscarlo a Nueva York, Park Avenue”. El Hotel Waldorf Astoria, que inspiró al dueño de este hospedaje caraqueño, es un rascacielos de estilo Art Déco (o Art Decó)  de 47 pisos, situado en Manhattan en la Avenida Park, el cual se concluyó en 1931. A su vez, el hotel neoyorkino debe su nombre al William Waldorf Astor, un millonario estadounidense que se convirtió en noble británico.

A partir de la década de los 50, el restaurante del Waldorf estuvo bajo la dirección de un reconocido personaje del mundo de la gastronomía y hostelería, Federico Schlesinger, un austríaco que sentía verdadera pasión por su trabajo y que supo transmitirla a sus empleados. Durante la Navidad, acostumbraba a organizar grandes meriendas y distribuir juguetes entre los niños de la zona, como una forma de retribuirle al país lo que tanto le había dado.

En el Hotel Waldorf se hospedó Louis Armstrong, trompetista y cantante estadounidense de jazz, durante su visita a Caracas en el año 1957. Cuentan que debido al color de su piel, no le permitieron alojarse en el Hotel Tamanaco (dirigido en ese momento por estadounidenses), por lo que terminó hospedándose en el Waldorf. Sin embargo, hay otra versión que cuenta que después del desplante, pasó la noche en el hotel El Conde, en la esquina del mismo nombre.

Oscar Yánez, testigo presencial de la visita de Louis Armstrong a Venezuela, narró que uno de los lugares donde actuó fue en el Nuevo Circo de Caracas, donde organizaron un concierto a precios muy solidarios para que las mayorías pudieran disfrutarlo, pero insólitamente sólo fueron 50 personas. Esto molestó al artista más que el incidente racista y juró no volver más al país.

Este hotel también sirvió de locación para una película venezolana rodada en 2006: “Al borde de la línea”, ópera prima de Carlos Villegas Rosales, protagonizada por Jerónimo Gil, Caridad Canelón, Daniela Bascopé y Roque Valero. Alquilaron su primer piso durante 4 semanas, mientras que el resto de las instalaciones seguían funcionando.

Pero no todo ha sido gloria para el Hotel Waldorf. En 2007, fue invadido y luego desalojado. Recientemente, la estructura original fue sometida a un proceso de remodelación interna. A la vez se ha ampliado con una torre de 100 habitaciones, luego que se anexó el edificio Puente Anauco que está contiguo en la esquina, hecho también en 1940 con una fachada Art Decó curva. Aquí precisamente es donde está el lobby, que nos recibe con una gran lámpara de cristal y un piano que pertenecía a los primeros tiempos del hotel.

Te Paseo y Te Cuento
Foto: S/A
Dirección: Av. La Industria, Esquina Campo Elias a Puente Anauco, Edif. Hotel Waldorf PB, Urbanización La Candelaria. http://www.hotelwaldorf.com.ve

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Historia

Torres de El Silencio

Torres CSB

Hubo una época, de más esplendor, en la que las postales que se enviaban de Caracas eran de las Torres de El Silencio. Eran un ícono, una referencia obligada, un emblema de la ciudad. Las torres, de 32 pisos y 103 metros de altura, también conocidas como las torres del Centro Simón Bolívar (CSB), tuvieron una significación especial, porque marcaron el paso de un país de condición agrícola a un país petrolero. Fueron inauguradas el 6 de diciembre de 1954, en plena dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Hay una bibliografía extensa que refiere el majestuoso carácter que ostentaron las torres durante muchos años. La estructura derivó de ese proceso de renovación de la ciudad que se denominó Plan Rotival (por Maurice Roltival, arquitecto y urbanista francés) que proponía darle brillo a Caracas, inyectarle fuerza urbana a su centro, sacarla de su condición de aldea y convertirla en una de las capitales de Suramérica, tal y como lo definió el arquitecto venezolano, Leopoldo Provenzali. Se esperaba que el plan señalara las directrices que habría de seguir la urbe en su proceso de desarrollo y en efecto propuso la construcción de una gran avenida, la Bolívar, que partiría desde El Calvario y actuaría como espina dorsal del nuevo casco central de la ciudad.

La construcción de la arteria vial requería la creación de una empresa, así surgió la Compañía Anónima Obras Avenida Bolívar, que en 1953 se convertiría en el Centro Simón Bolívar C.A, y luego tomó la forma de dos torres gemelas, con un estilo arquitectónico moderno. Los edificios se destacaron por tener escaleras y pasillos muy amplios, pisos de estacionamiento, muy novedoso para la época; baños con mobiliario innovador y hasta teléfonos públicos, inusuales en esa Caracas de los años 50. También había un sistema de plazas, pasillos, pórticos y portales.

Durante un tiempo, las torres fueron el ícono más representativo de la llegada de la modernidad a Caracas y ocuparon, por varios años, el primer lugar en Venezuela por su altura de más de 103 metros. Las dos edificaciones, que se identifican como Torre Norte y Torre Sur, miden de ancho 20,35 metros y 23,25 metros, respectivamente, y fueron destinadas en un principio al comercio y áreas de servicio. Más adelante, varios ministerios ocuparon pisos enteros de la estructura.

Las torres fueron diseñadas y construidas por el arquitecto venezolano Cipriano Castro Domínguez, entre los años 1952 y 1954, en colaboración con Tony Manrique de Lara y José Joaquín Álvarez. Ambos edificios establecieron una conexión espacial con el conjunto de la urbanización de El Silencio proyectada por Carlos Raúl Villanueva.

En el año 2005, el Concejo Municipal de Libertador declaró al Centro Simón Bolívar como patrimonio municipal de Caracas. Sin embargo, esta declaratoria no ha servido para proteger a las Torres de El Silencio del deterioro progresivo y avanzado en el que se encuentran. Los sótanos lucen oscuros y solos. El mal olor se percibe en cada rincón de los edificios. Las ventanas están rotas. Hay mugre y basura en la entrada de los edificios y las áreas circundantes. Los techos están desprendidos, así como los mármoles y mosaicos vitrificados de paredes y pisos. La degradación es completa.

Hercilia Garnica
Foto: Teresa Cerdeira.

Dirección: Av. Baralt, Plaza Caracas; entre las avenidas Oeste 6 y Oeste 8. Parroquia Santa Teresa.
Metro: estación Capitolio.

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Lugares

Arco de la Federación

Arco de la Federación

Caño Amarillo era la puerta principal a Caracas. Lo fue desde que comenzó a operar el Ferrocarril Caracas-La Guaira en 1883. En ese punto, se mandó a construir el Arco de la Federación en la entrada de El Calvario y fue inaugurado por Joaquín Crespo el 28 de octubre de 1895 para conmemorar la Guerra Federal o Guerra Larga.

Su primer decreto de construcción lo lanzó Antonio Guzmán Blanco. Su objetivo era hacer dos arcos, uno que celebrara la Independencia y otro la Federación. El proyecto no se puede llevar a cabo por las dificultades políticas de la época y Crespo retomó la idea el 20 de febrero de 1895. Su ejecución quedó en manos del arquitecto Juan Hurtado Manrique, con la colaboración de Alejandro Chataing.

También contrataron al escultor italiano Emilio Gariboldi para que se encargara de la decoración de la estructura. “El arco era para hacerse propaganda política. Gariboldi era de oposición, es decir: conservador. Le piden que boceteara la cara de Juan Crisóstomo Falcón para incorporarla como un relieve. Falcón y Páez eran muy parecidos. Gariboldi acentúo entonces los rasgos de Páez. Pero el rostro que está en la parte superior del arco, bajo la palabra ‘federación’ es el de Falcón”, aclara Derbys López, director de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente.

Su diseño está inspirado en el Arco del Triunfo en París. Tiene una altura de 22 metros y un ancho de base de 17 metros. Los relieves de Gariboldi están hechos en una técnica moderna para la época, que era la escultura en cemento, aunque existe la creencia popular de que se trata de mármol.

López explica que el arco tiene elementos simbólicos masónicos, como las mujeres con un seno al aire que significan libertad. “Las mujeres batallaban en Francia y, si el vestido se rompía, ellas seguían en la lucha”. Cada una de estas mujeres sostiene una corona de laurel, que representan los honores que se rindieron a Falcón por la victoria. A la misma altura hay dos blasones, en alusión a las armas de la República.

Sobre la palabra “federación” está el escudo de la nación, con la particularidad de que no es la versión actual, pues si bien el caballo corre indómito –no con el cuello volteado–, su galope es hacia la derecha y no hacia la izquierda como está actualmente. En lo más alto, hay tres mujeres: dos sentadas dándose la mano, que personifican a liberales y conservadores; y la otra, de pie, que personifica a la Venezuela triunfante.

Emily Avendaño
Foto: Hugo Londoño

Dirección: Parque El Calvario. La Planicie, Caracas.
Metro: El Silencio.

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