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Gran Café

Escapado de una férrea prisión ubicada la Guayana Francesa, Henri Charriére, francés de nacimiento, llegó en 1946 a Venezuela dentro de un saco lleno de cocos. Se instaló en Caracas y en la Calle Real de Sabana Grande compró la Quinta Cristal, donde fundó su negocio que bautizó como Le Grand Café. Con clara remembranza parisina, dispuso cincuenta mesas al aire libre. Allí escribió “Papillon”, un libro donde cuenta su vida y su fuga de la cárcel. La historia se convirtió en bestseller y fue llevada a la gran pantalla protagonizada por Steve McQueen y Dustin Hoffman.

En los años 50, Le Grand Café era muy frecuentado, sobre todo por poetas, escritores, artistas, políticos e intelectuales del grupo conocido como La República del Este. Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Miguel Otero Silva, Carlos Fuentes, Renny Ottolina, Francisco Massiani, Chritian Dior, Salvador Garmendia, José Ignacio Cabrujas Pascual Navarro, Mateo Manaure, Marcos Pérez Jiménez, entre muchos otros, mantenían allí largas tertulias acompañadas de café. Dicen que en un día se despachaban más de tres mil tazas.

Charriére le vendió el local a un italiano, quien lo dejó en manos unos portugueses. Éstos, a su vez, se lo vendieron, en 1968 a sus actuales dueños, la familia Da Silva, también de origen portugués. Fueron ellos quienes castellanizaron el nombre como El Gran Café.

Durante 40 años mantuvo sus puertas abiertas hasta las 3 de la mañana. Pero Caracas fue creciendo y con ella la delincuencia. Además, en la década del 2000 el bulevar se cundió de buhoneros. Y todo eso sacó al gran café de la burbuja en la que estaba. Ahora, a más tardar las 10 de la noche, baja sus santamarías. “Sería suicida no hacerlo”, dice uno de sus mesoneros que lleva 20 años allí.

Lo exclama con nostalgia de lo que fue y ya no es. El mármol del piso pasó a ser pancré gastado. Lo que queda de la terraza son diez mesas –con flores marchitas– pegadas a la entrada. Ya no existe la pérgola. Las ventanas del local están atravesadas por balas perdidas. Las barandas de la escalera que conduce a la segunda planta, están rotas. Y el café (que sigue siendo muy bueno) es servido en tazas de plástico; porque, dicen los dueños, que se roban las vajillas. Así de triste.

Erick Lezama
Foto: S/A

Tags : CaracasEl Gran CaféfeaturedSabana Grande
mimoto

The author mimoto

Periodista. Ciudadana de a pie, de a moto y de autobus. Autora del blog www.caracasciudaddelafuria.blogspot.com. Culpable del proyecto "Caracas en 450".
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