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Villanueva

Carlos Raúl nació con la modernidad, cuando el siglo XX recién inauguraba. Era Londres, 30 de mayo de 1900. Su padre Carlos Antonio Villanueva era un ingeniero civil y diplomático venezolano. Su madre Paulina Astoul era una mujer de la aristocracia francesa.

Europa forjó la primera parte de su vida. Tuvieron que pasar 28 años para que el quinto hermano Villanueva posara su mirada por primera vez sobre Caracas y fue el único de ellos que decidió quedarse viviendo bajo esta luz, para construir parte fundamental de la identidad arquitectónica y urbanística de lo que hoy es la cotidianidad de los caraqueños.

Villanueva hizo su vida en Venezuela desde 1929, bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez. Como no había concluido sus estudios de urbanismo decidió regresar a la Universidad de París en 1937, pero a los pocos meses volvió a Venezuela y, desde ese momento, su visión se hizo concreto. Maracay, Ciudad Bolívar y Maracaibo son algunas de las ciudades que cuentan con obras que llevan su sello. Pero Caracas recibió más que su dedicación.

En 1944 comenzó a encargarse de un proyecto que le tenía encomendado el entonces presidente Isaías Medina Angarita: la construcción de lo que sería la nueva sede de la Universidad Central de Venezuela, que estaba destinada a convertirse en su máxima obra, la de su huella indeleble: la Ciudad Universitaria de Caracas. Una conjunción tan perfecta dentro del concepto “síntesis de las artes”, que combinó de manera armónica la luz natural, el espacio abierto, el arte, la cultura y el hábitat. Una creación merecedora de ser Patrimonio Cultural de la Humanidad desde el año 2000.

Su obra estuvo orientada a la construcción del espacio público, a la identidad urbana que se hace desde la vida social, más allá de la contemplación. Para Villanueva el arte era la vida misma. Por eso, los caraqueños pueden sentirse orgullosos en decenas de lugares, muchos quizá sin saberlo, cuando entran al Museo de Bellas Artes o al Museo de Ciencias de estar rodeados de una estructura imponente diseñada por Villanueva. O estar en el medio del tráfico del centro capitalino y encontrarse con la urbanización El Silencio, sus pasillos frescos y sus conexiones perfectamente ensambladas.

Ni qué decir del espíritu irreductible que permanece en el 23 de enero, sus bloques, su vida, su identidad urbana, su marca. Y ojalá cada niño y adolescente que a diario convive en la escuela Francisco Pimentel sepa que estudia en un espacio diseñado por Villanueva. Ellos y todos los que cruzan esta ciudad de este a oeste en algún momento se sentarán bajo una sombra, recibirán la frescura de una corriente de aire perfectamente dirigida, mirarán desde su ventana la armonía del entorno y sentirán que el arte los rodea. Y sabiéndolo o no, nos encontraremos con la mirada de Villanueva hecha Caracas.

Gabriela Rojas
Foto: Fundación Villanueva
Para conocer más sobre su obra: http://www.fundacionvillanueva.org/

Tags : CaracasCarlos Raúl VillanuevaCiudad Universitariafeatured
mimoto

The author mimoto

Periodista. Ciudadana de a pie, de a moto y de autobus. Autora del blog www.caracasciudaddelafuria.blogspot.com. Culpable del proyecto "Caracas en 450".
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