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Aquiles Nazoa

Un caraqueño de El Guarataro. Un poeta, un escritor, un periodista, un humorista, un creador de arte irrepetible. Aquiles Nazoa plasmó en palabras la identidad venezolana, la chispa, el humor y el amor por lo propio desde la infancia.

Los niños que hoy son padres y esos adultos que volverán a ser niños en sus lecturas se pueden encontrar dentro de las historias de La Ratoncita presumida, en los recuerdos de La historia de un caballo que era bien bonito, en la simplicidad sonora de Las lombricitas o en la rítmica de Buen día, tortuguita.

“A la fuerza bruta del toro quiso
oponer el loro.
‘La desarmada fuerza de la idea’
y apenas comenzando la pelea,
aunque vertió sapiencia por totumas,
del loro no quedaron ni las plumas.
Así muy noble, justa y grande sea,
si no tiene a la mano algo macizo,
por si sola, lector, ninguna idea, sirve
para un carrizo”.

También sonreirán en cada párrafo de Los sin cuenta usos de la electricidad, Vida privada de las muñecas de trapo o en las líneas de Importancia y protección de la ñema de Colón, que luego fue convertida en ópera por el maestro Federico Ruiz con el título Los martirios de Colón. Y se conmoverán con cada palabra de su famoso Credo: “creo en los poderes creadores del pueblo…” Y quien tenga en su casa un ejemplar de Humor y amor, un clásico de la literatura venezolana, tiene una herencia atemporal que dibuja la esencia de nuestra identidad.

Nazoa fue un autodidacta, un aprendiz eterno. Nació en la parroquia San Juan, el 17 de mayo de 1920. De todos los oficios aprendidos, la escritura fue su huella. Pero las manos de Aquiles Nazoa aprendieron a hacer carpintería, atendieron teléfonos, vendieron en una bodega y hasta cargaron maletas como botones del célebre y desaparecido Hotel Majestic de Caracas. Llegó al periodismo casi por casualidad cuando entró en 1935 a trabajar como empaquetador en el diario El Universal y allí pasó a ser archivador, aprendió a leer en inglés y en francés y conoció el arte de la tipografía y la corrección de pruebas. Las palabras le dieron de comer literalmente durante la mayoría de su vida.

El poeta de “las cosas más sencillas”, se fue físicamente de este mundo el 25 de abril de 1976, en un accidente de tránsito en la autopista Caracas-Valencia. Pero en la vida caraqueña, en la Plaza Capuchinos -uno de sus lugares favoritos- en los murales, en las escuelas, en los libros y en los poemas, el singular rostro de Aquiles Nazoa nos mira plácidamente y sonríe.

Gabriela Rojas
Foto: S/A

Tags : Aquiles NazoaCaracasfeatured
mimoto

The author mimoto

Periodista. Ciudadana de a pie, de a moto y de autobus. Autora del blog www.caracasciudaddelafuria.blogspot.com. Culpable del proyecto "Caracas en 450".
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