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Teleférico

Siempre había querido ver un atardecer desde el teleférico. Pero, por una cosa u otra, le daba largas. Ya sea porque las colas me desanimaban o porque nunca llegaba a estar desocupada a final de la tarde. Lo cierto, es que un día sin planificarlo y sin pensarlo demasiado me fui al teleférico para ver al sol ocultarse en el horizonte de la ciudad.

Subí como a eso de las 5pm, sin suéter y en sandalias. Como una muestra fehaciente de mi espontaneidad. Era día de semana. Así que no había demasiada gente, como para echarte para atrás. Tampoco estaba abarrotado el estacionamiento. Y lo más importante de todo: no llovía. Mejor imposible.

Estaba tan emocionada… Finalmente podría ver cómo se iba despidiendo la tarde, mientras subía en el funicular. Ese trayecto de 3,5 kilómetros lo pasé contemplando aquel espectáculo y agradeciendo. Si, agradeciendo por el privilegio de poder disfrutar de tal belleza.

Al llegar a la estación Ávila, ubicada a 2100 msnm, es casi imposible no comerse unas fresas con crema o tomarse un chocolate caliente, mientras caminas el sendero que te conduce al Hotel Humboldt, aquella magnífica obra del arquitecto Tomás Sanabria. Es un paseo perfecto para despejar la mente o simplemente observar aquella cama de nubes que rodea la estación.

Este sistema es el resultado de la remodelación que se hizo en el año 2000. El original data de 1955 y su trayecto llegaba hasta La Guaira. A diferencia del actual, contaba con 5 estaciones ( Mariperez – Ávila – El Irón – Loma de caballo y El Cojo) divididos en dos tramos: el primero, entre Caracas (1000 msnm) y la cima de El Ávila (2100 msnm). El segundo tramo partía de la estación Ávila y terminaba en la estación El Cojo, en Macuto del Estado Vargas. De ello, solo queda el recuerdo.

A las 6:30pm, cuando el cielo se empezó a teñir de colores, tomé el funicular de regreso para ver el atardecer en todo su esplendor. Bueno… Fue tan pero tan perfecto, que tuve que contener las lágrimas por la emoción. De nuevo, agradecí y, antes de salir corriendo al carro para buscarle refugio a mis pies, ratifiqué que los mejores momentos de la vida son los que no se planifican.

Tags : ÁvilaCaracasfeaturedTeleférico
mimoto

The author mimoto

Periodista. Ciudadana de a pie, de a moto y de autobus. Autora del blog www.caracasciudaddelafuria.blogspot.com. Culpable del proyecto "Caracas en 450".
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