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Vida Urbana

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Plaza Diego Ibarra

PlazaDiegoIbarra

A finales de 1970 y principios de los ochenta, la plaza Diego Ibarra, hecha en mármol y granito, con tres fuentes (una principal ubicada al oeste de la plaza y otras dos localizadas al norte y sur), todas operativas y con juegos de iluminación, era un espacio para la contemplación.

La gente iba a eso, a mirar el mármol y el granito que había en los bancos y a apreciar por horas las fuentes que tenían efectos; los chorros de agua bajaban y subían con ritmo y cambiaban de colores. Eso podía entretener a un niño por largo rato, mientras se comía un helado o corría de punta a punta por la plaza. Así la recuerdan los caraqueños que conocieron su primer rostro y la disfrutaron tras su inauguración, en 1968, un año después del terremoto de Caracas.

La plaza fue construida a un nivel por debajo de las instalaciones del Consejo Nacional Electoral, como un espacio articulador, pues permitía la conexión peatonal interna con el Centro Simón Bolívar (que aún se mantiene) y el Palacio de Justicia, dos edificios de carácter monumental erigidos a los lados de la plaza. Y también enlazaba con el terminal subterráneo Río Tuy. Su nombre, Diego Ibarra, fue asignado en honor a este militar independentista y colaborador de Bolívar y Sucre.

Al menos durante 20 años este espacio público recibió a las familias que visitaban el centro de la ciudad y se quedaban en ella a descansar un rato, viendo a la gente pasar y deleitándose con ese juego compositivo de jardineras, fuentes, y pérgolas. Hasta que fue tomada por la economía informal en la década de los noventa.

Desde ese momento se perdió por completo su razón de ser y se convirtió en un mercado de películas y discos “piratas”, bautizado como Saigón. En realidad era una estructura precaria, maloliente, conformada por tarantines con pasadizos oscuros y estrechos, en los que se cometían robos y otros delitos impunemente.

En enero de 2007, autoridades de la Alcaldía de Libertador deciden desalojar el comercio informal de la plaza para iniciar trabajos de recuperación que esperaban terminar en 2008. Sin embargo, las obras se detuvieron por tres años y se retomaron para la celebración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela.

Finalmente, el 6 de julio de 2011 la plaza fue reinaugurada con la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y el Coro Sinfónico Juvenil de Venezuela, bajo la dirección de Gustavo Dudamel. En el acto se develó una nueva escultura en el espejo de agua central llamada “La Aguja”, una figura de metal helicoidal en forma ascendente, de unos 20 metros de alto, realizada por el escultor Luis Alfredo Ramírez.

Para su restauración el Estado invirtió unos 25 millones de bolívares. Tiene capacidad para recibir a casi 5.000 personas en los 14.000 metros cuadrados que tiene de extensión, pues luego de ser reinaugurada la plaza Diego Ibarra ha servido de sede para conciertos y festivales de teatro.

Dirección: Entre las avenidas Oeste 6 y Oeste 8 de la parroquia Santa Teresa, entre las esquinas Camejo y Santa Teresa. Referencia: entre los edificios del Palacio de Justicia y el CNE

Hercilia Garnica 

Fotografía: Teresita Cerdeira 

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Vida Urbana

Avenida Presidente Medina

Caracas Shots

Es una de las arterias viales más dinámicas y polifacéticas de la ciudad, por la comodidad que ofrece tanto a los que la recorren a pie como a los que lo hacen en auto. Y es que su novedoso diseño urbano, entreteje aceras amplias para caminar con puestos cómodos para estacionar, más cuatro canales para la circulación vehicular.

Su fisonomía la construye su hilera de edificios pequeños a ambos lados, de tres a seis pisos máximo, levantados entre las décadas de 1940 y 1950. Ejemplo de arquitectura moderna con aires europeos. Allí, el uso residencial convive en perfecta armonía con lo comercial. Por ello es posible conseguir desde agencias bancarias, abastos, farmacias, restaurantes, autolavados, hasta estaciones de gasolina, ferreterías, locales chinos, librerías, talleres mecánicos, ventas de repuestos. Todo.

Al menos 20 edificios ubicados a lo largo de la avenida Presidente Medina son considerados estructuras de valor patrimonial, por el Instituto de Patrimonio Cultural.

Caminar por ella, de una punta a otra, es reconocer ese rico legado que han dejado los inmigrantes en el país y en varias zonas de la capital. Porque la avenida Victoria, como se le conoce comúnmente, es un espacio donde convergen acentos italianos, españoles y portugueses. Y no por azar.

La construcción de esta avenida contó con mano de obra mayoritariamente extranjera, según lo reseña el catálogo de patrimonio del municipio Libertador. Y es que a mediados del siglo XX, se buscaba personal calificado que pudiera ejecutar obras complejas en poco tiempo. Así es como los inmigrantes italianos, españoles y portugueses con experiencia técnica y constructiva, entran a erigir esta avenida y sus edificios de uso mixto, dejándoles un toque europeo para recordar sus orígenes.

No ha de extrañar que la avenida Victoria sea entonces un lugar para reencontrarse con sabores típicos de esos países. Sobre todo con aquellos provenientes de diversos rincones de la gustosa Italia: dulces, pizzas y cafés conforman la carta.

Dirección: Avenida Presidente Medina o avenida Victoria, Las Acacias. Entre el paseo Los Ilustres y la avenida Nueva Granada.

Patricia Marcano
Foto: Alberto Rojas

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Vida Urbana

Río Guaire

Puente Las Mercedes

Pasó de ser el límite sur de la ciudad a ser su columna vertebral. Los 72 kilómetros del río Guaire marcan una frontera y también una referencia en Caracas. Este caudal es ineludible. Desde los tiempos de la conquista sirvió como balneario, fuente de agua y vía de comunicación para el transporte de mercancía. De esa relación fluvial quedan huellas en la toponimia de la capital. Por ejemplo, la esquina de Piedra, cerca de San Agustín, era el punto de desembarco del mármol que sacaban de las canteras del río Macarao para edificar una Caracas recién fundada. Las grandes piezas de piedra eran llevadas en barcazas de bajo calado a través del cauce.

Un mapa de F. de Pons de 1801 deja constancia de que este curso de agua tuvo dos brazos a la altura de lo que hoy es Quinta Crespo. De hecho, la casa de campo del Libertador tenía acceso fluvial y está asentada en lo que alguna vez fue un islote marcado por el Guaire. Los relatos sobre la educación que recibió Simón Bolívar de su maestro Simón Rodríguez, siempre bajo un árbol y en contacto con la naturaleza, también incluyen baños en este río.

Grandes ciudades del mundo tienen su río y es difícil imaginarlas sin ellos; Menfis y Tebas sin el Nilo, Roma sin el Tíber; Nueva York sin el Hudson, Londres sin el Támesis y Buenos Aires sin La Plata. Caracas sin el Guaire tampoco sería Caracas, sin embargo, en lo que devino, hace que pocos volteen a mirarlo.

En 1875, Antonio Guzmán Blanco inauguró el Puente Regeneración, el actual Puente Hierro, que fue el primer paso sobre el río que marcó el crecimiento de la ciudad hacia el sur. Por ese tiempo, las cloacas de Caracas corrían por zanjas de tierra en el medio de las calles lo que causaba grandes problemas de insalubridad. Entonces comenzó a mirarse el río como una posible cañería. A finales del siglo XIX se construyó un primer colector de casi un kilómetro de longitud en la margen izquierda del Guaire y ahí se marcó su destino de cloaca abierta.

En 1940, cuando la ciudad solo tenía 11.000 caraqueños, se comenzó la canalización del río que hoy recibe las aguas servidas de más de 3 millones de habitantes. A principios del siglo XX también empezó a aprovecharse el potencial hidroeléctrico de las caídas del Guaire hacia la zona de El Encantado, donde se instaló la primera planta eléctrica de la ciudad y Caracas se convirtió en la primera urbe latinoamericana en recibir fluido eléctrico generado a distancia. Aún hoy las cascadas dan otra estampa al río. El cauce se cierra abruptamente entre las rocas y, pese a su color marrón y su fetidez, hace pensar que alguna vez fue un río limpio de montaña.

Florantonia Singer
Foto: Alberto Rojas

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Vida Urbana

Plaza Caracas

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La decisión de colocar en la Plaza Caracas, poco tiempo después de su inauguración en 1983, el busto de Simón Bolívar “El Genio”, del artista español Victorio Macho, desató una enorme polémica que seguramente ubicó al espacio público, localizado entre las torres del Centro Simón Bolívar, en los primeros lugares del “trending topic” de la época.

De acuerdo con el portal patrimonial IamVenezuela, la escultura levantó una gran controversia por lo acentuado de los rasgos y expresiones, por el gesto de la boca y de las cejas, recibiendo diversos sobrenombres por parte de los caraqueños y de los medios en general. En 2008 la plaza sufrió reformas, entre ellas la realización de un pedestal más alto para la escultura, pero en la memoria urbana quedó esa historia del llamado “Bolívar gay”.

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Gastronomía

Gastronomía

El Tizoncito

Tizoncito
Fotos del mismísimo Mario Moreno cuelgan en las paredes del interior del local. En una, el comediante mexicano aparece de frente y a su espalda
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Gastronomía

Caracas Tea Company

CaracasTeaCompany

Al tomar una taza de té las ondas cerebrales pueden llegar al estado alfa de relajación, lo que llaman la meditación activa. Eso es lo que pregonan Miriam Gómez y Adriana Moreno, que cumplen cinco años con su emprendimiento Caracas Tea Company: invitar a encontrar las bondades del té más allá de la taza.

Una casualidad las llevó a alojarse en el mismo hostal de Rosario, en Argentina, en donde ambas iniciaron sus estudios como sommeliers de té. Comenzaron con una cata y de ahí saltaron a importar hebras de Sri Lanka, Sudáfrica, China y Japón, abrir una pequeña tienda en Los Palos Grandes y fundar una escuela de té.

“Nos tocó educar a nuestra clientela”, dice Miriam. Así es que son parte de una cultura de la lentitud y la relajación que ha encontrado abono en una Caracas vertiginosa y a veces hostil. “La gente cada vez más está tomando conciencia de lo que consume y los beneficios que puede traerle. La gente que consume té es más tolerante, tranquila y creativa”, agrega.

En Caracas Tea Company, por supuesto, hay un té que lleva el nombre de la ciudad, el Caracas Sunset. Además son preparaciones de la casa el Indian Nights, Wellness Energy, Granny Apple, Summer Lychee y el Merry Christmas, un té de temporada que luego de cinco meses de maceración evoca la torta negra venezolana. Este té sólo está disponible en la tienda los meses de noviembre y diciembre.

En el lugar es posible degustar pastelería elaborada con té. Como los ojos de tigre, hecho con matcha, el té verde japonés en polvo, cocteles, chocolate caliente o frío hecho con rooibos y cacao Carenero. Una de las experiencias más interesantes del lugar es tener la posibilidad de tomar el té al estilo europeo, en sillas, o a la manera de los orientales sobre cojines en una pequeña buhardilla, a la que hay que entrar agachando la cabeza como lo hacían los emperadores. Un gesto que los igualaba con el resto de los ciudadanos.

Dirección: Punto de Arte, 5ª transversal con 3ª  avenida de Los Palos Grandes

Horario: martes a sábado / 10:00 am a 6:00 pm

Metro: Altamira

Florantonia Singer

Fotografía: Caracas Tea Company

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Tradiciones

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