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Vida Urbana

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Cuevas del Indio

Cuevas Del Indio

Un hombre mira hacia arriba. Una de las tantas paredes de piedra irregular del Parque Recreacional Cuevas del Indio se alza a sus pies. Porta zapatos para escalar y ropa deportiva. Un arnés le envuelve la cintura y las piernas, del que cuelgan mosquetones rojos, cintas exprés y un puñado de cuerdas grises. Se mete la mano izquierda en una pequeña bolsa que también le cuelga cerca del coxis. La saca llena de un polvo blanco. Se choca ambas manos, las frota y estira su brazo derecho hasta el recodo más cercano que alcanza, mientras otro hombre vigila su ascenso desde tierra.

El mapa del sitio que recibe a los visitantes indica tres puntos como ese para practicar escaladas. Cerca de 200 personas lo frecuentan en un fin de semana. La Hormiga, El Puente, El Tobogán, La Garganta… los mismos escaladores han etiquetado sus recorridos en vertical. Paran sus carros, camionetas o motos en el estacionamiento del recinto y se adentran en la naturaleza con morrales a cuestas. Algunos simplemente con las cuerdas en la mano. No necesitan más.

Mientras se anda por los senderos ya delimitados por el humano, el sonido de las chicharras opaca progresivamente el reggaetón que se escucha a todo volumen en la vía hacia el Cementerio del Este. Las formaciones rocosas se ubican en La Guairita, donde también está una quebrada, no apta para el consumo humano. El parque es un pulmón vegetal del municipio El Hatillo con una flora variada. Se perciben desde ceibas hasta plantas de café.

Aún permanecen las primeras señalizaciones, cuando el sitio se declaró espacio protegido por el Instituto Nacional de Parques (Inparques) en 1983. Unos trozos rectangulares de madera pintada de verde reciben a las personas con escritos: “Cueva del Pío 363 mts”, “Cueva del Indio 815 mts”, “Mirador del Indio 1080 mts”; uno encima del otro clavados en un árbol. También se leen mensajes como “Cuida tu parque” y “Evita incendios”.

Llegar hasta las cuevas implica recorrer sobre musgo resbaloso, iluminado por el sol que se cuela entre el abundante follaje. Desde las 8:30 de la mañana hasta las 12:30 del día está abierto al público, aunque las demás instalaciones, como el cafetín y cabañas para cumpleaños y actividades recreacionales están disponibles hasta las 4:30 de la tarde. Es lunes es el único día de la semana que el parque cierra.

Para los guardias de seguridad, adentrarse solo en las cavernas es una locura. En el Pío, son 195 metros de longitud y 11,5 de profundidad. En el Indio, un túnel descendiente de alrededor de 120 metros de longitud. No hay luz natural que ilumine los laberintos de estalagmitas y estalactitas para los visitantes. Dentro, sus cuerpos se cuelan entre paredes rocosas y se arrastran como reptiles por el suelo. Los rostros se llenan de tierra. La respiración se convierte en eco. Suena esporádicos aleteos rápidos. Murciélagos penden boca abajo del techo. El flash de las cámaras es poco recomendado.

Andrea Tosta
Foto: Tomada por Alexis Núñez para el blog @todoesunviaje de Raquel Monasterio.

Dirección: calle La Guairita. Vía El Cementerio del Este. Municipio El Hatillo.
Horario: martes a domingo 8:30 a.m. a 4 p.m.

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Jardines de Topotepuy

Jardines De Topotepuy

Alejarse de Caracas y tomar un respiro, siempre viene bien. Y eso lo saben quienes han llegado a la zona de El Volcán, cerca de El Hatillo, después de subir esa suerte de curvas por la montaña para terminar frente a una quinta con un jardín muy grande al que todos están invitados a pasar. Ese es Topotepuy, con su nombre sonoro, con su verde amplio, con sus colibríes y fuentes, con sus flores y sembradíos. Un lugar para abstraerse, para ver a Caracas allá abajo, como inocente, inadvertida.

Esto es posible gracias a la visión que en el año 1959 tuvieron William H. Phelps Jr. y Kathleen Phelps: viajeros incansables, pero sobre todo, amantes de la ecología, el conservacionismo, la ornitología y la jardinería. En aquel momento, decidieron comprar esta propiedad para convertirla en su sitio de descanso y así poder observar aves con tranquilidad y dedicarse a sus pasiones. Para eso, hicieron gran cantidad de expediciones por el país para armar la colección privada de aves más grande de América del Sur.

Durante muchísimos años fue un jardín privado. El deleite de sus dueños. Y fue apenas en el año 2003 cuando se le asignó al arquitecto Ricardo Fuenmayor, la responsabilidad de convertirlo en un sitio que fomentara la conciencia ecológica y de protección ambiental para ser económicamente sustentables. Así se hizo y en 2009 abrió por primera vez las puertas al público, conservando su nombre: Topotepuy, como recuerdo de los viajes que realizó la pareja durante sus expediciones hacia el sur de Venezuela, donde están los tepuyes que son las piedras más antiguas del planeta.

El resultado son cuatro hectáreas verdes, llenas de aire puro, por las que se pasean nueve especies de colibríes y muchas aves más. Un espacio para disfrutar de la naturaleza y en el que es posible hacer picnics –solicitando el debido permiso– y talleres ecológicos para niños, jóvenes y adultos. Además, caminar por sus instalaciones es muy sencillo: hay carteles que explican lo que se va viendo e indican por dónde continuar para no perderse de nada. Lo importante al estar allí será seguir la premisa de sus creadores: ir, para descansar un rato.

Adriana Herrera @viajaelmundo
Foto: Hugo Londoño @huguito

 

Dirección: final calle principal Los Guayabitos, Quinta Topotepuy, zona El Volcán (frente a las torres de CANTV). Baruta, estado Miranda

Horario: sábado y domingos familiares. 10:00 am a 4:30 pm. Visitas guiadas: miércoles, jueves y viernes 9:30 am a 11:30 am y 1:30 a 3: 30 pm

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Avenida Libertador

av libertador

No solo son dos niveles. También son dos velocidades y dos ambientes, dos modos de vivirla. La avenida Libertador son dos. Por abajo, veloz y cinética, gracias a los Módulos cromáticos de Juvenal Ravelo y el mural Uracoa del maestro Mateo Manaure. Por arriba da espacio a la pausa, al peatón y al paseo en anchas aceras, y en ciertos horarios a la cacería.

Este corredor vial fue construido por el presidente Rómulo Betancourt en los años sesenta, pero fue iniciada por Marcos Pérez Jiménez en 1957. El dictador salió del poder sin verla lista, como tampoco la ha visto ningún caraqueño. La vía termina abruptamente a la altura de Chacao, donde pierde el carácter de vía expresa y desemboca con lentitud en la autopista Francisco Fajardo, por lo que una prolongación sigue entre los pendientes de la ciudad.

En el proyecto original diseñado por el urbanista Antonio Cruz Fernández iba a tener más de 2 kilómetros, pero el plan, que pasó por tres presidentes, fue modificado. Es la única avenida de Caracas con dos niveles y en su recorrido atraviesa las urbanizaciones Santa Rosa, Los Caobos, Maripérez, La Florida Sur, Las Delicias, La Campiña, Sabana Grande, Campo Alegre, Chacao, El Retiro, El Rosal y Bello Campo. Fue inaugurada el 13 de diciembre de 1965 por Raúl Leoni y es considerada una de las mejores obras de ingeniería del país.

Por su travesía hay edificios de interés patrimonial como la sede de la Cantv con una colección de obras de arte que merece ser visitada, la sede principal de Pdvsa, la empresa estatal más importante del país, y una serie de edificios residenciales que son una muestra de la arquitectura moderna de los años sesenta. El comienzo de la avenida está identificado con un vitral hecho por el artista Leonel Durán que tiene el rostro de El Libertador Simón Bolívar, que da nombre a esta importante arteria vial.

Esta avenida también alberga historias subterráneas, aunque ellas ocurren en la parte superficial de la vía. Lo profano y lo sagrado hacen un circuito en esta zona. En su camino está la Funeraria Vallés, con 53 años de historia, el principal tanatorio de la ciudad con su hermoso edificio patrimonial.

En el mismo perímetro los deudos coinciden, antes solo de noche, ahora también de día, con mujeres en tacones altos y vestidos cortos. Esta avenida es considerada una especie de zona de tolerancia no declarada para las trabajadoras sexuales, donde las transacciones se hacen a la vista. Un vehículo detenido, la ventana del carro abajo y en la acera una silueta que se ofrece. Eso también es la Libertador.

Florantonia Singer
Foto: Efrén Hernández

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Expanzoo

Expanzoo

Los visitantes de Expanzoo pueden acariciar animales antes de siquiera pasar la puerta. Una llama color beige los recibe en la entrada. Atada a un tronco, mueve su cabeza de un lado a otro y muestra los dientes, casi sonriendo. Los párvulos se acercan sin miedo, dispuestos, con su mano en alto, a lo que el mamífero responde con un rápido meneo de su testa y orejas y se aparta. Es solo el abrebocas del zoológico interactivo de contacto creado en la antigua hacienda Caicaguana en el año 2000.

Más de veinte especies conviven dentro del paisajismo hecho por los arquitectos Mireya Besson y Enrique Fábregas. Habitan ciervos, chivos, cebras, ovejas, llamas, avestruces, dantas, venados, aves como flamingos, cotorras y guacamayas; también caballos, cochinos, burros y bovinos en versión miniatura. No hay lugar para el maltrato.

Muchas andan libres por las caminerías del parque, entre los dos lagos artificiales. Algunos niños corretean detrás de conejos, patos y pavos, mientras que los pavorreales machos zarandean sus alas en búsqueda de hembras en celo. Además, logran que los humanos, cámara en mano, se alejen, entre la magnificencia y la contemplación.

El silencio se llena de onomatopeyas a 2 kilómetros de Lomas de La Lagunita, en el municipio El Hatillo. Las risas de quienes disfrutan se entremezclan con los gemidos, los bramidos, los relinchos. Y no faltan los llantos de los más asustadizos. Algunos animales no temen estirar el cuello y sacar la cabeza entre los barrotes azules de sus respectivos corrales. Sorprenden a más de uno que le da la espalda con saliva o estornudos. Se les puede alimentar únicamente con zanahorias, a disposición del público por un precio accesible en la entrada.

Se ofrecen paseos en ponis también por un costo adicional. Un adulto acompaña al niño, mientras que un empleado de Expanzoo supervisa. Es característico que sonrían con frecuencia y hablen con lentitud. En su mayoría, tienen condición de retraso mental leve, moderado o síndrome de Down. Cuidan animales, mantienen las instalaciones limpias, ofrecen información al público. Los ingresos del zoológico están destinados a Expansión, un centro educativo para personas con necesidades especiales donde muchos de ellos se tratan.

Son pocos los vidrios que resguardan animales. Una tragavenado y una lapa reposan encerradas próximas a la entrada. Pero cerca también guardan una curiosidad. Alí es un dromedario que llegó a Expanzoo en 2001 con un año de edad. Brincaba sin cuidado en su juventud. Un carcinoma epidermoide en la pata trasera derecha acabó con la diversión progresivamente, hasta causarle la muerte a sus 15 años. Su cuerpo reposa allí, a la vista, como una obra de taxidermia en una vidriera.

Andrea Tosta
Foto: Efrén Hernández

Dirección: antigua hacienda Caicaguana, a 2 km. de Lomas de la Lagunita, municipio el Hatillo
Horario: lunes a viernes de 9:30 am a 5:00 pm. Sábado, domingo y feriados de 10:00 am a 5:00 pm

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Imagine una fiesta en el garaje de su casa. Todos acomodados en banquitos, mesas, puff, hamacas, algunos de pie, sobre un trozo de alfombra que cumple su cometido de grama. Pero en esta celebración la tarde se destila con cervezas hecha en casa. De eso va la propuesta del El Garage, birra jardín, que se inició a finales de 2016, en la sede de la fábrica de cerveza artesanal Social Club, una de las tantas marcas que han surgido en Caracas y que mantiene, cinco años después de creada, una producción de por los menos 2.000 litros mensuales.

Quien va a uno de los garajes, como llaman a los encuentros que realizan cada quince días a través de convocatorias por redes sociales, podrá conocer el proceso de elaboración de esta bebida. Los tanques para la cocción, fermentación y enfriamiento de la cebad y el lúpulo están a la vista de los asistentes.

El emprendimiento de Gerardo González, Víctor Querales y Lorena Rojo, viene de una inquietud como cultores de esta bebida. “Acá nos une el amor por la cerveza. Venezuela es uno de los países con mayor consumo per cápita, pero nadie conoce el proceso de elaboración ni tiene la posibilidad de hacerlo, algo que en otros países sí es viable”, cuenta González, que vivió 4 años en Londres, donde descubrió todo lo que hay detrás de una botella de cerveza.

Lo que montaron González, Querales y Rojo en la parte delantera de la casa donde fabrican la Social Club es el primer taproom de Caracas, y junto con uno que está por abrirse en la ciudad de Mérida, son los únicos de Venezuela.

Los jóvenes elaboran por lo menos 10 tipos de cerveza: las americanas, las inglesas y las belgas mezcladas con hierbabuena, naranja, chocolate, café y otras combinaciones “Esto es un viaje, una degustación”. Luego de la producción de un lote, sus productores tienen la opinión de los consumidores a puerta de fábrica, en una fiesta en la que pueden reunir hasta 100 personas en esta quinta ubicada en Sebucán.

La degustación de la cerveza tiene su maridaje. La comida cambia con cada evento y la ponen otros emprendimientos de la ciudad. Por el garaje han pasado Los Costillas, un clásico del Estadio Universitario con sus sandwiches de cerdo que son como un jonrón, La Jauría del Amor con sus empanadas argentinas, las hamburguesas de Food Factory, el foodtruck de pizza Il Jet Studio, entre otras pequeñas empresas.

Además, el lugar ofrece seguridad para los vehículos y un área de juegos para niños, por lo que admite familias. “En apenas seis meses que abrimos el garaje tenemos gente que viene seguido, queremos dar respuesta a la falta de sitios de esparcimiento en la ciudad”. Es una oferta distinta que hay que conocer.

Florantonia Singer
Foto: El Garage Birra

Horario: de 4:00 p.m. a 12:00 a.m.
Lugar: final de la avenida Miguel Otero Silva, quinta de muro verde, Sebucán.
Redes: @elgaragebirra

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