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Vida Urbana

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San Agustín

San Agustín

Hay una sonoridad en la parroquia San Agustín que solo se puede explicar desde la calle. El que vende café casi lo canta, el que atiende la bodega despacha con la música de fondo que sale de un viejo radio, las que limpian los vidrios de sus ventanas van entonando y el que cruza la calle, en vez de saludar, silba. Es como si el sonido formara parte del aire en las calles y las casas de San Agustín.

Pero no es un misterio, es destino. La unión de tres eventos históricos armó ese espíritu: la existencia de uno de los primeros teatros de la ciudad en la década de los 40 – el Alameda- plaza de presentación de grandes músicos, la llegada de gente que venía principalmente de Barlovento y la costa del oriente del país que cargaron con su tradición musical y la rítmica en el ADN, y con ellos el hábito de la vida de pueblo de puertas abiertas que se trasladó al barrio y transformó la vida común en cultura de calle para que nunca más dejara de ser parte de su identidad.

La herencia de San Agustín tiene nombre propio: guaguancó. Sus paredes muestran el orgullo por tantos hijos que le dieron fama, sin duda los más especiales: el grupo Madera, que con su música trascendió a la tragedia que se los llevó en el río Orinoco.

Reinaldo Mijares, gestor cultural y sanagustinero de vida, cuenta parte de esta historia musical viendo el mismo muro en la calle que durante años le sirvió de tarima a estrellas locales e internacionales de la salsa, el jazz y música de todas las sonoridades. “En este barrio se hacía jazz, rock, música cañonera, gaita, joropo, salsa. El movimiento musical era muy fuerte y todos los artistas que venían a Venezuela se presentaban formalmente y después pedían venir a descargar en el afinque”.

El “afinque” les decía el maestro Jesús “el Pure” Blanco a los músicos para que se afincaran en la descarga del sonido de sus instrumentos. Allí en Marín, una calle interna del barrio que por uso y costumbre tiene alma de plazoleta, se armó el espíritu musical que hoy le da parte del nombre a la parroquia. En sus murales se dibuja parte de esa historia que aún se está escribiendo. Al frente, el teatro Alameda reúne el talento de la danza, la poesía, el baile popular, la canción y la puesta en escena de los niños y jóvenes que orbitan a su alrededor, como lo han hecho desde los años 50, como lo hizo con generaciones enteras el maestro de baile Carlos Orta, como lo hizo desde los años 60 el músico cubano Pedro Guapachá que se quedó para siempre a enseñar en San Agustín y como lo hizo Madera con el sonido que reivindicó la afrovenezolanidad.

“Para los niños que nacimos y crecimos en el barrio, lo normal es la música. La mayoría de nuestras decisiones de vida, lo que somos y lo que hacemos es porque la música está allí en la puerta de la casa, en la calle, es el mismo barrio, es nuestra cultura”, dice casi como un soneo, Reinaldo Mijares en medio de esa calle que a media mañana suena a bongó.

Gabriela Rojas
Fotos: Comunidad de San Agustín

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Vida Urbana

Metro de Caracas

Ponerle nombre a las estaciones del Metro de Caracas no fue algo que se hizo a la ligera. La lluvia de sugerencias que precedió la inauguración de la Línea 1 del subterráneo, el 2 de enero de 1983, obligó a José González Lander, presidente del Metro, a designar una comisión conformada por Carlos Santiago González, gerente de Relaciones Públicas del Metro y tres cronistas de la ciudad para que definieran los nombres de las 22 paradas de ese tramo.

En principio a cada estación se le identificaba con un número, hasta que se buscaron los primeros nombres. El razonamiento que se utilizó era que tuviese algo que ver con la zona o con algún lugar representativo del sitio en donde se ubicaba la estación”, explicó Ricardo Sansone, de Familia Metro.

Fue así como se determinó, por ejemplo, que Gato Negro no se llamaría Miguel Antonio Caro –como estaba previsto originalmente–. Recibió ese nombre por ser asiento del bar Gato Negro, punto importante de encuentro para los caraqueños de la época y en donde llegó a presentarse Carlos Gardel. La Hoyada en principio se llamaría Fuerzas Armadas; pero en esa zona había una especie de hoyo, donde los ciudadanos hacían trasbordo para movilizarse en la ciudad de norte a sur, así que la oralidad se impuso.

Al inaugurar el primer tramo del sistema, entre Propatria y La Hoyada, había 17 reglas que los caraqueños más que conocer al detalle, obedecían. Meses antes del comienzo de operaciones, a los trabajadores del Metro los dividieron en grupos de dos y tres e iban a las escuelas, liceos, universidades y asociaciones de vecinos a instruir a los ciudadanos sobre el correcto comportamiento en el subterráneo. Instauraron así la llamada “Cultura Metro”, hoy en día tan golpeada.

El Metro continuó su expansión. La Línea 1 completó sus 20,36 kilómetros de recorrido el 19 de noviembre de 1989, con el tramo Los Dos Caminos-Palo Verde. El subterráneo ha seguido creciendo hasta completar 49 estaciones, repartidas en cinco líneas. Y aunque los usuarios se quejan de las demoras en el servicio, fallas, y el mal estado de los trenes, no hay duda de que después de 34 años de operaciones, el Metro continúa siendo la gran solución para Caracas.

Emily Avendaño
Foto: Teresa Cerdeira @teresitac

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La Candelaria

La Candelaria fue el asentamiento de los inmigrantes canarios, gallegos  vascos y portugueses que llegaron a Caracas durante el siglo XIX y XX. Sabiendo ese dato, todo cobra sentido. No en vano este sector recibió el nombre de la patrona de las Islas Canarias. Eso por una parte. Y no por casualidad, La Candelaria se hizo famosas por sus restaurantes españoles y sus tascas.

Ahora entenderá por qué uno se encuentra en La Candelaria con edificios llamados “Compostela” o por qué en la Iglesia Nuestra Señora de Candelaria -que data de 1702- reposa la imagen de la “Madre Cabrini”, una monja italiana que nació en 1850 y falleció en Chicago en 1917, que se conoce como la Santa Patrona de los Inmigrantes.

Todas esas curiosidades de La Candelaria las supe durante el recorrido que hice con las chicas de “Te Paseo y Te cuento“, quienes durante tres horas nos llevaron por 19 cuadras del sector para conocer “in situ” las particularidades de esta parroquia multicultural, ubicada en el Municipio Libertador.

Comenzamos en Parque Carabobo y terminamos en la escuela Experimental Venezuela. Conocimos la historia de la esquina “Peligro” y “Pela El Ojo”. Recorrimos el Paseo Anauco. Descubrimos lo que queda de los rieles de un tranvía que recorría el sector. Visitamos la tumba de José Gregorio Hernández. Nos acercamos a la primera tienda Beco y  supimos el impase del señor Blohm con el presidente Isaías Medina en la época de la Segunda Guerra Mundial por ser de origen a alemán. Y así, miles de curiosidades más.

No tiene sentido que les cuente todo, porque entonces no habrá sorpresa durante la ruta “Los acentos de La Candelaria”, que realizan con tanto esmero Manuela Ríos y Sofía Selgrad. Sólo un abreboca para que se animen a conocer los secretos de este sector y a vivir la experiencia de hacer visitas guiadas con las chicas de Te Paseo y Te cuento, que tienen otros recorridos interesantes.

Sin embargo, les dejaré una lista de las 10 cosas que pueden hacer en La Candelaria que elaboraron las coordinadora de Te Paseo y Te Cuento y que sintetiza un poco lo que fue este recorrido. Aparte, les sirve de guía en caso de que quieras hacerlo por su cuenta.

1.- Jugar dominó y ajedrez con los abuelitos de la Plaza La Candelaria y escuchar sus acentos e historias.
2.- Prender una vela y pedirle un milagrito a José Gregorio Hernández (si se te cumple por favor repórtalo a causajosegregorio@gmail.com).
3.- Visitar la primera @tiendas_beco que se inauguró en Caracas.
4.- Conocer el recién inaugurado @hotelwaldorfccs y admirar su antiguo piano.
5.-Buscar la mancha que dejó el fantasma en el Puente Anauco.
6.- Retratarse con Tutankamon en la Mansión Egipcia.
7.- Caminar entre puentes sobre la quebrada Anauco.
8.-Deslumbrarte ante los 5 rascacielos más altos de Caracas.
9.- Indentificarte a ti o a tus amigos en el mural “Los caraqueños en el Metro” de Rita Dainy.
10.- Buscar los murales de Harry Abend y las  esculturas de Francisco Narváez.

 

Fotos: Te Paseo y Te Cuento. Instagram: @TePaseoyTeCuento
Contacto: 0414.2854256 / 0424.1838332

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Plaza Los Palos Grandes

PlazaLPG

Es uno de los espacios públicos de la ciudad que pareciera que no descansa nunca. A cualquier hora del día, la Plaza Los Palos Grandes tiene vida. Las primeras en llegar son las abuelas de la Juventud Prolongada, quienes se refugian bajo la pérgola para recibir sus clases de Tai Chi. Le siguen los niños, quienes acuden con sus madres a Ludoteca para familiarizar con la lectura. Al tiempo que el Café Provenzal abre para recibir a quienes quieren comenzar la mañana con un buen aromático, crossaint o una deliciosa torta.

En la tarde, la Plaza Los Palos Grandes recibe a los ajedrecistas que se sientan en su rincón cerca de la entrada de la biblioteca, a jugar en silencio. Y antes de que comience a anochecer, regresan las abuelas con sus nietos, las madres con sus coches, los jóvenes que desean leer o ensayar sus bailes. Incluso, los perros llegan para dar su paseo diario.

La Plaza Los Palos Grandes se inauguró el 19 de abril de 2010, como parte de la celebración del Bicentenario de la firma del Acta de Independencia. Los vecinos iniciaron este proyecto en marzo de 2006, cuando solicitaron al Concejo Municipal que declarara de utilidad pública la construcción de la plaza de 8.405 metros cuadrados.

Los corredores no tarden en congregarse en la Plaza Los Palos Grandes para hacer su entrenamiento en grupo. También se juntan los practicantes de yoga, quienes cubren el lugar con sus mats para recargarse de energía positiva. El cese de actividad lo marca el cierre del estacionamiento. Pero pasadas las 9 de la noche, todavía se ven algunos trotadores estirando los músculos o algunos vecinos conversando.

Los fines de semana, la Plaza Los Palos Grandes tampoco descansa, porque se prepara para recibir a quienes acuden a sus clases de yoga, a los vecinos que vienen de hacer sus compras en el Mercadito de la zona que se instala los sábados o quienes llegan a intercambiar sus libros en el Cambalache. Así cada quien tiene su espacio en la Plaza Los Palos Grandes, como un ejemplo vivo de respeto y tolerancia.

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Gastronomía

Gastronomía

Caffé Piú

Al entrar, verá un mensaje en italiano fijado en una pared : "Un angolo di mundo qui", que traducido al español significa "Un ángulo del mundo aquí"... De eso
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Personajes

Isidoro Cabrera

Isidoro Cabrera

Con el grito: “¡Epa, Isidoro!”, el maestro Billo Frómeta solía saludar al cochero cuando se lo encontraba de madrugada, al salir de alguna de sus presentaciones, pues Isidoro solía esperar fuera de los locales nocturnos a sus clientes para llevarlos a casa. Era el último conductor de coches a caballo que tuvo la ciudad. Y fue tal su empeño en mantener la tradición, que ejerció su oficio hasta el día de su muerte, en el año 1963.

Isidoro Cabrera nació en Caracas, en la parroquia Candelaria, el 2 de enero de 1880. Fue cochero durante 56 años. Comenzó siendo adolescente -aunque obtuvo la licencia oficial en 1911- y heredó el oficio de su padre.

Su parada, con su respectivo carruaje guiado por caballos, solía ubicarse en la cuadra que está entre las esquinas de San Francisco y Monjas, en una de las calles laterales de la actual Asamblea Nacional. Cuando no estaba allí, se encontraba en los alrededores del Capitolio, conocido en esos años. O en la plaza Altagracia, más al norte, hacia el bulevar Panteón.

Cronistas de la época cuentan que Ignacio Andrade (1898-1899), le pidió en una oportunidad llevarlo hasta la Casa de Gobierno. Conversaron durante el trayecto y al llegar a su destino, Andrade le pidió a Isidoro que regresara al día siguiente. “Le voy a regalar un coche”, le dijo el Presidente de la República.

No creyó en el ofrecimiento. Pero Isidoro igual acudió al día siguiente como le habían dicho y efectivamente recibió un regalo presidencial: un carruaje nuevo, un “Victoria inglés”. Hoy este coche forma parte de la colección del Museo del Transporte de Caracas.

Su partida, en diciembre de 1963, dejó a Caracas sin uno de sus íconos. Pero Billo Frómeta se encargaría de componerle una canción para que Isidoro no pasara al olvido.

Epa, Isidoro, buena broma que me echaste
El día que te marchaste sin acordarte de mi serenata
Epa, Isidoro, cuando vuelvas por Caracas
Explícale a las muchachas que te fuiste lejos sin decir adiós.

Patricia Marcano
Foto: Caracas en Retrospectiva

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